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Lian's Story: "My Dad" (DP)

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Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Jun 24, 2016 2:15 am

¡Hola, manada!  Very Happy

Después de una larga meditación de casi todo el mes XD decidí participar en el concurso del Fanfic del Día del Padre.
Para ello utilicé a mi OC de mi fanfic, Lian's Story, y a Mufasa puesto que, en dicha historia, tomo a Lian como hermana menor de Simba.

La verdad me demoré en decidirme a escribir algo porque no tenía la más mínima idea de como representar una relación padre-hija... por cuestiones un poco más personales gracias a que la relación con mi padre nunca fue muy buena, se limitaba meramente a lo más básico, y después de que mis padres se separaran, la relación con él ha decaído a un punto muerto. Prácticamente no conozco ese tipo de relaciones...


         -Lilly, ya cállate. Parece que vienes a dar pena ajena ¬¬
         -Ok, volviendo al tema tongue


Escribí este pequeño fic como una especie de Spin Off para mi facfiction cuando Lian era una cachorra, y utilizando un tema que, en lo personal, a mi me hubiese gustado que mi padre me enseñara (a pesar de que, irónicamente, siempre intentó mostrarme lo contrario :v)


En fin, espero que sea de su agrado Wink

_____________________________

Capítulo 1


    Asomé la cabeza fuera de mi escondite.




    El sol del mediodía brillaba con ganas en lo alto del cielo, dando calor a la sabana. El viento acarició mi rostro, trayendo el olor de las acacias y las flores que empezaban a brotar. A lo lejos escuchaba el barritar de un grupo de elefantes y un fuerte golpeteo que, probablemente, se trataba de una manada de cebras galopando la llanura. Pero no había rastros de mi familia.




    El área estaba despejada. Sin ningún ojo protector sobre mí, era el momento perfecto para escabullirme. Solo debía cruzar la plataforma de roca y llegar hasta las escalinatas de piedra.




    Pan comido.




    Salté fuera de mi escondrijo y eché a correr tan rápido como me lo permitían mis patas. Crucé frente a la entrada de nuestra cueva. Estaba a mitad de camino. Unos pasos más y lo habría logrado.




    Repentinamente algo me tomó del lomo y me alzó por encima del suelo como si pesara apenas lo que una pluma. Hasta ahí había llegado mi esperanza de fugarme. Pero al menos había conseguido pasar la mitad del camino. Era un récord.




    — ¿A dónde ibas con tanta prisa, Lian? — preguntó la voz de mi madre.




    No me sorprendió escucharla, aunque esperaba que esa vez fuera ella quien me atrapara. Generalmente, eso era trabajo de tía Diku. Y aquella ocasión no fue la excepción.




    Mi captora dio media vuelta, encarándome a mi madre. Ella me observó con una mirada seria, aunque con un brillo relajado en las pupilas. Encogí las patas y le dediqué una sonrisa que suavizó ligeramente sus facciones.




    — No estarías intentando escapar de nuevo, ¿o sí?




    — No estaba escapando — corregí. — Solo quería ir a jugar con mis amigos.




    Mamá le indicó a Diku con la mirada que podía bajarme, y ella obedeció. Me depositó suavemente a la entrada de la cueva, pero no se movió un solo centímetro. No tenía intenciones de irse hasta que mamá terminara de hablar.




    — Lian, aún eres muy pequeña para ir sola — tuve que alzar la cabeza para poder verla a los ojos.




    — Simba podía salir a jugar a mi edad — fruncí el ceño. — ¿Por qué yo no?




   — Porque tú eres una princesa — la excusa de siempre. — Tu lugar es en la Roca del Rey.




    — Pero aquí es aburrido — agregué haciendo pucheros.




    — ¿A caso no te gusta ser una princesa? — Diku se acachó para ponerse a mi altura y dedicarme una mirada maternal.




    Fruncí el ceño.




    — No si tengo que quedarme aquí.




    — ¿De qué están hablando? — interrumpió la voz de papá desde algún punto en el interior de la cueva.




    El león apareció por detrás de mi madre, y se detuvo apenas llegó a su lado. Ambos frotaron sus frentes mutuamente, y se dedicaron una sonrisa cariñosa. Demasiado afecto para mi. Tuve que apartar la mirada.




    — Tu hija quiere salir a jugar.




    — Y mamá no me deja — chillé.




    — ¿Por qué? — papá me miró un segundo, antes de volver la mirada a mi madre. — ¿Cuál es el problema?




    — Sabes que no me gusta que salga — respondió ella. — Es una princesa, y debe aprender cosas que…




    — Sarabi, cariño, te preocupas demasiado — rio mi padre, acariciando mi cabeza con su pata. — Lian es solo una niña, también quiere salir a divertirse.




    Mis padres intercambiaron una mirada. Mamá ya no parecía tan convencida de su posición.




    — ¿Puedo salir? — le dediqué una sonrisa que mostrara toda mi dentadura.




    — De acuerdo — concedió la leona, antes de posar su mirada sobre mí. — Pero tu padre te acompañará de camino.




    — ¡Sí! — exclamé, y salté sobre la pata de papá para empujarlo y obligarlo a avanzar. — ¡Vamos, vamos, vamos!




    — Está bien, está bien — rio papá. — Ya voy.




