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El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

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Capítulo VI: El sabor de la libertad.

Mensaje por firsthuntress el Vie Jun 17, 2016 11:37 pm

@KIRAN27 escribió:buen capitulo amiga firstthuntress espero que sigas pronto y me alegro mucho que sean grandes amigos ejej  vaya 40 grados pues aqui en mi pais en algunas ciudad han llegado mucho saludos y rugidos y un fuerte abrazo nwn

Muchas gracias KIRAN27! Me he demorado pero aquí vuelvo, con un nuevo capítulo Wink


Hola chicos, me ha llevado un tiempo escribir este capítulo pero estuve llena de cosas últimamente, y cada vez que me sentaba a escribir, surgía otra más. (Es una frustración porque surgían cada vez que me sentía inspirada, jajaja) Así que bueno, sin más preámbulos les dejo el capítulo 6 con nuevo personaje incluído, muajaja. ¡Espero que les guste!


A la mañana siguiente, Ahadi estaba recostado sobre el suelo de roca del promontorio mientras la reina aseaba a su hijo menor. A diferencia de su hermano, Taka adoraba los baños y por lo general terminaba dormitando bajo los cálidos lengüetazos de su madre; pero esta vez, la ansiedad superó la relajación: estaba deseando que terminase para poder ir a visitar a su nueva amiga. Muffy, por su parte, había sido pillado mientras dormía para recibir su baño, una nueva técnica a la que Uru comenzaba a recurrir para evitar que se escape; y al ya estar limpio se adelantó para ir a jugar con Sassie y Sarafina. Todo parecía desarrollarse con la normalidad de siempre, hasta que un cálao exaltado aterrizó sobre la Roca del Rey.


— ¡Señor!


Los ojos verde esmeralda del rey se posaron con curiosidad sobre la pequeña ave.


— ¿Zazú? ¿Qué ocurre?


—Señor, no va a creérselo, pero las jirafas están disputándose las tierras con las cebras otra vez. He intentado calmarlos, pero no me hicieron caso y ya han comenzado a pelear. ¡Vine tan rápido como pude! —las plumas zafiro de Zazú estaban totalmente desarregladas, algo que solía sucederle cada vez que se estresaba.
El rey suspiró. Los pleitos entre los herbívoros eran más frecuentes que entre carnívoros, y estos grupos de animales en particular constantemente estaban en guerra.


—Tranquilo amigo, gracias por informarme. Llévame hasta allá—luego se dirigió a su esposa—Intentaré volver enseguida, querida, estos animales me están dando jaqueca.


La reina le dio un beso suave. Estaba más que acostumbrada a estos acontecimientos y compadecía a su marido.
Antes de retirarse, el pájaro hizo una reverencia ante la reina. Luego agitó sus alas una vez más para tomar vuelo y surcó el cielo tan azul como su plumaje para guiar al fornido león que lo siguió rápidamente. Taka se removió entre las patas de su madre y giró su cabeza para mirarla.


—Todos los días es lo mismo con esos animales.


La leona dejó de asear a su hijo y le sonrió.


—Siempre han tenido problemas, y tu padre tiene una paciencia con ellos que al día de hoy continúa sorprendiéndome.


Hubo una pausa.


—Oye mamá, ¿te falta mucho?


—No corazón, ya estás. ¿Vas a jugar con los chicos?


El leoncito desvió la mirada un momento.


—Eh… tal vez más tarde. Ayer vi unas suricatas cerca de la charca, y una era grande como el trasero del Señor Topo.


La reina ensanchó su sonrisa.


— ¿De veras? ¡Vaya!—Uru pasó una de sus patas sobre el pequeño jopo de melena oscura de Taka, peinándolo hacia atrás—Debe ser impresionante. Pero no hagas esas comparaciones Taka, son groseras.


Taka volvió a despeinar los mechones de su cabeza cuando salió del agarre de su madre.


—Está bien, lo siento. Bueno, volveré más tarde mamá.


—Después de que veas a tu suricata busca a tu hermano y regresen para comer, ¿de acuerdo? ¡Y no se alejen mucho!


— ¡Sí mamá! —gritó el leoncito, emprendiendo carrera.
 
