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El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Ago 15, 2016 12:24 pm

buen capitulo amiga firthuntress espero que sigas pronto y es genial que esa gran amistad entre hechos sea mas que eso jeje saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firsthuntress
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Ago 15, 2016 10:37 pm

Leí una parte del capítulo cuando lo subiste, y apenas hoy en la mañana terminé de leerlo x3 

El capítulo me pareció excelente. No conocía la pagina de Noisli, pero vaya que es bastante buena para ambientar jaja y el soundtrack de Brave quedó como anillo al dedo. Además, leerlo me ayudó a calmar mis nervios por mi primer día en la Universidad (I love you te amo por eso I love you) Llegué pensando en la parte de Liara y Taka y me entretuve con ellos como por media hora hasta que nos asignaron un aula XD

Estaré esperando a que actualices Very Happy ya quiero leer la continuación!
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Capítulo XIV: la estampida

Mensaje por firsthuntress el Mar Ago 16, 2016 12:10 am

@Aisha escribió:Wow, la verdad es que disfruto muchísimo leer tu historia y en el fondo me tranquiliza de las tareas. Tuve la oportunidad de leer este capítulo el viernes pero no pude comentar hasta ahora, me gusta como va el desarrollo de la historia y por un principio me imagine que la infancia de los cachorros solo la veríamos por muy pocos capítulos centrándose mas en su etapa como adultos (aunque me equivoque xD). El capítulo fue corto pero aún así no dejo de ser una excelente continuación, en fin, espero con ansias a que continúes.

Saludos y rugidos

Hola Aisha! Awww, no sabes lo lindo que es leer que te tranquiliza x3
Mi idea inicial era desarrollar la infancia de los cachorros todo lo que pueda (de hecho, hay algunas escenas que escribí y que no he llegado a postear en el fic) pero siento que me estoy demorando demasiado y tengo miedo de que se vuelva repetitivo y poco interesante...
es por esa razón que en este nuevo capítulo doy un salto bastante grande. Aún queda un buen tramo de la historia que debo recorrer
y no quiero llenarlo de escenas que puedan ser bonitas pero que no aporten demasiado al argumento.
Me alegro que te haya gustado ^^

@KIRAN27 escribió:
buen capitulo amiga firthuntress espero que sigas pronto y es genial que esa gran amistad entre hechos sea mas que eso jeje saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firsthuntress

Hola Kiran! llevaba un tiempo sin leerte, tenía miedo de que se confirmaran mis miedos con lo tediosa que podía estar sonando mi fic D:
¡pero es agradable volver a verte por aquí! me alegra que te haya gustado y bueno, creo que es más que obvio que Taka y Liara tendrán algo más que una amistad en el futuro jajaj

@LillyDiaz18 escribió:Leí una parte del capítulo cuando lo subiste, y apenas hoy en la mañana terminé de leerlo x3 

El capítulo me pareció excelente. No conocía la pagina de Noisli, pero vaya que es bastante buena para ambientar jaja y el soundtrack de Brave quedó como anillo al dedo. Además, leerlo me ayudó a calmar mis nervios por mi primer día en la Universidad ( te amo por eso ) Llegué pensando en la parte de Liara y Taka y me entretuve con ellos como por media hora hasta que nos asignaron un aula XD

Estaré esperando a que actualices  ya quiero leer la continuación!

Hola Lilly! wow parece que este capítulo los ha serenado a todos (?) Me alegra mucho que te ayudara, y realmente espero que te haya ido muy bien en tu primer día I love you

Esa página se ha convertido en mi nuevo serenador de nervios. Soy de esas personas que les gusta estar siempre con un ruido de fondo para hacer las cosas, así que me vino justo.





Bueno. ¡Hola manada! En este finde largo que pasó logré escribir un nuevo capítulo. Como ya le avisé a Aisha, aquí daré una buena zancada.
Tengo varias escenas que no llegaron (y no llegarán) a ver la luz en este fic. Quizás en algún momento profundice en ellas y las postee como one-shots pero por el momento permanecerán al resguardo de mi impulso escritor (?)
¿Por qué? porque siento que prolongué demasiado esta etapa. Voy a serles sincera: a mi también me gusta (y mucho) la infancia de estos dos. Creo que es la etapa más importante de sus vidas porque gracias a ella nace la relación amorosa que se irá gestando. Siento que es muy especial y traté de poner los highlights en los capítulos anteriores para que
pudieran percibirlo y espero haberlo logrado. Pero a partir de aquí, mis bebés se hacen adolescentes (snif)
Tengo mucho para contar todavía y no quisiera que sea una historia muuuuy larga. Estoy ligeramente por debajo de las cien páginas de Word y no hay mucha acción que digamos...
lo cual se termina hoy (muajaja)
 
No quiero estropearles la sorpresa, así que dejaré que la descubran ustedes mismos Razz

Gracias una vez más por pasarse a comentar :3 espero que lo disfruten y si el cambio es muy acelerado les pido disculpas. Este es literalmente el primer fic que escribo en mi vida y si hay algo con lo que tengo problemas es con la línea temporal.

Saludos y rugidos!!



:rugido



El creciente interés de Liara por las actividades de Rafiki iba aparejado por el entusiasmo de Taka y Mufasa por asumir el trono. Teniendo nueve lunas de edad, sus cuerpos de cachorros ya empezaban a tomar porte de leones adolescentes: estructuras óseas más rígidas, figuras más estilizadas y melenas más abundantes en caso de los hermanos. Estas características aumentaban sus chances de independencia considerablemente, y Ahadi ya llevaba a los futuros reyes en sus patrullajes fronterizos, dejando los crepúsculos e inicios de la noche como único momento de distención y ocio. La relación que Taka y Liara habían desarrollado hacía que optaran por dedicar este tiempo en dar paseos juntos para hablar sobre los acontecimientos del día, una actividad que Mufasa también deseaba compartir con Sarafina, pero que se vio imposibilitada por el escaso interés de esta.




Cada ley o situación en la que Taka no concordaba con su padre era expresada en las conversaciones que mantenía con su amiga, y la mayoría de ellas eran refutadas con un “cuando yo sea rey… tal cosa no pasará”. Al principio, la leona se limitaba a asentir o a demostrar su conformidad o disconformidad con lo expuesto, pero con el tiempo, la preocupación de que su amigo ignorase que sus chances de ocupar el puesto eran las mismas que tenía su hermano fue aumentando progresivamente, al punto de creer que debía recordárselo.  Fue entonces cuando Liara decidió plantearle una pregunta que él jamás se había imaginado que alguien se atrevería a hacerle.




— Taka, ¿cómo sabes que Ahadi te elegirá a ti? —lo interrumpió.




Ambos iban caminando bajo la luz de la luna, y al oírla, el león detuvo su andar. Desde luego, Taka se lo había preguntado muchas veces. La realidad es que nunca había habido indicio alguno de que el gran rey fuera a elegirlo como su sucesor. Sí, Taka era el que siempre se quedaba escuchando las lecciones, siempre era el educado ante todos y el que procuraba no buscar problemas donde no los había. Taka era el que siempre buscaba pasar tiempo con su padre y aceptaba, aunque a regañadientes, que éste a menudo se fuera a cumplir con los deberes reales. Todo este tiempo, esos hechos simplemente lo habían llevado a asumir la idea de que era el más indicado para ocupar el lugar de Rey, y por supuesto, esto no sería problema si fuese hijo único. Ahora que su amiga había por fin enunciado el interrogante, Taka reflexionó con detenimiento. Él era el menor, aunque fuera por escasas lunas de diferencia. Donde Taka era el listo, Mufasa era el fuerte; y no sólo eso, su padre siempre decía que ambos eran inteligentes. Las únicas virtudes que lo diferenciaban de su hermano eran su perspicacia y brillantez, y quizá su rapidez. Pero jamás había podido ganar una lucha contra Mufasa. En ese momento, recordó que su padre le había dicho que un rey debía estar siempre preparado para defender su reino. Observó su cuerpo unos momentos, aunque sabía que no necesitaba hacerlo para notar que no era muy forzudo. No era débil, pero su hermano lo superaba ampliamente. Su orgullo se vio herido, y para Liara no fue difícil dilucidarlo en su mirada. Sintiéndose mal, se acercó a él con lentitud.




—Lo siento Taka, no… es sólo que siempre suenas muy seguro de ello, ¿sabes? Al principio lo creí, hasta que me enteré que tenías un hermano.




Taka la miró con el alma quebrada.




—Tú crees que lo elegirá a él, ¿no es así?




—Yo no dije eso.




—Sé que no lo dijiste, por eso te lo estoy preguntando.




—Bueno, no sé cómo escogen al monarca aquí, pero en mi manada siempre se procuraba escoger al mayor de los hermanos macho, a menos que fueran todas niñas.




—Eso no me hace sentir mejor.




—Lo sé, pero tú me preguntaste qué creía.




—Sí, y no has respondido.




—Lo que yo crea no cambiará la decisión que vaya a tomar tu padre, ¿cierto?




—Bueno, no.




—Correcto. Ahora, si me lo preguntas… creo que serías un excelente rey.




Taka le sonrió dulcemente, agradecido. Ella se acercó a él y mimó su hombro con un suave empujón.




—Y no importa lo que tu padre decida, no tienes por qué sentirte desmerecido. Serás un gran león algún día, con o sin corona. Tienes un corazón valeroso e inmensamente dulce Taka, eres inteligente, y muy atractivo también. Vas a casarte y ser un buen padre. Y cuando ese día llegue, podrás preguntarte cuán difícil sería elegir entre tus propios hijos. Tu padre no tiene elección Taka, no puede partir el reino en dos. Escogerá a uno de ustedes, sólo porque debe hacerlo, y el otro quedará como Príncipe Segundo, pero será dueño de las tierras también.




—Sí…—Él asintió, masticando sus palabras con cuidado. Liara tenía razón, su padre no tenía elección. Dividir el reino significaría un escaso terreno, lo que derivaría en una caza pobre. Recordó el día en que Mufasa le dijo que si lo elegía a él como rey, le regalaría la mitad de las tierras, y en lo triste que se puso cuando su padre le explicó que eso no era posible. Su hermano lo quería mucho, a su manera. Ese día Taka se sintió mal también, pero el gesto de Mufasa lo había marcado en lo más profundo.




La leona contempló a su amigo en silencio, y tras unos momentos en que este no emitió palabra, decidió animarlo.




—No te preocupes Taka, todo saldrá bien. Y no temas, seguirás cayéndome de maravilla seas rey, príncipe, o excremento de buey.




Taka volvió a sonreír, esta vez con ganas.




— ¡Vaya!, menos mal.


—Claro. Sé que es muy importante para ti que me caigas bien, y por eso tendré piedad—añadió, moviendo la cola.




—Es muy considerado de tu parte.




—Lo sé—Liara sonrió y lo miró con malicia—Ven, el último en llegar a la Roca del Rey será un huevo podrido—y con esto, salió pitando a toda velocidad.




Taka quedaba estupefacto cada vez que hacía eso, simplemente no podía creerse que una leona fuera tan veloz. Se irguió sobre sus patas y trató en vano darle alcance, mientras le gritaba en la distancia:




— ¡Oye! ¡Eso no es justo, saliste antes!
 
*          *          *




Transcurrieron así dos lunas más. Las lecciones de los príncipes habían concluido, y ahora que la rutina había vuelto a ser la de antes, los tres leones aprovechaban el tiempo libre para ponerse al día. A pesar de que Liara y Mufasa se querían mucho, el vínculo que compartían no era ni de lejos tan cercano como el que tenía con su hermano menor. El distanciamiento que había surgido por las lecciones y sus caminatas con el león de melena oscura había afectado considerablemente la fluidez de su trato. Esto desde luego no quitó que luego de unas semanas ambos re establecieran su vieja relación, y pese a todas las transformaciones que fueron tallando sus cuerpos y personalidades, descubrieron que lo único que había cambiado entre ellos eran las fuerzas de sus empujones y abrazos.




Todos los días salían a recorrer las llanuras del reino, conociendo zonas  nuevas que durante su niñez no tenían permitido visitar. En ocasiones eran acompañados por las hijas de Nyah, pero dichas circunstancias eran escasas, pues una perseguía con ansias el puesto de líder de caza, mientras que otra disfrutaba pasar tiempo con los cachorros de la manada.




Durante uno de sus recorridos, los tres leones dieron con una enorme garganta montañosa que partía la tierra en dos. Su desolación, tan única como inquietante, lo convertía en un atractivo lugar para frecuentar. No fue hasta la quinta visita que el león dorado se atrevió a descender por un desfiladero de rocas bastante empinado pese a las protestas de sus compañeros.