    Corrí emocionada hacia el exterior, esperando a que él saliera de la cueva. Con paso tranquilo, el león siguió mis pasos fuera de la cueva, y de ahí, hasta los escalones de la Roca. Descendí saltando sobre estos a gran velocidad, mientras papá parecía hacerlo uno a la vez. Paciente como siempre. Demasiado para mi gusto.




    — ¡Rápido, papá!




    — En verdad te emociona ir a jugar, ¿verdad? — me dijo cuando estuvo lo bastante cerca.




    Avancé en dirección a la pradera, donde seguro estarían mis amigos. Papá me siguió. En terreno plano era más fácil que me siguiera el paso, pues sus zancadas eran mucho más grandes que las mías, y yo podía moverme más rápido.




    — Es que mamá no me deja salir mucho.




    — ¿Ah, sí? — preguntó con su gruesa voz. — ¿Y tienes una idea de por qué a tu madre no le gusta que salgas?




    Sonreí tímidamente.




    — No le gusta que juegue con los chicos en lugar de con las chicas.




    — ¿Por qué no te gusta? — me observó desde su posición. Tenía que doblar tanto el cuello para poder verlo que mi nuca casi tocaba mis hombros. — ¿No te parece más divertido jugar con Nala, Kula y Tama?




    — Sí, pero no todos los días — respondí, como si fuera lo más obvio del mundo. — Ellas juegan cosas demasiado tranquilas. Simba y los chicos siempre juegan a perseguirse, o a pelear, o trepan a los árboles para asustar a los pinzones. Mamá dice que pelear o perseguir a otros no es algo que haga una princesa.




    Papá rio entre dientes.




    No entendí que era lo que le hacía gracia, pero me limité a observarlo y seguir caminando. A pocos metros de nosotros se alzaba el montículo de rocas donde mis amigos se reunían por las tardes para jugar. Las hierbas altas me impedían ver con claridad, pero pude distinguir la cabeza de Malka, trepando entre las piedras.




    Sin dudarlo, corrí en dirección al montículo. A medida que me acercaba al lugar, los pastos dejaban de ser un problema para mi corta estatura, y pude encontrarme con Tojo y Chumvi, tumbados bajo la sombra de un árbol cercano. Simba estaba sentado junto a ellos, pero había un par de figuras que no reconocí. Eran dos cachorros que jamás había visto, de pelajes oscuros y de espaldas a mí.




    ¿Quiénes serían? ¿A caso algunos amigos de Tojo o de Chumvi? ¿Forasteros? Por ahora solo podía catalogarlos como extraños.




    — ¡Hola, chicos! — saludé apenas logré reunirme con ellos.




    — Hola, Lian — respondieron al unísono Chumvi y Tojo.




    — ¿Quién es ella? — escuché que susurró una voz desconocida, seguro alguno de los cachorros nuevos.




    — Lian, ¿qué haces aquí? — inquirió Simba, extrañado y ligeramente molesto.




    — Mamá me dejó venir.




    — ¿Qué? ¿Por qué?




    — Simba, ella también tiene derecho de salir un rato — escuché la voz de papá desde algún punto detrás de mí.




    Mi hermano retrajo las orejas.




    — Sí, pero…




    — Y confío en que podrás cuidarla — lo interrumpió mi padre.




    Por el rabillo del ojo alcancé a ver que Simba lanzaba un suspiro de rendición.




    — Sí, lo haré.




    — Bien — papá relajó sus facciones, ligeramente arrugadas en un gesto de imposición, ese que hacía cada vez que nos daba una orden. — Iré a dar mi recorrido, y mientras tanto, quiero que ustedes dos se comporten y no se metan en problemas, ¿de acuerdo?




    — Sí, papá — contestamos Simba y yo a coro.




    Me di media vuelta para ver a mi hermano. Abrí la boca para decir algo, cuando la voz de papá volvió a interrumpir.




    — Lian, ¿no estas olvidando algo?




   Me giré hacia él. Mi padre tenía la cabeza ligeramente ladeada en mi dirección, mostrándome una de sus mejillas. Capté el mensaje al instante y troté de regreso a él entre la hierba.




    El león se agachó hasta mi altura, y salté sobre su cabeza para abrazarme a su cuello. Su melena era espesa y hacía que la nariz me cosquilleara, pero me agradaba hundir la cara en ella e impregnarme de su aroma. Olía a calor, a hogar, a seguridad… y a un poco de tierra, madera de acacia y hierba seca. Olía a papá.




    — Te quiero — susurré en su oído, antes de besar su mejilla.




    Él rio entre dientes.





    — Y yo a ti. Diviértete — acto seguido lengüeteó mi frente y se irguió nuevamente para irse.


________________________


Aquí la primera parte de las tres-cuatro que tengo contempladas Very Happy 

Espero que sea de su agrado

¡Saludos!  :sim:
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por KIRAN27 el Vie Jun 24, 2016 3:58 am

buen capitulo hermana lily que bonito comienzoo y vaya simba no quiere cuidar a su hermana espero que echa se divierta saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Jun 27, 2016 2:31 am

Muchas gracias por tu comentario, KIRAN  Very Happy

Aquí la continuación...


_____________________

Capítulo 2


    Papá dio media vuelta y se alejó en dirección al manantial para empezar su recorrido. Esperé a que avanzara algunos metros antes de decidirme a volver con Simba y los demás. Me acerqué a ellos, y me detuve en medio de mi hermano y uno de los chicos nuevos, un cachorro con el pelaje de un extraño tono rojizo, casi violeta, y unos llamativos ojos dorados.



