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El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Sep 05, 2016 1:39 am

buenos capitulos amiga firthuntress espero que sigas pronto y me parece que podria haber una gran guerra espeor que no la haya saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firthuntress nwn

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Zyah el Mar Sep 06, 2016 8:21 am

¡Excelente! ¿Qué otra cosa puedo decir? (?)

Me he puesto al día desde la última vez que comenté en este tema, y la verdad es que me encantó como ha avanzado la historia hasta este momento. Tienes una gran forma de narrar, lo cual facilita enormemente que uno pueda imaginarse los hechos mucho mejor. Y, al igual que Lilly, me gusta cómo relacionas tu historia con las Crónicas del Reino.

Como todos los demás capítulos, este último estuvo increíble. La ceremonia estuvo perfecta, y más aún con el soundtrack.

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Vie Sep 09, 2016 5:40 pm

Wow genial capitulo espero que sigas lo que viene cada vez se pone mejor el fanfic espero el siguiente capitulo con ansias 
Saludos  :sim:

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Capítulo XVIII: del amor al odio hay sólo un paso

Mensaje por firsthuntress el Sáb Sep 10, 2016 4:08 pm

Este capítulo me dejó como.... WOW! no sé como describirlo XD

Estuvo increíble!!!! Al leerlo sentí que estaba ahí con Liara x3 La ceremonia fue tan hermosa que hasta me sentí mal por no haberle dado una a Lian en mi fic DX Todo estuvo tan bien descrito y organizado... Dios, ¿de dónde sacaste la inspiración para escribir esa parte? jaja
Y esa pieza del soundtrack de Piratas del Caribe quedó perfecta y super épica  Una vez más, amé la ceremonia x3

La relación entre Liara y Taka es tan linda  tengo muchas ganas de descubrir que va a pasar con ese par en el futuro... tengo un par de teorías que mi cabeza se va formulando, pero no quiero pensar en nada, prefiero seguir leyendo el fic jaja


Hola Lilly!


Ayyy 

gracias I love you  , sinceramente no sé qué más decir. Como ya dije, siento que es un momento muy importante en la vida de una leona, y bueno, puse todo mi empeño para que se notara. Por los comentarios parece que lo he conseguido y eso me pone increíblemente feliz. 

No estoy muy segura cuánto alargaré esta etapa, la verdad. Los acontecimientos principales están narrados ya, pero debo unirlos y eso me llevará un tiempito. No quiero spoilearte y no tengo manera de darte una pista sin hacerlo, así que no puedo consolarte (?) (perdón Dx)


Gracias por comentar!!

@KIRAN27 escribió:buenos capitulos amiga firthuntress espero que sigas pronto y me parece que podria haber una gran guerra espeor que no la haya saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firthuntress nwn

Hola Kiran! Habrá una pelea en el futuro, lamento decirte, pero falta un tramo para eso xD
Me alegra que te hayan gustado los capítulos y te agradezco mucho por comentar. Otro abrazo para ti!

@Zyah escribió:¡Excelente! ¿Qué otra cosa puedo decir? (?)

Me he puesto al día desde la última vez que comenté en este tema, y la verdad es que me encantó como ha avanzado la historia hasta este momento. Tienes una gran forma de narrar, lo cual facilita enormemente que uno pueda imaginarse los hechos mucho mejor. Y, al igual que Lilly, me gusta cómo relacionas tu historia con las Crónicas del Reino.

Como todos los demás capítulos, este último estuvo increíble. La ceremonia estuvo perfecta, y más aún con el soundtrack.

Hola Zyah! Qué genial es verte por aquí otra vez!! Wow, me alegra mucho que te haya gustado. Esta clase de comentarios es realmente inspiradora, de hecho, cuando tengo un mal día y los veo, mi ánimo sube un montón  I love you

Gracias por tomarte el tiempo de seguir leyendo mi historia, de verdad significa mucho para mí.

@princesstwivinecadenza escribió:Wow genial capitulo espero que sigas lo que viene cada vez se pone mejor el fanfic espero el siguiente capitulo con ansias 
Saludos  

Hola princestwivinecadenza! Muchas gracias por tu lindo comentario. Me he demorado pero aquí llego con otra entrega. Espero que te guste  :3





Hola manada! Aquí estoy una vez más.
Primero que nada quiero agradecerles a todos porque se pasen a leer y por dedicar unos minutos en dejarme comentarios. Los voy leyendo cada vez que me conecto, y siempre me voy con un gusto dulce de aquí, porque me inspiran para seguir escribiendo, así que... ¡muchas gracias!

El principio de este capítulo está basado en "Las sombras del Makei" una entrega de Crónicas que tuve que releer para refrescar los nombres de los pesonajes (son tan difíciles Dx). Les digo por si los que lo leyeron dicen "ah, esto lo leí en alguna parte" jaja Razz

Voy tirándoles el aviso de que la historia irá poniéndose oscura, y probablemente vayan imaginándose por qué, pero para los que no, les digo...


¡Be prepaaaared!

(ay, siempre quise decirlo :'))

Lamento haberme demorado, pero estoy pasando por decisiones un tanto difíciles sobre mi futuro que me han dejado sin muchas ganas de escribir.
Hasta ayer no pensaba publicar un capítulo nuevo esta semana, pero me estaba lavando los dientes y la inspiración me asaltó. Corrí a buscar el celular para teclear las ideas con manos temblorosas antes de que me abandonaran y hoy me senté a leerlas para acomodarlas. Esto es lo que salió. Espero que les guste D:

Saludos  :sim:





Lejos, muy lejos de la Roca del Rey, donde los rayos del sol no brillaban con todo su esplendor y la noche se tornaba eterna bajo un denso vaho de vapor y metano, una hiena abrió sus ojos con dificultad. Gur’mekh despertó abruptamente de un mal sueño y encontró que estaba al resguardo de su madriguera, los distantes gases susurrando lamentos ininteligibles. La seda plateada de la luna aún cubría el terreno del Cementerio de Elefantes, y quedaban varias horas para que amaneciera.


Gur’mekh tragó saliva y cerró sus ojos, con una mueca de disgusto que se acopló a la caída de sus orejas. Su corazón dio un vuelco al recordar que en tan sólo unas horas, la bak’ret de sus sueños se uniría en todos los sentidos posibles a un macho que no era él; pero su desdicha pronto se transformó en desprecio cuando el rostro de su rival asomó en sus pensamientos. “Maldito seas, Demrath. Malditos sean tú y la hora en que naciste.”


Sus ojos ambarinos se posaron sobre sus patas, que ahora exhibían las garras furiosamente, rayando el suelo de tierra. Sacudió su cabeza en un intento de apartar las emociones que lo espabilaban, inhaló, y luego de unos segundos, el aire escapó por sus fosas nasales con lentitud. La hiena se concentró en el vaivén de sus latidos que comenzaron a relajarse, hasta que por fin retornó la paz. Apoyó su cabeza en el suelo y se dispuso a dormir una vez más, secretamente deseando no volver a despertar.


Pero fue en vano.


Habían pasado lo que para él fueron minutos, cuando escuchó movimiento en el exterior. El apagado color rosáceo del cielo sugería que había dormido hasta bien adentrada la tarde, y se puso de pie sobresaltado. Dos sentimientos totalmente opuestos dividían su alma, pues quería ver a Lenti en el día más feliz de su vida, pero no quería contemplar el ocaso de sus oportunidades para conquistarla.
— ¿Por qué demonios no me despertaron? —masculló en voz baja. Luego recordó que tanto su Muti como su Maleh estaban al tanto de sus sentimientos por la hiena, y se dio cuenta de que sólo habían querido ahorrarle el dolor.


Salió precipitado de su refugio para unirse al clan de hienas que presenciaba la ceremonia, y se abrió paso entre sus compañeros bruscamente hasta llegar a la primera fila que rodeaba a la pareja.
Y allí estaba: una coronilla de flores anaranjadas descansaba en la cabeza de la preciosa novia que miraba con ojos soñadores a su recién adquirido esposo. Todos los sonidos que debían oírse en ese momento no parecían rebotar en los tímpanos de Gur’mekh, y éste sólo pudo escuchar el sutil sonido de miles de perlas desmoronándose a su alrededor; perlas que representaban sus intentos por ganar su cariño, sus sueños de amor y cachorros, sus escasos momentos de dicha con ella. Él nunca le había agradado, ni siquiera de niños, y Lenti no había aprendido a quererlo hasta que hace pocos días atrás, él decidió acercársele bajo el único propósito de ganar (al menos) su compasión.


Observó con aplastante congoja la unión de ambos en sagrado matrimonio, y sus dientes le dolieron por apretar tanto las mandíbulas. No había espacio para el odio, sólo para el dolor. La hermosa hembra no parecía siquiera registrar su presencia, aunque él tampoco podía hacerlo: se sentía totalmente ausente. Todo sucedía a cámara lenta. Las cabriolas y risas del público eran meras torturas silenciosas para Gur’mekh, cuyo rostro reflejaba el mismo sentimiento que estrangulaba sus entrañas al ver el beso que sellaba aquel vínculo.


“Esos labios deberían ser míos”


Las lágrimas amenazaron con brotar de sus ojos, pero se detuvieron cuando un golpecito en su costado lo trajo a la realidad. Kambra lo miraba con una dulce sonrisa que pretendía ocultar la pena que sentía por su hijo, aunque sabía que él podía leer sus emociones tanto como ella las de él.


— ¿Estás bien, mi vida?


—Sí, sí—balbuceó con un forzado asentimiento de su cabeza. Sin esperar a que su madre intentara confortarlo, le ordenó a sus patas que lo sacaran de esa espantosa escena.


Caminó por varios minutos con la mirada perdida, sin rumbo fijo, mientras el ocaso del sol marcaba el ascenso de la luna. No había visto que la tierra había dejado de ser estéril, y ahora sus patas caminaban sobre esporádicos islotes de hierba verde y tierna. Unas risas sonaron en la distancia, y las rocas de ese lugar los mantuvieron ocultos tanto a él como a los dueños de ese momento de dicha. Se acercó lentamente al origen de esos sonidos, cuidando de no ser visto, y encontró que su teoría era correcta: Lenti y Demrath rodaban en el suelo mientras unas pocas luciérnagas contribuían a las caricias de la luz de la luna.


Las orejas de Gur’mekh se pegaron a su cabeza cuando las retrajo, y antes de que las cosas avanzaran mucho más, cerró sus ojos para concentrarse, repitiendo en voz baja:


—Bríndame tus pensamientos, Demrath. Bríndame tus sentimientos, Demrath. Déjame ver por tus ojos, Demrath. Seamos uno, tú y yo.


En medio de su trance, se encontró con las amatistas de Lenti. Gur’mekh veía a su amada a través de los ojos del macho, y vio que ella lo miraba por primera vez con dicha y timidez. Su corazón se distendió.
— ¡Lenti! —murmuró—¡Oh, sí, Lenti!


Gur’mekh rodó sobre su espalda, y Demrath lo imitó, preso de su posesión.


— ¡Apuesto a que tu novio Gur’mekh está envenenándose la sangre por esto!


 — ¡Cállate! En verdad siento mucha pena por él—respondió entre risas.


— ¿Pena? ¿Por él?


—Sí. Quiso a una bak’ret que no pudo tener, y hay al menos una docena de ellas que darían sus bigotes por llevarlo hasta los arbustos.


— ¿Pero tú no? —musitó Gur’mekh con una sonrisa apenada.


Ella negó suavemente con la cabeza, y sus patas cruzadas se extendieron sobre la hierba.


—No. Dije que siento pena, no que lo quisiese. Sólo te quiero a ti, Demrath. Siempre te he querido a ti.


Su pecho se contrajo de dolor.


—Pero no quiero que hablemos de él—prosiguió Lenti— ¡Acabamos de casarnos, por el amor de Roh’kash! Deja de hablar de Gur’mekh y de quedarte ahí en nuestra noche de bodas. Te deseo, amado mío.
Y un delicioso escalofrío recorrió la espina dorsal de Gur’mekh. La rabia que había comenzado a gestarse otra vez se disolvió cuando sintió el cálido y suave pelaje de Lenti al frotar su cuerpo en toda su longitud.


— ¡Te amo, Lenti!


—Oh, cielo—susurró ella—Yo también te amo.


Gur’mekh se abandonó a la dicha de poseerla al menos por un momento, dejándose arrastrar por la pasión de ella y la suya. A pesar de que el éxtasis pareció eterno, momentos después se había esfumado por completo. El arrebato emocional rompió el vínculo psíquico que había establecido y luego de la liberación, sus ojos se encontraron abruptamente con el frío reproche de las estrellas. Con la misma facilidad que se había entregado al amor, se entregó a la desdicha. De repente, se sintió sucio, y terriblemente avergonzado.


— ¡Nunca más! —se dijo a sí mismo—¡Algún día la tendré para mí, pero no así! ¡Dios, me siento tan inmundo!


La hiena caminó pesadamente el largo trecho hasta su casa, pateando iracundamente cada roca y rama que se entrometía en su camino.


—¡¡Agh!! ¡Al menos Lenti tiene la decencia de compadecerme!


Pero cuanto más pensaba en ese sentimiento que le tenía, más fuerte se volvía su ira. Cuando ya no pudo contenerla, la furia se desató e hizo que bramara tóxicas maldiciones.
— ¡Cuando yo sea Emperador de la Roca del Rey y el mundo se incline ante mí, ella implorará que le haga el amor! ¡Suplicará porque no la ignore!