El cachorro no tardó mucho en llegar al prado, pero encontró que estaba vacío. No había indicios de la pequeña leona, aunque su aroma estaba fresco por todo el lugar, como si recientemente hubiera estado allí. Olfateó el aire para intentar seguirle la pista y para su sorpresa, percibió un olor diferente que hasta el momento había estado pasando por alto.
“Ese olor. ¿Dónde lo sentí antes?”, pensó. La mente de Taka estaba a punto de recordarlo cuando sus ojos dieron con la fuente. Efectivamente, no se equivocaba: un cachorro de león más grande que él y de pelaje dorado opaco lo observaba con desprecio. Era Koda.


— ¿Qué haces aquí, Koda? —preguntó Taka lo más amablemente que pudo.


La cara de pocos amigos del aludido logró torcerse en una sonrisa.


—Qué modales, Taka. ¿Así es como fraternizas con tus compañeros?


 —Fraternizaría mejor contigo si no fueses tan desagradable con todos.


—Oh, pero si lo hiciera las cosas serían mucho menos divertidas… para mí. —finalizó, acercándose sigilosamente a Taka.


—No me has respondido.


—Estoy aquí porque huelo a un intruso. ¿Acaso tú no lo sientes, Taka?


—No sé de qué hablas.


—No te hagas el desentendido conmigo. ¿Lo sientes o no, príncipe?


—Ya te he dicho que no sé qué te refieres—Taka había estado retrocediendo mientras Koda se acercaba amenazador a él, y pronto descubrió que ya no podía retroceder más: el árbol se entrometía en su camino.


—Me decepcionas, compañero. Como el príncipe que eres deberías estar resguardando tus tierras de los fisgones. Bueno… ¡quizás esto te dé una pista! —Koda levantó su pata izquierda con las garras extendidas, preparado para darle un zarpazo en la cara.


De pronto, los ojos esmeralda del leoncito percibieron un movimiento detrás del buscapleitos: una cachorra de león, con una roca entre las patas, le hacía señas para que se moviese. Y justo en ese instante, la pata que sostenía la roca hizo un lanzamiento limpio hacia la copa del árbol.


Una maraña de palillos y barro cayó ruidosamente en la cabeza de Koda, privándolo de su visión.


— ¡Agh!


— ¡Apresúrate, Taka! —gritó ella.


Taka salió pitando en dirección a su amiga, deteniéndose momentáneamente a observar con sorna al león que luchaba por quitarse el nido atascado en su cabeza. Por si fuera poco, el dueño de dicho nido volvió justo a tiempo de su desayuno y no recibió con mucha gratitud el espectáculo del gran felino que hacía pedazos su casa, y comenzó a picotear las patas del león que se batían sobre ella.
Taka explotó en risas, y Liara no pudo más que hacer lo mismo.


— ¡Voy a hacerte pedazos Taka! ¡A ti y a tu amiguita la intrusa! —bramó furioso—Tan sólo espera a que… ¡AUCH!


Los leoncitos  rieron otra vez y escaparon de allí antes de que la mole pudiera deshacerse de su distracción.
Habiéndose alejado una buena distancia, Taka aminoró la velocidad hasta que se detuvo, aún hilarante.


— ¡Eso fue genial Liara!


Ella rió en respuesta.


— ¡Vaya que sí! —la leoncita intentó recuperar el aliento—Pero… ¿qué le pasa a ese tipo?


—Siempre ha sido así con todos, no solo conmigo. Siempre anda buscando problemas donde no los hay.


— ¡Estuvo a punto de atacarte, Taka! Tu padre… ¿no hace nada?


La respiración de Taka aún era irregular.


—No, no puede. Es un cachorro aún, como nosotros. Sólo que es más grande. Por ley no puede hacer más que esperar y regañarlo a él o a sus padres, que no lo controlan. Boma y Shaksa son buena gente, no sé por qué salió así.


—Ya veo.


Los ojos de Taka se abrieron al darse cuenta de algo.


—Oh, no…


— ¿Qué pasa? —preguntó ella preocupada al ver su expresión.


—Koda sabe que no eres de aquí y que estás conmigo. Cuando logre sacarse ese nido de esa cabezota dura que tiene, se lo dirá a mis padres.


Las orejas de Liara se cayeron.


— ¡Oh! Lo siento Taka…


El leoncito la miró y las comisuras de sus labios se elevaron.


— ¿Bromeas? Me acabas de salvar de ese idiota—Taka la acarició levemente con su hocico—Gracias.


—No es nada—le respondió con una dulce sonrisa.