    — ¿A que juegan? — pregunté para entrar en la plática.



    — ¿No prefieres ir a jugar con las chicas? — inquirió Simba. Algo en su expresión me decía que estaba irritado, pero no tenía idea de por qué. — Ellas están al otro lado de estas piedras…



    — No, a mí me gusta jugar con ustedes — lo interrumpí, antes de volverme hacia los desconocidos. — ¿Quiénes son ellos?



    — Son amigos de Tojo — explicó Chumvi, y el aludido asintió con una sonrisa.



    El cachorro de ojos dorados me sonrió amigablemente.



    — Yo soy Zora y él es mi hermano Roho.



    Roho era un cachorro de piel marrón oscuro, ligeramente más robusto que su hermano. Compartía con Zora la característica de esos radiantes ojos dorados y una nariz negra que me recordaba a la de tío Scar. Ambos cachorros tenían mechones de pelo indicando el reciente crecimiento de sus melenas. El pelo de Zora ya empezaba a teñirse de un tono rojizo, mientras que el de Roho conservaba el tono del resto de su pelaje.

Spoiler:
Disculpen mis horribles coloreados, lo hice de último minuto :v

    Este último me miró con los ojos entrecerrados y torciendo el gesto como si hubiese olfateado algo asqueroso.



    — ¿Vamos a jugar con una niña? — inquirió con desagrado.



    — ¿Qué hay de malo? — arqueé una ceja.



    — Que estos son juegos para chicos, y tú eres chica — exclamó en un tono que me pareció bastante ofensivo. Como si yo fuese demasiado torpe para entenderlo. — No puedes jugar.



    No entendía a qué se refería. Hasta ese momento, nunca había estado en una situación semejante. ¿Qué tenía de malo? ¿A caso eso era razón suficiente que me impidiera jugar? Y todo lo que se me ocurrió hacer fue fruncir el ceño y hacerle frente a Roho.



    — ¿Solo por eso? Siempre juego con ellos — señalé a Tojo y Chumvi.



    — Bueno, lo que pasa es que… — empezó a decir Tojo, pero Roho lo interrumpió.



    — Pero vamos a jugar luchas.



    — Sé jugar — me defendí. — No es la primera vez que peleo con niños.



    — ¡Bah! — resopló el cachorro, levantándose de su lugar para dar media vuelta y alejarse del árbol. — No voy a pelear con una niñita, sería muy fácil ganarle.



    — ¿Eso crees? — me ofendí.



    Y guiada por mis impulsos, corrí hacia él para saltarle encima.



    — Lian, ¡espera! — escuché la voz de Simba, pero ya era muy tarde.



    Claro que, al ser más pequeña que Roho, apenas conseguí aferrarme a la parte baja de su espalda. Él se sorprendió, pero no se inmutó ante mi acto y saltó lo suficientemente brusco como para obligarme a bajar.



    Caí sobre mis cuartos traseros con un golpe sordo y Roho, sin perder tiempo, se volvió hacia mí y se abalanzó en mi dirección. Para cuando me di cuenta, el cachorro me tenía aprisionada contra el suelo, apoyando una de sus patas sobre mi pecho para evitar que me levantara. Desde su posición, y haciendo gala de sus habilidades, me dedicó una sonrisa de superioridad.



   Fruncí el ceño.



    — Eso no es justo.



    — Aquí todo se vale, niña.



    — No es cierto, otra vez — insistí, y acto seguido, pateé contra su estómago para obligarlo a apartarse.



    De alguna forma conseguí hacer que se quitara de encima mío Apenas me sentí libre de nuevo, salté hacia él y apresé su oreja izquierda entre mis dientes para tirar de ella hacia abajo. Roho gimoteó por lo bajo, antes de empujarme con un efectivo codazo.



    Aterricé a pocos centímetros de él, pero estaba claro que aún no había terminado. Se agazapó frente a mí, y entendí que iba a atacarme de nuevo. Di media vuelta y empecé a correr para poner algo de distancia entre nosotros. Pero me sorprendí al notar que Roho lo había tomado como una huida y se había dado a la tarea de perseguirme.



    Cuando menos lo imaginaba, ya estaba contra el piso de nuevo. Esta vez, caí de bruces y tragué algo de tierra en el proceso. Roho estaba sobre mi espalda.



    Aquello empezaba a desesperarme. ¿Por qué estaba perdiendo contra Roho? Cuando jugaba con Tojo, Malka y Chumvi nunca perdía de una forma tan patética ¿A caso era que Roho era mejor que ellos? ¿O estaba haciendo trampa en algo que antes pasé por alto?



    Su peso me asfixiaba, y detestaba estar en el lugar de la perdedora. Sentí como el pelambre de mi cuello se erizaba de ira.



    — ¿Lo ves? — se pavoneó. — Las chicas son más torpes en esto, es muy fácil ganarte.



    — ¡No es verdad! — gruñí.



    — Pero si acabas de perder, ¿cómo va a ser una mentira?



    — Chicos, es mejor que se detengan antes de que… — empezó a decir Tojo, pero no me detuve a escuchar el resto de sus palabras.