Gur’mekh  se detuvo un momento. Su espíritu desbocado deseaba salir de su cuerpo y quemarlo todo a su paso. Cerró sus ojos tensando sus patas y fauces, hasta que comenzó a temblar. Clavó su centelleante mirada en un futuro más que exquisito, dejando que la determinación se apropiara de su cordura. Llegar a él no sólo sería difícil, sino que también peligroso; pero confiaba ciegamente en su capacidad de control y liderazgo. ¿Qué podría salir mal?


Una sonrisa dejó entrever sus colmillos, y siseó:


—Oh, sí. Tengo la sangre mucho más que envenenada, Demrath. Y tú serás el próximo que lo compruebe.
 


*          *          *


Tres soles y lunas surcaron el horizonte africano. Liara experimentó sus primeras cacerías en equipo, y encontró que era de las mejores experiencias que podría tener en toda su vida, pues era todo lo que imaginaba y más. Lo que se veía desde afuera describía apenas la mitad de la maravilla de la caza en grupo, pues todo comenzaba con un calentamiento lleno de chistes y risas; continuaba con una estrategia dictaminada por la líder, procedía con la caza en sí misma, y finalizaba con un canto victorioso, llevando a casa el fruto de sus esfuerzos. Incluso en aquellos momentos donde todas guardaban silencio para acechar a las presas, podía percibirse el gran sentimiento de pertenencia y cuidado mutuo que las unía.


Liara vio con asombro que se ganó la simpatía de la líder rápidamente, aunque no podía imaginar la razón. Eran seres diametralmente diferentes. Donde ella era rápida y tímida, la otra era fuerte y extrovertida, aunque siempre conservando su porte de líder. Avina había trabajado durante años dedicando todo su empeño en la construcción de la figura que tanto respeto inspiraba. Era dura y estricta, pero su nobleza e interés por sus compañeras había generado un vínculo poderoso entre ella y las leonas.


Pocos días después, Sarafina cumplió trece lunas y  logró alcanzar un impala en su segundo intento. Habiendo disfrutado a pleno de su ceremonia, llegó su turno de unirse a la cuadrilla, pero el número de leonas no aumentó ni disminuyó: Saffira padecía desde algunos días atrás mareos frecuentes, y por orden de Avina suspendió su participación en las cacerías hasta que se sintiese mejor.
Entre sus compañeras se rumoreaba que estaba embarazada, y dichas suposiciones pronto se vieron confirmadas por un abultamiento de su vientre. Aún prevalecía la incertidumbre sobre quién podría ser el padre, pero en cuanto dio a luz, no quedaron dudas al respecto: Zira tenía los ojos de Essien.


Aunque lo que cada leona hacía con su vida era pivado, Ahadi no podía pero sentirse ligeramente afectado por ello. Aquel león que alguna vez había cazado por placer, andaba deambulando por las fronteras del reino para ver a su amada a hurtadillas. Mientras se mantuviera fuera de allí no representaba problema, pero se trataba de Essien. A menudo, el rey rezaba porque se adueñase de un reino y se llevara a Saffira consigo, pero dicho pedido jamás se concretó.


Mientras tanto, Mufasa se pavoneaba ante Sarafina en cada oportunidad que tenía. La melena rojiza que ahora caía despreocupadamente en su frente había crecido tanto como su atracción hacia ella, y a pesar de que sabía que la leona no mostraba indicios de quererle del mismo modo, él no se daba por vencido. Todos estaban al tanto de sus sentimientos por ella, y ni Uru ni Ahadi escapaban de este hecho. Desde la punta del promontorio observaban cómo la seguía a donde quiera que fuera, como una segunda sombra; y a pesar de que no vieran una para él, sabían que sí existía…


…sólo que mantenía su orgullo bien erguido.


Pero para Sarabi, el orgullo no hacía más que carcomer su corazón. Conforme fueron creciendo había comenzado a ver a Mufasa con otros ojos, y el dolor que le provocaba que el amor de su vida estuviera encaprichado con su hermana no le ponía fácil relacionarse con ella. Sarafina no comprendía la razón de su distanciamiento, pero no tenía demasiado tiempo para pensar en ello: o evadía al pesado del príncipe, o estaba de caza.


—Estoy preocupada, Ahadi. Debimos haberlos comprometido cuando nacieron para evitar esto.


Ahadi negó con la cabeza.


—Esa no es la solución, querida. Quiero que encuentren a su pareja, no que vivan atados a un compromiso que no desean.


La reina bajó sus orejas y miró a su esposo con una sensación de tristeza.


— ¿Tú te arrepientes?


—¡¡Por supuesto que no!! —respondió alarmado Ahadi, y la mimó rápidamente para consolarla—Te amo con todo mi corazón, Uru. No puedo imaginarme con otra leona, soy ridículamente feliz contigo—hizo una pausa—Mírame, Uru. ¿De verdad parezco arrepentido?


Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Lo único que veía en los ojos de Ahadi, era la preocupación por haber sugerido tal cosa.


—No—respondió finalmente, y sumergió su rostro en su cálida melena oscura para aliviar su pesar—Oh, cielos, lo siento, querido. Me preocupó que dijeras eso.


—Está bien, lamento si te lastimé—Ahadi dejó de mimar a su esposa, y con sus patas lo obligó a mirarlo a los ojos otra vez— Escucha, chica: nunca me arrepentiré por lo nuestro. No sólo me has hecho el león más feliz, sino que me has bendecido con dos hermosos hijos. Gracias a ti, podré partir este mundo con la mente tranquila de que he vivido una vida fabulosa.


— ¡No digas eso!


—Sabes que es verdad, preciosa. Oh, Uru. Te amo, y mientras viva seguiré intentando devolverte el favor.


—Ya lo has hecho—respondió ella con una sonrisa, mientras su hocico acariciaba su poderosa mandíbula—Pero entonces, ¿por qué lo has dicho?


—Porque si los comprometíamos, quizás no corrían la misma suerte que nosotros. Mira a Mufasa y Sarafina. Él estaría dichoso de la vida, pero probablemente habríamos hecho la de ella miserable. Y antes de que digas algo, sabes bien que no lo digo por Mufasa.


—Sí, lo entiendo—la reina posó sus ojos en otro dúo a la distancia, y soltó una risita.


— ¿Qué? —inquirió Ahadi.


Ella no respondió, pero hizo un ademán con su cabeza. Al seguir su señal, el león vio a Taka y Liara correteando entre la hierba. Los observó con una sonrisa llena de satisfacción durante un largo momento, y regresó de su ensoñación cuando una nueva caricia removió el pelaje de su melena.


—Míralos. ¡Imagínate si lo hubiéramos comprometido con Sarabi!


— ¿Son el uno para el otro, verdad?


Uru rió.


—¿¿Qué es tan divertido??


—Que has sido el último en notarlo.


—Oh—Ahadi frunció el ceño, pensativo— ¿de verdad?


—Bueno, quizás no el último. Creo que aún queda Muffy.


—Vaya.


Las risas de Uru se fueron calmando  y miró con dulzura aquellos leones que rodaban. Taka había alcanzado a Liara.


O Liara había permitido que la alcance.


—Son como dos magnetos,—continuó ella—sólo que no hay fuerza en la Tierra que pueda separarlos.


—Han crecido tanto. Aún recuerdo cuando podía sostenerlos del lomo.


— ¡Y mira esa melena! Falta poco para que cubra todo su cuello—respondió la leona, con cierto tono de insinuación.


—Sí. Lo que me recuerda…


—Mmmmh…


—Debemos hacer los arreglos para la Ceremonia de Cubrimiento.


El imponente león dorado se puso de pie para dirigirse al Baobab de Rafiki, pero la voz de Uru lo detuvo.


— ¿No se te olvida algo?


Él la miró como un cachorro confundido, y ella, luego de poner los ojos en blanco, dejó que las comisuras de sus labios se elevaran. Con una pata, tomó la mandíbula de su esposo y la giró hacia los leones una vez más.
Los ojos esmeralda del rey se toparon con dos adolescentes que habían dejado de rodar en el pasto. Ella no paraba de reír, y él, que estaba debajo, había envuelto su cuerpo con sus patas delanteras en un dulce abrazo, mientras la observaba con ojos profundos. Una sonrisa boba se había dibujado en su rostro, y su cola, ligeramente tensa, se ondulaba de un modo que, a ojos de un león experimentado, sólo podía significar una cosa.


—Oh…—fue todo lo que pudo decir.


—Es hora de que hables con él, cielo. Yo me ocuparé de Liara.

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Sáb Sep 10, 2016 5:20 pm

Wow, este capitulo fue fantástico firsthuntress I love you . Primero, en anteriores capítulos se me hacia extraña la ausencia de las hienas y me alegra finalmente poder verlas en este capitulo. Otra cosa que me sorprendió fue el origen de la malvada Zira (aunque por la personalidad de Saffira me hacia sospechar que ella seria la madre de Zira xD). 

Por cierto, parece que la relación de Taka y Liara ha avanzado lo suficiente al grado de ser una pareja, ¡eso me encanta!  esperemos después ver un capitulo que se centre principalmente en ellos y su tan esperado romance. Mientras tanto, que mal que Muffy siga encaprichado con Sarafina, ¿sabes?, no imagino como el dulce Taka pasara a convertirse en Scar, ni tampoco como comenzara lo de Mufasa y Sarabi, en fin, espero con muchas ansias la continuación.

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Dom Sep 11, 2016 9:59 pm

Estoy igual que Aisha 

Aunque yo ni siquiera imaginaba que la madre de Zira fuera a ser Saffira jaja había olvidado por completo la existencia de la leona .-.

Yo tambien me preguntó como será que Taka cambie tanto su personalidad. Es decir, conozco gente que ha pasado por cambios así de radicales: de pequeños eran un amor, y al crecer se amargan (mi hermana menor, por ejemplo >n< a veces eso me hace comprender más a Mufasa) pero no termino de imaginarlo en tu fic.

Muero por saber que pasará mas adelante x3 Entiendo que no me puedas dar pistas... es más, así está perfecto XD prefiero ir sabiendo a su tiempo I love you I love you

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Sep 12, 2016 1:38 am

buen capitulo firthuntress y bueno espero que esa guerra pueda haber paz y decirte que los capitulo llega la emocion y se que hay mucho amor entre nuestros grandes personajes principales saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firthuntress nwn

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Zyah el Mar Sep 13, 2016 4:58 pm

Taka y Liara parecen ser muy felices estando juntos; al igual que Aisha y Lilly, me preguntó cómo Taka podría pasar a ser "Scar", viéndolo como es todavía. Como siempre, el capítulo ha estado muy bien en todos los sentidos (creo que fue más corto que los otros, o al menos así lo sentí yo xD), jamás me habría imaginado que Saffira y Essien fueran los padres de Zira... aunque, pensándolo bien, las personalidades de Saffira y la Zira de la película parecen coincidir, así que ya no es tan extraño xD

En fin, espero con ansias que subas el siguiente capítulo Smile

¡Saludos!

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Capítulo XIX: un héroe inesperado

Mensaje por firsthuntress el Vie Sep 16, 2016 7:42 pm

@Aisha escribió:Wow, este capitulo fue fantástico firsthuntress . Primero, en anteriores capítulos se me hacia extraña la ausencia de las hienas y me alegra finalmente poder verlas en este capitulo. Otra cosa que me sorprendió fue el origen de la malvada Zira (aunque por la personalidad de Saffira me hacia sospechar que ella seria la madre de Zira xD). 

Por cierto, parece que la relación de Taka y Liara ha avanzado lo suficiente al grado de ser una pareja, ¡eso me encanta!  esperemos después ver un capitulo que se centre principalmente en ellos y su tan esperado romance. Mientras tanto, que mal que Muffy siga encaprichado con Sarafina, ¿sabes?, no imagino como el dulce Taka pasara a convertirse en Scar, ni tampoco como comenzara lo de Mufasa y Sarabi, en fin, espero con muchas ansias la continuación.

Hola, Aisha x3
No sabes lo feliz que me pone leer este tipo de comentarios
Primero, gracias por pasarte a comentar. Siempre es inspirador leerte.
Segundo, te doy la razón con el asunto de las hienas. La verdad es que no las había metido antes porque quería centrarme en la relación de los leones y en el manejo de las
cosas en el reino. Además, no quería alargar tanto la historia y llenarla de personajes, porque la verdad es que esas hienas que ves allí tienen padres y los padres tienen su historia también.
Por lo que me enfoqué en lo más importante y esperé a que los leones crecieran para darles su parte del protagonismo, porque como verás más adelante, son un factor crucial en el resto del fic.
Me encanta que te encante la relación de Taka y Liara , y créeme, el romance llegará pronto Wink
La idea del encaprichamiento de Mufasa surgió del parecido que Saffy tiene con Nala, y dije "si Simba se enamora de Nala, ¿por qué no heredar el gusto del padre? xD"
Y así salió. No estoy del todo cómoda con ello para serte sincera, pero quiero agregar algo de historia en ese trío y pensé que un triángulo amoroso sería la mejor manera.

Con respecto al cambio de Taka, verás que es tan radical como el que se aprecia en la peli (quizá incluso peor) pero será progresivo.





@LillyDiaz18 escribió:Estoy igual que Aisha 

Aunque yo ni siquiera imaginaba que la madre de Zira fuera a ser Saffira jaja había olvidado por completo la existencia de la leona .-.

Yo tambien me preguntó como será que Taka cambie tanto su personalidad. Es decir, conozco gente que ha pasado por cambios así de radicales: de pequeños eran un amor, y al crecer se amargan (mi hermana menor, por ejemplo >n< a veces eso me hace comprender más a Mufasa) pero no termino de imaginarlo en tu fic.