Ambos continuaron su camino a paso tranquilo y en silencio durante unos cuantos minutos. No sabían con precisión hacia dónde iban, pero no les importaba. Avanzaron observando con curiosidad el entorno lleno de vida y brillantes colores, hasta que Taka detuvo a su amiga con una pata. Cuando ella lo observó, pudo ver una sonrisa y una mirada cargada de complicidad poblando su rostro.
Al seguir la dirección que le indicaba su pata, comprendió de qué se trataba todo el asunto: una  bandada de avecillas un poco más pequeñas que los cuerpos de los leoncitos buscaban gusanos de los cuales alimentarse. Su plumaje, de un azul cobalto brillante con zonas negras y motas blancas, zarandeaba al compás de sus movimientos torpes cada vez que sus cabezas lograban extraer alguna lombriz de la tierra: eran pintadas vulturinas.


Liara le devolvió una mirada llena de malicia infantil y ambos se agazaparon al mismo tiempo. Sus colas se movían de un lado a otro a medida que se acercaban con sigilo a las pobres aves que ignoraban por completo su presencia, y no pasó mucho tiempo hasta que su expectativa y  ganas de jugar superaran sus precarias habilidades de caza: echaron a correr emitiendo rugidos que hubieran descostillado de la risa a cualquier animal mayor que ellos. Cuando todos los pájaros agitaron sus alas espantados y se produjo revuelo en todo el ambiente, dejaron de perseguir a cualquiera en particular, y lo único que importó a partir de ese momento fue la diversión de correr totalmente despreocupados por el prado, levantando el vuelo de varios insectos al revolver el pasto.


Taka observó a Liara, que comenzó a adelantarse más y más, y en la vigorosa emoción de la carrera, ignoró a sus pulmones y corazón excitados. Sólo se concentró en sentir las sensaciones del momento… y Taka saboreó la dulce libertad: ahora entendía por qué su hermano adoraba correr sin tener razones para hacerlo; se sentía estupendo. Puede que Taka fuera un cachorro, pero tenía edad suficiente para comprender que ser el rey no es sólo dar órdenes y pasársela bomba haciendo lo que quería. En numerosas ocasiones se había detenido a pensar qué se sentiría tener el peso de las decisiones importantes sobre el lomo, y si había sido bendecido con la capacidad de tomar las correctas. Y hasta ese momento, creyó ciegamente que era todo lo que anhelaba en el mundo... ahora, corriendo sin temor a equivocarse o a afectar la vida de alguien, notó que el título de rey no sonaba tan atractivo como antes. El aire que soplaba en su cara, el fresco aroma del césped abriéndose paso en las aletas de su nariz, el sol iluminando su mismísima alma y la preciosa melodía de las risas de su amiga hicieron que el leoncito dudara por primera vez si deseaba ser el próximo heredero al trono.
El leoncito aceleró el paso para intentar darle alcance a su compañera, y cuando lo logró, ambos sintieron las salpicaduras de agua empapando sus patas: habían alcanzado una pequeña laguna. Liara comenzó a salpicar a Taka a propósito, y este rió aún más.


— ¡Oye!


— ¡Ven, alcánzame si puedes!


— ¡Ahora verás! —le gritó, sonriendo.


El leoncito se agazapó en el próximo paso y se abalanzó con todas sus fuerzas sobre su amiga, haciendo que rueden en el charco de agua. Liara mordisqueó sus orejas y despeinó su jopo de melena oscura, mientras que él la obligó a hacer muecas graciosas con sus patas sobre su rostro.


— ¡JAJA! ¡Mírate, te ves como Rafiki! —Luego acomodó su voz para imitar la del mandril mientras movía el hocico de Liara como una marioneta—“Maeztro Taka debe comerze TO-DOZ loz ajoz para mejorar”.


La leoncita salpicó su rostro con agua y aprovechó la distracción para salir de debajo de él. Cuando retomó la carrera, levantó más tierra de la necesaria con sus patas al ver que Taka volvió para perseguirla.


— ¡Oye! ¡Me bañaron hoy! —se quejó entre risas cuando la tierra comenzó a embarrarse en su pelaje empapado.


—Bueno, parece que el futuro rey necesitará otro baño, ¡no vaya a ser que se presente ante sus súbditos tan desarreglado! —le respondió burlonamente.


Taka volvió a reír, pero de pronto, la diversión se desvaneció de su rostro.