    Como pude, giré mi cuerpo bajo el peso del cachorro, haciéndolo perder el equilibrio. El castaño cayó de bruces junto a mí, y aproveché para patearlo lejos de mi espacio personal. Nuevamente en libertad, tomé algo de distancia y me agazapé frente al cachorro.



    No podía permitir que me ganara, no de nuevo. Ya me había humillado bastante las primeras veces, y su actitud me irritaba de verdad. No estaba dispuesta a dejar que ese pequeño altanero creciera un poco más su ego derrotándome y dejándome en ridículo.



    Roho se levantó e imitó mi posición.



    — Lian, cuidado — intervino Simba por primera vez justo en el instante en que saltaba hacia el castaño.



    El cachorro me imitó, y nos encontramos a medio camino en el aire. Al regresar al suelo, tomé de nuevo una posición defensiva, con los brazos en alto, y esperé a que Roho atacara de nuevo. Así lo hizo. Conseguí bloquear un golpe. Dos. Tres.



    Y el cuarto, destinado a mis costillas en lugar de mis brazos, terminó por derribarme. Una vez más, Roho me aprisionó con su pata e impidió que me levantara.



    — Perdiste otra vez — rio.



    Eso era el colmo.



    Perder una tercera vez, contra el mismo contrincante, era embarazoso. Pero me resultaba peor la idea de no poder atacar a Roho. Para ese momento, una pequeña semilla de odio y rencor hacia aquel cachorro había empezado a anidar dentro de mi, misma semilla que deseaba culminar su crecimiento golpeando a Roho.



    Pero, ¿cómo hacerlo si cada intento me resultaba inútil? ¿Cómo intentar vengarme si no podía vencerlo si quiera en un duelo amistoso? ¿Cómo actuar cuando sus palabras, por mucho que las detestara, parecían ser ciertas?



    El sentimiento de impotencia me ganó. Pude sentirlo cosquilleando en la boca de mi estómago y haciendo un nudo en mi garganta; pude sentirlo en el aumento de los latidos de mi corazón y en el incansable palpitar de las aletas de mi nariz; pude sentirlo cuando los ojos se me humedecieron y quise llorar de frustración.



    No, definitivamente eso no. Detestaba que me viesen llorar, y hoy no era el día para permitir que lo hicieran.
    Con la fuerza de mi ira contenida, empujé a Roho tan lejos que, incluso, me sorprendí un poco del resultado. Me puse de pie tan pronto como pude y me interné entre la hierba a trote.



    — Lian, ¡no te vayas! — intentó detenerme Tojo.



    — Lian, ¿a dónde vas? — lo siguió mi hermano.



    Pero no reparé en responder ninguna de esas preguntas. Mis ojos, ardientes por la picazón precedente al llanto, empezaban a agolpar lágrimas que tornaban borrosa mi visión. Si me detenía o regresaba con ellos, me descubrirían en aquel deplorable estado.



    Opté por correr para evitar que me alcanzaran… si es que estaban siguiéndome.



    Por un segundo, pensé en ir a buscar a Nala, Kula y Tama para contarles lo ocurrido. Pero las palabras de Roho daban vueltas en mi cabeza una y otra vez. ¿En verdad las chicas éramos tan débiles como para no poder ganar en un juego como ese? ¿Nuestra fuerza se limitaba a la caza en conjunto?



    No quería creerlo, pero no tenía pruebas que lo avalaran. Acababa de perder contra Roho, ¿qué más necesitaba para dar veracidad a sus palabras?



    ¿Sería tal vez que mis amigos me dejaban ganarles de vez en cuando para no hacerme sentir mal? La idea me dejó un mal sabor de boca. ¿Había estado siendo timada por ellos?



    Aborrecí la idea de pensar en que mamá pudiese tener razón en sus palabras respecto a no ser un juego para una princesa. Adoraba esa clase de juegos, ¿cómo era posible que no estuviese preparada para ellos? Nunca antes me había sentido tan inútil en mi vida.




    Cuando empezaba a sentir al cansancio apoderándose de mis músculos, localicé un pequeño sitio para esconderme: un hueco creado por un par de piedras sobrepuestas que parecía tener el espacio suficiente para ocultar mi diminuto cuerpo. Me acuclillé para pasar por debajo de las piedras y, derrotada y frustrada, me entregue al llanto cargado de impotencia.
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por LillyDiaz18 el Mar Jun 28, 2016 12:29 pm

Capítulo 3


    Cuando decidí salir de mi escondrijo, el sol estaba a minutos de dar inicio al crepúsculo. El cielo empezaba a colorearse con tonalidades que iban del amarillo dorado al rojo anaranjado, tornando las nubes de un bello color salmón.



    Trepé sobre las piedras que formaban el hueco donde había pasado oculta toda la tarde y dirigí mi mirada hacia el montículo de rocas del que había escapado. Tojo, Chumvi y Simba correteaban en la parte más alta, intentado evitar que Malka, Zora y Roho subieran con ellos. Sentí una punzada de rencor en el estómago al reconocer al cachorro de piel oscura y lo fulminé con la mirada. Era imposible que él la sintiera. Era imposible que él lo notase. Yo estaba demasiado lejos. Pero simplemente no podía evitarlo.



    — Lian, ¿Qué haces aquí? — di un salto de sorpresa al reconocer la voz de papá detrás de mí. — ¿Dónde está tu hermano?