—Si te quiebras una pata, no bajaré a buscarte, don aventurero—le advirtió Taka.




—Qué poca fe que me tienes.




—Muffy, es muy peligroso... —la voz de Liara denotaba desaprobación, pero sobre todo preocupación.




El león había bajado lo suficiente como para fingir no escuchar sus advertencias, y siguió firme en su objetivo. Unos minutos después, sus patas llegaron a la base del cañón, y cuando sus ojos recorrieron el sendero rocoso un jadeo de asombro se escapó de sus labios. Era como estar en un gigantesco túnel sin techo, y el viento que fluía por él traía los sonidos amplificados desde las alturas (o las lejanías).




Notando la poderosa acústica de aquel lugar, Mufasa sintió la necesidad de poner a prueba su rugido. Separó ligeramente sus cuatro patas, enderezó su espalda y trató de relajar los músculos que envolvían sus escápulas. Tomó aire y centrando toda su energía en su garganta, dejó que el aire expulsado de sus pulmones hiciera vibrar sus cuerdas vocales. Su rugido, lejos de ser el mismo que el del cachorro que había dejado atrás, reverberó y adquirió potencia mientras chocaba contra las duras paredes de roca caliza. El sonido recorrió la entereza del cañón como una onda expansiva, pero unos segundos después de que se perdiera, el suelo comenzó a temblar. Las pocas piedrecillas que estaban dispersas por él saltaron en su lugar cada vez más rápido, y el león, al dirigir la mirada hacia el horizonte en apariencia infinito, vislumbró una gran nube de polvo. Enfocando aún más su visión, pudo ver que dicho revuelo era causado por una manada de ñus que corría en dirección a él…




…una estampida.




Mufasa se convirtió en presa del pánico y la parálisis dominó su cuerpo. Estaba aterrado. ¿Cómo no estarlo, si la vida que apenas comenzaba a disfrutar ahora corría peligro?




En ese momento, pudo oír que dos leones gritaban con desesperación algo que no llegaba a entender, y su sentido de supervivencia parcialmente reprimido por su miedo, lo obligó a correrse hacia una de las paredes.




Taka estaba fuera de sí. Su cola se movía frenéticamente, y su mente elucubraba con agitación un plan de rescate, hasta que una sombra lo obligó a alzar la vista: Zazú. Jamás se sintió tan agradecido por la presencia del endemoniado avechucho… pero luego vio que se alejaba. El cálao estaba alejándose, y el león maldijo por lo bajo. A su aguda visión nunca se le escapaba nada, y justo el apuro del príncipe había sido pasado por alto. Sin dudarlo echó a correr tras él, gritando su nombre para atraer su atención lo antes posible.




— ¡Zazú! ¡¡Zazú, ZAZÚ!! ¡DEMONIOS, BAJA AHORA!




Su llamado fue correspondido rápidamente y el mayordomo descendió en picada.




— ¡Maestro Taka!




— ¡Llévame con mi padre! ¡¡Mufasa está en peligro!!




Las plumas zafiro del ave se erizaron, y media décima segundo después volaba a toda velocidad para guiar al león.




Afortunadamente, el rey había percibido el inusual movimiento de los animales, y se encontraba yendo en esa dirección para averiguar lo que había sucedido. En su camino, se topó con su hijo menor, que intentó explicar lo más rápido posible la situación.




Ahadi corrió como nunca lo había hecho y Taka seguía su paso con bastante facilidad. Puede que fuera menos forzudo que su hermano, pero era increíblemente atlético. Al llegar a la orilla del cañón, el gran rey contempló con terror que su primogénito era una boya en un océano de ñus escandalizados, que, milagrosamente aún no lo habían atropellado. Liara observaba la escena con una mirada llena de determinación, sus dilatadas pupilas peinaban el radio de animales que rodeaban a Mufasa. No tenía mucho tiempo. Con un rugido instintivo se lanzó de un único salto e ignoró los gritos de protesta de Taka y Ahadi.




— ¡Liara, no! ¡DETENTE!—rugió desesperado su joven amigo, a tiempo de que comenzaba a correr en su búsqueda. Fue detenido por Ahadi de un firme pero cuidadoso mordisco en su cola, y le gritó con severidad:




— ¡Taka, quédate aquí! ¡NO QUIERO PERDERLOS A LOS TRES!—luego volvió su mirada a la leona que corría en dirección a su hijo. Sopesó la idea de ir a buscarlos a ambos, y aún en la vorágine del momento, algo le sugirió que esperara.




Liara era muy veloz, quizá incluso más que cualquier leona de la cuadrilla de caza. Su musculatura felina en desarrollo trabajó incansablemente junto a su corazón y su cerebro, focalizado en esquivar a los grandes mamíferos que la rodeaban mientras se abría camino hacia su objetivo. Subió por una elevación de tierra y rocas levantando una humareda de polvo, lo que le permitió estar a salvo, al menos por un momento, de los aterrados animales. Divisó a un Mufasa rígido como una piedra en el otro extremo de la garganta montañosa, e intentó captar su atención desde ese relieve del terreno antes de aventurarse por segunda vez en la estampida.




— ¡Mufasa! ¡Mufasa! ¡Quítate de ahí!




Pero el aludido no respondió. Sus ojos, redondos como platos, contemplaban el peligro que lo rodeaba, pues su única prioridad era no ser aplastado. Liara demandó desesperadamente su atención dos veces más, hasta que por fin logró hacerse con ella.




— ¡Mufasa! ¡Debes salir de allí ahora mismo!—hizo una pausa, intentando ordenar su alborotada cadena de pensamientos. Luego, miró a su alrededor y añadió— ¡Corre hacia aquellas rocas, allí podré alcanzarte!—Liara le indicó una segunda elevación rocosa a unos cien metros de donde él se hallaba, donde podría interceptarlo y ayudarlo a subir.




Mufasa siguió su mirada y luego de echar un vistazo a los enormes ñus, asintió alarmado a su interlocutora. Acto seguido emprendió su carrera pegado a la pared montañosa intentando no entorpecer el camino de los animales, pero era muy robusto y no contaba con demasiado espacio para moverse. Poco antes de llegar, su cuerpo chocó con el de un ñu que venía a toda velocidad, haciéndole perder el equilibrio hasta que tropezó. Otro, lo empujó accidentalmente y su cabeza chocó con fuerza contra una roca, lo que le hizo perder el conocimiento.




— ¡Demonios!—rugió Liara.




Sin pensarlo dos veces, saltó nuevamente y se internó en la agitada marea de animales corriendo lo más rápido que pudo. Su respiración era excitada pero evidenciaba entrenamiento. Logró alcanzarlo luego de rozar levemente con varios animales y abrió sus fauces para tomarlo del lomo como a un cachorro, que, claro está, no le permitiría alzarlo como a uno. En su lugar decidió arrastrarlo, puesto que no tenía tiempo para calzarlo en su espalda. Comenzó a subir por la rampa rocosa y luego de haber trepado un tramo, su cuerpo comenzó a lamentar el peso extra que, tratándose de Mufasa, contaba como dos leones. Arrugó su nariz por el esfuerzo y expuso unas garras que se clavaron en el suelo para evitar resbalar. Taka y Ahadi habían emprendido viaje hacia el lado opuesto rodeando el acantilado, y los alcanzaron a paso redoblante en pocos minutos. El gran rey tomó a Liara por el lomo para tirar hacia atrás a tiempo de que Taka pasaba su cabeza por una de las fornidas pero inertes patas de su hermano, para ayudarla a disminuir el peso. Habiendo puesto al león a salvo, Liara se dejó caer exhausta mientras su amigo acariciaba su cabeza.




—Eso ha sido espeluznante y asombroso al mismo tiempo, cazadora—la consoló—pero si me vuelves a hacer algo así  juro que te mataré.




Ahadi lameteaba afanosamente el rostro de su hijo inconsciente, hasta que oyó sus quejidos. Mufasa recuperó la consciencia y al abrir sus ojos emitió un doloroso sonido.




— ¡Oh, por los dioses, estás bien!—Ahadi empujó con brusquedad la cabeza de Mufasa cuando el alivio se apoderó de su espíritu, a lo que éste respondió con un nuevo quejido. Luego, levantó la mirada, que se volvió severa al posarse sobre sus acompañantes.—Exijo que alguien me explique ahora mismo qué fue lo que pasó.




Liara aún intentaba recuperar el aliento con sus párpados cerrados y sus cejas fruncidas, por lo que se limitó a emitir un gemido. Taka fue el próximo en hablar.




—Mufasa quiso bajar, padre, y rugió. Habrá asustado a los ñus cuando lo oyeron y fue entonces cuando iniciaron la estampida.




— ¿Que hizo qué?




Taka se encogió de hombros. Hubo una pausa incómoda y ambos se sostuvieron la mirada.




—Creo que me olvidé de sus lecciones de prudencia—dijo Ahadi, intensificando su expresión. Luego llamó a Zazú, que planeaba sobre el cañón para controlar el rumbo de la manada. El joven cálao agitó sus alas al aterrizar y se dirigió a su rey.




— ¿Sí, mi señor?




—Busca a Rafiki y dile que nos encuentre en la Roca del Rey, necesito asegurarme de que Mufasa estará bien.—Luego se dirigió a su hijo menor—Taka, lleva a tu hermano. Tengo que hablar con Liara.




Sabiendo de qué vendría todo el asunto, Taka observó a su amiga durante unos segundos  y luego posó sus ojos en los de su padre.




—Ha salvado a tu hijo. No seas duro con ella.




Luego, se acercó a su hermano para pasar su cabeza bajo una de sus patas.




—Vamos Mufasa, ayúdame, ¿quieres?—El león, que apenas era consciente de lo que pasaba, largó un gemido y se movió torpemente para ponerse de pie. Zazú, por su parte, voló obedientemente en dirección del Baobab del chamán.




Liara se sentó sobre sus patas traseras y miró los ojos de Ahadi cuando su respiración volvió a ser regular. Por un momento permanecieron en silencio. Liara no tenía nada que decir y sabía que aunque lo tuviera, debería esperar a que Ahadi hablara primero. El imponente animal rompió el hielo.




—Lo que has hecho hoy fue un acto estúpido, Liara, y creo que lo sabes. Valiente y osado, por tratarse de una situación crítica, pero estúpido al fin. Has desobedecido deliberadamente mi orden de quedarte aquí, has puesto tu vida en peligro, incluso ignoraste el profundo dolor que nos ocasionarías a Uru, a mí, y en especial a Taka, si tu rescate no salía bien. ¡Y por si eso fuera poco…!—el rostro de Liara se crispó levemente.




—…salvaste a mi hijo—concluyó y su mirada se suavizó.




Al oír esto, Liara se atrevió a mirar al gran rey león una vez más.




—Nunca podré agradecerte lo suficiente por lo que has hecho hoy, Liara. Eres como una hija para mí, y me siento bendecido por haberte acogido—Hizo una breve pausa y prosiguió— Estaba a punto de salir en búsqueda de Mufasa cuando lo localizé, allá abajo,  y me detuve cuando te vi saltar. ¿Puedes imaginar lo que sentí en ese momento? Por un instante, creí que perdería a dos de mis hijos—Ahadi le ofreció una mirada llena de preocupación, la misma que tenía mientras la observaba corriendo entre los ñus— arriesgaste tu vida allí, pero has vuelto a salvo y con mi hijo. Quisiera decir que estoy orgulloso de ti, Liara, pero no puedo. Fue un momento aterrador y consideraré la idea de Taka si vuelves a hacer una cosa así.




Liara soltó una risita al entender a qué se refería.




—Lo siento mucho, Ahadi. Sé que no me creerás si te digo que sé lo que sientes, pero… en verdad lo sé.—Bajó la mirada y su rostro develó dolor—Es sólo que…no podía permitir que a Mufasa le pasara algo. Él…ustedes… los quiero mucho y son mi familia ahora. Son todo lo que me queda, Ahadi. Mientras yo respire, lucharé por mantenerlos a salvo. No importa cuáles sean las posibilidades de ganar que tenga.




Ahadi la miró con dulzura. Sabía el dolor que la leona llevaba consigo después de lo que había vivido, y luego de oír sus palabras, comprendió que no habría nada que él pudiera decirle para hacerla cambiar de opinión: siempre haría lo que estuviera a su alcance para protegerlos. Eso lo hizo sonreír: terca pero muy sensible, al igual que su hijo menor.