Muero por saber que pasará mas adelante x3 Entiendo que no me puedas dar pistas... es más, así está perfecto XD prefiero ir sabiendo a su tiempo 

Hola Lilly Very Happy
Jajajajaj sí, no la mencioné antes porque decidí que su protagonismo fuera pobre en el fic (de hecho, la segunda vez que apareció fue recién en la ceremonia de Liara). Pero no pasará lo mismo con su hija.
De la misma manera en que le dije a Aisha, el cambio en el pobre Taka será progresivo. Lamento oír lo de tu hermanita, y a pesar de que no me tocó vivir una experiencia así, siento que debe ser muy feo x(
Hay unas cuantas ideas que quiero poner antes de lanzarme al nudo de la historia (no bromeaba cuando dije que tengo mucho para contar aún) pero espero que no se vuelva tedioso D:
Me alegra que te haya gustado y espero que este nuevo capítulo sea de tu agrado también x3



@KIRAN27 escribió:buen capitulo firthuntress y bueno espero que esa guerra pueda haber paz y decirte que los capitulo llega la emocion y se que hay mucho amor entre nuestros grandes personajes principales saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firthuntress nwn

Hola Kiran! Como siempre, ver que les gusta mi historia me pone muy feliz. Las cosas irán... "bien". Va entre comillas porque no irán del todo bien, pero creo que imaginarás por qué xD
Espero que te guste este capítulo también n.n
¡Gracias por comentar!



@Zyah escribió:Taka y Liara parecen ser muy felices estando juntos; al igual que Aisha y Lilly, me preguntó cómo Taka podría pasar a ser "Scar", viéndolo como es todavía. Como siempre, el capítulo ha estado muy bien en todos los sentidos (creo que fue más corto que los otros, o al menos así lo sentí yo xD), jamás me habría imaginado que Saffira y Essien fueran los padres de Zira... aunque, pensándolo bien, las personalidades de Saffira y la Zira de la película parecen coincidir, así que ya no es tan extraño xD

En fin, espero con ansias que subas el siguiente capítulo

¡Saludos!

Hola Zyah!
Sí, he visto que todos tienen la misma duda. Reitero, el cambio será progresivo (viene del lado de Crónicas, pero no quisiera especificarlo para aquellos que no quieren leer
ese fic y evitar spoilear aquí) aunque mi idea es profundizar mucho más en esa razón.
No suelo contar las páginas para medir la longitud del capítulo, sino más bien lo leo un par de veces y mido "mentalmente" lo que me lleva leerlo. Creí que con eso bastaba para tener una idea pero supongo que las cosas difieren mucho cuando las lee el autor de cuando las lee el lector xD
Me alegra que te haya gustado el capítulo, y aquí llego con otra entrega un poco más extensa Wink


Por cierto, creí que era medio obvio que Zira sería hija de esos dos, pero parece que agarré medio de sorpresa a todos jajaja.



¡Qué tal, manada!
Bien, como ya dije antes, aquí llego con otro capítulo.
Esta semana estuvo llena de cambios para mí, y con esos cambios, surgió un brainstorm de ideas para este fic. Están todas guardadas entre las notas de mi teléfono, (el día en que lo pierda o me lo roben moriré D:)
Pero bueno, esperemos que no sea el caso. (Igual a medida que se llena las voy pasando al borrador)

Veo que muchos están intrigados por el cambio que sufrirá Taka en su personalidad, y la verdad es que estoy en esa dualidad de querer spoilear, y contenerme (desventajas de ser una fangirl, supongo xD)
Pero me contendré para no estropearlo. Los que hayan leído Crónicas sabrán a qué se deberá, aunque, como le dije a Zyah, mi idea es profundizar en ello así que no se preocupen si ya lo saben.

No tengo más que decir, exceptuando que espero que disfruten este nuevo capítulo.

¡Gracias por leer!

Rugidosss :simba4:



—Deja de correr, esas patas me romperán una costilla algún día—se quejó Taka, sin poder contener su media sonrisa.


—Pedirme eso es como pedirme que deje de respirar.


Taka rió, y luego apartó la mirada de su rostro. Negando suavemente con la cabeza, dejó ir un suspiro.


—Lo sé. Pero tenía que intentarlo.


Una nueva voz carraspeó, y ambos dirigieron la vista hacia su origen.


—Oh hola, papá—dijo despreocupadamente el joven león.


— ¿Te importa si me lo llevo un momento, Liara?


— ¿A este bravucón? —la leona clavó sus ojos en su amigo, y frotó su melena con un puño—claro que no.



— ¡Oye!


Ella sonrió, y sin darle tiempo a que dijera otra cosa, le dio un suave lengüetazo en la mejilla, permitiéndole que se pusiera de pie.


—Estaré con los chicos Taka, te veré más tarde.


Liara le ofreció un último vistazo a su padre, y luego se alejó al trote moviendo la cola. Taka la siguió con la mirada, ignorando por completo que Ahadi estaba allí, sin dejar de sonreír.


—De acuerdo—respondió en un susurro.


El rey lo observó atentamente, pero no dijo nada. En su lugar, bloqueó el camino que seguían las pupilas de su hijo pasando frente a él, y Taka supo que estaba invitándolo a que lo siguiera.


Minutos después, padre e hijo caminaron en silencio bajo el dorado sol del atardecer, abriéndose paso entre la hierba crecida. Había transcurrido mucho tiempo desde que Ahadi y él habían tenido una charla a solas, y una parte de sí temía que fuera por algo malo. Lo ponía un poco nervioso no saber por qué lo había llamado aparte, pero decidió que era mejor no acelerar las cosas. El fornido león se detuvo en una pequeña laguna que se había formado tras las últimas lluvias, una que no duraría mucho tiempo si el calor seguía irradiando la sabana, y una gran bandada de águilas culebreras pasó frente al sol migrando en la típica formación en V, anunciando el inicio de la estación seca.


— ¿Sabes por qué estamos aquí, Taka?


—Supongo que porque tienes que hablar conmigo sobre algo importante.


—Y en verdad lo es—Ahadi se quedó en silencio unos segundos, pensando por dónde empezar, y finalmente dijo— ¿Cómo te sientes, hijo mío?


—Uhm… bien.


— ¿Y durante estos últimos días?


El león de pelo cobrizo frunció levemente el ceño preguntándose de qué iba todo el misterio, pero todo cuanto pudo concluir fue que estaría preocupado por su salud, considerando las delicadas condiciones bajo las que había nacido.


—He estado bien, papá. Si sintiera algo extraño te lo habría dicho.


— ¿Incluso si es algo que te haga sentir incómodo?


— ¿A qué te refieres?


—Estoy haciéndome viejo, Taka, y tanto tú como tu hermano crecen a pasos agigantados. Para mí ya ningún cambio es novedad, pero para ustedes, son mucho más que meros descubrimientos. Un mundo de sensaciones nuevas se despliega ante ustedes, y probablemente se sentirán confundidos en situaciones que antes les resultaban corrientes.


El desconcierto grabado en el rostro de Taka sacó una sonrisa paternal de Ahadi.


—De acuerdo. Empecemos por el principio. Hay algo que quiero que entiendas y eso es que puedes confiar en mí para cualquier cosa, hijo mío.


—…lo sé, papá.


—Y no debes permitir que la vergüenza te impida contarme algo cuando te genere dudas.


—Creo que estoy confundido ahora.


—Hoy te he visto con Liara.


De repente, se sintió extraño. Taka clavó la mirada en el suelo, removiendo nerviosamente el herbaje con sus patas, y pudo sentir que su pulso se aceleró.


—Oh, sí. Ella es… mi amiga.


La sonrisa del rey se acrecentó, pero no por gracia, sino por comprensión.


—Los dos sabemos que ella significa más que eso para ti.


—Oh, bueno…


Ahadi rió.


— ¿Te gusta mucho, verdad?


Taka seguía algo reacio a admitirlo frente a él.


—Lo sé—continuó—he visto como la miras. No te sientas avergonzado, yo he sentido lo mismo por tu madre a tu edad.


Él no respondió, y Ahadi dejó esa última frase flotando en el aire unos momentos, ofreciéndole la oportunidad de hablar. Su hijo tenía las orejas levemente retraídas, y estaba más que claro que su mente trabajaba a todo vapor. Hubo una pausa.


—Bueno...


— ¿Si?


—Hace un buen tiempo que vengo fijándome en ella.


—Mmmh—respondió con un asentimiento de su cabeza— ¿Y has sentido algo en particular? ¿Algo que tiempo atrás no sentías?


Taka se concentró en recordar, pero no tardó en encontrar algo que podía concordar con lo que le insinuaba su padre.


—Cuando estoy con ella… siento cosas.


—Cosas fuertes, ¿verdad?


—No sé qué me pasa.


Ahadi soltó una risa cálida.


—Estás creciendo hijo, eso es lo que te pasa.


El joven león clavó su mirada fosforescente en el rey y éste vio que rezaban un claro mensaje de súplica.


— ¿Cómo lo paro, papá? Quiero que se detenga.


—Oh, mi dulce Taka—Ahadi apoyó una de sus patas en la espalda de su hijo, dándole unos ligeros golpecitos—Me temo que no hay mucho que puedas hacer al respecto.


—Me gustaba más como era todo antes, cuando podía admirarla desde la distancia sin sentir la necesidad de acercarme a ella. Cada día me esfuerzo mucho por mantener este cosquilleo a raya, pero verla no hace más que ponérmelo más difícil.


—Intenta no reprimir tanto tus emociones, hijo—le respondió con cierto tono preocupado— No te hará ningún bien. Y si ahora te parece que es una tortura, me siento aliviado de haberte llamado justo a tiempo—Ahadi se acercó a la oreja de Taka como para contarle un secreto, y susurró—Pero debo prevenirte: empeorará.


Los ojos de Taka se abrieron por completo.


—¿¿Más que esto??


—Mucho más. Hay ciertos… días en que ese cosquilleo es mucho más poderoso. Es cuando ellas están… ya sabes.


—No, papá.


Claro que no lo sabe” se regañó Ahadi.


—Habrá días en que sentirás aromas. Aromas que harán que tus patas tiemblen.


—Liara huele muy bien ya.


—Sí, pero es algo que se potencia con la edad.


—Hoy quise besarla. De verdad que lo quise—soltó en un arrebato de sinceridad.


—Lo sé, tu cara te delataba. Al parecer ella no lo ha notado. ¿No sabe nada, verdad?


—No—dijo, apartando la vista—No se lo he dicho.


—Bueno, intenta no posponerlo mucho tiempo más. Hoy has deseado sólo un beso Taka, y no me malinterpretes, no es que esté desmereciéndolo…


—…lo sé, no te preocupes.


—Pero en el futuro querrás más que eso, y prepararte para ello es la razón por la que te traje aquí. Hay algunas cosas que debes saber…


Y en lo que restó de esa tarde, Taka aprendió sobre el amor.




*         *       *


Cuando Liara se separó de Taka, tuvo que posponer la búsqueda de sus amigos también, pues al llegar al pie de la Roca del Rey, Uru la interceptó con el pretexto de “hablar sobre algo importante”. Esa conversación resultó tratar sobre lo mismo que la charla privada que mantenían Ahadi y su hijo en aquel momento, pero a sabiendas de que Taka no le había confesado su amor, la reina no podía acercársele al mismo tiempo. No sólo porque levantaría sospechas entre ambos leones, sino porque prefería no interferir en su relación: Taka se le declararía cuando estuviese listo.


O al menos eso esperaba.


Pero a diferencia de Taka, Liara no se sintió muy cómoda con la nueva información. Uru había tenido especial cuidado en escoger los términos adecuados para prepararla, pero aún así, ninguna leona que se preciara de serlo estaba a gusto con las partes dolorosas. Esto la llenó de dudas, y al terminar de hablar con su madre, la acarició con el hocico y optó por visitar a Rafiki. Necesitaba despejar su mente.


La garra de su dedo índice rozó contra la corteza y de un suave tirón, la puerta salió de su encastre. Le pareció extraño que a esa altura el mandril no hubiese pegado el grito de saludo, pues siempre detectaba su presencia al ingresar, y una vez que colocó la puerta en su sitio, trepó ágilmente por el agujero que conducía al segundo piso.


Nunca había podido habituarse a la inmensidad del interior del Baobab, pero todo ese espacio libre no hacía más que aumentar la sensación de paz que se respiraba en el santuario. Miró en todas direcciones esperando a encontrar a su viejo amigo, sólo para toparse con los instrumentos del chamán circulando el perímetro del lugar: bastones, cuencos, algunos frutos y hojas de gran tamaño aquí y allá.


—¿Fiki?—entonó.


Pero no hubo respuesta, sólo el sonido de las hojas del árbol meciéndose con la brisa vespertina.


—¿¿Fiki??—Volvió a clamar, esta vez con más fuerza y algo preocupada. No podía haberse ido, ¡no en ese momento!


Fue entonces cuando unos murmullos hicieron que aguzara el oído: el chamán estaba rezando en alguna parte.


Oh, gracias a Dios” pensó aliviada. Miró con curiosidad el complicado laberinto de ramas que se extendía hacia arriba, pensando en que nunca había visto a Rafiki rezar lejos del muro de oraciones. Luego, inspeccionó las lianas hasta que dio con las que sostenían la plataforma que usaba con ella cuando era pequeña. De un certero lance, logró pasarlas por una de las ramas más bajas. Sentada sobre ella y haciendo uso de toda su fuerza, tiró hacia abajo el sobrante de las cuerdas y la plataforma se elevó, hasta que llegó a las ramas por donde empezaría a trepar. Por lo general, los leones no eran muy buenos trepadores, pero una convivencia prolongada con un mandril de seguro había hecho la diferencia.