— ¡Takaaaa! —pudo oír la voz de su padre a lo lejos.


Los dos amigos se detuvieron, y Taka miró el cielo que ya había dejado de tener el tono azulado del mediodía.


—Oh, no. Lo olvidé—dijo con tono preocupado al recordar que tenía que buscar a su hermano para ir a almorzar.


— ¿Ese es tu padre? —le preguntó la niña.


—Sí, olvidé que tenía que volver… lo siento Liara.


—Está bien, no te preocupes—aseguró la leoncita con una sonrisa—Iré a tu prado…


—No—la detuvo enseguida con una pata—No vayas ahí hoy, Koda debe seguir enfurecido y estará esperándote allí por lo menos hasta que el sol caiga por completo. Ese cabeza hueca no se da por vencido tan fácilmente.


—Oh, de acuerdo.


—Aún es de día. Ve con Rafiki y quédate con él esta noche.


— ¡Qué buena idea!


—Sí, solo… no le digas que te encontré, ¿de acuerdo? O dile pero hazle prometer que no le cuente nada a mi padre. Quizás tengo suerte y Koda no anduvo de soplón aún.


—Está bien.


—Intentaré guardarte comida hoy.


—No será necesario, comeré algo con Rafiki.


Taka estuvo a punto de protestar, pero Ahadi volvió a llamarlo.


—Nos vemos mañana, Larie.


—Adiós, Taka—le dijo con una sonrisa.


Y ambos leoncitos corrieron en direcciones opuestas.


Cuando subió por la pequeña colina, Taka vio a su padre y se apresuró a reunirse con él.


— ¡Papá!


El gran león se volteó.


— ¡Taka! ¿Pero qué haces aquí?
El león de pelo cobrizo miró a su alrededor y en su paneo, pudo divisar la Roca del Rey, que ahora era sólo una motita marrón en la distancia. Se había alejado más de lo que esperaba.


—Oh, lo siento, no pensé que estaba tan lejos.


—Por los dioses, me tenías preocupado. Ninguna de las leonas te vio y tu madre me dijo que debías volver a mediodía junto a tu hermano…—Ahadi inspeccionó a su hijo— ¿Hijo, que has estado haciendo?


Taka no tardó en darse cuenta de que se refería a su aspecto húmedo, desaliñado y lleno de barro.


—Oh, ¿esto? Eh… me caí. Estaba persiguiendo una pintada que sobrevoló una laguna y terminé ensuciándome. No me di cuenta en el momento.


El rey suspiró, y ofreciéndole una sonrisa comenzó a caminar devuelta a casa, seguido por su hijo.


—Ya sé que te gusta que te bañen, pero es tu madre quien lo hace, Taka.


—A ella le encanta bañarnos también, papá…—dijo con astucia el leoncito.


El rey soltó una risita.


Cuánta razón tienes, amigo mío.







Aquí dejo la canción para este capítulo. Es para la escena en que Liara y Taka corren para ahuyentar a las pintadas Smile





Última edición por firsthuntress el Mar Jun 21, 2016 1:35 pm, editado 1 vez
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Sáb Jun 18, 2016 10:11 am

Como siempre ha sido un excelente capítulo Very Happy
Ojalá en algún momento Liara logre presentarse ante la manada y ser aceptada (aunque esperemos que ese molesto de Koda no lo arruine >.<), en cuanto la canción, quedo excelente con la escena!, en fin, espero ansiosa la continuación.

Saludos y rugidos

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Capítulo VII: Con las patas en la presa

Mensaje por firsthuntress el Sáb Jun 18, 2016 8:36 pm

@Aisha escribió:Como siempre ha sido un excelente capítulo  
Ojalá en algún momento Liara logre presentarse ante la manada y ser aceptada (aunque esperemos que ese molesto de Koda no lo arruine >.<), en cuanto la canción, quedo excelente con la escena!, en fin, espero ansiosa la continuación.