El imponente león se puso de pie y esperó a que su acompañante hiciera lo mismo. Luego, se quedó observándola, expectante. Sabía que esto era importante para ella. Liara tardó unos minutos en darse cuenta de lo que esperaba, y cuando lo hizo, no pudo evitar ocultar su sorpresa. Sus grandes ojos verdes lo observaron con perplejidad por lo que pareció un largo momento y acto seguido, se acercó a él bajando la cabeza, como si estuviera pidiendo permiso. Ahadi asintió una vez y ella se echó sobre su espalda para extender sus patas hacia su densa melena oscura.




—Toco tu melena—susurró agradecida.




—Puedo sentirlo—respondió con suavidad.




Comenzaron a caminar uno junto al otro. El regreso a casa fue tranquilo y durante el trayecto reinó un ambiente de dicha y de paz. Ninguno de los dos habló, pues no era necesario decir más. Ambos se entendían. Liara supo entonces que los trágicos eventos de su vida habían ocurrido para llevarla hasta allí. Extrañaba a sus padres y su manada con todo su corazón, pero se dio cuenta de que su hogar estaba ahora en las Tierras del Reino.




La parte cantada corresponde a la charla de Taka y Liara al principio del capítulo, mientras que desde las primeras percusiones hasta el final es para cuando Ahadi va con Taka por Muffy y Liara lo rescata.
Me pareció un cover excelente, no pude evitar incluirlo I love you






Última edición por firsthuntress el Vie Ago 19, 2016 4:32 pm, editado 1 vez
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Mar Ago 16, 2016 1:26 am

buen capitulo amiga  firthuntress me alegro mucho que puede haber algo mas entre hehcos eso me alegra mucho y espero que sigas pronto haber como continua todo saludos y rugidos y un fuerte abrao amiga  firthuntress nwn
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Mar Ago 16, 2016 12:44 pm

Wow, por un momento pensé que pasaría algo con Ahadi, estuvo fantástico leer en compañía del instrumental, y la escena cuando Ahadi habla seriamente con Liara me recordó a la escena de Mulan cuando el emperador habla con ella y al final su tono se vuelve suave, ¡me encanto este capítulo!, es genial ver poco a poco el crecimiento de los cachorros, aunque a la vez es preocupante por Taka y su anhelo por convertirse en rey (¿será el momento para comenzar a preocuoarse?), en fin, espero ansiosa a que nos traigas la continuación, ¡sigue así! I love you

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Jue Ago 18, 2016 9:33 pm

Vamos continua la historia esta de lo mejor ya quiero saber que le pasa a taka y a mufasa despues espero que sigas 
Saludos  :sim:
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Capítulo XV: Deseos y ambiciones

Mensaje por firsthuntress el Miér Ago 24, 2016 11:52 pm

buen capitulo amiga  firthuntress me alegro mucho que puede haber algo mas entre hehcos eso me alegra mucho y espero que sigas pronto haber como continua todo saludos y rugidos y un fuerte abrao amiga  firthuntress nwn

¡Hola Kiran! Gracias por comentar Very Happy
Aquí te dejo la continuación...

@Aisha escribió:Wow, por un momento pensé que pasaría algo con Ahadi, estuvo fantástico leer en compañía del instrumental, y la escena cuando Ahadi habla seriamente con Liara me recordó a la escena de Mulan cuando el emperador habla con ella y al final su tono se vuelve suave, ¡me encanto este capítulo!, es genial ver poco a poco el crecimiento de los cachorros, aunque a la vez es preocupante por Taka y su anhelo por convertirse en rey (¿será el momento para comenzar a preocuoarse?), en fin, espero ansiosa a que nos traigas la continuación, ¡sigue así! 

Jajajaj, sí, sonaba muy familiar la escena, ¿verdad?
Pero soy impredescible (?) ok no

La verdad es que no había pensado en eso de la similitud con Mulan. Justamente la vi después de leer tu comentario el otro día y dije, rayos, ¡tiene razón! Pero bueno, cualquier semejanza con la ficción es pura coincidencia (?)

Me alegra que te haya gustado y en cierto modo me tranquiliza que la transición te haya resultado suave. Y por el momento... no hay de qué preocuparse por Taka Wink

@princesstwivinecadenza escribió:amos continua la historia esta de lo mejor ya quiero saber que le pasa a taka y a mufasa despues espero que sigas 
Saludos  

Hola princesstwivinecadenza! (al fin pude escribirlo sin copy paste :v)
Gracias por alentarme a seguir. Me hice esperar porque estuve atareada de cosas, pero finalmente logré sacar adelante el capítulo.



¡Hola manada! Aquí un nuevo capítulo (y novedades)

Las novedades son tres:

- Una es que estoy envuelta en una exposición. En Biología nos hacen buscar un artículo de divulgación científica y a fin de cuatrimestre, con los conocimientos que adquirimos estaríamos en condiciones de explicarlo frente a la clase. Detesto los orales pero bueno, dicen que es un miedo que los aspirantes a bioquímicos necesitamos superar... y es un trabajo que me mantendrá bastante ocupada hasta que termine la cursada. Seguiré actualizando pero es probable que me demore más de lo usual entre cada capítulo.


-La otra, es que buscando arte conceptual oficial de TLK, encontré esto:

Spoiler:

(me recuerda al primer capítulo del fic, donde Liara conoce a Rafiki. Tiene hasta las orejas oscuras y los mechones de pelo en la cabeza)

Y por un momento me emocioné porque dije "Ay, pudo haber sido real" 


-La tercera, es que hace un tiempo vengo practicando pintar en Photoshop y tengo preparado otro dibujo de Taka y Liara de cachorros inspirado en un fanart que encontré... Y CON FONDO. No lo terminé aún pero les dejo un trocito como spoiler (?)


Spoiler:

I'm so proud I wanna cry


Y eso es todo por ahora. Espero que lo disfruten (nuevamente es algo corto, pero con la promesa de que el siguiente será más extenso) y gracias por leer.


¡Saludos!  :simba1:




Luego de retirarse, el cañón volvió a sumirse en un silencio casi sepulcral. Era el mismo tipo de silencio que taladraba los tímpanos y podía llevar a cualquier susceptible al borde de la demencia si era sometido a él lo suficiente; y únicamente era llenado por el ulular del aire que fluía en el interior cual río manso.


Pero a pesar de ello, aquel lugar estaba lejos de estar solitario, y ni el rey ni su hija repararon en las entidades que los observaban.


—Sabes que no podemos prolongar esto por siempre, ¿verdad?


—…sólo lo necesario.


El león frunció el ceño.


— ¿Y cuánto es eso?


—Hasta que cambiemos el curso de las cosas—respondió ella con pesar, bajando las orejas.


Dejando ir un suspiro, Mano se acercó a su esposa y cuando se sentó a su lado, ésta acarició su resplandeciente melena. Desde donde estaban, el aire estaba totalmente quieto, pero sus mechones plateados ondulaban con suavidad. Ambos brillaban mucho más bajo la luz del sol, y su fulgor era tan poderoso como para enceguecer a los espías; mas ningún mortal podía verlos en ese momento… no mientras no decidieran materializarse. Sus espectrales figuras dejaban entrever la mortalidad del terreno subyacente, y miles de puntos brillantes latían en la superficie de sus cuerpos como muestra del gran poder que residía en ellos.


—Sé lo mucho que te importa, Minshasa—continuó—pero Aiheu sabe lo que hace.


—Es que no lo entiendes… debemos continuar haciendo esto. No podemos dejarlos solos aún. Si los abandonamos… si los abandonamos, ellos…


La leona se interrumpió. La expresión de su rostro se crispó, y sus ojos zafiro se humedecieron. Al verla de ese modo, Mano supo que el futuro no prometía nada alentador. Los guardianes no tenían acceso a los acontecimientos que tendrían lugar más adelante, y la información les llegaba sólo en situaciones que requerían su intervención. Pero si Minshasa lloraba, era evidente que lo que lo que les esperaba no guardaba nada bonito. Consciente de esto, estuvo a punto de preguntarle qué es lo que sabía, pero se detuvo en cuanto la escuchó:


—Él me lo ha pedido—concluyó ella cuando logró componerse.


Y eso pareció ser suficiente para convencerlo. Si Aiheu no le había contado lo que pasaría a él también, seguro tenía sus razones. Centró sus pupilas en los dos leones que seguían alejándose, aunque ahora eran sólo dos manchas en la distancia; y sólo se demoró un par de segundos en responder.


—En ese caso, no preguntaré más. Confío en tu juicio.


—Gracias, querido—ella le dio un lengüetazo en la mejilla y una dulce sonrisa pobló el rostro del león.


Un delicado sonido, apenas perceptible, serpenteó el aire: ronroneos infantiles.


—Vamos, preciosa. Nuestros hijos están despertando.


—Sí…


Dicho esto, la pareja se puso de pie para abandonar aquel borde del acantilado donde momentos antes podría haber ocurrido una tragedia. Y de cada tramo de suelo que sostuvo sus pisadas, brotaron verdes retoños que se fueron esparciendo poco a poco. Dentro de unas semanas, todo el terreno estaría tapizado por un nuevo colchón de hierba…
 
*          *          *
 
—Estarás bien—sentenció el mandril, mientras masajeaba la cabeza de Mufasa con un ungüento. Al terminar, le dio unas palmaditas en el hombro que no estaba sobre el piso y se dirigió a su padre—Pero aún así me gustaría saber cómo fue que pasó.


—Pues pregúntaselo a él—respondió el rey—porque a mí también me gustaría saber qué hacía en el fondo de un cañón abandonado, y qué le dio la brillante idea de rugir.


—Papá, lo siento…


Ahadi levantó una pata en gesto de que no continuara, y prosiguió.


—Te pusiste en riesgo, y pusiste en riesgo a tu hermana.


— ¡Pero yo no quería que ella-


— ¡¿Y qué es lo que esperabas, Mufasa?! ¿Que te dejase allí?


— ¡No! Pero yo podría…


— ¡Sin peros! ¡¿Te das cuenta de que podrías haber muerto?! —la severa expresión del rey se contrajo de la preocupación—Podría haberte perdido hijo, ¡y de la manera más tonta! Y ni siquiera estamos considerando lo que le pudo haber ocurrido a Liara aún. Ella salió a buscarte. ¡Mis dos hijos, en medio de un mar de animales corriendo desesperadamente por sus vidas!


Uru posó su pata sobre una de las de su esposo.


—Querido, por favor tranquilízate, te estás haciendo daño—dijo afligida—Lo importante es que todos están a salvo ahora.


Ahadi cerró sus ojos y bajó su cabeza a la par de sus orejas. Sus nervios apenas habían disminuido desde el suceso, y su corazón latía desbocado en su pecho provocándole una espantosa sensación de opresión. Las sienes le latían levemente. Uru era consciente de que su marido tenía problemas para controlar sus ataques de ansiedad y estos a menudo terminaban en una arritmia que la hacían temer por su salud. Rafiki parpadeó repetidas veces al recordar esto y se acercó hasta su bolsa con medicinas para prepararle una infusión de Alba. Cuando el polvo rojizo se disolvió en el agua adjudicándole un translúcido color ocre, se acercó lentamente al rey y le ofreció la cáscara del fruto que la contenía, a lo que éste la aceptó. Como siempre, el alivio llegó al instante, y su presión se estabilizó.


— ¿Mejor, amigo mío?


Ahadi asintió soltando un suspiro, sin abrir sus ojos aún: estaba haciendo un enorme esfuerzo por poner su mente en blanco, tal y como le había recomendado el chamán, para calmar sus nervios.


Mufasa, por su parte, se sentía fatal. En ningún momento se le ocurrió que las cosas pudieran terminar tan mal, y ver a su padre de ese modo terminó por tirar sus ánimos al suelo. Si le pasaba algo por su culpa, jamás se lo perdonaría. Decidió que lo mejor sería dejar de intentar arreglar la situación con palabras y esperar a que las aguas se apacigüen… de todos modos, no había nada que pudiera decirle, pues su padre tenía razón: se había comportado como un tonto.


“No es lo que un rey haría” se regañó mentalmente.


Al percatar el pesar de su hijo, Uru acortó la distancia que los separaba para mimar su cabeza. Una madre de su carácter sólo podía pensar en lo agradecida que se sentía porque estuviera vivo, aunque eso no quitaba que estuviera molesta con él. Tarde o temprano ligaría un castigo.