    Me giré para buscarlo con la mirada. Divisé su melena rojiza entre los pastizales acercándose a mi posición hasta detenerse a un lado mío.



    — Con sus amigos.



    — ¿Y por qué no estás jugando con ellos?



    Volví la mirada en dirección al montículo. Retraje las orejas.



    — Porque son unos tontos — suspiré, desanimada.



    Claro que papá notó eso, y no lo dejó pasar por alto.



    — ¿En serio? ¿Qué te hicieron? — preguntó de inmediato, agachando la cabeza para buscar mi mirada. Pero no me atreví a corresponderle el gesto, como si con eso fuese a leer mi mente. — ¿Quieres que hable con ellos?



    ¿Hablar con ellos? Seguro solo se reirían de mí por atreverme a regresar a esa hora.



    Negué rotundamente con la cabeza.



    — No, mejor vámonos — salté lejos de la piedra y me encaminé en dirección a la Roca del Rey.



    Mi padre no agregó más, y se limitó a seguirme. Podía escuchar su caminar detrás del mío, pisando algunas ramas y aplastando las hierbas marchitas. Me dejó guiar el camino durante algunos minutos, hasta que decidió avanzar a la par conmigo.



    Agaché la mirada para no tener que hacer contacto visual. Aún estaba molesta por lo ocurrido, y sentía que hacerlo solo empeoraría mi estado de ánimo.



    Que Roho no quisiera jugar conmigo, y no me hubiese permitido hacerlo con los demás, había sido lo más humillante que había vivido. ¿Qué había de malo en que me gustara jugar rudo? ¿El ser una leona significaba, por ende, que no podía participar en esos juegos? ¿Por qué?



    — ¿Quieres contarme lo que pasó? — preguntó por fin papá.



    Aparté la mirada del suelo. No me había dado cuenta que estábamos caminando frente a la Roca del Rey en lugar de ir hacia ella. ¿Cuánto tiempo llevaríamos dando vueltas sin que yo lo notara? Seguro no mucho, el sol aún asomaba por el horizonte.



    Papá se detuvo y se sentó sobre el pasto, de modo que tuve que imitarlo. Su expresión dejaba claro que no tenía pensado moverse hasta que yo no hablara.



    Suspiré.



    Confiaba en él, pero por alguna razón no quería que supiera de esto. Una princesa que se deja derrotar por un desconocido no es algo demasiado digno de mencionar. Pero al final, me decidí por hacerlo. Después de todo, era mi padre. En el mundo entero, él y mamá eran los únicos seres que no iban a juzgarme.



    — Quería jugar con ellos, pero los amigos de Tojo me dijeron que no podía jugar por ser una chica y que era más débil que ellos. Intenté demostrarles que no era cierto, pero me ganaron en las luchas y dijeron que perdí por ser una niña.



    Agaché la mirada, a la espera de que dijera algo. Papá tardó unos segundos en contestar, mismos que me parecieron una eternidad. Pero al fin escuché su voz paternal explicándome lo ocurrido.



    — Lian, muchos chicos va a decirte eso a lo largo de tu vida porque creen que el único trabajo de las leonas es la caza. Pero, ¿quieres que te diga un secreto? — se agachó hasta mi para susurrarme al oído. — Yo solo no podría cuidar todo el reino sin tu madre.



    ¿Sin mamá? Pero él era el rey. ¿Cómo es que un rey no puede solo con su reino?



    Tal vez era que hasta él necesitaba ayuda. Mamá era su compañera de vida, era su reina. Y eso solo hacía más vergonzosa mi derrota.



    — Pero Roho me ganó — insistí. — Eso significa que sí soy más débil que él.



    — Eso es porque es más grandes que tú — papá tomó mi mentón entre sus dedos y me obligó a verlo a los ojos. Sonrió. — Y porque aún no sabes pelear.



    — Pero ya he peleado contra Chumvi, Tojo y Malka.



    Papá intentó parecer serio, pero esa pizca de alegría no desapareció de sus ojos. Era la mirada que me dedicaba cuando metía la pata, pero aún no entendía en dónde había fallado. ¿Era tal vez en que había dejado que Roho me venciera? ¿Era que no estaba viendo algo que a él le parecía bastante obvio? ¿Era que no creía que pudiese pelear con los chicos?



    — Ellos son tus amigos, no van a lastimarte — explicó. — Pero nunca podrás estar segura de qué planean los demás, y tienes que estar preparada para todo. Te mostraré. Déjame escuchar un rugido.



    ¿Un rugido? ¿Qué tenía que ver mi rugido con esto?



    Lo observé extrañada, pero él me motivó a obedecerlo con una sonrisa. Inhalé una bocanada de aire y la liberé a través de mi garganta, profiriendo un rugido tan mediocre que sonó más como el balido de un becerro de ónix. Hasta yo sentí pena por tan horrible presentación.



    Sin embargo, papá no dijo nada, y me miró como si fuese el rugido más espléndido que sus oídos hubiesen escuchado.



    — Mejorarás con el tiempo — aseguró, antes de erguirse nuevamente. —Intenta atacarme.



    Parecía emocionado ante la idea, así que no lo cuestioné y lancé un zarpazo en su dirección, tal como había hecho con Roho. Él detuvo mi golpe en el acto con su enorme mano antes de que pudiese rozarlo siquiera. Mi pata lucía tan pequeña en comparación a la suya. ¿Algún día yo tendría las zarpas de ese tamaño y podría detener los golpes como él lo hacía?