Saludos y rugidos

Gracias por tu comentario, Aisha! Como pronto notarás, el anonimato de Liara llegará a su fin Wink Todo lo que viste reflejado en el capítulo fue por escuchar esa canción, así que me pone súper contenta que te haya agradado n.n


Inspiration mode ON. 
Jeje, aquí vengo con otro capítulo. Las ideas llegaron una tras otra y no pude evitar escribirlas.
*Empecé a hacer un dibujo de Taka y Liara, en cuanto lo termine lo publicaré* Very Happy
¡Disfruten!  :rugido



Taka suspiró de alivio cuando notó que su padre, en ningún momento de la cena trajo a Koda a la conversación. “Quizás sí sea un cabeza hueca después de todo” pensó con una media sonrisa. Procuró mantenerse atento a la conversación para que sus padres no sospecharan que ocultaba algo, y cenó en silencio, asintiendo cada vez que percibía que su madre o su hermano lo miraban de reojo o se dirigían a él. No era un gran hablador, así que su actitud pasó desapercibida por completo. Cuando terminaron de comer, había comenzado a anochecer y la manada asumió que ya era momento de descansar. Cada una de las leonas fue ingresando a la cueva caminando despacio, aunque charlando animadamente. Bostezos aquí y allá salían de sus fauces felinas a medida que se acercaban al cálido núcleo de la cueva. Las leonas de la partida de caza fueron las últimas en ingresar, ya que eran las más jóvenes y el cansancio se demoraba más tiempo en dominar sus cuerpos dorados, poderosos y esbeltos.
 
 
Para alivio de Uru, Mufasa no se opuso para dormir. Había estado corriendo como loco toda la tarde con Saffy y Sassie, testeando sus habilidades para correr, y estaba fulminado. Ni bien apoyó su cabeza en el suelo de piedra, cayó en un profundo letargo confirmado por sus ruidosos ronquidos. Al principio, estos le dificultaron conciliar el sueño al pequeño león hermano, quien dobló sus orejas hacia abajo con sus patas, arrugando la nariz. Sin embargo, conforme la noche azotó su ciclo circadiano, su respiración comenzó a tornarse más superficial y su rostro se relajó, rindiéndose finalmente al sueño, que lo recibió como a un viejo amigo.
 
 
 
 
Mientras tanto, en el Baobab, Rafiki acomodaba las hojas del lecho de Liara una vez más. El mandril era mayor, pero Aiheu le había concedido más energía por ser un chamán, y por lo tanto, se demoraba un poco más en sentirse adormilado.
 
—Así que has conocido al príncipe…—dijo, continuando la conversación.
 
La leoncita bostezó. Su fisiología se encontraba luchando arduamente para digerir la generosa ración de frutos que le había dado Rafiki. Sus papilas las degustaban agradecidas, pero el resto de su organismo no podía considerarse tan afortunado. No obstante, era apenas una cachorrita joven y esto aún no significaba problema para ella.
 
—Sí. Es un chico muy agradable. Ya se ha arriesgado dos veces para verme —comentó distraída, mientras se acomodaba en el mullido colchón.
 
—Es un dulce león. A veces viene a visitarme, ya sea por el simple hecho de venir a verme o para que lo ayude con algo. Su cuerpo es saludable, pero tiene problemas para dormir y la falta de sueño hace que sus defensas bajen, enfermándolo más seguido de lo que quisiera admitir. Al menos me visita un poco más que su hermano.
 
Liara irguió sus orejas.
 
— ¿Su hermano?
 
—Sí, tiene un hermano. Mufasa. ¿No te ha hablado de él?
 
La leoncita negó con la cabeza y frunció un poco el ceño, intentando atar los cabos sueltos. Luego, señaló el mural que se encontraba detrás de ella.
 
— ¿Esos leones de allí son ellos, verdad?
 
 
—Así es—asintió Rafiki— ¿Por qué?
 
—Entonces es eso a lo que te referías cuando me dijiste que me fuera. Sabías que encontraría a Taka—de pronto se interrumpió, para corregirse—Bueno, más bien fue él quien me encontró a mí.
 
Rafiki sonrió.
 
—Bingo.
 
Liara era una leoncita agradable y no tardaba mucho en socializar con otros, pero el paso inicial para hacerlo siempre le resultaba increíblemente difícil. Aún así, tuvo que preguntarle:
 
— ¿Por qué no ha dejado que conozca a su manada?
 
El mandril quedó un momento en silencio, sopesando la respuesta.
 
 
—Bueno, creo que es por lo mismo que pienso yo: eres la primera leona extranjera. Nunca ha llegado alguien aquí, y no sabemos con seguridad cómo reaccionaría su padre.
 
—El rey….—afirmó ella.
 
—Así es.
 