Liara mantenía sus orejas retraídas y no quitaba sus ojos de su hermano adoptivo: pensar en que ese día podría haber terminado sólo con dos leones la entristecía mucho. Decidió apartar el malestar con una sacudida de su cabeza, recitando para sus adentros: “Gracias Mano, gracias Minshasa; gracias, querido Aiheu...”. Se puso de pie y abandonó la cueva a paso tranquilo. Al principio, Taka la siguió sólo con la mirada, pero luego puso en marcha sus patas también.


Ambos salieron a la luz del sol crepuscular, que ese día coloreaba el cielo con preciosos tonos melocotón. Las nubes se veían sumamente suaves y estiradas en él, como algodón de azúcar, y algunos animales recorrían a lo lejos las vastas llanuras bajo el dominio leonino. Liara se echó y sintió el suelo del promontorio cálido en su barriga, pues todo el día había estado irradiado por el sol, y su amigo la imitó. Pudo ver que sus ojos en ningún momento se movieron de algún punto fijo en la distancia, un indicio de que estaba demasiado ensimismada en sus pensamientos.


— ¿Te encuentras bien?


—Sí—se limitó a responder ella.


—Tranquila, Muffy se compondrá rápidamente—Taka le ofreció una de sus usuales muecas, con sus párpados cubriendo la mitad de sus ojos—Puede que a veces le fallen las neuronas, pero es duro como un rinoceronte.


—Sí.


El león arrugó la nariz: estaba respondiéndole con monosílabos, y eso no era buena señal. Decidió cambiar de táctica.


—Se está a gusto aquí, ¿verdad?


—Sí.


—Los atardeceres son bonitos, pero los colores del amanecer son más intensos. Podríamos ver uno mañana, si dejaras de gruñir cuando te despiertan.


—Ajá.


—Y tienes la cabeza llena de pasto seco, ¿no es así?


—S-—empezó a  decir, pero se interrumpió abruptamente—Cierra la boca.


Taka sonrió.


—Te pillé.


Liara frunció el ceño, reacomodando sus patas para cruzarlas. El pelaje que cubría su hocico estaba levemente erizado por la tensión que ejercía sobre sus dientes, algo que no podía evitar cuando estaba molesta, y conforme los minutos pasaban, Taka se sintió cada vez más frustrado: tendría que forzar las cosas.


—Háblame, Larie—la instó dulcemente.


—Estoy bien.


—Quisiera saber qué te hace creer que todavía puedes mentirme sin que me dé cuenta.


La leona suspiró, y durante varios minutos no dijo nada. No necesitaba mirarlo directamente para saber que sus esmeraldas estaban clavadas en ella, por lo que el tiempo que se demoró en responder sólo fue para torturarlo un poco.


—Temí por él—dijo finalmente.


—Todos temimos por él.


—Pero yo sigo preocupada como si aún estuviese en medio de los ñus. Lo siento, sólo… necesito que pasen las horas. Y me calmaré.


—De acuerdo.


En ese momento, el sonido de unas garras arañando la roca y dos respiraciones agitadas se hicieron sitio en el ambiente. Liara volteó a mirar, y se sorprendió.


— ¡Sassie!


— ¡Liara! Oh, ¿estás bien? ¿¿Muffy está bien??


—Tranquila, ambos estamos bien. Muffy está dentro con Fiki y sus padres. Puedes ir a verlo, está despierto.


Sin dudarlo, la leona de pelaje oscuro dio media vuelta y cruzó la entrada de la caverna. Sarafina surgió milésimas de segundo después.


—Hola, Saffy.


—Larie—respondió ella, acariciándola con su hocico—Zazú nos ha contado lo que pasó, y vinimos en cuanto nos enteramos. En verdad me dejaste pasmada. ¡Qué agallas, niña!


Liara sonrió avergonzada.


—Gracias—musitó, buscando una manera de desviar el tema; y al ver sus patas embarradas, enderezó el tono— ¿Pero qué has estado haciendo?


Ante esto, Sarafina sonrió, como si hubiera estado esperando esa pregunta impacientemente.


—Avina me llevó a cazar…


Los ojos de Liara se abrieron por completo y su mandíbula cayó.


—…pero no lo logré esta vez—prosiguió, decepcionada.


—Pero aún te falta para cumplir trece… ¿o estoy mal?


—Sólo me faltan unos días, y Avina lo dejó pasar por alto al verme tan empecinada en el asunto. Pero desperdicié mi oportunidad, y ahora tendré que esperar a cumplirlas.


—Oh, no. Lo siento mucho, Saffy—El arrepentimiento de Liara era genuino: sabía lo mucho que deseaba entrar a la cuadrilla, pues todo su entrenamiento había sido con el propósito de acelerar dicho ingreso.


La aludida hizo un mohín en un intento de restarle importancia, aunque sus orejas caídas la delataron.


—Será para la próxima.


—Claro que sí—dijo, poniéndose de pie. Luego volvió a mimar a su amiga, esta vez con más rudeza.


—Yo también muero por ingresar. Me siento una inútil aquí, no hago más que caminar, atrapar animales pequeños, y dormir.


— ¡Oye! —interrumpió Taka con tono burlón—¿Hablar conmigo no cuenta como algo para ti?


Ella puso los ojos en blanco y una media sonrisa tomó posesión de sus labios.


—Yyy hablar con Taka. Pero estoy cansada de ver cómo salen las cazadoras mientras me quedo esperando el alimento como una tonta. ¡Es tan frustrante!—dando unos pasos hacia el promontorio, su postura se irguió por completo—Quiero ayudar. Quiero formar parte de la acción. Quiero, de una vez por todas, hacer algo por la manada. Y lo peor, es que debo esperar dos lunas más, y no tienes idea de lo lento que se me hace el paso del tiempo. ¡Incluso Taka pronto tendrá su Ceremonia de Cubrimiento!


—Gracias—volvió a irrumpir el león, con una sonrisa dentada.


—De nada—apostó, arqueando una ceja. Luego volvió a suspirar—Tienes suerte, Saffy. Tú ya tienes la edad, y tu mayor ambición está por hacerse realidad.
Ahora que lo veía desde su perspectiva, Saffy se sintió culpable.


—Rayos, tienes razón—sus ojos aguamarina volvieron a clavarse en su amiga, y continuó—Oh, Larie. No te preocupes. Verás que el tiempo volará; lograrás cazar algo el mismo día en que Avina te lleve; y créeme, cuando lo logres,  festejaremos a lo grande. Serás una excelente cazadora. ¿Y sabes qué? Yo cuidaré tu espalda.


—Y yo la tuya, hermana.


Sarafina sonrió y una nueva muestra de afecto surgió entre las leonas, hasta que la rubia se interrumpió abruptamente.


—Oh, cielos, Muffy. Lo olvidé. ¡Iré a ver cómo está! —Y sin esperar a que Liara respondiera, corrió hacia la cueva. Cuando cruzó el umbral, su voz volvió a sonar, esta vez con tono de sorpresa. Había chocado contra alguien.


— ¡Lo siento, Ahadi! No te vi.


—Hola, Saffy. Descuida—respondió el rey, mientras se hacía a un lado para que la leona pasara—Muffy está bien, tu hermana lo está cuidando como a un cachorro.


—Pfff. ¡Pero si es un cachorro!


Taka soltó una carcajada.


— ¡Uno muy grande y peludo!


— ¡Mira quién habla! —Liara atacó sus costillas con sus dedos y pronto las risotadas del león de pelo cobrizo sonaron en el aire. Ahadi los miró confundido al principio, pero la risa de su hijo era demasiado contagiosa como para reprimir el impulso de sonreír. Negó suavemente con la cabeza, y supo que el malestar de la leona (que él no pasó por alto) había desaparecido, al menos por ahora. Haberla escuchado hablar con tanta determinación sobre la caza, sólo potenció su admiración y respeto por ella, y ahora que había mostrado su valentía salvando el pellejo de su hijo mayor, no podía ignorar la necesidad de retribuírselo de algún modo.



¿Qué mejor manera de hacerlo, que cumpliendo su deseo?
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Jue Ago 25, 2016 1:19 am

Cielos, no tenía idea de lo mucho que extrañaba tu fic hasta que leí este capítulo jaja

Rayos, empiezo a entenderte con lo de la universidad. Esta semana he estado ahogada en trabajos. Tengo dos clases donde lo único que hemos hecho es trazar lineas (una a mano alzada y en la otra con escuadras) Dios, juro que ya sueño con lineas .-.

Vi que te conectaste al foro y de inmediato supe que ibas a actualizar, y aunque sigo con las malditas lineas, decidí darme un tiempo para leerlo. Como siempre, el capítulo estuvo genial. Me encanta la relación entre Taka y Liara, e insisto en lo bien que encaja todo esto con Crónicas x3 es genial!! Incluso ya aparecieron Mano y Minshasa 

Estaré esperando a que actualices I love you
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Capítulo XVI: La primera cacería

Mensaje por firsthuntress el Sáb Ago 27, 2016 10:00 pm

@LillyDiaz18 escribió:Cielos, no tenía idea de lo mucho que extrañaba tu fic hasta que leí este capítulo jaja

Rayos, empiezo a entenderte con lo de la universidad. Esta semana he estado ahogada en trabajos. Tengo dos clases donde lo único que hemos hecho es trazar lineas (una a mano alzada y en la otra con escuadras) Dios, juro que ya sueño con lineas .-.

Vi que te conectaste al foro y de inmediato supe que ibas a actualizar, y aunque sigo con las malditas lineas, decidí darme un tiempo para leerlo. Como siempre, el capítulo estuvo genial. Me encanta la relación entre Taka y Liara, e insisto en lo bien que encaja todo esto con Crónicas x3 es genial!! Incluso ya aparecieron Mano y Minshasa 

Estaré esperando a que actualices 



¡Hola Lilly!  Awww ¡qué lindo es escuchar eso! ¡Muchas gracias! Very Happy

Sí, la universidad es así. Es un bajón, y conforme avances verás que cada vez es más difícil encontrar tiempo para hacer ocio, o para salir con tus amigos. Por lo menos, a mí me pasa u.u
Algo que me ayuda bastante en ese asunto, es levantarme más temprano. A pesar de que me cuesta, por el momento va bien, aunque cuando se acercan las fechas de exámenes o entregas de trabajos, ni siquiera eso sirve para dejarme tiempo libre.

Ojalá que al menos ese sacrificio que haces sea para algo bueno, porque veo que te pasó lo mismo que a mí: estudiamos algo a falta de posibilidades de estudiar otra cosa.

Gracias por haberte tomado el tiempo de leer el capítulo, significa mucho para mí  I love you

Me alegra que te haya gustado, y me pone aún más feliz ver que se "acopla" a Crónicas, aunque sé que estoy muy lejos de la calidad de esas preciosas historias.





¡Aquí dejo otro capítulo, chicos! Gran parte de él ya estaba narrado, así que sólo tuve que darle algunos retoques.

¡Saludos! :rugido




La amplia variedad de sonidos sordos que reinaban en la tranquilidad de la noche penetraban la Roca del Rey y funcionaban como una canción de cuna para la manada de leones que descansaba en su interior. Leves ronquidos y escasos rugidos en sueño aquí y allá se abrían paso entre cada león y leona. Había pasado mucho tiempo desde que Liara había podido dormir de un tirón la noche entera, pues siempre había algún sueño o un movimiento brusco de Mufasa que la obligaban a abandonar momentáneamente su descanso. Es por esto que cada mañana, se debatía una lucha entre ella y su adormilado cerebro (y en ocasiones un tercero) porque se levantara. Esta vez, ni sueño perturbador ni patada en el hígado habían irrumpido, y a pesar de que estaba profundamente dormida, su inconsciencia parecía haberlo advertido: una leve sonrisa estaba dibujada en sus labios.


De repente, una respiración potente pero calma agitó el pelaje que cubría su rostro. Al principio sólo creyó que era el viento, y  agotada como estaba, decidió no abrir los ojos para seguir persiguiendo a su padre en el prado. Fue entonces cuando unos cálidos y suaves empujones golpearon su mandíbula inferior, y no pudo seguir ignorando el hecho de que alguien estaba intentando despertarla.


—Mmmmm—se quejó mientras fruncía el ceño, negándose a abrir los ojos.


—Despierta, bella durmiente—canturreó una profunda voz.


— ¿Bella durmiente? ¿Tienes idea de qué hora es?—respondió cuando reconoció dicha voz.


—Shhh. Despertarás a Uru. Y créeme, no querrás que lo haga. —susurró.


Liara no lo miró inmediatamente  pero pudo afirmar con seguridad que por el tono de sus palabras, hablaba con una sonrisa. Luchó contra su ciclo circadiano durante unos segundos más y abrió sus ojos. Una primera plana del rostro de Ahadi la esperaba pacientemente.