Liara no solía ir por otro lado que no fuera la “zona principal de trepado”, cuyo gastado camino a través de la copa era el responsable de casi toda la claridad que penetraba el hogar del chamán, y le rezó a Aiheu que no la dejara caer. Cuando el nudo de las lianas mantuvo la plataforma suspendida en el aire, se balanceó hasta la rama más cercana. El impacto hizo que soltara todo el aire de golpe, y minutos después, sus garras se extendieron numerosas veces mientras ascendía, siguiendo el sutil sonido de las plegarias del mandril. Supo que si no se había interrumpido, era porque no la había escuchado. “Qué extraño” pensó para sí, arrugando la nariz. “Debe de estar muy concentrado”


Y en efecto, así era. Cuando llegó a una rama tan gruesa como un tronco, vio que Rafiki estaba arrodillado frente a un nuevo muro de oraciones, uno que no había visto nunca. En él, sólo había tres figuras dibujadas: dos de ellas parecían pertenecer a mandriles, uno adulto y otro bebé; y ambos estaban coronados por una figura de trazos escarlata que simulaban lo que Liara identificó como el Ojo de Aiheu.


Los rayos dorados del sol que se filtraban a través de las hojas incidían directamente sobre el muro, y la notable calidez sugirió que Rafiki debería repintar los dibujos de vez en cuando.


—¿Fiki?—lo llamó suavemente, y el aludido se giró de golpe.



—¡Liara! ¿Pero qué estás...—el mandril se puso de pie torpemente, dejando caer un cuenco con pintura roja. Al reparar en que se trataba de la leona, dejó ir un suspiro—Oh, lo siento. Me has asustado.


—Descuida—hizo una pausa, ofreciéndole una sonrisa apenada—¿qué estabas haciendo?


—Oh, bueno...—Rafiki dio un ligero vistazo al muro que tenía a su lado, sin saber bien qué decir. Nunca le había hablado sobre su pasado, y se suponía que nadie más tenía por qué saberlo, pero la leona lo tomó por sorpresa. Suspiró nuevamente, en un intento de aclarar sus ideas, y volvió a observarla—Estaba rezando. Ellas...



—¿Es tu familia?—preguntó, acercándose lentamente al muro.




—Lo era—le respondió, con la voz más calma.


Las orejas de Liara se retrajeron y miró a su amigo.


—¡Oh! Lo... lo lamento, Rafiki.


—Descuida. Fue hace mucho tiempo ya. Cuando apenas había comenzado mi trabajo aquí.


—¿Cómo se llamaban?


Rafiki posó una mano sobre el dibujo de la mandril adulta, y pronunció “Asumini”. Luego, prosiguió con la pequeña “Y ella, era Penda”.


—Asumini... suena como el nombre de una leona.


—Eso es porque perteneció a una leona—le contestó dulcemente.


—Suena a que hay una historia detrás de eso,—comentó ella—una que desde luego quiero oír. ¿Y Penda?


—Penda significa “querida” en mandrileño.


Liara sonrió, pero segundos después su expresión se volvió triste.


—¿Qué fue lo que pasó?


—Una horrible fiebre atacó a mi esposa—comenzó a decir, sin apartar la vista de los dibujos—Yo había vuelto de recolectar algunas raíces, y al verla noté que ella parecía inusualmente agotada. Al apoyar mi mano en su frente noté que su piel ardía en fiebre. Cuidé de ella, pero no había mucho que pudiera hacer. Una noche, preparé una infusión para beber y sin notarlo me quedé dormido. Cuando desperté, vi que ni ella ni Penda estaban en casa. Salí desesperado a buscarlas, y en mi camino encontré a Ahadi. Un gran león, sin dudas. Me ayudó en mi búsqueda y de hecho, él fue quien las encontró. No me permitió ver el escenario, pero intuyó que Asumini habría ido a beber agua del río y... un cocodrilo la atacó—Rafiki cerró sus ojos—se defendió como pudo, pero las heridas eran graves. No pudo sobrevivir. En cuanto a Penda... seguro fue una presa más fácil.


—Cielos... qué espantoso. Lo lamento mucho, Fiki. No pretendía interrumpirte, pero vine hasta aquí y al no verte por ningún lado me preocupé.


—Está bien, pequeña, no te preocupes. Ahora sabes algo de mí, así que creo que estamos a mano. Pero dime, ¿qué te trajo hasta aquí el día de hoy?


Liara lo miró apenada, y segundos después sonrió levemente.


—Sólo quería verte, y ya lo he hecho.

El mandril frunció el ceño. Conocía a la 
leona muy bien, y detectaba rápidamente un acto desinteresado cuando se lo ofrecía. 



—No tienes que irte tan pronto. Lo sabes, ¿verdad?


—Sí...

—Lo digo en serio.

—En ese caso rezaré contigo, si me lo permites.



Rafiki sonrió, y luego la abrazó con cariño.



—Lo que tú quieras estará bien para mí, pendaella lo miró sorprendida al oírlo, y él continuó, guiándole un ojoRezaremos un poco más y luego me hablarás sobre ese asuntillo que te preocupa.


         *         *


Los días continuaron su curso y la nueva cachorra fue objeto de adoración para su madre, que apreciaba el cambio que estos hacían en ella. Zira era la única que recibía buenos tratos por parte de Saffira, pero esto no quitaba que las demás leonas se acercaran a visitarla.


Al principio, los ojos carmín de la leoncita reflejaban la ingenuidad e inocencia que componían su alma, y eran mucho más cálidos que los de la leona que la había traído al mundo. Sin embargo, el mal genio no tardó en expresarse en sus genes, y en pocos meses, Zira se transformó en una cachorrita que todos describirían como incompetente y caprichosa, facetas que más tarde, evolucionarían en su tajante sarcasmo y patológica determinación.


Un día, cuando Saffira terminó de amamantarla, Zira salió de la cueva emocionada, pues había quedado con Spotty y Dotty para perseguir a las gallinas de Guinea. En su carrera por la escalinata, se topó con un gran escarabajo azul que la obligó a desviar sus patas, y antes de que pudiera darse cuenta, pisó una de las rocas que estaban flojas. Zira resbaló y comenzó a rodar, emitiendo quejidos de susto y de miedo, y antes de llegar a la última roca (cuya altura podía abrir el cráneo de un cachorro en dos) una mordida firme pero cuidadosa la tomó por el pescuezo.


—¡¡AHHH!!


Zira cubrió sus ojos con sus patas, temblando e ignorando que ya estaba a salvo. Cuando sintió el césped bajo sus patas, observó el terreno confundida, y luego levantó la vista.


Y cómo agradecía haberlo hecho.


Un par de ojos verdes la miraban con el ceño fruncido. La melena oscura, rebelde y suave, rodeaba el rostro de su salvador sin llegar hasta el pecho aún, y sus bigotes se sacudían con ligereza en el viento. Era obvio que su semblante era reprobatorio, pero rayos, ¿qué importaba? Los ojos de la cachorra recorrieron sus patas delanteras, robustas y fuertes, y observaron cómo el pelaje cobrizo que las recubría se volvía más cremoso al acercarse a sus dedos.


—Ten más cuidado, ¿de acuerdo?—la interrumpió abruptamente—No deberías bajar tan rápido por ahí. Podrías haberte matado.


—Ajá...—balbuceó Zira, boquiabierta. Su corazón palpitó fuertemente en su pecho mientras miraba embobada el alejamiento del misterioso león que le había salvado la vida. Taka era ahora un caballero con armadura para ella, y se maldijo infantilmente por no haber reparado en él antes.


Cielos, qué apuesto es”


De repente, una borrosa silueta oscura lo interceptó en medio de su camino, lo que hizo que la cachorra saliera de su ensimismamiento.


Vio con disgusto cómo una leona lo lanzaba a un lado entre risas, haciéndolo rodar en el pasto, y por un momento, pensó: “¿Pero qué...¡CÓMO SE ATREVE!” Pero luego, sonrió al recordar su fulminante mirada fosforescente. “Seguro que te regañará ahora, y lo tienes bien merecido, tonta”


Pero para su horror, dicho planteamiento no sólo NO SE CUMPLIÓ, sino que la “fulminante mirada” que le ofrecía era una increíblemente cálida y dulce.


¿Pero qué demonios...?”


—Buenos días, Larie—lo oyó decir.


—Hola, Taka. ¿Quieres acompañarme a buscar hierbas con Fiki? No nos demoraremos mucho, y luego podemos ir a la charca.


—Seguro—respondió, complacido.


La mandíbula de Zira estaba totalmente abierta, y miraba estupefacta aquella escena que no había terminado como esperaba. El párpado inferior derecho le temblaba en un muy mal disimulado tic nervioso. ¿Quién rayos era esa cualquiera? ¿Por qué podía abrazarlo así? ¿Y cómo conseguía que su caballero le sonriera como un idiota?
Miró fijamente a la afortunada leona de pelaje chocolate que caminaba al lado de Taka, y sintió que las mejillas se le encendían. Decir que estaba furiosa no describía con total precisión el venenoso cólera que corría por sus venas en ese momento. En su camino para encontrar a Spotty y Dotty, Zira refunfuñó en silencio, recordando el rostro de aquella cualquiera que le había robado a su novio. Y aún cuando las encontró a ellas y a las gallinas, no estuvo del todo presente.

Lo que todavía la "pequeña Zira" no sabía, era que aquella enfermiza obsesión que en adelante llamaría "amor" sería la responsable de los desesperados actos que cometería en el futuro para ganar el corazón del príncipe...

...aún cuando dichos actos envolvieran algún sacrificio.


Esta es la canción para el enamoramiento de Zira y... su posterior locura xD







Edit 18/09: Hoy terminé un dibujo de Liara como estaría a esta altura de la historia Very Happy

Spoiler:


Última edición por firsthuntress el Sáb Sep 17, 2016 3:18 pm, editado 1 vez

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Sáb Sep 17, 2016 11:56 am

¡excelente capitulo!, admito que esta pareja me esta comenzando a gustar mucho y es hasta ahora la leona que mas me ha gustado para Taka. La historia esta dando un buen avance y al final pudimos apreciar un poco del incio de la enfermiza obsesión de Ziara, y por alguna razón la escena me recordó a esta imagen: 

Spoiler:
Se que la imagen no tiene nada que ver con la descripción de la narración xd

En fin, como siempre espero con muchas ansias el siguiente capitulo.

__________________________________________________________



Spoiler:





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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Dom Sep 18, 2016 4:45 pm

Genial capitulo amiga espero que sigas ya quiero leer lo que sigue esta muy interesante la historia me pregunto que hara zira ya que sus celos son fuertes espero que no le haga nada a la pobre liara ya no puedo esperar a leer lo siguiente 
Saludos  :sim:

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Capítulo XX: el principio del fin

Mensaje por firsthuntress el Miér Sep 21, 2016 6:36 pm

@Aisha escribió: ¡excelente capitulo!, admito que esta pareja me esta comenzando a gustar mucho y es hasta ahora la leona que mas me ha gustado para Taka. La historia esta dando un buen avance y al final pudimos apreciar un poco del incio de la enfermiza obsesión de Ziara, y por alguna razón la escena me recordó a esta imagen: 

SPOILER:

En fin, como siempre espero con muchas ansias el siguiente capitulo.

Jajajaja, ¡¡me encantó el dibujo!! Y a pesar de que no coincide con la Zira de ese capítulo, sí creo que coincidirá con la de este. ¡Gracias por tu comentario, Aisha!
Me pone muy contenta ver que les gusta n.n

@princesstwivinecadenza escribió:Genial capitulo amiga espero que sigas ya quiero leer lo que sigue esta muy interesante la historia me pregunto que hara zira ya que sus celos son fuertes espero que no le haga nada a la pobre liara ya no puedo esperar a leer lo siguiente 
Saludos  

Hola, princesstwivinecadenza! Me alegra que te haya gustado y que la historia te parezca interesante. A partir de ahora verás que las cosas empiezan a cambiar un poco, muajaja. ¡Aquí te dejo la otra parte! Wink


Hola manada! Antes que nada, ¡Feliz primavera para todos!  flower cheers 
(vengo llevando MESES queriendo usar ese emoji de la flor, Y AL FIN TUVE LA OPORTUNIDAD)
jajaj, bueno. Aquí dejo el siguiente capítulo. 
Lamento mucho tener que llegar con un capítulo tan oscuro en un día como este. Es algo irónico, de hecho, pero créanme que no fue premeditado xD
Quiero dejar el aviso de que esta entrega tiene mucho de "Las Sombras del Makei". Intenté no escribirlo tan igual a esa historia, cambiando algunos diálogos ligeramente y ahondando en las descripciones, pero la esencia en sí misma no es mía, sino de los autores de Crónicas, John Burkitt y David Morris.
La razón por la que mantengo esa esencia aquí es porque sencillamente, creo que es inmejorable y además, no encontré manera de relatar los hechos sin que perdiera la emoción. 
Sin embargo, a pesar de que muchos diálogos permanecen iguales a los de "Las Sombras del Makei", procuré agregar mis aportes. No habrán muchas escenas en las que ocurra lo mismo, creo que sólo quedarán dos o tres, y aún así, iré mencionándolo conforme continúe publicando los capítulos.

Así y todo, espero que les guste. Sólo recuerden que mucha de la magia de aquí no me pertenece.

Saludos!!


P.D: Antes de irme, les dejo un dibujo que hice de Liara hace dos días. Corresponde a la escena en que es iniciada en la cuadrilla, cuando ruge frente a las leonas. Francamente, estoy un poquito orgullosa de cómo salió x3


Spoiler:





Las noticias se propagaban con asombrosa rapidez entre los numerosos habitantes del Cementerio de Elefantes; más cuando estas trataban sobre asuntos de máximo y público interés. Sin dudas, las novedades que concernían a la vida del futuro Roh'mach entraban en esta categoría; por lo que cuando los nombres de tres cachorritos nacidos del amor fueron comunicados por uno de los allegados, estos se trasladaron de boca en boca como un virus. En cuestión de horas, llegaron a oídos de Gur'mekh, quien en el primer momento que estuvo solo, vociferó:


—¡Te habría hecho diosa y te habría venerado noche y día, Lenti!—la hiena alzó su rostro hacia el siempre encapotado cielo del cementerio, lágrimas de dolor discurriendo por sus mejillas—¡Ahora tienes sus cachorros cuando podrías haber tenido los míos! ¡Videntes, visionarios, destinados a la grandeza!