    — Tienes que aprender a golpear — sonrió. — Ven, te enseñaré como lo hace tu padre.



    Papá se levantó de su sitio y caminó unos pocos metros hasta llegar al lado de una acacia de tronco grueso y hojas tiernas de un verde similar al de mis pupilas. El león se detuvo frente a esta y, con un ademán de cabeza, me invitó a acercarme. Troté en su dirección.



    — Siéntate frente a este árbol e imítame — indicó, cuando estuve a unos centímetros de él.



    Observé su posición con detenimiento. Estaba apoyado únicamente sobre sus patas traseras, erguido en vertical, con los brazos alzados frente a su cuerpo y a ambos lados del tórax. Copié su posición lo mejor que pude, pero me resultaba difícil mantener el equilibrio por mucho tiempo, cosa que para él parecía pan comido. 

 
    — ¿Así? — pregunté cuando creí que estaba en lo correcto.



    — Muy bien — asintió. — Ahora levántate ligeramente del suelo. Tienes que golpear solo con tus brazos sin moverte de tu lugar.



    Papá retrajo ligeramente uno de sus brazos, antes de proyectarlo hacia la acacia con velocidad. Golpeó el tronco con tanta fuerza que sus garras dejaron marcadas cuatro líneas sobre la madera en apenas fracciones de segundo. ¿Yo podría hacer eso algún día?



    Mi cara debía ser el reflejo de la sorpresa pura pues, cuando papá me vio, dejó escapar una de esas carcajadas que hacía eco en toda la pradera. O, al menos, eso me parecía a mí.



    — Ahora inténtalo tú — ¿que yo qué? — Imagina que es tu contrincante.



    Observé el árbol, indecisa. Yo no podía golpear con la fuerza con la que él lo hacía. Seguro sufriría más mi mano que el tronco. Dejar la marca de mis garras como lo había hecho papá era, por mucho, poco menos que un sueño. Pero mi padre aún esperaba que lo hiciera, y no me quedó de otra más que probar.



    Me levanté sobre mis pies, como él me había indicado, e imaginé a Roho. Su cara burlesca, observándome con superioridad apareció dibujada sobre el tronco, y esa chispa de ira se reavivó en mi interior. Balanceé mi cuerpo ligeramente para tomar impulso. Retraje mi brazo y lo impulsé hacia la acacia para golpear su tronco, para golpear el rostro del cachorro.



    Aparentemente, la ira acumulada era un buen combustible para la fuerza bruta. Mis garras habían conseguido dejar una huella en la madera. Eran apenas unas líneas suaves y ligeramente blanquecinas que seguro bastarían con pasarle la pata encima para borrarlas. Pero en ese momento, me sentí orgullosa de mi logro.



    ¿Quién decía ahora que las niñas eran débiles?



     — ¡Excelente! — exclamó papá, antes de volver a reclinarse hasta mí. — ¿Sabes que es lo mejor de ser una leona?



    — ¿Qué cosa? — pregunté emocionada.



   — Son expertas acechando. Mira esas perdices de ahí — seguí su mirada hasta toparme con los animales que indicaba. Aquel par de aves parduscas picaban la tierra en busca de lombrices, sin reparar de nuestra presencia. — ¿Crees poder atrapar una?



    Las perdices estaban a algunos metros de nosotros, en medio del campo de altos pastizales. Parecía fácil. Sin pensarlo demasiado, me encaminé hacia los despistados animales agazapándome tanto como me era posible y sin despegar la mirada de ellos. Cuando creí estar lo bastante cerca, empecé a correr para saltarles encima. Sin embargo, las perdices escucharon mi caminar antes de que estuviese a la distancia que yo esperaba para poder atraparlas y, despavoridas, agitaron sus alas con fuerza y se elevaron sobre mi cabeza para alejarse planeando del lugar, dejándome en medio de una nube de polvo y plumas.



    Escuché la risa de papá detrás de mí. Me volví para verlo.




    — Te falta mucha práctica. Ven, te enseñaré un truco.
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por KIRAN27 el Jue Jun 30, 2016 8:32 am

buen capitulo hermana lily por los capiulos valla espero que la dejen tranquila echa solo quiere jugar espero que sigas pronto saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Jul 01, 2016 12:29 am

Muchas gracias, KIRAN Very Happy leer tus comentarios siempre es motivador. Quisiera dedicarte este último capítulo por ello x3

Actualizo la última parte. Disculpen si tiene errores... se me hizo tarde y no tuve tiempo de revisarlo completo DX

____________________

Spoiler:
 (Amé este cover I love you)

____________________

Capítulo 3


A KIRAN27


    Troté en su dirección y dejé que me guiara en medio del prado.




    En ese momento me percaté de que el cielo empezaba a tornarse de tonalidades lilas, anunciando la llegada de la noche. Incluso podía verse la luna menguante acompañada de las estrellas. Era momento de que la oscuridad tomara lugar en el firmamento que cubría la sabana.




    Sin embargo, unos diminutos destellos de luz sobrevolaban los pastos a nuestro alrededor. Eran apenas unos puntos amarillentos que parpadeaban cada tantos segundos. Por en segundo creí que eran las estrellas que empezaban a caerse del cielo. Pero pronto noté que estaba un error. Se trataban de luciérnagas.