— ¿Qué sucede, Ahadi?


—Shhh. Ven, sígueme. Ten cuidado con la cola de Taka.


Liara se desperezó como pudo en el escaso espacio que había entre ella, Taka y Mufasa; para luego levantarse y seguir el paso de su padre adoptivo, cuidando de no pisar la cola de su pequeño amigo. “Pequeño” era sólo una forma cariñosa de referirse a él, pues su cabeza y buena parte del lomo ya estaban poblados por los oscuros y gruesos mechones de su incipiente melena. Liara sonrió dichosamente al caer en la cuenta de que había heredado la melena de su padre.


Ahadi y su compañera cruzaron el umbral de la entrada de la cueva y luego de desperezarse por segunda vez, ella asumió que ya podía hablar en un tono de voz más normal.


— ¿A dónde vamos?—preguntó la leona con ojos curiosos.


—A probar si estoy en lo cierto—respondió el aludido con una media sonrisa.


A pesar de que Liara deseaba seguir atosigándolo con la misma pregunta hasta que le diera una respuesta que la satisficiera, decidió que lo mejor era esperar. Era evidente que le tenía preparada una sorpresa y la entusiasmó aún más saber que era sólo para ella. Caminaron en un cómodo silencio bajo el fresco y claro cielo del amanecer, teñido con matices azulados por la noche que se iba y anaranjados por el nuevo día que tenía comienzo. Algunos pájaros sobrevolaban la bóveda celeste y no había una sola correntada de aire. Todo parecía estático a esas horas de la mañana, pero eso era África: por donde sea que viera, biodiversidad animal y vegetal abundaban, aún cuando sus ojos no pudieran percibirlo. El pasto que pisaba, los insectos que descansaban entre el herbaje, seres microscópicos alimentándose, reproduciéndose… muriendo. La muerte era considerada una instancia más de la vida, y aún cuando fuera triste para algunos, representaba una oportunidad para otros… así había sido durante siglos. Un círculo, un ciclo que se retroalimenta a sí mismo, un ciclo sin fin: el Ciclo de la Vida.


Después de andar un buen tramo, Ahadi dejó de caminar erguido y se agazapó al acercarse a la cima de una pequeña colina, lo que hizo que Liara imitara la acción. La emoción y la expectativa se abrieron paso en sus entrañas y ambas sensaciones se detuvieron cuando el león dejó de avanzar.


—Mira eso, Liara.


La leona obedeció inmediatamente y vio con entusiasmo que bajo la colina, se extendía un inmenso territorio cubierto de hierba que, a lo lejos, alojaba una considerable manada de cebras pastando. La calma de la mañana contrastaba con el interior del corazón de Liara, que latía agitado ante el hecho que se desplegaba en su laboriosa mente: Ahadi la había llevado a cazar.


“Espera un momento.”


AHADI la había llevado a cazar. Percatarse de esto hizo que la leona torciera el gesto, que pasó desapercibido para el rey. Se suponía que la primera cacería sería con Avina. No había tenido oportunidad de hacer una demostración frente a ella, así que no le extrañaba que no la hubiera llevado. Pero luego, estaba la edad. Confundida por el repentino recuerdo, preguntó:


—Pero… ¿no se supone que lo tengo prohibido? Aún no llego a las trece lunas.


—Bueno, ser el rey tiene sus ventajas—le dijo, guiñándole un ojo—y teniendo 11, me has demostrado que ya estás preparada para esto.


Al oírlo, Liara le sonrió ampliamente. Ansiaba con todo su corazón que este día llegara, y por fin lo había hecho.


— ¡Muchas gracias papá, prometo que no te decepcionaré!—la leona se abalanzó sobre él en su versión de un abrazo, y Ahadi rió con ganas, tanto por la muestra de afecto como por la forma con la que se había dirigido a él. Era la primera vez que lo llamaba “papá”, y había algo de confortante y bonito en que se lo dijera una niña que no compartía vínculo biológico con él.


Al separarse, Ahadi le dio un pequeño empujón con el hocico y le susurró “Ve y hazte de una grande, campeona.”


Liara le devolvió una sonrisa dentada y enorme, algo que, si no fuera porque se trataba de una leona contenta, hubiera resultado espeluznante. Luego, echó un vistazo a su alrededor y decidió que sería mejor si se acercaba a la manada por un lugar más llano para evitar llamar la atención de los mamíferos; por lo que volvió sobre sus pasos unos metros hasta que dio con un camino que cumplía con dicho requerimiento. El rey contempló su andar y asintió con una sonrisa en apreciación. 


“Bien pensado.”


La leona retrajo sus orejas de forma instintiva y repasó mentalmente todas las técnicas que había aprendido con Nyah, comparándolas con las que ella misma había estado creando. Llena de determinación, avanzó con sigilo a través del forraje crecido hacia la manada de cebras que pastaban con serenidad, totalmente ajenas a lo que estaba a punto de ocurrir. El corazón de Liara palpitaba enloquecido y se obligó mentalmente a calmarse, pues sabía que necesitaba estar concentrada. Así que comenzó a respirar profundamente, inspirando por la nariz y expulsando el aire lentamente por la boca, tal y como Rafiki le había enseñado.


“Acércate todo lo que puedas” le recordó la voz de Nyah.


Los dedos de sus patas se acoplaron a la rugosidad de la tierra a medida que los separaba con delicadeza, cuidando de no hacer ni un sonido, y avanzó con sigilo.


Ahadi vigilaba la escena expectante, admirando el perfil de Liara al considerar que, siendo su primera caza, actuaba como si estuviera habituada a ello. Pasaron unos cuantos minutos hasta que una voz grave y quieta lo inquirió por detrás.


— ¿Papá? ¿Qué estás haciendo?


Ahadi se sobresaltó un poco. No había escuchado la aproximación de su hijo, y se volteó rápidamente para encontrar un par de ojos verdes que lo examinaban con interés a él y al paisaje que tenía por delante.


— ¡Taka! Cielos, hijo mío, no te oí. ¿Qué ocurrió?


—Sabes que tengo el sueño ligero.


El rey asintió, algo exaltado aún.


—Oh, sí, siento mucho haberte despertado—lo observó durante un momento y añadió—Eres muy silencioso, en verdad no te oí venir. Serías un buen cazador tú también—bromeó.


—Ya de eso se encargan las leonas—respondió secamente. Hizo una pausa— ¿Qué haces?


—Ven, acércate. Seguro que querrás ver esto—le dijo, torciendo una media sonrisa y ofreciéndole una mirada cargada de complicidad.


Taka obedeció, extrañado por el gesto. Se agazapó levemente cuando su padre se lo indicó y se echó junto a él como una esfinge, con la cabeza gacha. En un primer momento sólo vio la manada de cebras y estuvo a punto de preguntarle qué tendría de interesante un montón de equinos pastando; pero una segunda inspección, más afilada, le permitió divisar a una leona cuyo pelaje color chocolate se tornaba avellana donde los rayos de sol incidían. Su corazón dio un pequeño vuelco al advertir de quién se trataba. Jamás podría confundirla. La observó acercándose con lentitud a los animales y sus ojos recorrieron interesados las atractivas curvas que delineaban su cuerpo delicado pero fuerte.


Ahadi soltó una risita por lo bajo.


—Estás embarrando el suelo con tu saliva, hijo mío. ¿Necesitas ayuda con eso?


Taka se estremeció y cerró sus párpados hasta la mitad frunciendo el ceño, molesto. No por la insinuación, porque era perfectamente consciente de ello hacía varios meses y no tenía problema en admitirlo; sino por la persona de quien procedía esa insinuación.


—No señor, estoy muy bien así. ¿No es que las leonas no tenían permitido cazar antes de cumplir las trece lunas? Liara aún no…


—Aún no las cumple, lo sé—lo interrumpió, y siguió observando.


Taka no quiso abandonar el tema.


—Y entonces ¿por qué la trajiste aquí a cazar?


—Porque Liara ayer me ha demostrado que es perfectamente capaz de hacerlo, y tiene un profundo deseo de formar parte de la cuadrilla y traer alimento a la manada. Ya has visto lo veloz que es…—le dijo, mirándolo de reojo.


—Sí, es la primer leona que veo que corra tan rápido.


—…y es astuta y ágil. Sabe cómo defenderse y cómo actuar bajo presión. No tengo dudas de que le irá muy bien después de esto. Si hoy lo logra, se convertirá en la cazadora más joven.


Taka asintió, pero luego arrugó un poco su nariz.


—A mamá no le gustará esto.


—Lo sé. Pero lo entenderá y aceptará cuando vea lo feliz que es haciéndolo.


Ambos se quedaron en silencio al ver que Liara se detuvo. Estaba a muy pocos metros del grupo y pasaron varios minutos en los que no hubo un solo ruido, ni siquiera de los animales. Dos… tres. Cinco minutos. Liara no se movió ni un centímetro y la expectativa de su pequeño pero fascinado público creció. Por fin había llegado el momento que ansiaba tanto, por fin podría hacer algo por su nueva familia… por fin se convertiría en una leona. Al apoyar la pata en un intento de dar un paso más, una de las cebras se alarmó, lo que hizo que todas la imitaran. Liara supo entonces que habían detectado su presencia y que ya no tenía ningún sentido mantenerse callada. Rugió ferozmente y se lanzó en persecución de ninguna cebra en particular, puesto que al estar quietas no podía distinguir cuál sería la más débil. Separándolas en su patrullaje, vio que una de ellas rengueaba levemente. Quizás en una caza anterior alguna leona había llegado a herirla. En ese momento, fue como si el resto de la manada desapareciera de su visión periférica: dicha cebra se convirtió en su único objetivo y comenzó a perseguirla enérgicamente. Sus músculos comenzaron a calentarse al correr y todos sus sentidos se agudizaron, lo que hizo que expusiera sus garras. Sus pupilas sólo se focalizaron en su presa, que ahora olía estupendamente, y el verde terreno pasó a ser un manchón borroso avanzando a una velocidad impresionante. El viento sacudió brutalmente sus orejas erguidas mientras el aire refrescaba sus pulmones rítmicamente, y luego de un buen tramo, su cuerpo le imploró que se detuviera: perseguir a muerte a alguien era muy diferente de correr por placer. Pero estaba tan cerca…


“No te des por vencida, Liara.
Corre, corre,
¡CORRE!”


Después de auto motivarse,  no tardó mucho en darle alcance, porque la cebra dio un mal paso que hizo que se torciera el tobillo de la pata herida; lo cual, si bien no hizo que se tropezara, le dio a Liara la oportunidad que esperaba. Saltó y se abalanzó sobre ella con otro rugido. Sus garras se extendieron en el aire una vez más y mientras la gravedad tiraba de ellas, las forzó a arañar el trasero de la cebra… y ambas cayeron al suelo.


—Vaya, se ha acercado mucho a la manada. —puntualizó Ahadi.


—Récord de los 20 metros. ¿Qué tal eso, eh?—fanfarroneó Taka.


Liara se apresuró a tomar posesión de la presa aprisionándola con su propio peso, y mordió con fuerza su cuello. Tenía la intención de matarla por desangre rápidamente, pues no compartía la idea de asfixiarla. Creía que eso era tortura. La cebra dio unos cuantos movimientos espasmódicos durante varios minutos mientras ella luchaba por mantener sus colmillos clavados en la carne, y luego de lo que pareció una eternidad, el animal se dio por vencido al sentir el debilitamiento de sus extremidades. Finalmente, tras dar unas últimas bocanadas de aire, se rindió ante los brazos de la muerte y la leona retiró sus dientes, intentando recuperar el aliento. Entretanto, los efectos del torrente de adrenalina se desvanecían permitiendo que todas las sensaciones volvieran a la normalidad, y fue en ese momento que escuchó los pasos de dos leones que se aproximaban a paso resuelto.


— ¡Excelente, Liara! ¡Has estado fenomenal!—la aduló Ahadi.


Liara limpió los restos de sangre de sus colmillos con su lengua y antes de volverse hacia él, pasó una pata por su hocico para arrastrar cualquier vestigio remanente.


—Felicidades, Liara. —dijo Taka, ofreciéndole una media sonrisa—Oficialmente ya formas parte de la cuadrilla de caza.


Liara dirigió su mirada al león de pelaje oscuro y sonriendo de punta a punta, le respondió:


— ¿Taka? ¿Qué haces aquí? Creí que sólo estaría él —se refirió a su padre con un ademán de su cabeza.


—Oh bueno, así sería, si no fuera tan escandaloso. Especialmente cuando intenta no serlo.