Estos lamentos hicieron eco en su mente, sumiéndolo en un vigoroso torbellino de pesar y amargura. Abrió sus ojos y se encontró con la pálida luz del día, las nubes de gas formando leves volutas en el calmo aire que contrastaba con su interior. Inhaló con fuerza, esperando que el oxígeno sosegara sus emociones, y se obligó a componerse. No podía echar a perder los avances que había conseguido en su relación con su amada, encontrándose en el indeseable compromiso de tener que acercarse para conocer a los nuevos retoños. A pesar de los sentimientos que lo atormentaban, Gur'mekh no pudo evitar que un atisbo de gozoso deleite jugara con su malestar: si se apresuraba, podría cuidar de Lenti y los pequeños por tiempo completo.


Animado por esto, pasó una de sus musculosas patas por su cabeza para acomodar los mechones de pelo oscuro que la coronaban, y emprendió camino hacia la madriguera de la feliz familia.
Cuando llegó, su semblante de odio giró 180 grados para dar sitio a la más correcta y educada de las hienas.


—¡Hola, Demrath! ¡Viejo casado, déjame echar un vistazo a esos niños!


Dándole unas firmes palmadas en su espalda, se acercó para observar a los pequeños.


—¡¡Mira eso!! ¡Dos Demrathitos y una Lenti! Nunca antes había visto recién nacidos. ¡Son diminutos! ¡Y mira esas preciosas patitas!


—Crecerán—dijo Lenti, con un aire de madre primeriza que embriagó a Gur'mekh—Ella es Tela, y estos dos chicos son En'geer y Krull.


Gur'mekh acercó su pata y la apoyó con delicadeza sobre la frente de Tela.


—¿Puedes verme, cielo?—dijo con dulzura.


La cachorrita alzó la vista, y la hiena se concentró.


—Sí, puedes. No claramente, pero puedes.


—¿Puedes decirlo?—inquirió Demrath.


—Oh, sí. Soy vidente—dijo con una mueca llena de complacencia—Y... dime, ¿ya tienes un mak'him para ellos?


—Eh... bueno, no.


—Supongo que no me considerarías.


Demrath echó un vistazo en dirección de su esposa, y ella asintió ligeramente.


—Eh... claro. Sería un honor—hubo una pausa, y Demrath se rascó una oreja, incómodo—No te ofendas, Gur'mekh, pero ¿no crees que esto es un tanto precipitado? Quiero decir, ¿qué te pasó?


—Es algo personal.


—Lo siento. No querría entrometerme.


—No lo haces—le respondió con una sonrisa—Estoy consciente de mi mala reputación, Demrath. Pero he decidido dejar esos días de rebelde atrás—se acercó a él y le susurró, en aire cómplice—De hecho, hay envuelta cierta bak'ret. Ya sabes, una ocasión para establecerme con esposa y cachorros. No quiero que sufran por estar emparentados conmigo.


—Oh, ya veo. Bueno, eso es muy honesto de tu parte. Y muy noble.


—¿De verdad?—irrumpió Lenti—¿Y cuándo pasó?


—Anoche. Pero tengo que probarme digno de ella. No debo dejar que nada se interponga en el camino de mi oportunidad de ser feliz.


—¿Sabes, Gur'mekh? Deberíamos salir a cazar un día de estos—comentó con jovialidad Demrath, ahora mucho más holgado.


—Suena como una buena idea—dijo él, guiñándole un ojo.


Gur'mekh salió de la guarida como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago. Repitió mentalmente los nombres de los cachorros para no olvidarlos, y en su camino de regreso, fantaseó con estar a cargo de ellos... y de su madre.






Transcurrieron dos semanas en las que la ambiciosa hiena logró reestablecer la confianza con sus hermanos de clan, fue ganándose el afecto de los cachorros de Lenti, y más importante, su custodia en caso de que Demrath fuera víctima de un terrible suceso.


De haberse comportado en su juventud, como portador del don de la clarividencia habría sido instruido correctamente en el  Uru'guth Hyannicha, el arte de la magia oculta de su gente. Pero su incompetencia y sólidas ataduras a la codicia lo alejaban de la posibilidad de vivir como chamán, quedando vedado de esos conocimientos. Gur'mekh quería las habilidades, pero no la responsabilidad que conllevaba poseerlas.
A sabiendas de que nadie le confiaría los conjuros voluntariamente, Gur'mekh se acercó hasta su Muti mientras dormía para enlazarse psíquicamente a ella. Una vez dentro, vio que Kambra soñaba con su hermana: estaban jugando a los forcejeos.


Gur'mekh se armó de su mejor cara de desesperación y se acercó trotando hasta ellas.


—¡¡Deténganse!!—gritó atormentado—¡Una manada de perros salvajes viene hacia acá! ¡¡Debemos huir!


Kambra lo reconoció al instante, y detrás de él vio una poblada jauría que viniendo a todo vapor, los miraban como botana. Al pasar a su lado aminoró el paso para ayudarlas a ponerse de pie, pero uno de los perros alcanzó a Shimbekh por el pescuezo. Gur'mekh salió a defenderla, y se concentró para que los perros lo atacaran con más ferocidad.


—¡AH! ¡¡Muti, Muti!! ¡Usa la maldición! ¡La maldición!


Como es natural, Kambra era ajena al conocimiento de que aquello era tan sólo un horrible sueño, y sin dudarlo un momento, pronunció las palabras prohibidas. Palabras oscuras, cargadas de un enorme sufrimiento y que convocaban al peor de los males.


El espíritu del Makei se hizo presente como una sombra inmensa sin cuerpo que la produjera, y al pasar sobre las bestias, fueron cayendo una a una, chillando de dolor mientras convulsionaban y abundantes ríos de sangre brotaban de bocas, narices y oídos.


Con el conocimiento que necesitaba, Gur'mekh puso fin al sueño para no perturbar más a su madre, y rompió el vínculo para irse rápidamente de allí, no sin antes besar su frente.



Te quiero, Muti—susurróTe prometo que pronto estarás muy orgullosa de mí.




Lo que Gur'mekh a falta de entrenamiento ignoraba, era que los chamanes estaban bien preparados para contener al Makei mediante hechizos de control y sometimiento, e ingenuamente se lanzó a las aguas turbulentas.
Tomó un conejo blanco entre sus patas y con un golpe en seco, le rompió el cuello. Luego, pronunció, a la luz del alba:


—¡Karfas del Sol Naciente, Melgath del Sol Poniente, ocúltenme de los celosos ojos de la noche! ¡Acepten mi sacrificio! ¡Un conejo sin mancha, ninguna parte de él consumida!


Segundos después, todo pareció detenerse a su alrededor. Ningún sonido cruzó el glacial aire que se había condensado, y la tenue luz tembló en oscuras interrupciones.
Gur'mekh sintió que un escalofrío recorría su espina dorsal, y miró con cierto nerviosismo el terreno que lo rodeaba. De repente, el conejo que tenía entre sus patas se estremeció, y los ojos azules que habían quedado abiertos tras su súbito y fatal destino, se tiñeron de rojo. Sus pupilas se contrajeron por completo. La cabeza giró hacia él haciendo sonar las vértebras pulverizadas y al verlo, Gur'mekh sintió cómo la ira que manaba de aquellas pequeñas obsidianas parecía partir su alma en dos.


Una profunda voz que para nada reflejaba la inocente vida que había ocupado aquel cuerpo momentos antes, le habló:


¿Quién me convoca?


La hiena tragó saliva.


—G-Gur'mekh. Hijo de Gur'bruk.


¿Y por qué interrumpes mi letargo?


—¡Porque la venganza es más placentera que el sueño!


Hubo una larga e incómoda pausa en la que el conejo no apartó la mirada de Gur'mekh. Luego, prosiguió:


Soy Melmokh, el gran destructor. Te advierto, yo no dirimo riñas menores. Haz que valga la pena o lamentarás haberme despertado.


Gur'mekh, más confiado y ebrio de poder, le contestó:


—¡Riñas menores! ¡Deseo la sangre de mi enemigo, y te la consagraré a ti!


¿Y quién es tu enemigo?


Gur'mekh no podía contener del todo su emoción. Por fin había llegado el momento.


—Demrath, hijo de Ber.


¿Y esperas que haga eso porque te apetece?


—Lo espero.


El conejo torció levemente la cabeza y una espantosa sonrisa se dibujó en sus labios, dejando entrever los dientes teñidos por la escarlata de sus arterias rotas. Tan sólo momentos después, Gur'mekh pudo oír los chillidos del macho que había condenado a muerte. No esperaba que fuera tan pronto, y la desesperación de la voz de Demrath heló su sangre.


Demrath salió precipitado de su madriguera, aullando lastimeramente mirando a los seres que sólo existían en su mente , mientras unos ríos de sangre brotaban de sus orejas. Corrió en cualquier dirección, esperando que el punzante dolor se detuviera, y su esposa lo seguía horrorizada.


—¡Demrath! ¡Oh, Dios!—Sus patas se movieron de modo que corrió en círculos cerrados frenéticamente, mientras gritaba—¡Socorro! ¡¡POR FAVOR!! ¡Que alguien nos ayude!


La pobre hiena se desplomó en el suelo, su cuerpo dando unas últimas convulsiones, hasta que dejó de moverse por completo. Lenti se acercó.


—¡Demrath! ¡No te mueras! ¡Por Dios! ¡No te mueras, querido! ¡¡DEMRATH!!


Los pequeños cachorros, que finalmente lograron alcanzarla, se reunieron alrededor del cuerpo, llorando pero aún ingenuos de que su padre nunca volvería a despertar.


—¿¿Papi??—dijo Tela, sollozando. Lenti la acercó a ella y la abrazó con fuerza mientras las lágrimas brotaban de sus  ojos.


Gur'mekh volteó para ver espantado al conejo nuevamente. Su estómago estaba echo un lío.


—¿¿Tenías que torturarle hasta la muerte?? ¿¿Qué le hiciste??


Lo que me pediste porque te apetecía—respondió simplemente.


—Sí, pero ¿¿ESTO??


Cállate y saborea la dulzura del triunfo, Gur´mekh. ¿Sabes? tenías razón: la venganza ES más placentera que el sueño—sonrió maquiavélico, sus orejas parecían haberse moldeado en cuernos, y apremió con impaciencia—¿Quién es el siguiente?


Gur'mekh tragó saliva. Tenía otro asesinato en mente, pero después de ver semejante homicidio no estaba de humor para soportar otro.


—Tan sólo él por ahora. Parecería sospechoso si el Roh'mach muriese la misma noche.


La voz del conejo resonó mucho mas oscura y grave, forzando al límite sus cuerdas vocales.


Mato jaurías de perros salvajes, manadas de leones, tropas enteras de babuinos, ¿¿y me convocas para aniquilar una hiena que dormía la siesta??


—Habrán más, pero ahora es preciso pasar desapercibido.


¿Desapercibido? Nadie que se preocupe de pasar desapercibido ha de llamarme. Eres débil, Gur'mekh hijo de Gur'bruk. ¿¿Has convocado a un poderoso temporal para arrancar una mísera hoja??


Gur'mekh empezó a tiritar. Su mente fatigada y su profundo terror lo despojaron de cualquier control que hubiese tenido ante la situación. Con la voz temblándole, le contestó:


—He dicho sólo Demrath por ahora. Habrán más. Muchos más.


Melmokh sonrió nuevamente.


Oh, HABRÁN más—entonó, deleitado. Luego, su mirada carmín se clavó directo en sus pupilas—Pero seré yo quien elija al siguiente, ¿entendido?


La hiena se separó de aquel monstruo de inmediato. Tenía algo que hacer. Se acercó corriendo hasta donde estaban Lenti y los niños, tratando de disimular tener conocimiento de lo ocurrido.


—¡¡Por el amor de Roh'kash!!


Los tres cachorritos, sin saber qué otra cosa hacer, se acurrucaron en llanto alrededor de él, y Gur'mekh los besó en sus cabecitas.


—¡¡Se ha ido, Tío Merkie!! ¡Se ha ido!


Lenti sollozó, y les ordenó que los dejaran a solas un momento. Habiéndose alejado, sus ojos amatista se clavaron en los de él.


—Gur'mekh, ¿qué sabes de esto?


Gur'mekh, al principio se sintió alterado por aquella pregunta, y la observó helado. Pero al recordar que ella confiaba en él, se tranquilizó.


—Nunca antes he visto sangrar así. ¿Se quejó de algún dolor o tuvo fiebre? No soy curandero, pero creo que esto ha sido muy repentino.


—¿¿Repentino?? ¡Un minuto estaba jugando con los cachorros, y al siguiente...!—Lenti cubrió su cara con sus patas—¡¡Oh, Dios!!


Gur'mekh se acercó a ella.


—Shhh, tranquila, tranquila. Todo estará bien. Estoy aquí, contigo.


—¿Qué voy a decirles? Son tan pequeños, no lo entenderán. ¡Ni siquiera yo entiendo qué ha pasado, y ahora tengo que cuidar de ellos sola! ¡¡Oh, Gran Madre Roh'kash!!


—No estás sola, Lenti, y ellos tienen a su mak'him. Mientras yo esté aquí, no les faltará nada.