    Sonreí al verlas. La última vez que había visto una había sido hacía algunos meses atrás, durante un paseo familiar nocturno. Yo era aún muy pequeña, y mamá me tenía apresada en sus brazos, de modo que Simba pasó largo rato capturando luciérnagas para mí.




    Papá me condujo hasta llegar a un viejo tronco hueco del cual se habían apoderado las termitas. Yacía en medio del prado, como si alguien lo hubiese dejado ahí hacía algún tiempo. Lo más probable es que hubiese sido una acacia meses atrás, y fuera víctima de alguna tormenta que terminó por quebrantar su tronco y matarla.




    Sobre su corteza seca y agujerada por las termitas, logré localizar uno de esos destellos. Una luciérnaga había decidido tomar un descanso posada sobre aquel viejo pedazo de madera. Papá se detuvo poco antes de llegar hasta ella, y yo hice lo mismo.




    — Busca la hierba alta, te ayudará a esconderte — se agazapó para poder hablarme en susurros. Me escondí entre el pasto, obedeciéndolo. — Ahora, agazápate tanto como puedas.




    Me recorté sobre mi estómago sin dejar de prestar atención a la desprevenida luciérnaga.




    — Relájate y cierra los ojos — así lo hice. — Concéntrate en todo lo que hay a tu alrededor y visualiza tu presa.
    ¿Visualizar a mi presa?




    Inmediatamente, una imagen de la luciérnaga posada sobre el tronco se recreó en mi cabeza. ¿Era eso a lo que se refería? Intenté concentrarme en la ello, imaginando los movimientos de sus antenas y la forma en la que la luz de su trasero palpitaba.




    — ¿Sientes la forma en que tu pecho toca el suelo cada vez que respiras? —continuó. — ¿Hueles el aroma de la tierra? ¿Escuchas el canto de aquellos grillos?




    No fue hasta que papá lo mencionó que empecé a percatarme de todo eso.




    Agucé los sentidos para poder percibir más. Olfateé el aire. El aroma que destilaba era una combinación de la madera pútrida del tronco, la frescura del pasto tierno y la tierra africana. Escuché a lo lejos el chillido de alguna cebra, el zumbido de alguna cercana colmena de abejas e incluso el batir de las alas de los flamencos que habitaban el manantial.




    — Sí, puedo hacerlo.




    — Bien hecho. Ahora concéntrate. Tienes centenares de luciérnagas a tu alrededor, pero solo una como objetivo. Ella está  sobre el tronco que tienes a casi un metro de ti. Mueve sus antenas y titila al ritmo de sus compañeras. ¿Tienes la imagen en tu cabeza?




    El recuerdo del insecto era reciente, y las palabras de papá me ayudaban a mantenerlo fresco.




    — Sí. Veo a la luciérnaga.




    — Prepárate, debes tensar tus piernas — contraje los músculos de mis extremidades ante su orden. — A mi señal, abrirás los ojos y atraparás a la luciérnaga.




    Sentía que el corazón me latía deprisa a la espera del momento. Intenté mantener una respiración acompasada y no perder la imagen mental que ya tenía creada.




    — ¡Ahora!




    En el momento preciso, abrí los ojos de golpe y, casi por inercia, me abalancé en dirección al tronco con los brazos delante de mi cuerpo. Mis manos fueron las primeras en reconocer la superficie irregular y rasposa de madera, incluso antes de que mis ojos lograsen procesar toda la información.




    ¿Habría conseguido capturar al insecto?




    Levanté ligeramente mis dedos, abriendo un hueco entre mis garras para poder observar su interior. Al instante logré percibir el destello titilante de luz que deseaba encontrar. Sonreí ante mi pequeña victoria.




    — ¡La tengo! — exclamé emocionada. — ¡Papá, atrapé a la luciérnaga!




    — Déjame verla — dijo, acercándose a mi.




    Cuando sentí el calor de su cuerpo detrás de mi espalda, levanté las patas para dejar en libertad al animal. La luciérnaga alzó el vuelo de inmediato, girando en torno a mí y a mi padre antes de reunirse con sus compañeras. Seguí sus movimientos con la mirada hasta que la perdí de vista y me resultó imposible reconocerla entre el resto.




    — Eres toda una cazadora — escuché la voz de mi padre, y me volví hacía en su dirección. Él me observaba, sonriente. — Tal vez ya puedas ayudar a tu madre a conseguir comida.




    Retraje las orejas y sonreí de forma juguetona.




    — ¡Papá! Apenas atrapé una luciérnaga.




    — Y yo te atrapé a ti.




    Antes de que pudiese entender a qué se refería, me vi presa entre sus fuertes brazos en un abrazo del que no pude zafarme. Sentí sus dedos contra mis costillas, y no pude evitar retorcerme ante la sensación que estos me causaban.




    — ¡Papá! — reí. — Me haces cosquillas.




    Mis movimientos bruscos y desesperados terminaron por hacer que papá perdiera el equilibrio, y cayó boca arriba sobre la hierba. Aproveché la distracción y el movimiento que hacía su tórax al subir y bajar mientras reía para poder escapar. Él intentó volver a atraparme, pero alcancé a erguirme sobre mis patas traseras para detener sus brazos tal como acababa de enseñarme.