Ahadi le propinó un empujón con una de sus patas juguetonamente.


—Vamos, ya dije que lo sentía.


—No te preocupes. No es algo de lo que quería perderme, de todos modos—añadió, volviéndose a ella con una mirada profunda y una gran mueca.


Ella lo miró, un poco avergonzada. Estaba acostumbrada a que la mirara así, ya que ignoraba que tuviera sentimientos hacia ella que excedieran los de la amistad; e incluso solía devolvérsela en gesto de una complicidad que sólo ellos compartían.  Pero hoy todo era diferente. Ella se sentía diferente.


—Bueno, sé que no les pareció tan emocionante como lo estuvo para mí.


—No estés tan segura—respondió el viejo león— nos mantuviste entretenidos todo el tiempo.


—Y mira nada más, es una bien grande —señaló Taka aproximándose a la presa.


Liara no podía pero sentirse halagada por los comentarios de sus compañeros, aunque prefería creer que sólo estaban exagerando. Estaba orgullosa por lo que había logrado, pero le gustaba más ser la única que se deleitara con el sentimiento. Rió suavemente y luego habló:


—Ya, ya. Sólo quiero irme a casa.


—Desde luego. Debemos organizar la ceremonia de presentación ante la cuadrilla de caza—confirmó Ahadi, volviendo a su faceta de rey.


Liara había olvidado por completo ese detalle. Disfrutaba mucho de las ceremonias, pero detestaba enormemente ser el centro de atención. Taka, que la conocía muy bien, percibió el cambio en el semblante de la leona enseguida, y procuró tranquilizarla.


—Relájate, es sólo por una vez.


—Sí, pero qué vez. —remarcó su amiga.


Taka y Ahadi soltaron una risa y decidieron que era tiempo de volver a casa. Pasarían un par de horas hasta que la ceremonia estuviera lista y no podían dejar que la carne se estropeara.
Era tradición que luego de la primera caza la leona llevara la presa a casa, a modo de trofeo. Sin embargo, era una cebra muy grande y el tramo hasta allí era bastante extenso, por lo que Taka se ofreció a llevársela y pasársela cuando estuvieran cerca de la Roca del Rey, para evitar que alguien viera que la cargaba por ella. Liara al principio estuvo en desacuerdo, pero su amigo insistió y Ahadi terminó de convencerla cuando dijo que no habría problema.


Así pues, los tres leones se encaminaron hacia su territorio. Liara caminaba con su rostro cargado de intranquilidad y la mirada perdida, algo muy inusual en ella considerando lo segura que solía estar de sí misma. Taka no dejaba de gastarle bromas para relajarla, y cuando vio que era inútil, intentó herir su frágil orgullo para traerla devuelta a la realidad.


—No puedo creer que te aterre más una ceremonia de iniciación que cruzar una estampida de ñus—le dijo con tono burlón—Te falta desarrollar sensatez, cazadora.


En cualquier otra situación, Liara se habría abalanzado sobre el león de inmediato desafiándolo a que repitiera lo dicho, y Taka probablemente lo hubiera pensado dos veces antes de hacerlo para evitar el ataque de cosquillas o mordiscos. Claramente esta no era una de esas situaciones, y la leona se limitó a dirigirle una débil sonrisa. Ahadi, por su parte, rió por lo bajo al escuchar el comentario de Taka, aunque en el interior, sabía que eso era verdad. Su estómago se contrajo en preocupación al recordar los acontecimientos del día anterior y decidió que comenzaría a darle clases de defensa junto a sus hijos. Si iba a participar en eventos riesgosos, más vale hacerlo preparada.


Poco antes de llegar, Taka le pasó la cebra a Liara, y continuaron su viaje hasta adentrarse en la extensa llanura cubierta por el más verde y tierno de los céspedes. Notaron que la mayoría de las leonas ya se habían despertado. Algunas bañaban a sus cachorros, otras permanecían echadas recibiendo con gratitud la calidez del sol matutino. Al pasar a su lado, las leonas no pudieron evitar mirar a Liara con sorpresa. Muchas sonrieron y emitieron comentarios por lo bajo, como “Sabía que lograría hacerlo antes que las demás”, “Su madre estaría orgullosa”, “Será una excelente cazadora. Mira nada más el tamaño de esa cebra”.


Uru estaba recostada junto a Nyah, y ambas charlaban animadamente. Como si por instinto hubiera detectado la presencia de su esposo, desde donde estaba, dirigió su mirada en dirección a él, y le dedicó la más preciosa de las sonrisas. Ahadi contempló su delicado rostro, recordando lo afortunado que era de tenerla como esposa, y le devolvió una igual de cálida. Pero cuando una familiar leona de pelaje oscuro entró en su campo de visión y llegó a vislumbrar la criatura que cargaba en su lomo, su expresión cambió considerablemente. Se puso de pie y corrió hacia el trío que se acercaba. Cuando los alcanzó, sus ojos ocre rojizo se posaron sobre Liara, y dando vueltas a su alrededor, inspeccionó cada centímetro de su cuerpo, buscando signos de lucha y controlando que estuviera entera.


—Uru… tranquila, ella está bien. —comenzó diciendo Ahadi.


Uru le clavó una mirada severa, y sin que mediase palabra, el león captó al instante el mensaje que rezaban sus ojos: “Estás en problemas”. Ahadi podía ser el rey, pero él tenía su propio jefe. Le dedicó una sonrisa dentada y sus ojos verde esmeralda se ensancharon como los de un perrito que había sido descubierto bebiendo del retrete; en un intento de aliviar la tensión. Desde luego, falló.


La reina cambió su semblante nuevamente y sus facciones se tiñeron de preocupación al dirigirse a su hija adoptiva:


—Por los dioses, Liara, ¿estás bien?


—Tranquila mamá, estoy bien.


—Está perfectamente, ¿acaso no ves el enorme animal que carga en su lomo?—dijo Taka.


—Por supuesto que lo veo. ¿Vaya, tú cazaste eso?—Uru logró una sonrisa llena de admiración.
La aludida se limitó a asentir una vez, sonriéndole avergonzada con sus orejas retraídas. Podía sentir las miradas de todas las leonas de la manada clavadas en su nuca. Dejó la presa delante de ella y su madre se acercó rápidamente a acariciarla con su hocico.


—Estoy muy orgullosa de ti, Liara—dijo con sinceridad y calidez.


La joven leona le devolvió el gesto, sacudida por un profundo sentimiento de felicidad. Ahadi observó emocionado la escena, y luego, al ver que Taka lo miraba con una mueca, recordó lo que debía hacer. Dio unos pasos hacia las leonas, que contemplaban con interés los sucesos, y habló con su habitual tono de voz, grave, profundo y calmo:


—Como pueden ver, mi hija se ha convertido en toda una leona. Nos reuniremos en la Roca del Rey antes de que se ponga el sol para dedicarle su bien merecida ceremonia de iniciación. Estaré esperando a las leonas de la cuadrilla de caza cerca del lago, para recordarles sus instrucciones.
Las leonas asintieron al unísono, y habiendo concluido, todas regresaron a sus usuales tareas del día. Ahadi se alejó unos cuantos metros de allí, buscando a su mayordomo.


Luego, al divisar un cálao surcando el cielo, el gran león llamó a Zazú, quien descendió de inmediato.


—Muy buenos días, su alteza. ¿En qué puedo servirle hoy?


—Buenos días, Zazú. Por favor, llama a Rafiki y dile que daremos una ceremonia de iniciación.
—Enseguida, señor. Pero… ¿una ceremonia de iniciación?—el ave no había presenciado los hechos y lo miraba confundido.


Ahadi recuperó su sonrisa y le explicó.


—Sí, Liara ha cazado por primera vez. Hoy la iniciaremos para que entre en la cuadrilla.


— ¡A poco! ¡Qué buenas noticias! Ya mismo estoy en camino—hizo una reverencia y luego desplegó sus alas una vez más, impulsando el aire con sus plumas.
 
Al separarse madre e hija, Liara le preguntó:


— ¿Dónde están Muffy y las chicas?


—Están por los pastizales. Se han ido hace tan sólo un momento, si salen ahora quizás los alcancen en el camino. —Al ver que Liara miró al animal que yacía en el suelo, añadió—No te preocupes. Yo lo llevaré adentro. Vayan. —le sonrió.


—De acuerdo, gracias mamá. —La joven leona se dirigió a su amigo—Vamos, Taka.


Y ambos leones emprendieron carrera.


Ahadi, que llegó a verlos mientras regresaba, les gritó:


— ¡No se demoren demasiado! ¡La ceremonia será en un rato y tú debes alistarte, Liara!
Afortunadamente, ya estaban muy lejos como para que Ahadi percibiera el bufido exasperado de la leona.



— ¡C-Claro!—alcanzó a responder.


Esta es la música de fondo para la cacería.
Al principio iba a poner "Nala, is it really you?" de Hans Zimmer, pero  me atrae más la idea de poner música que sea distinta de la de la peli  original...
Y como no encontré el track por ninguna parte tuve que subirla yo misma. No sé si vuelva a hacerlo más adelante, pero es un track que me gustó muchísimo y a mi parecer quedaba muy bien con la escena Very Happy


Y adjunto este video también, que es el que me inspiró para escribir el capítulo. (Ahí va mi bebé  x3)

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Dom Ago 28, 2016 3:26 pm

Me encantaron bastante estos dos ultimos capitulos, Liara me resulta un personaje fantástico que encaja bastante bien con la historia, ademas me gusta como va el desarrollo de la historia y parece que los sentimientos comienzan a surgir hehe I love you . En fin, espero con muchas ansias el siguiente capítulo amiga ^^

Saludos :rugido 2

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Mar Ago 30, 2016 3:59 pm

Wow genial los capitulos espero que sigas la historia me gusta mucho espero que Liara confiese sus sentimientos y tambien que le salga bien su primera caceria 
Saludos  :sim:
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Sep 02, 2016 12:22 am

Uuuuh!!! La primera caza de Liara Very Happy que emoción x3 crecen tan rápido 
Ok no 

(Me encanta el video cómo se le mueven las orejitas a la leona I love you)

Y... Oh mai ga! Esos sentimientos... se nota que ya no son unos cachorros. Ya quiero saber cómo continuará esto Razz cada vez se pone mejor!!
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Vie Sep 02, 2016 1:41 am

buenos capitulos amiga firsthuntress vaya ya poco a poco sera una gran leona y que bonito disfrutar de la vida en la manada saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firsthuntress
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Capítulo XVII: La iniciación

Mensaje por firsthuntress el Vie Sep 02, 2016 2:59 pm

@Aisha escribió:Me encantaron bastante estos dos ultimos capitulos, Liara me resulta un personaje fantástico que encaja bastante bien con la historia, ademas me gusta como va el desarrollo de la historia y parece que los sentimientos comienzan a surgir hehe  . En fin, espero con muchas ansias el siguiente capítulo amiga ^^

Saludos 

¡Hola, Aisha!

Me alegra que te hayan gustado y que pienses eso de mi personaje, en verdad me emociona ver que tiene tan linda recepción :'3

Aquí te dejo la continuación!!


@princesstwivinecadenza escribió:Wow genial los capitulos espero que sigas la historia me gusta mucho espero que Liara confiese sus sentimientos y tambien que le salga bien su primera caceria 
Saludos  



¡Hola, princesstwivinecadenza!
Qué bueno que te hayan gustado Very Happy Liara tiene sus sentimientos deambulando por ahí, pero en ocasiones es muy despistada... o quizás no quiere ver lo que pasa. No sé, ni siquiera yo la entiendo a veces xD 
La cacería ha ido de maravilla, ahora verás lo que ocurre a continuación.

@LillyDiaz18 escribió:Uuuuh!!! La primera caza de Liara  que emoción x3 crecen tan rápido 
Ok no 

(Me encanta el video cómo se le mueven las orejitas a la leona )

Y... Oh mai ga! Esos sentimientos... se nota que ya no son unos cachorros. Ya quiero saber cómo continuará esto  cada vez se pone mejor!!

Hola Lilly! jajaj sí, los niños son así. Un día te descuidas y ¡pum! ya pegaron un estirón.
Ese video me encantó, no hay muchos en youtube que sigan la carrera de la leona tanto como ese (y es verdad, sus orejitas son tiernas)

JAJAJA Taka está empezando a sentir cosas (?)

Me alegra que te haya gustado Very Happy 


@KIRAN27 escribió:buenos capitulos amiga firsthuntress vaya ya poco a poco sera una gran leona y que bonito disfrutar de la vida en la manada saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga firsthuntress

¡Hola Kiran!