—¡Oh, Gur'mekh, bendito seas! No pensé que fueras en serio con eso. Roh'kash te recompensará.


—Nunca he ido más en serio con algo. Ahora quédate aquí, ¿de acuerdo? Y cuida de los pequeños. Iré por ayuda—Gur'mekh la tocó gentilmente en la mejilla con su pata, y continuó—Nos lo llevaremos de aquí y le daremos un entierro decente, mi pequeña barak ler.


La hiena se dio vuelta y empezó a alejarse, hasta que un jadeo de sorpresa lo obligó a detenerse. Lenti se oía como si hubiera hecho un enorme descubrimiento.


—¿Cómo me has dicho?


—¿Perdón? No entiendo.


—¿Cómo SABÍAS que él me llamaba así? ¡Sólo usaba ese nombre cuando hacíamos el amor!


—Una simple coincidencia—atajó Gur'mekh.


—¡No lo creo! Hay una historia detrás ese nombre, una que es casi imposible que conozcas, a menos que...


Lenti se interrumpió, su mente intentaba atar los cabos sueltos. El macho se acercó a ella en un intento de calmarla, las cosas estaban saliendo muy mal.


—¡No te molestes, querida! Estás pasando por un shock terrible y no estás pensando con claridad.


—Ahora lo recuerdo—dijo ella, entornando la mirada— ¡La maldición sangrante de Melmokh! ¡Cielos, seguramente no querías lastimar a ese dulce y gentil ban'ret! ¡Él confiaba en tí, Gur'mekh! ¡Dime que no pronunciaste las palabras sacrílegas!—Sus orejas se retrasaron—¡Dime que no lo hiciste!!


—¡No, no lo hice! ¡Lo juro!—luego, en un arranque desesperado, agregó—¡Melmokh no se ocupa de trifulcas menores!


Mala idea.
Lenti irguió sus orejas y lo miró sin dar crédito de sus palabras.


—¿¿Cómo sabes eso?? ¡No has sido iniciado!


—¡Las cosas se filtran! ¡Por el amor de Dios, seguro no creerás que yo haría una cosa así!


Ella bufó.


—¡Ya lo creo que lo pienso! Vas por ahí robando y haciendo gamberradas. ¡Y ahora de repente el gran cambio! ¡Querías ser el mak'him de los cachorros en caso de que le pasara algo a Demrath! ¿Quién es la bak'ret con quien pensabas casarte? ¿¿Era yo??


—¡No!—respondió él, sin mucha convicción.


—¡Su nombre, Gur´mekh!—demandó, desquiciada—¿¿Cuál era su nombre??


—¡No puedo decirlo! ¡Moriría si te enterases!


—¡O mataría, querrás decir! ¡Soy yo, ¿no?! ¡Sé lo bastante valiente para decírmelo en la cara!


—¡No sabes lo que dices! ¡Estás histérica! ¡Además, no puedes probar nada!


Gur'mekh se había delatado, pero sólo lo comprendió cuando vio el odio que manaba de la bak'ret que lo había enloquecido.


—Puede que no pueda probarlo ahora, pero Roh´kash es mi testigo, ¡y me aseguraré de que todos sepan lo que hiciste!  ¡Asesino! ¡Asesino!


—¡No, no soy un asesino! ¡No!


—¡¡¡Asesino!!!—gritó al viento ella, corriendo y dando brincos para que la escuchasen.


—¡Por amor de Dios, no tan alto! ¡Conseguirás que me maten!


—¡ESO es lo que quiero! Mejor maldíceme mientras puedas.


Él la miró destruido.


—¡No! No puedo hacerlo. ¡Te quiero, Lenti!


Ella ignoró holgadamente su comentario, a pesar de que sonaba sincero.


—Llegarás a lamentar esto algún día. Juro por Roh'kash que lo harás. ¡No descansaré hasta verte muerto!


Dicho esto, se tendió sollozando junto a su marido fallecido, y Gur'mekh aprovechó la oportunidad para escaparse de allí. Necesitaba ayuda enseguida, y no de Melmokh. Sin embargo, el Makei parecía haber abandonado el cuerpo del conejo que ahora yacía inerte en el suelo, algo que lo llenó de alivio hasta que escuchó su horrible risa haciendo eco en su mente.


“Quizá debería desangrarla a ella también. Va a ser una fuente de problemas con toda certeza”


—¡Ni siquiera lo pienses!—ladró Gur'mekh—Tiene cachorros que criar. Además, ¡aún la amo!


“Oh, eso realmente me conmueve. Ni soñaría con lastimarla porque TÚ aún la amas” Melmokh rió burlonamente al oír los jadeos entrecortados de Gur'mekh mientras se hiperventilaba. “Eres débil. No tienes las agallas para decirme qué hacer”


La hiena se desplomó sobre el suelo, cerrando los ojos con fuerza y apretando sus orejas con sus patas.


—¡Déjame! ¿Qué quieres de mí?


“Sumisión. Y la tendré. Ahora compórtate como és debido y podrás disfrutar de nuestro tiempo juntos. Hazme enfadar y te torturaré hasta la locura”






*           *           *


Mientras tanto, Zira acechaba unos ratoncitos cerca del estanque. A pesar de que su postura y ojos demostraban lo contrario, su mente divagaba en el recuerdo del precioso león que había puesto un alto a su muerte. Con sólo seis lunas de edad, procesaba emociones que muchos cachorritos no conocerían hasta adentrada la adolescencia, pero eso no quería decir que lo hiciera como una leona madura. Tenía la viva imagen de la leona de ojos verdes justo en su consciencia ahora, y maldita sea, su héroe estaba con ella siempre. Zira bufó. ¿Acaso se separaban en algún momento? Nunca había ido por él antes, temiendo confirmar la negativa. Un ratoncito pasó detrás de ella y como si su sexto sentido lo hubiera detectado cual radar, Zira movió su cola hoscamente, estampándolo contra una roca. No tenía hambre, y miró a su temblorosa presa con asco.


—Agh, ya vete—le espetó.


En ese momento, dos leones se acercaron a beber agua de la charca, en el extremo opuesto de dónde ella estaba, y su estómago se revolvió. Eran ellos, y parecían envueltos en una charla animada sobre las diferencias entre simios y mandriles.


Zira no dijo nada, permaneciendo allí sin remordimientos. De todas formas, estaban encerrados en su propia burbuja privada, e ignoraban su presencia abiertamente. Fue entonces cuando escuchó unos sonidos extraños detrás de unos arbustos, haciendo que sus orejas respingaran. La leoncita clavó sus ojos en el origen, esperando volver a oírlo, pero nada ocurrió... al menos durante unos segundos. Confirmada la presencia de un intruso, Zira se escabulló haciéndose la distraída. Sabía por dónde podría atacar.


Mientras tanto, un león de pelo dorado y abundante melena marrón observaba desafiante al dúo de la charca, sus dientes rechinando con fuerza. No pretendía asustarlos ni hacerles daño. Sólo... los contemplaba, como si estuviera a la espera de algo. Transcurrieron unos largos minutos, y vio que la pareja comenzaba a retirarse. Sin nada que hacer ya, Koda se puso de pie intentando no hacer ruido, y de repente, un peso muerto cayó desde el árbol que estaba al lado.


—¿Pero qué demonios?


—Quédate quieto, gatito. Te he visto espiarlos, y espero que tengas una buena razón para hacerlo.


—No tengo que darte explicaciones a ti, solecito. Ahora bájate de mí, antes de que te apague en la charca.


Zira entornó la mirada, evadiendo obedecer.


—Bien—respondió el león.


Koda se puso de pie sin esfuerzo, y la cachorrita cayó de espaldas en el suelo.


—¡Oye! ¡Regresa aquí!


—Déjame en paz.


Zira se adelantó y se paró firmemente frente a él, plantando con dureza sus cuatro patas en el pasto.


—Has dado con la leona equivocada, pedazo de alcornoque. ¡Ahora explícame qué es lo que estabas haciendo!


—¿O qué?


Ella permaneció callada. Cierto, ¿qué haría?
Koda sonrió victorioso ante su silencio, y sin decir más, dio media vuelta para retirarse. Pero el foco de la leoncita se encendió.


—O se lo diré a Ahadi.


Al oír esto se detuvo, aunque aquella amenaza no le preocupaba en lo absoluto. Koda era un macho prepotente y rudo; y siempre había tenido fama de no establecer buenas relaciones con el resto de la manada. Por lo general, nadie se le acercaba, y sin embargo, allí estaba esa odiosa molestia de 135 kilogramos que lo desafiaba sin temor a que le arrancase la cabeza.
Koda se giró con lentitud, pensando fugazmente que seguro tenía una razón tan estúpida como su actitud para atreverse a perturbarlo.


—De acuerdo—dijo en fingida derrota—Sólo... estaba contemplando a la parejita. Me gusta ver a los enamorados, ¿sabes? Es... inspirador. Y tranquilizante.


—Soy pequeña, pero no idiota—le apostó ella, mirándolo con superioridad.


Koda no se esperaba esa respuesta.


—Bien, supongamos que no lo eres. ¿Para qué querrías saberlo?


Zira sonrió y asombrosamente, algo en ese gesto lo asustó un poco. Ella se acercó a paso resuelto y le dijo, con un tono sombrío:


—Creo que tú y yo compartimos algo.


—¿Ah, si? ¿Y se puede saber qué?


—Odio.


Koda cambió su semblante. La molestia no parecía tan patética como antes.


—¿Y qué es lo que quieres?


Ahora que tenía su atención, Zira se sentó frente a él. Parecía una pulguita frente a esa mole, pero su actitud no flaqueó en ningún momento.


—Tu también quieres deshacerte de ellos, ¿verdad?


—Ve al grano.


—Bueno, yo soy sólo una niña. Pero tengo algunas ideas que te interesarán, y tú tienes la fuerza para ejecutarlas. Mi propuesta es que nos unamos para lograr nuestro objetivo.


Koda dudó durante unos momentos, pero luego pensó que no tenía nada mejor que hacer. La mocosa parecía tener idea de lo que decía, aunque su aspecto infantil lo camuflara, y además ¿qué podría perder? Tras unos minutos más de silencio, sentenció:


—Bien, pero no voy a cargarte.


—¿Cuánto crees que tengo? ¿¿Dos lunas??—Zira se adelantó con paso ligero y orgulloso, haciéndose la ofendida.




(No me digan que no se los advertí (?))


Esta es la música para Melmokh poseyendo al conejo y hablando con Gur'mekh, con la posterior muerte de Demrath. A partir del minuto 2:22, es cuando Lenti discute con Gur'merkh, y hacia el final, los últimos diálogos entre él y el Makei:



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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Jue Sep 22, 2016 1:29 am

Oh, dios!! Tenía tiempo sin comentar tu fic, pero estos dos últimos capítulos estuvieron EXCELENTES.

Me encanta ese velo de misterio que envuelve a las hienas (tengo que leer "Las sombras del Makei"), el soundtrack de Piratas del Caribe ambienta muy bien esa parte. Y empezar a descubrir cómo Zira llegó a ser esa leona que todos conocemos me resulta tan emocionanate!!

Estaré esperando el próximo x3

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Zyah el Vie Sep 23, 2016 3:30 pm

Me han encantado estos dos últimos capítulos. Es interesante ver cómo Zira, ya desde cachorra, es tan malvada como en la película, además de ser más inteligente y hasta más madura que cualquier otro cachorro. Por otro lado, los dos dibujos te han quedado perfectos; la verdad, parece que no sólo eres muy buena escribiendo, sino que también dibujas excelente.

A ésta altura ya está de más que diga esto pero, si no lo digo, pareciera que el mensaje queda incompleto (?): espero con ansias el siguiente xD

¡Saludos!

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Capítulo XXI: planes macabros

Mensaje por firsthuntress el Dom Oct 02, 2016 10:22 pm

@LillyDiaz18 escribió:Oh, dios!! Tenía tiempo sin comentar tu fic, pero estos dos últimos capítulos estuvieron EXCELENTES.

Me encanta ese velo de misterio que envuelve a las hienas (tengo que leer "Las sombras del Makei"), el soundtrack de Piratas del Caribe ambienta muy bien esa parte. Y empezar a descubrir cómo Zira llegó a ser esa leona que todos conocemos me resulta tan emocionanate!!

Estaré esperando el próximo x3

Hola Lilly! Qué bueno que te hayan gustado Very Happy
A mi también me parece fascinante la parte de las hienas. Creo que si tuviera que elegir entre las cuatro entregas de Crónicas, me quedaría
con "Las Sombras del Makei", aunque el lugar se lo disputa con "La búsqueda espiritual". Después pienso en lo maravillosa que me pareció "El
legado de Ahadi" y en lo graciosa que me pareció por momentos "Bajo las acacias" y pienso "mierda, creo que no podría elegir. Todas me encantaron" xD

@Zyah escribió:Me han encantado estos dos últimos capítulos. Es interesante ver cómo Zira, ya desde cachorra, es tan malvada como en la película, además de ser más inteligente y hasta más madura que cualquier otro cachorro. Por otro lado, los dos dibujos te han quedado perfectos; la verdad, parece que no sólo eres muy buena escribiendo, sino que también dibujas excelente.

A ésta altura ya está de más que diga esto pero, si no lo digo, pareciera que el mensaje queda incompleto (?): espero con ansias el siguiente xD

¡Saludos!