— ¿Eso no los metería en problemas a ustedes? —preguntó, bajando las orejas una vez más, sintiendo culpa.
 
—Oh, no. Ahadi no es como estás pensando que es. Es un gran león, tan amable como sus hijos. El problema no es que sepa de ti. El problema es tener que ver a cargo de quién quedarás. Dudo mucho que las leonas tengan problemas con aceptarte, son todas buena gente.
 
— ¿Entonces el problema no es su padre?
 
—Ahora que lo pienso, no —reflexionó.
 
Rafiki bebió agua de un cuenco pequeño que tenía cerca.
 
—Taka dijo que a su padre no le agrada que hable con extraños —recordó en voz alta.
 
—Oh, bueno, entonces ahí lo tienes. Conociéndolo a Ahadi, y tratándose de ti; el regaño que podría darle por eso no sería grave… pero bueno, los cachorros suelen maximizar esas cosas y procuran evitarlas.
 
—Creo que sé a qué te refieres—respondió ella con una sonrisa avergonzada.
 
Rafiki despeinó los mechones de su cabeza con cariño.
 
—De todos modos no es como si pudiésemos mantenerte oculta por siempre. Es el rey de quien estamos hablando, se enterará tarde o temprano.
 
Liara abrió los ojos aún más, alarmada por la insinuación del mandril.
 
— ¡Por favor, no se lo vayas a decir! Taka me matará si lo haces, me pidió que te hiciera prometerme que no hablarás de mí aún.
 
Rafiki rió e intentó calmarla cuando vio la manera en que le afectaba la idea.
 
—Cálmate pequeña, no diré una sola palabra—hizo una pausa—Sólo… intento prepararte. En el reino hay muchos animales; y no es que suelan andar con chismes al rey, pero ver al príncipe correteando por ahí con una leoncita que no pasa desapercibida genera rumores, y de algún modo u otro llegarán a oídos de él.
 
—En eso tengo que darte la razón—luego, miró su cuerpo— ¿No crees que tengas pintura color pelo-de-leona-lugareña por ahí?
 
Rafiki rió sonoramente.
 
—Me temo que no. No te preocupes mucho por eso, la reina es de pelaje oscuro también, como Taka.
 
—Aunque mis orejas sí me delatan…—continuó avergonzada, refiriéndose al tono oscuro de ellas.
 
—Son muy bonitas—dijo, extrañado por el comentario.
 
—Pero seguro que nadie de aquí las tiene como yo. Son un rasgo de mi manada…
 
—Bueno, viéndolo desde esa perspectiva, sí. Pero no te mortifiques Liara. Ya te digo, no seré yo quien le hable al rey de ti, pero alguien más lo hará.
 
— ¿Lo has visto en mi futuro también? —le dijo en tono suspicaz, entornando los ojos.
 
—El acto de ver el futuro no es algo que brinde muchos detalles—afirmó sonriente.
 
—Ya, pero lo dices como si estuvieras muy seguro de ello.
 
Rafiki la miró con un gesto de fingida culpa.
 
—Quizás haya presenciado algo del pleito con Koda.
 
— ¡Rafiki!—le dijo con tono de reproche—¡Ese bribón estuvo a punto de herir a Taka! ¿Por qué no lo ayudaste?
 
—Cuando te vi allí me contuve de interferir. Además, cuando se fueron, me encargué de él.
 
Liara la miró con ojos preocupados y curiosos.
 
— ¿Qué le has hecho?
 
—Oh, ya sabes…—comenzó a decir, tomando un Mango Africano entre sus manos y ensanchando su sonrisa— quizás calmar sus nervios.
 
La leoncita miró el fruto, uno que casualmente, conocía muy bien. Muchas madres de su manada lo utilizaban para dormir a sus hijos cuando después de horas de intentar convencerlos, se negaban a descansar. Una pequeña porción, y dormían como osos en hibernación.
 
—Lo drogaste—le dijo en una mezcla de risa y reproche fingido.
 
—Sólo un poquitito.
 
— ¡Rafiki!
 
—Oh, vamos, ¡no me vas a decir que no me lo agradeces!
 
— ¡No! —exclamó, aunque luego vaciló—B-bueno, sí… un poco.
 
El mandril rió.
 
—Eso lo contendrá de abrir la boca por hoy.
 
—Al menos Taka no será regañado por andar encubriendo a una forastera—dijo ella en un intento de consolarse.
 