Todos están creciendo tan rápido, se me escapan de las manos como un puñado de arena D:

Qué bien que te hayan gustado los capítulos, espero que disfrutes el siguiente también n.n



Hola manada!

Este es un capítulo especial. Considero que para la cultura de los leones obtener una presa grande sin ayuda es un acontecimiento digno de reconocimiento, (aunque en realidad las cacerías se hagan en equipo, como seguramente sabrán), uno que además, marca un hito en la vida de una leona. En este capítulo traté de plasmar esa importancia sin que pierda el encanto que me gusta imaginar que tiene, y a pesar de que fue un poco difícil, creo que lo logré. Espero que ustedes disfruten leerlo tanto como yo escribirlo.

¡Gracias por leer! 



Rugidosss  :rugido 2





— ¡Estás de broma! —exclamó Sarabi, que había dejado de asear sus patas delanteras.


Al ver que la expresión nerviosa de su amiga se mantuvo imperturbable, la leona abrió aún más sus ojos.


— ¡¿Es en serio?! ¡Oh, dioses!


Sarafina y Mufasa dejaron de correr al escuchar el grito de Sarabi, irguiendo ambos sus orejas.


— ¡Shhh, baja la voz, Sassie! —Liara miró hacia ambos lados ansiosamente, mientras sus patas hacían la señal que reflejaba su súplica. Taka bufó y comentó, sonriendo:


— ¿Por qué debería de hacerlo? Toda la manada se enterará de todos modos.


—Pero no es necesario pegar el grito en el cielo.


De repente, el rostro de Liara fue bruscamente golpeado por un muro cálido y peludo cuando Sarabi se acercó a mimar a su amiga.


—¡¡Estoy tan feliz por ti!! ¡Once lunas, y ya eres toda una leona!


Liara no pudo evitar sonreír apenada.


—Gracias, Sassie.


— ¿Qué es todo este alboroto? —inquirió Mufasa, acercándose con el ceño fruncido—¿Y dónde se habían metido ustedes dos? Los hemos estado buscando por todas partes.


—Liara ha ido a cazar Muffy, ¡y ha conseguido atrapar su primer presa!—intervino Sassie, aún sin retirar su cuello del mentón de su amiga.


La mandíbula de Mufasa se descolgó de su sitio.


— ¿Eso es verdad?


“Oh, dioses.”


—Me temo que sí—murmuró la leona, preparándose para lo que venía.


— ¡Cielos, qué orgullo! ¡Esta guerrera estaba lista antes de nacer!


Liara cerró sus ojos justo a tiempo antes de que el largo pelo de las mejillas de Mufasa entrara en ellos cuando se abalanzó sobre ella. Ambos cayeron sobre el pasto humedecido por el rocío en un ataque de risas y gruñidos gentiles. Sarabi se unió a él y minutos después, su hermana ejerció un nuevo peso sobre la pobre leona.


—Oh, dioses, ¡van a asfixiarla antes de la ceremonia! —exclamó Taka entre risas.


— ¡Taka! ¡Maldito bastardo, ayúdame!


— ¿Estás loca? Esperé esto por seis lunas enteras, y al fin recibo mi premio —apostó su amigo, echándose a un lado con sus patas cruzadas y exhibiendo una mueca de satisfacción.


—El único premio que recibirás será la tunda que te daré cuando me liberen—Liara arrugó la nariz cuando dos lengüetazos de sus amigas removieron el pelaje de sus mejillas, y Mufasa logró aprisionarla entre sus patas en un abrazo desde atrás. Luego, frotó los pelos de su cabeza enérgicamente con su pata derecha cerrada en un puño.


La leona mantuvo sus orejas aplanadas contra su cabeza, con una mueca de disgusto. Acicalarse para la ceremonia le llevaría el doble de tiempo ahora.


—Lo sé. Pero mientras tanto, disfrutaré del espectáculo.
 


Momentos después, cuando todos se calmaron, los cinco leones se sentaron en círculo mientras tres de ellos la bombardeaban con preguntas como “¿Qué cazaste?” “¿Era muy grande?” “¿Luchó demasiado por su vida?” o “¿Cuántos metros lograste acercarte?”. Al verlos, cualquiera podría haber afirmado que estaban mucho más emocionados que ella por lo que había logrado, y hubiera estado en lo cierto. Sin embargo, a pesar de que no estaba muy cómoda en aquella situación, el alma de Liara aún lograba aferrarse a la emoción que le producía la contagiosa alegría de sus amigos, y pensó en lo afortunada que era por estar rodeada de leones que, aún cuando no eran hermanos de sangre, sentía como si lo fueran.


No tenía la más mínima idea de lo que le esperaba a continuación, y su mente exageraba las proporciones de su desconcierto. No le preocupaba tanto la ceremonia en sí, sino las decenas de ojos curiosos que estarían contemplándola durante el ritual. Adoraba y confiaba muchísimo en sus hermanos y hermanas de manada, pero eso no quitaba que la ansiedad la llevara a pensar en que estarían esperando el momento justo donde se equivocara o hiciera algo ridículo.


En muchas ocasiones, el entusiasmo de Sarabi y Sarafina le ofreció algunas pistas de lo que consistía una ceremonia de iniciación. Sabía por ejemplo que estarían presentes todos, que Ahadi daría algún discurso, que las cazadoras la recibirían de algún modo especial y (lo más importante, según sus amigas) es que era un momento magnífico, uno que jamás podría olvidar. “Oh dioses—pensó—jamás lo olvidaré. ¿Y qué si hago el ridículo?” Las imágenes de Koda y Saffira surgieron en su mente, alimentando su mayor preocupación.


Fue en ese momento, que una sombra ocultó el sol de mediodía por milésimas de segundo, obligándola a levantar la vista.


— ¡Príncipes! y… señoritas. El rey Ahadi solicita sus presencias en este momento.


—De acuerdo, Zazú. Estamos en camino—respondió Sarabi.


Los cinco leones se pusieron de pie, aunque Liara fue la que se mantuvo atrás de la desalineada formación. Cerró sus ojos mientras caminaba, pues conocía ese terreno tan bien que sabía de memoria los lugares donde pozos y piedras entorpecían su camino, y su mente se focalizó en sus entrañas revueltas y doloridas. Sus patas delanteras estaban heladas, al igual que sus orejas, y su estómago se cerró por completo. 


“Aiheu abamami, Señor dame fuerzas.”


Taka, que caminaba delante de ella, volteó su cabeza para mirarla de reojo, y al verla de ese modo, le dedicó una sonrisa incrédula.


—¿¿Acaso estás rezando??


—Taka, no estoy de humor.


El león bajó sus orejas: el tono de su voz era el más apagado que había escuchado nunca. Detuvo su andar y se paró frente a ella, para decirle con dulzura:


—Oye, tranquila. Es solo una ceremonia.


— ¿No puedo saltármela? De verdad no es necesario…


—De ninguna manera—respondió él enseguida. Luego su voz se suavizó— No porque seamos malos, sino porque te gustará.


Liara no respondió. Confiaba en lo que le decía su amigo, pero no en sí misma. No ahora con todas esas sensaciones abrumándola.


—No me dejes—le suplicó.


—Jamás.


Al llegar a la Roca del Rey, las leonas seguían distribuidas por todo el terreno, algo que le dio la pauta de que aún tenía tiempo. Sarabi y Sarafina permanecieron en la tierra, pues sabían que a quienes habían llamado en realidad eran a los hijos reales. Mufasa fue el primero en subir, y Taka dejó que su amiga fuera delante de él. Liara notó que sus patas le pesaban mucho más de lo normal en cada zancada que daba por la escalinata rocosa, pero apenas transcurrió un minuto hasta que llegó a la base del promontorio. Ingresó a la cueva siguiendo a su hermano, y una vez dentro encontró que Uru, Ahadi, Rafiki y Avina estaban hablando tranquilamente para ultimar los detalles de la ceremonia.


—Liara—la recibió cálidamente el mandril, quien la abrazó sonriendo.


—Hola, Fiki.


— ¡Cielos, estás temblando como una hoja de acacia en medio de la tempestad!


—Estoy algo inquieta.


Rafiki revisó la bolsa que siempre traía consigo, y extrajo una raíz similar a la de jengibre. Cortó un trozo con una navaja de hueso, y se lo proporcionó a la leona.


—Calmará tus nervios.


Liara observó el vegetal, y a pesar de su condición, logró sonreír. Esa raíz no era un calmante, era un bocadillo.


—Identifico una Raíz de Tiko cuando la veo, amigo mío—abrió su boca, descubriendo sus relucientes colmillos, y el mandril colocó la raíz sobre su lengua—Pedo gdaziaz.


—No tienes por qué preocuparte. Es un momento memorable y hermoso, Larie—la reina surgió detrás del mandril, y la observó con dulzura.


—Eso me han dicho.


Luego dirigió su mirada a la líder de caza, que comenzaba a retirarse, y se topó con sus ojos azules momentáneamente para encontrar que eran inescrutables.


—Liara—la llamó Uru.


— ¿S-sí?


—Ven, te ayudaré a limpiarte.


—Oh, de acuerdo.


Liara se echó junto a su madre, y estaba por comenzar a acicalarse el estómago cuando la detuvo la voz de la leona.


—Deja que yo lo haga.


—Mamá, no es necesario, puedo hacerlo yo misma.


—No lo dudo, pero hoy cazaste por primera vez. Deja que esta vieja leona aproveche el último momento que tiene con su pequeña cachorrita.


—No será el último—respondió ella con una sonrisa.


—Lo sé, pero es… simbólico. Ya sabes, después de esto los únicos que suelen ayudarte en esto son tus hermanas de caza o tu esposo.


Liara volvió a reír.


—De acuerdo.


Liara apoyó su cabeza sobre sus patas y permitió que las cálidas barbas de la lengua de su madre arrastraran la tierra y sudor que cubrían su pelaje. El contacto con el calor corporal de la reina y sus caricias poco a poco surtieron sus efectos, disolviendo la ansiedad y la tensión que momentos antes habían estado haciendo estragos con sus músculos, e incluso llegó a dormitar un poco. Sonrió levemente, pensando en lo bien que había hecho en acatar el pedido de la leona.


—Por todos los cielos, ¿qué has estado haciendo? —le preguntó cuando llegó a su cabeza.


La aludida se limitó a extender su pata en dirección al león de pelo dorado que charlaba con su padre, y Uru obtuvo su respuesta.
 


Una vez que hubo terminado, Rafiki se acercó a ella para ponerla al tanto de lo que pasaría y de lo que Avina podría preguntarle, aunque salvaguardando los detalles más importantes para no estropear la sorpresa. Las iniciaciones tenían ligeras variaciones con cada leona que se recibía, ya que todas las no iniciadas contemplaban el acontecimiento también. Y como ya se los habían mencionado, era uno de los momentos más bonitos que tendrían en sus vidas, por lo que debía ser único para cada una de ellas.


Liara escuchaba atentamente las indicaciones de Rafiki ahora que sus nervios se habían disipado, y antes de terminar, el chamán volvió a abrazarla.
—Lo harás bien, no te preocupes.


El próximo en acercarse, fue Taka. El león había hablado con el mandril mientras Liara recibía su baño y arregló con él para que le permitiese tener una charla con ella. Uru se dirigió a la salida de la cueva junto a su esposo y Mufasa, de modo que ambos quedaron solos.


—Rayos, prefiero a los ñus—murmuró Liara, recordando lo que le había dicho su amigo.


— ¿Podrías calmarte? —le dijo entre risas—Es sólo una ceremonia de iniciación, Larie. Ni siquiera es una ocasión en que estén presentes todos los súbditos. Sólo serán las leonas y nosotros. Ya sabes, papá dirá un discurso, tú caminarás hacia la cuadrilla y ellas te recibirán. Estaré allí todo el tiempo.


—Sabes que detesto…


—Que todos te miren, lo sé. Pero será sólo por un momento y luego podrás salir de caza con ellas, como siempre quisiste—Taka empujó su mandíbula inferior cariñosamente—Tranquila, al final del día lo habrás disfrutado y en unos años lo recordarás con añoranza.


Al ver que la leona no se mostraba muy convencida, decidió soltar una granada.


— ¡Por los dioses!, si te tomara como mi esposa ¿qué harías entonces?


Liara posó sus ojos sobre él por primera vez desde que se habían separado, y lo observó durante un prolongado momento. Abrió su boca en un intento de responder a su pregunta, pero no encontró las palabras. Taka optó por darle una oportunidad, esperando pacientemente sin alterar su sonrisa, y cuando ella volvió a recuperar la compostura, logró balbucear algo.