Hola Zyah!
Veo que a ambos les gustó la actitud de Zira Smile
Soy de las que tienen la teoría de que nadie nace malo en verdad, y que todos tienen sus motivaciones.
Son las debilidades las que nos hacen escoger entre un camino u otro, y creo que Zira en particular es un ser muy débil, incluso inestable mentalmente, algo que me interesa mucho reflejar en el fic.
Con respecto a tus comentarios, me hiciste sonrojar, jajaja. Muchas gracias I love you




¡Hola manada! Me demoré un poco en traer la continuación pero estuve practicando mucho dibujo y estas eran escenas que no tenía ni siquiera empezadas.
Espero que les guste y como siempre, ¡muchas gracias por leer!

P.D: El otro día, releyendo el último mensaje que dejé me di cuenta de que les dije Feliz Primavera a todos pero no pensé que varios viven lejos de Argentina, lo suficiente como para que las estaciones cambien. Perdón, el polen me pone más idiota de lo normal xD





En cuestión de horas, Koda pudo notar que los planes de Zira estaban muy bien elaborados y detallados, como si hubiera dedicado su entera existencia a prepararlos. No entendía cómo una cachorrita tan pequeña pudiera guardar tanto rencor, mucho menos comprendía las razones que la llevaban a hacerlo, pero no le importaba en absoluto. Si a través de ella podía deshacerse al menos de uno de los estúpidos hijos del rey, soportaría con gusto sus niñerías por un tiempo.
De las tres ideas que le había sugerido, Koda se decidió por aquella en que el león no tuviera manera de escapar, arrastrado hacia una muerte segura; y una vez que establecieron momento y lugar, ambos se pusieron en marcha.


Sabían que el dúo siempre hacía caminatas durante mediodía y que el lugar que más solían frecuentar eran las laderas del río, por lo que el plan era simple: empujarlos a las vertiginosas aguas que drenaban en las cataratas, donde un roquedal los esperaba con ansias de molerles los huesos.
Koda no prestó atención a la manera en que la leoncita se expresaba, cargada de femeninos y singulares; y sólo se enfocó en las partes importantes: “Tú haz esto y yo aquello”.


—Bien, repasémoslo una vez más.


—No es necesario solecito; con escucharte relatármelo ocho veces fue más que suficiente.


Zira frunció el ceño, un gesto que se había vuelto recurrente para ella.


—Lo haremos de todos modos.  Si algo sale mal, estaremos acabados.


Koda se rascó una oreja con la garra de su dedo índice, y su boca, que estaba torcida en una mueca, demostraba querer estar en cualquier otro sitio. Suspiró, exasperado.


—No sé de qué te preocupas, tú aún eres una cría. En cualquier caso, el problema caería sobre mí.


—Bueno, entonces con más razón querrás repasarlo.


El león puso los ojos en blanco.


—Bien.


—Primero, nos aseguramos que nadie más ronde por las laderas—dijo ella, caminando de lado a lado—¡¡Esto es muy importante!! No podemos-


—permitir que nos descubran—la interrumpió. Zira lo ignoró y continuó, trazando figuras de táctica militar en la tierra:


— Yo guío al algún grupo de idiotas hasta el prado, tú empujas el tronco y todos caen...


—...uno de ellos escuchará sus gritos, y vendrán a salvarlos...


—Sí—el semblante de la cachorra se ensombreció y una sonrisa expandió sus labios, dejando entrever sus puntiagudos colmillos de leche—y la cualquiera se lanzará para intentar salvarlos.


—Ajá, sí. Bueno—dijo él, poniéndose de pie—Ya está muy claro, jefesita. ¿Qué te parece si nos ponemos en marcha? Ya casi es mediodía.


Desde luego, Koda no esperó a que le respondiera, y dio media vuelta para encaminarse hacia el río.
Zira resopló sonoramente. “Este cretino lo echará a perder. Lo presiento”




Mientras tanto, un león de pelo cobrizo caminaba más despacio de lo normal en un forzoso intento de no perturbar su posición: su amiga había recargado su cabeza en su ya abundante melena oscura, mientras sus patas transitaban por el prado sin guía visual, perdida en pensamientos que Taka no se atrevía a importunar. No era la primera vez que lo hacía, pero tampoco era algo a lo que estuviera acostumbrado, y buscaba prolongar estos momentos todo lo posible. En ellos, podía pretender que eran una pareja.


La calma que inspiraba el paisaje era perfecta para pensar, y una mente tan laboriosa como la suya no se resistía a tanta tentación. De modo que dejó que las reflexiones llegaran solas, y pronto encontró que todas giraban en torno a la relación que mantenía con Liara. ¿Qué eran, exactamente? Eran amigos, o al menos así lo habían establecido cuando sus padres la adoptaron, pero era evidente que él sentía algo mucho más poderoso que eso. ¿Le sucedería lo mismo a ella?


“Pff. Ya quisieras, gatito” se burló su conciencia. Taka frunció el entrecejo ante esto, pero sus orejas cayeron de decepción. Era cierto. ¿Qué podría ofrecerle alguien como él a un ángel como ella?
En ese momento, Liara se separó de él y se adelantó a olfatear unas flores de algodoncillo que habían brotado entre unas rocas, ofreciéndole una preciosa vista que sus ojos no se negaron a contemplar.


“Oh Aiheu, ¡tan sólo mírala! Ella no puede ser de este mundo”


Luego, lo recordó: él era un príncipe, en vías de ser rey. No era como si eso pudiera garantizarle un derecho sobre ella, claro. Pero quizás, y sólo quizás, eso despertaría cierto atractivo. Taka, el líder de los leones; un rey sabio, justo y benévolo. Seguro Liara no podría resistirse a él...


“No seas idiota. A ella no le interesa el poder”


Taka supiró. Al menos, podía estar de acuerdo con su consciencia en eso. Ella era del tipo de leonas idealistas, soñadoras y románticas. Tres cualidades que, vaya casualidad, él cubría. Esto hizo que se detuviera un momento. Liara quería a Muffy, pero siempre había demostrado tener mayor afinidad con él. Su corazón dio un brinco. Quizás le gustaba. No como un mero amigo, ni hermano, ni conocido; sino como pareja: Taka, su futuro esposo, padre de sus cachorros, compañero de vida...


Una gran sonrisa se apoderó de su rostro, y su pecho se hinchó de esperanza.


Quizás, lo único que necesitaba hacer era decírselo... o mejor: podría demostrárselo. Decidió que al día siguiente iría donde Rafiki para que le hable sobre las flores de Amamento. Nunca había visto una, y lo único que sabía de ellas era que


1) Eran sus flores preferidas,


2) simbolizaban las confesiones de amor,


3) eran tremendamente difíciles de encontrar.


En cuanto reunió el valor para acercársele nuevamente, levantó una pata y echó hacia atrás los mechones de su melena que se habían revuelto con la ventisca. pero se sorprendió cuando la esbelta figura de la leona se precipitó hacia adelante como una bala. Cuando ella giró hacia la izquierda, vio el motivo de su carrera: un conejo bunyoro corría desesperado por su vida. Las risotadas de la leona indicaban que no pretendía devorarlo, al igual que la velocidad a la que lo perseguía. Ella lo miró fugazmente y Taka, soltando una risita, decidió unírsele. Ambos corrieron detrás del conejo durante algunos minutos, aunque para el pequeño mamífero parecieron eternos.





Zira, habiendo encontrado ya un blanco, espantó con un rugido a un topo que palpaba el suelo de tierra para establecer su nuevo hogar, y lo guió hasta la orilla del río. El topo, no develando sus intenciones y preso del pánico, corrió como nunca para escapar de la fiera furiosa, cuya respiración agitada casi podía alborotar el pelaje de su trasero. El césped crujió bajo sus patas, y aún cuando estaba aterrado, se sentía muy incómodo en aquel terreno excesivamente descampado para él: la tierra era su refugio. La hierba había comenzado a elevarse en un talud por su izquierda, y de repente, un crujido extraño en esa dirección hizo que sus orejas respingaran y olvidara a la leona. Sus músculos, deseosos de detenerse, se tensaron de golpe, y al voltear vio que un enorme tronco viejo rodaba en dirección a él. No tuvo tiempo de reaccionar. Los fosfenos azotaron su visión oscurecida por el golpe, y su cuerpo cayó como plomo en el río por el empujón, oyendo un chillido de miedo a lo lejos.


Zira fulminó a Koda con la mirada.


—¡¿Estás demente?! ¡Casi me tiras!


Koda fingió un gesto de culpa que la cachorra no se tragó.


Ups. Lo siento.






Para su fortuna, el conejillo había dejado de ser foco de atención de los leones, que ahora forcejeaban juguetonamente entre la hierba crecida. En ese momento, y como si tanta felicidad estuviera mal vista por las fuerzas del universo, un grito hizo que se detuvieran de sopetón.


—¿Qué fue eso?—inquirió ella, intentando recuperar el aliento.


Taka se quedó observando el horizonte mientras procuraba aguzar su oído.


—No lo sé, pero sonó como si...


AUXILIOOOOOOOOOO


Los leones se observaron durante una milésima de segundo...


...y luego se apresuraron a ver lo que ocurría. El llamado de socorro parecía provenir desde el río.




—Muévete idiota, ¡ahí vienen!—le espetó Zira en cuanto los vio, empujando la trompa de Koda entre unos matorrales para evitar que los descubran.


Las esmeraldas de Taka peinaron el prado que rodeaba los rápidos, sus nervios acrecentándose con cada grito.


—¡Allá! ¡¡En el río!!—indicó Liara con una pata.


Taka siguió la señal, y vio que un bulto oscuro pataleaba desesperado entre las agitadas aguas. Un rugido sordo se escapó de su garganta y cruzó el prado en dirección a él, seguido por la leona.


—¡Espera!—le gritó ella luego de unos minutos.


—¡¿Qué, qué?! ¿¿Qué ocurre??


Pero no fue necesario que se volteara a mirar. Ni bien se detuvo Liara lo sobrepasó, y ahora corría en la misma dirección que habían seguido momentos antes, sólo que con una gran soga de hierba entre sus dientes. A medida que avanzaba, dicha soga que él identificó como una enredadera similar a las que utilizaba Rafiki, salió del suelo de tierra, dejando una larga cicatriz por donde había echado sus raíces. Ella giró su cabeza brevemente para mirarlo, y él comprendió lo que debía hacer.
Sus incisivos se cerraron con fuerza y cortaron la enredadera. Con esa longitud bastaría.


Ella flexionó sus patas y enseguida se adelantó más, sus pupilas siguiendo atentamente al pobre topo que luchaba por mantenerse en la superficie. Ambos podían oír como sus gritos perdían potencia conforme las violentas sacudidas del río lo obligaban a tragar agua y toser. No tenían mucho tiempo.


—¡¡Liara!!—exclamó el león.

Los dientes de Taka sostuvieron la cola de Liara instantes antes de que pudiera caer por la profunda zanja que marcaba el fin de ese camino. No había mirado hacia donde iba.


—¡Cielos!


Unas cuantas rocas pequeñas rodaron y cayeron, arrastradas por su súbita detención. La leona miró primero a su amigo, luego al pobre animal, y la ansiedad la dominó.


—No tenemos opción—sentenció Taka.


La leona se giró para mirarlo con el ceño fruncido.


—¿¿De qué estás hablando??


Taka le dio un rápido lengüetazo en el hocico, mientras le tendía un extremo de la enredadera con las patas. Luego tomó el otro, antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar.


—Sujétalo bien fuerte, ¡tiene que soportar mi peso!—le gritó mientras se alejaba.


—¡¿Qué?!—profirió ella, incrédula—¡¡Taka!!


—¡Todo estará bien, sólo hazlo!


Zira golpeó el suelo con sus puños en cuanto lo vio.


—¡¡¡NO, él no!!!—gritó desde su posición, olvidando que debía mantenerse callada, pero Koda cubrió su boca con una pata.


El león corrió, acercándose cada vez más al canal de agua. SABÍA que tenía que reaccionar así, pues de ser diferente, Liara habría ocupado su lugar, y no podría arriesgarse a perderla. Con estas ideas alimentando su coraje, saltó hacia la corriente y la gravedad tiró de su cuerpo durante unos segundos, para luego sumergirlo sin piedad.


“¡DIOSES! ¡¡ESTÁ HELADA!!” bramó mentalmente, dejando que unas cuantas burbujas escaparan de su nariz.


Taka abrió sus ojos. Las corrientes de agua cristalina removían el barro y las pequeñas rocas en el fondo. Cuando sintió que era arrastrado por las mismas, supo que el momentum de su caída se había detenido al fin. Frunció el ceño  y tensó sus mandíbulas alrededor del extremo de la enredadera que milagrosamente aún sostenía, mientras pataleaba con todas sus fuerzas para ascender a la superficie. Cuando llegó, tomó una gran bocanada de aire mientras nadaba para acercarse más rápido al animal, y fue en ese momento que sus ojos divisaron el final de la corriente: la cascada.


“¡Mierda!”


Taka pataleó más rápido, consciente de que si no hacía algo cuanto antes ambos caerían, y extendió ambas patas para agarrar al topo. Era a todo o nada, pero Aiheu estaba de su lado, pues sus patas sintieron un bulto blando y templado. Ambos volvieron a sumergirse en el río, y luego de acercar el animal hacia él, Taka se apresuró para envolver su propio tórax con la enredadera, como pudo.


Liara, que había seguido a su amigo durante un tramo, dio con una roca que parecía estar profundamente enterrada. Unas vueltas alrededor de ella ataron la enredadera y esperó ansiosa a que el león emergiera. Los segundos pasaron lentamente, tanto para ella como para Zira, que aún no podía creer lo que había sucedido. Cuando sus miradas se posaron sobre un bulto oscuro en el agua, Liara soltó un jadeo de terror al descubrir que estaba más cerca de la caída, y sintió que su corazón amenazaba con escapársele por la garganta. Sus patas delanteras temblaron al tensarlas con tanta fuerza sobre la orilla.


—¡¡¡TAKA!!!—gritó desesperada.