    Valla que funcionaba. ¿Por qué nadie me lo había dicho antes?




    De alguna forma conseguí golpear su brazo hacia abajo y sortear sus patas. Salté sobre ellas en dirección a su rostro y, con velocidad, mordí juguetonamente una de sus orejas para tirar de ella. El león giró sobre su lugar en un intento por hacer que lo liberara, pero fue en vano: mi pequeño cuerpo era perfecto para aferrarse a su cabeza con agilidad.




    — Está bien, tú ganas — rio, dándose por vencido. Solo entonces accedí a liberar su oreja, y él me tomó entre sus patas para volver a cargarme sobre su estómago. — ¿Lo ves? Eres una chica fuerte, nunca vuelvas a dejar que alguien te haga creer lo contrario, ¿de acuerdo?




    Le dediqué una sonrisa y asentí con la cabeza.




    Ya quería ver las expresiones de mis amigos cuando les mostrara lo que papá me acababa de enseñar a hacer. Ahora podía jugar con ellos como era correcto, sin necesidad de que me dejaran ganar o me hicieran quedar en ridículo.




    — Mañana buscaré a Roho para que lo entienda — decidí.




    Entonces las facciones de mi padre se volvieron serias y me observó con los ojos fijos sobre los míos.




    — Lian, no busques problemas, no hagas que me arrepienta de haberte enseñado esto.




    — ¿Por qué no? — ladeé la cabeza, sin entender.




    — Cuando posees algo que te vuelve superior a lo que eras antes, debes aprender a usarlo con sabiduría y comprender la responsabilidad que esto significa — explicó. — ¿Tienes un problema? Solo observa las estrellas.




    Levanté la mirada hacia el cielo nocturno, tapizado de diminutos puntitos semejantes a las luciérnagas aquí abajo. La Luna resplandecía en lo alto junto a ellas, y algunas nubes vaporosas cruzaban frente a ellas al ser impulsadas suavemente por el viento. Nada fuera de lo normal.




    — ¿Qué tienen? — inquirí, volviendo a verlo.




    — Ellas te ayudarán siempre que lo necesites — papá seguía con la mirada perdida en el firmamento. — La constelación del León en la más importante.




    Intenté seguir la dirección de sus ojos, pero yo no miraba nada. Una serie de diminutas luces blancas que titilaban débilmente. Había algunas más grandes y brillantes, y otras tan pequeñas que era necesario quedarse observando durante unos segundos para poder localizarlas. No entendía a qué se refería.




    — ¿Dónde? No la veo — fruncí el ceño.




    — Ahí — mi padre apuntó al cielo con su dedo índice, señalando el sitio donde debía encontrar la silueta del león. — Esas dos estrellas, las más brillantes, son sus ojos. ¿Ya lo encontraste?




    En efecto, había un par de estrellas brillantes en esa dirección. Pero nada más. ¿Ojos? Puntos titilantes era todo lo que yo veía. ¿Constelaciones? Eran solo grupos de estos. ¿Leones? No hay leones en el cielo. Pero para él parecía que todas las respuestas eran un .




    — No — gruñí de frustración.




    ¿Por qué yo no podía ver la silueta?




    Mi ceño estaba tan fruncido que mis ojos se entrecerraron. Probé a ver si, con los ojos convertidos en una pequeña rendija, lograba ver algo que antes no. Pero las estrellas eran las mismas que veía con los ojos totalmente abiertos. ¿En qué se basaban para afirmar que había una constelación de un león? ¿Cuántas horas tenía que pasar alguien observando el cielo para descubrir (o imaginar) un león en el cielo?




    Las risas de papá me obligaron a apartar la mirada del firmamento.




    — ¿Por qué arrugas la nariz? — jadeó.




    — Intento concentrarme — respondí, luchando por contener mi frustración al no poder encontrar la figura indicada. — ¡Pero no puedo!




    Papá fue apagando sus risas hasta que se convirtieron en un pequeño ronroneo entre dientes, pero siguió mirándome con ese brillo de diversión en los ojos y aquella sonrisa paternal. ¿Qué era tan gracioso? Yo seguía sin poder encontrar la constelación.




    Me atrajo hacia él con el brazo para poder frotar su frente contra la mía.




    — Desearía que no crecieras nunca — susurró.




    — Siempre seguiré siendo tu princesa — sonreí, y planté la cara en su melena para volver a impregnarme de su aroma. — Gracias.



    Escuché su risa directamente desde su garganta.





     — Ven, vamos a casa — ordenó, antes de girarse y ponerse de pie. 




FIN


___________________


Bien, eso es todo. Espero que les haya gustado o por lo menos se entretuvieran un rato leyendo este pequeño fic XD
¡Gracias por leer!


Saludos  :sim:
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por león kopa el Miér Sep 14, 2016 7:12 pm

Me encanto la historia me gusta la relación (padre e hija) mufasa y lian tambien me gusta la forma en que narras la historia y describes sus emociones auque no lo diga en tu otro fic me gusto mucho la historia lily.

¡¡saludos y rugidos!!
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Re: Lian's Story: "My Dad" (DP)

Mensaje por KIRAN27 el Jue Sep 15, 2016 9:39 am

buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto y es muy dulce que padre e hija disfruten una charla a la luz de la luna se que lian entendera que la vida no es tan mala despues de todo saludos rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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