—B-bueno, pues…


—Dime, ¿qué harías? —el tono de Taka se había despojado de todo rastro de chiste, y ahora sonaba insistente— Si no soy el rey al menos seré Príncipe Segundo, tal y como lo dijiste. Siendo mi esposa, serías tan importante como la reina, y deberías estar presente en todas las ceremonias.


“¿En verdad ha dicho eso?”


—T-Taka, no es momento para…


—Por favor, no evadas la pregunta.


—No lo sé. Sería totalmente diferente.


— ¿Diferente cómo?


—En primera instancia, yo no sería el centro de atención.


Taka volvió a sonreír, aliviado por que no haya descartado la posibilidad.


—Entonces sólo te preocupa eso.


—Claro que sí. Adoro las ceremonias, tú lo sabes más que nadie.


Taka recordó el día en que nacieron los cachorros de Yolanda, y su sonrisa se ensanchó. Ese día, Liara se veía como una cachorrita.


—Pero ahora yo soy la homenajeada; y detesto ser la homenajeada. Cuando estoy nerviosa cometo grandes estupideces, y esta es una ocasión que jamás olvidaré. Todos se han estado encargando de preparar mi cerebro para guardar este momento en lo menos profundo de mi inconsciencia, para que cada día pueda recordarlo. Si cometo un error, si hago algo estúpido, el “momento más feliz de mi vida” pasará a ser el más patético.


Ambos escucharon cómo Ahadi había comenzado a dar su discurso, un indicativo de que pronto deberían salir de la cueva.


—De acuerdo, —dijo él, apresurándose para calmarla— escucha: en primer lugar, no existe posibilidad alguna de que cometas una estupidez, te lo prometo. Y aunque te las apañaras para lograrlo, habrá otros momentos que opaquen este… es más, aquel que se atreva a recordarte lo “mal” que lo pasaste en esta ocasión, recibirá una buena golpiza.


Liara sonrió.


— ¿Qué haría sin ti?


—Llorarías por tu penosa y triste existencia.


— ¡Siempre tan cariñoso!— le respondió, sacudiendo la cabeza.


—Lo sé, empalago a las leonas—Taka puso sus ojos en blanco, luego apoyó sus patas en los hombros de su amiga— ¿Estás lista?


—No.


—Esa es la actitud. Ven, ya falta poco.


A medida que se acercaron a la abertura de piedra, las palabras del rey sonaron cada vez con más fuerza.


…por generaciones. Y el día de hoy, una nueva leona se unirá a la cuadrilla de cazadoras, uno de nuestros más grandes orgullos…


—No puedo creer que vayas a ser una adulta ante la manada. No es justo, yo ya tengo melena—bromeó Taka.


—Pero a mí no me crece melena, bravucón. No es criterio de comparación.


—Es cierto. No puedes comparar lo mundano con lo majestuoso.


Liara le dio un codazo, y el león sólo pudo soltar una risa en respuesta. Lo que ella no sabía, es que había interpretado el sentido de esas palabras exactamente al revés.


Líder de caza, dejo en tus garras la aceptación de esta iniciada.


Esa era la señal. La leona respiró profundamente, y soltó el aire despacio para reunir valor.


Al salir de la cueva, Taka se desvió hacia la izquierda, pero Liara sabía que no debía seguirlo: el momento había llegado y era mejor enfrentarlo de una buena vez. Sus pupilas se contrajeron por completo cuando la luz del sol poniente estimuló los músculos que las circundaban, y al recuperar la visión, pudo ver que todas las leonas de la manada estaban allí presentes, sentadas. Las nueve cazadoras, por su parte, formaban un semicírculo perfecto cerca de la punta del promontorio, con su líder justo en frente del astro rey. Su pelaje iluminado contorneaba su esbelta y poderosa figura, y la sombra que contrastaba con ella le daba un aspecto mucho más temible y fuerte. Liara avanzó lentamente hacia ella con la mente en blanco y haciendo un gran esfuerzo por no demostrar la incomodidad que la abrumaba, hasta que de repente, sus orejas retraídas respingaron.


—Alto—ordenó la líder.


Liara se detuvo y sus ojos se desviaron momentáneamente a la derecha, donde pudo ver que Taka estaba sentado detrás del grupo junto a sus padres y hermano, sonriendo levemente. El orgullo estaba grabado en los ojos de su familia.


—Hoy es un día muy importante para nosotras, primeriza, pues sabemos que como nueva candidata, deseas unirte a La Hermandad. Es un honor recibir a alguien que comparte el noble deseo de servir a su familia, sin embargo, debo advertirte que convertirte en una cazadora es más que una necesidad para nuestra especie: es una tarea que conlleva gran responsabilidad. Cada día tomarás una vida sagrada entre tus garras y colmillos para satisfacer la necesidad de nuestros cuerpos de Ma’at; y el hacerlo, acarrea sus consecuencias. Es por eso que ser una de nosotras implica que aceptes ciertos términos y condiciones.


Hubo una pausa.


—La primera, es que esto es un trabajo en equipo, no una competencia. Una imprudencia de tu parte puede terminar en un desastre para el resto; así que acatarás a mis órdenes sin vacilar ni dudar. Si te digo corres, tú corres. Si te digo mata, tú matas. Si te digo “abortamos la cacería”, tú cancelarás tu búsqueda. ¿Queda claro?


—Sí, señora.


—La segunda, es que nos protegemos la espalda entre todas, pues cazar es una tarea ardua y en exceso riesgosa. La cuadrilla será tu nuevo refugio, y una baja en nuestras filas no sólo traerá dolor, sino también peligro. ¿Juras anteponer el bienestar de La Hermandad antes que el tuyo, sin importar las circunstancias?


Liara se quedó en silencio, y sus ojos recorrieron lentamente los rostros de las cazadoras que la contemplaban. Admiraba a cada una de esas madres guerreras que velaban por la seguridad de sus cachorros y familia; y a excepción de Saffira, todas tenían una mirada cálida, como si antes de que respondiera ya la hubiesen aceptado entre ellas. Tomó aire una vez más, y prosiguió:


—Sí, lo juro.


—Bien. Por último, es mi deber informarte que esto es más que una simple iniciación en la caza: es un nuevo comienzo para ti. A partir de hoy, serás considerada una adulta no sólo ante nosotras, sino también ante la manada. Asumirás la responsabilidad de tus actos dentro y fuera de las expediciones, siendo castigada ante tus fallas y recompensada ante tus aciertos; y en su debido momento, tomarás tu lugar en el Ciclo de la Vida. Habiendo alcanzado tu primer presa sola, has demostrado que tu cuerpo de Ma’at está listo, pero puede no ser lo mismo para tu Ka inmortal. Es por esto que debo hacerte una última pregunta, y tu respuesta significará tu aceptación definitiva… o tu rechazo, hasta que ambas partes de ti estén de acuerdo.


Avina se puso de pie y empezó a acercarse a ella, a lo que Liara reaccionó sentándose erguida, expectante y muy, muy nerviosa. La líder de caza exhibía una mirada azul tan severa que habría hecho temblar a cualquier presa, pero la leona no pudo evitar sentirse atraída a ella, como si se tratara de un remolino que succionara su atención y preocupaciones.


Habiendo acortado la distancia que las separaba; Avina tomó su rostro con una pata. Luego, con una garra, hizo una incisión en el estómago de la cebra que estaba tumbada a un lado. Con el denso líquido escarlata empapando sus dedos, manchó su frente con la marca de la Primera Sangre y un jadeo de admiración pudo percibirse entre el público que las rodeaba, mas Liara lo ignoró por completo, manteniendo su vista fija en los ojos de su nueva jefa.


Avina bajó sus patas, y su postura rígida apenas se modificó. Observándola atentamente, le preguntó:


— ¿Hay alguna razón por la que no debas seguir adelante, primeriza?


—No—dijo, con la voz temblándole un poco.


— ¡Dilo fuerte!—le espetó con dureza.


Ella no se esperaba esa reacción, y sus ojos se crisparon. Le lanzó una mirada nerviosa a su amigo, y al toparse con sus profundas esmeraldas, la invadió una sensación de seguridad. Liara regresó la mirada a Avina.


—No—dijo con más firmeza.


— ¡No te escucho, primeriza! ¡¿Quieres formar parte de esta cuadrilla?!


Los músculos de sus hombros se tensaron más que nunca cuando sintió una fuerza pidiendo a gritos salir de su pecho, pero la contuvo.


— ¡Sí!


— ¡Entonces respóndeme! ¿Hay algo que te impida buscar sangre con nosotras?


Liara no pudo tolerarlo más. La presión hizo hervir su sangre, y la fuerza que se batía en su pecho subió por su garganta como el magma de un volcán.


“Déjalo ir”


— ¡NO! —exclamó, y el rugido que acompañó a su respuesta rompió el silencio.


— ¡Eso es! ¡Así se habla! —Avina se giró hacia las leonas de caza, y exclamó— ¡Hermanas mías, dejémosle saber a todos que una nueva leona está entre ellos, acechándolos!


Un coro de poderosos rugidos pobló el aire y recorrió la Roca del Rey. La enorme tensión liberada en él contrajo el corazón de Taka tan rápido como las alas de un colibrí, y no pudo evitar acompañar la emoción del momento con su rugido. Uru y Mufasa se unieron a él y terminó por potenciarse con la explosión sonora de Ahadi. El gran monolito de piedra vibró bajo sus patas como si hubiera cobrado vida propia, y el aire cargado de energía condujo el calor del sol como el cobre lo hace con la electricidad. Rafiki, que estaba de pie detrás de Liara, asintió levemente.


“Se ha cumplido la voluntad de Aiheu.”


 El cálido viento removió las copas de las acacias arrancado algunas hojas, y luego rodeó al grupo de cazadoras, que comenzaron a cantar.

Aaha hi ya hi ya hi ya hi ya
We baba zingela, siyozingela baba!
(¡Hey padre, vamos a cazar!)


Hi ba la qhubekani siyozingela!
(¡A un lado, nos vamos a cazar!)


Ta ta ta!
Thatha, Mama wele le he, tatha, Mama wele le he,
(Tómalo, Mamá lo sabemos)


Zingela, baba!
(¡A cazar, padre!)

Este era sin dudas un momento de celebración. Liara se sintió muy feliz, pues los temores habían desaparecido por completo. Taka se acercó a ella entre risas, y dio varias vueltas alrededor de ella, incitándola a acompañarlo. Ella entendió el mensaje al instante y se dispuso a perseguirlo: ambos bajaron a los saltos por la escalinata de la Roca del Rey y en el revuelo, toda la manada los siguió por detrás. El pasto crujió ruidosamente bajo sus poderosas pisadas y el sol pareció pausar su ocultamiento, quedándose a contemplar el maravilloso espectáculo.

Uye yay!
(¡Ve por él!)


Oh!
Uye yay nibo!
(¡Ve por ellos!)

Las aletas de la nariz de Liara se sacudieron con violencia y de repente sintió como si flotara. La alegría y la fuerza que invadieron su cuerpo combustionaron como fuego y oxígeno, y los músculos de sus patas se contrajeron rítmicamente mientras aceleraba cada vez más.

Ah, hey, ah, hey, oh!
Ukunqoba! (¡Victoria!)

Avina, que la seguía junto a Taka, abrió los ojos en sorpresa cuando notó cómo incidía el sol en su cuerpo: un haz de luz, apenas perceptible, reflejaba sus contornos más de lo normal. Al recordar sus enseñanzas, lo comprendió…
 

Aiheu había designado una sucesora.



Esta es para cuando Avina insiste con su pregunta y luego todos rugen (yes, epicnesssss cheers )



Y esta es la canción en Zulu que cantan las leonas:

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Dom Sep 04, 2016 1:44 am

Este capítulo me dejó como.... WOW! no sé como describirlo XD

Estuvo increíble!!!! Al leerlo sentí que estaba ahí con Liara x3 La ceremonia fue tan hermosa que hasta me sentí mal por no haberle dado una a Lian en mi fic DX Todo estuvo tan bien descrito y organizado... Dios, ¿de dónde sacaste la inspiración para escribir esa parte? jaja
Y esa pieza del soundtrack de Piratas del Caribe quedó perfecta y super épica Very Happy Una vez más, amé la ceremonia x3

La relación entre Liara y Taka es tan linda I love you tengo muchas ganas de descubrir que va a pasar con ese par en el futuro... tengo un par de teorías que mi cabeza se va formulando, pero no quiero pensar en nada, prefiero seguir leyendo el fic jaja
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