Y un milagro sucedió.


La enredadera se tensó justo antes de que ambos cayeran, elevándose súbitamente. El león sujetaba al topo con una pata contra su cuerpo, mientras que con la otra intentaba aminorar la presión que ejercía la soga en su tórax, cortándole parcialmente la respiración.


La leona corrió hasta la roca que sostenía la soga y comenzó a tirar con todas sus fuerzas, luchando por atraer el peso del macho. Al estar en el agua, uno pensaría que pesaría menos, pero la fuerza de la corriente iba en dirección opuesta y remolcarlo no era tarea sencilla. Pese a ello, Liara consiguió atraerlo y ahora que lo veía de cerca pudo notar que él estaba semi consciente por la dificultad respiratoria. El topo se lanzó hacia la orilla cuando estuvo lo suficientemente cerca y se quedó a observar cómo ella lo tomaba del lomo con sus dientes para subirlo hasta tierra firme, pues no había mucho que pudiera hacer.


—Taka, Taka. ¿Puedes escucharme?—preguntó ella tomando su rostro entre sus patas.


—A-Algo así—murmuró él.


—¡Eres un maldito bastardo! ¡¡Jamás te atrevas a hacerme eso de nuevo!!—Liara quiso golpearlo en la frente, pero se contuvo. Tendría tiempo para eso más tarde. En su lugar, besó la parte superior de su hocico, y el cuerpo de Taka se relajó visiblemente cuando dejó escapar un gemido. Una particular brisa los rodeó a ambos un momento, pero ni ellos ni sus espectadores notaron algo extraño en ella...


...excepto un excéntrico mandril que los observaba curioso desde una colina.
Rafiki mantenía parte de su peso apoyado sobre su bastón, mientras se rascaba la barbilla con una mano. ¿Acaso se trataba de lo que creía? Nunca había visto aquello antes, tan sólo oído por boca de su Maestro...
"¿¿Será posible??"
Una nueva brisa los rodeó cuando ella mimaba el rostro de Taka, aún preocupada por él, y pudo jurar que el aire chisporroteó levemente.
"Hatua Kali" murmuró con una gran sonrisa el mandril, absorto en la magnífica escena. 


Pasaron unos largos minutos antes de que Taka sintiera que podía ponerse de pie, y aún cuando lo hizo, dejó descansar parte de su peso en el flanco derecho de la leona, que guiaba el camino de regreso.




Zira observó al dúo alejarse por el oeste, probablemente en dirección de la Roca del Rey, sin dar crédito de lo que había presenciado. Se suponía que Taka debía estar al borde del río ahora, llorando desconsoladamente por la pérdida de la cualquiera, y Zira se acercaría para darle el pésame y establecer el primer contacto. El discurso funerario que había recitado 72 veces la tarde anterior estaba grabado en su mente con fuego, y se había esforzado mucho en practicar las expresiones más tristes que su rostro podía gesticular.


—Bueno, al menos estuvimos a punto de deshacernos de uno de ellos—comentó Koda con mal disimulado enfado.


—¿¿Deshacernos de uno de ELLOS??—apremió ella, clavando su mirada carmín en él—¡Ella era el objetivo, no Taka, imbécil!


Koda frunció la nariz, disgustado. Así que de eso se trataba.


Su plan había sido un completo fracaso, y Zira vio con horror que no sólo no había logrado separarlos, sino que la pareja parecía más unida que nunca. ¡La cualquiera lo había besado! Y su caballero no se asqueó.
En ese momento, el sonido de unas patas rozando en el bien hidratado pasto de las laderas del río hicieron que ella girara su cabeza, para ver una robusta figura dorada abandonándola.


—¡Regresa! ¡¡Aún podemos deshacernos de ella!!


—No. Nuestro acuerdo ha expirado, y ninguno de ellos ha muerto. Seguiré con mi vida y tú seguirás con la tuya.


Zira observó estupefacta al león. ¿Qué le pasaba? ¿Qué acuerdo?


—¡Koda!


El león volteó bruscamente, y levantó su voz, haciendo que el pelaje de ella se erizara.


—Tú no tienes interés en matarlos a ambos, sólo a ella, y todo porque crees que de esa manera lograrás que ese estirado se entere de que existes. Seré curioso: ¿sabes que es más grande que tú, verdad? Un par de lunas más, y podría ser tu padre.


Por reflejo, ella amagó con hacer pucheros, pero luego recordó que eso la haría ver más infantil.


—Preferiría “hermano mayor”. De todos modos, eso no tiene importancia—atajó con un hilo de voz, apartando la mirada.


Koda resopló.


—Escucha, no tengo ganas ni tiempo para cumplir los caprichos de una hembra celosa y despechada, así que déjame en paz. Esos dos me la pagarán algún día, pero no hoy—él se detuvo momentáneamente, y agregó—Oh, y... no vuelvas a acercarte a mí. Eres espeluznante.


Dicho esto, se alejó y Zira dejó sus pupilas clavadas en él, su mandíbula entreabierta por el asombro. La furia no tardó en volver a su mente.


—¿¿Espeluznante yo?? ¡¿Te has visto en el lago alguna vez?!


Pero Koda no respondió, jurándose a sí mismo que no volvería a hablar con esa desquiciada.


“Su nombre no le queda nada mal” pensó, molesto.


*            *           *


Sintiéndose profundamente amenazado por la oscura entidad, Gur'mekh recurrió a la ayuda de su Muti quien, teniendo los mismos poderes que él y habiendo sido adecuadamente instruida, de seguro sabría qué hacer. Era esperable que en cuanto Kambra se enterase se sentiría devastada, pero su devoto amor de madre la obligó a mantenerse fuerte para él. Gur'mekh se negó a confesarle todo, pero gracias a sus poderes psíquicos, ella conoció las razones que lo habían llevado a cometer semejante aberración. Desde luego, eso no justificaba nada, pero en parte  entendía sus motivaciones. La hiena se desplomó en el suelo sollozando, y arrastró sus patas hasta las de su Muti, mirándola suplicante:


—¡Si pudiera hacer que las cosas fuesen como antes lo haría! ¡Lo juro! ¡Oh, Dios lo siento tanto! ¡Ayúdame, Muti! ¡No dejes que me destruya! ¡Tengo mucho miedo!


Cuando ella logró recomponerse del shock, acercó una de sus patas a la cabeza de su hijo, y lo acarició, algo dudosa.  Pero no pasó mucho hasta que su mandíbula temblara y, no pudiendo contener un momento más su pena,  Kambra se dejó a caer junto a él, soltando algunas lágrimas.


—¡Oh, mi hijo! ¡¡Mi pobre hijo!! Sé que has sufrido mucho, y no sabes cuánto lo lamento, pero tendré que decírselo a tu Maleh.


Gur'mekh alzó la vista, brillante por el exceso de humedad.


—¿En verdad es necesario? Ya cree que soy un fracasado.


—Lo es, cielo. Necesito su ayuda para deshacerme del Makei.


—Oh, Dioses—su voz se quebró, y él ocultó su rostro entre sus patas, abrumado por la vergüenza. Kambra lo contempló y sintió que su corazón le dolía. No soportaba verlo así.


—Shh, tranquilo—le dijo, dándole unas dulces palmaditas en la espalda—Todo estará bien.


—No se lo vas a decir a los demás, ¿verdad?


Ella suspiró.


—No. Te condenarían a muerte. Aún si cumples o no tu promesa te ayudaré, porque te quiero demasiado como para cumplir con mi obligación con los demás. Pero por favor, prométeme que no usarás la maldición de Melmokh nunca más. ¡Prométemelo, Gur'mekh!


—Lo juro—respondió él con fervor.


Ella no necesitó hurgar en sus pensamientos, pues su mirada era totalmente transparente.


—Has tenido una vida dura, pero aún eres mi buen muchachito. Te devolveremos al buen camino. Pobrecito, mi pequeño. ¡Cuánto has sufrido!


Gur'mekh se acurrucó contra ella, apretujándose tanto como pudo.


—¡Muti, te quiero! ¡Lo siento tanto! ¡Te merecías un hijo mejor! ¡Preferiría morir antes que hacerte sufrir así!


—Lo superaremos—Kambra tomó el rostro de Gur'mekh entre sus patas y lo miró directamente a los ojos—Juntos lo superaremos mi amor. Ahora, sólo puedo rezar porque hayas aprendido algo de todo esto.


Cuando Kambra le contó lo sucedido a su esposo, creyó que este se encolerizaría y golpearía a su hijo, pero se sorprendió cuando el macho dejó ir el aire en un largo y pesado suspiro. Gur'bruk sabía que en algún momento Gur'mekh haría una cosa como esa, pero se aferraba a la esperanza de que hubiese tocado fondo y que ahora no le quedara más remedio que ir hacia arriba.


De modo que, cuando la noche se cernió sobre el cementerio, las tres hienas se escabulleron en dirección al mismo río donde ese día un plan había fracasado. Estaban justo en el límite del dominio hiénico, pero esperaban  que a mitad de la noche ningún león pudiese observar lo que estaba a punto de ocurrir.


Los padres de Gur'mekh acariciaron a su hijo con amor, y luego, se tendió de espaldas sobre el pasto, clavando la vista en el manto estrellado. Las hienas empezaron a girar alrededor de él, rotando y trasladándose en círculos, con los ojos cerrados y recitando antiguas oraciones:




—Fuerza de las fuerzas, amor de los amores, antes  del sol, tú eras la luz del mundo. Posa tu mirada en este muchacho que va a nacer y sabe que su nombre es Gur'mekh. Él está consagrado a ti, recibiendo de nosotros los fuegos del renacer; que retome el testigo cuando nos hayamos ido para que el nombre de Roh'kash no sea olvidado. Protégele de las garras del día y de los celosos ojos de la noche, y recoge su espíritu cuando sus ojos se apaguen. Escucha nuestra plegaria.


Dicho esto, Kambra y Gur'bruk hicieron turnos para empapar el cuerpo de su hijo con orina, del cuello para abajo. Luego, espolvorearon tierra seca que se oscureció tan pronto entró en contacto con él. La hembra se acercó a su esposo.


—Amado mío, es momento de que yo sea entregada. Implora la protección de Roh'kash.


Kambra se echó sobre el pasto y en ese momento, comenzó a aullar de dolor debido a las contracciones del parto, haciendo que la presencia del Makei fuera cada vez más evidente. Una sombra inmensa revoloteaba a su alrededor, deseosa de succionarles las vidas, pero de algún modo se mantenía a raya. El cuerpo de Gur'mekh se estremeció, pues su garganta comenzaba a cerrarse. Sus jadeos entrecortados acompañaron los rezos que susurraba Gur'bruk, quien estaba más nervioso que nunca. Gur'mekh se acercó torpemente hasta donde yacía su madre dolorida, como si ella fuese el aire que necesitaba, y Kambra lo observó destruida.


—Le quiero—dijo ella con la voz temblorosa, y un viento cargado de olor a putrefacción sacudió el pelaje de su rostro. Al escuchar el tenebroso ulular y ver a su hijo con los ojos desorbitados, el valor la inundó y exclamó—¡Le quiero! ¡No puedes tomar a mi hijo! ¡Devuélvemelo! ¡¡Te ordeno que me lo devuelvas!!


Gur'mekh inhaló con fuerza y se puso de pie, encaminándose hacia el río, pues había llegado el momento. Con las patas flaqueándole, se lanzó a las aguas y en cuanto su cuerpo las tocó, Kambra profirió un último grito desgarrador, marcando el clímax del nacimiento. Una oscura flor de barro se expandió en la turbulenta superficie, y los padres de la hiena percibieron la maldad aferrándose a ella, perdiéndose río abajo. Gur'bruk se acercó rápidamente a su hijo para sacarlo de allí antes de que la corriente lo arrastrara a un punto de no retorno, y cuando el rostro de Gur'mekh tocó el pasto, éste sonrió.
Kambra y Gur'bruk se unieron a su hijo y lo abrazaron con fuerza, embriagándolo con su amor, y fue entonces cuando exclamó, alzando su vista al cielo:


—¡Sagrada Madre, bendito es el nombre de Roh'kash, dulce como la miel en la boca!


—¡Gracias a ti, oh gran Diosa, porque nuestro hijo ha nacido vivo y sano!—continuó Gur'bruk.


—¡¡Que crezca en el amor y la belleza!!—concluyó Kambra. Luego, miró a su hijo renacido—¿¿Cómo te sientes??


—Maravillosamente. Mejor de lo que merezco—respondió él con un brillo en los ojos. Luego acarició a sus padres con el hocico, todo rastro del viejo Gur'mekh parecía haber quedado atrás— Voy a renunciar a mi puesto en el consejo del clan, no tengo derecho de conservarlo. En lugar de eso voy a ser vidente y quizá también curandero. Roh'kash me dio este talento por algo, y por el tiempo que me reste, voy a encontrar esa razón.


—Gracias a Dios.


—¡Eh, tengo hambre! ¿Por qué no voy y les traigo una bonita gacela? ¿O quizás un ñu?


—Te ESTÁS sintiendo mejor—comentó Kambra, besándolo en la mejilla—Ve con Roh'kash, mi cielo. Ten éxito.





Este es el soundtrack para toda la escena de rescate, desde que Zira persigue al topo hasta que Rafiki descubre el Hatua Kali de Taka.
(Se los explicaré más adelante)




AND THIS...
Es una canción que me encanta y que cada vez que la escucho me recuerda a estos dos y mientras escribía sobre los sentimientos de Taka, sonaba de fondo en mi iPod.
Se las dejo, escúchenla y sean felices por seis minutos (?)



Última edición por firsthuntress el Miér Oct 05, 2016 2:22 pm, editado 2 veces

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