—…por hoy—remarcó Rafiki.
 
—Sí, por hoy…
 
 
 
 
Al día siguiente, Mufasa se acercó a su hermano mientras éste contemplaba sus garras y se preparaba para ir a lo de Rafiki.
 
— ¡Hey, Taka! ¿Quieres venir a ver cómo las chicas y yo hacemos enfadar a Uzuri?
 
Taka levantó la vista, y una de sus orejas se agitó para espantar a una mosquita que revoloteaba cerca de ella.
 
—Quizás luego.
 
Muffy no estaba esperando esa respuesta.
 
—De acuerdo vam—se interrumpió al darse cuenta de que Taka no iba a seguirlo, y alzó una ceja inquisitiva—Oye, ¿qué te pasa? ¿Estás enfadado conmigo o algo?
 
—Siempre estoy enfadado contigo—dijo, con una leve sonrisa asomándose por las comisuras de sus labios.
 
—Ya, pero ahora más que de costumbre. Ayer no te vi en todo el día.
 
—Estaba ocupado.
 
— ¿Haciendo qué?
 
—Queti.
 
— ¿Queti? —repitió, arrugando la nariz confundido.
 
—Quetimporta lo que andaba haciendo.
 
Mufasa bufó exasperado.
 
—Bien, no me lo cuentes, tampoco es que me importase—aseguró, comenzando a retirarse.
 
—Mmmh. —asintió burlón Taka, mientras se limpiaba una pata delantera.
 
Al ver que no desistiría, el león de pelo dorado volteó y tomando envión, se lanzó sobre su hermano.
 
— ¡Vamos, dímelo! —exclamó en tono suplicante mientras tomaba sus patas entre las suyas, apartándolas de su cara.
 
— ¡Agh! ¡Quítate de encima!
 
— ¡No hasta que me lo digas!
 
—No voy a decirte nada—el leoncito lo fulminó con la mirada y continuó—Quítate o se lo diré a mamá.
 
Y por supuesto, esa amenaza fue la menos inteligente que se le pudo haber ocurrido.
 
—Y yo le diré que tú estás ocultando algo.
 
Taka lo miró con desconcierto.
 
— ¿Niños? —Era Uru, que se asomaba por la entrada de la cueva.
 
—Hola, mamá—dijo Taka, ondulando sus dedos con una sonrisa dentada. Mufasa lo miró con una mueca satisfecha, y habló:
 
—Estaba tratando de convencer a Taka de venir conmigo y las chicas a la charca, mamá.
 
— ¿En serio? —dijo sonriente la reina—Es una gran idea Taka, hace mucho calor hoy. Les vendrá bien refrescarse.
 
Taka arrugó su frente, y lanzó una mirada irritada en dirección de su hermano, quien intensificó su sonrisa.
 
— ¡Bah! De acuerdo. Vamos a tu tan preciada charca —resopló el león.
 
— ¡Sííí! —canturreó victorioso Mufasa, encaminándose hacia la salida de la Roca del Rey.
 
Taka lo siguió con aprensión, y antes de salir, su madre le dio un pequeño empujón con el hocico.
 
— ¡Diviértanse! —les dijo.
 
 
 
 
Momentos después, Muffy, Taka, Saffy y Sassie se encontraban detrás de una roca, acechando a la leona de pelo toscano y ojos azul verdoso.
Uzuri era una de las leonas de la partida de caza, y sus sentidos estaban en alerta la mayor parte del tiempo. Es por esto que, cuando escuchó las inconfundibles pisadas de unos cachorros de león, fingió estar distraída. Taka era totalmente ajeno al aire cargado de picardía que reinaba entre los otros tres cachorros, y sólo buscaba idear una manera de alejarse de allí sin ser descubierto. Cuando captó el plan que Sarafina elaboró en una serie de engorrosas señas al estilo niño explorador, sonrió para sí. No le sería complicado escabullirse.
 
Los pequeños leones permanecieron agazapados durante varios minutos, observando con ojos atentos la figura de la esbelta cazadora que estaba echada panza arriba, absorbiendo deleitada los cálidos rayos del sol, aguardando el momento en que Mufasa decidiera dar luz verde al ataque. Cuando sus orejas se movieron con brusquedad hacia adelante, tres cachorros saltaron emitiendo gritos de guerra. La leona abrió los ojos abruptamente y con la rapidez de un rayo en época de Monzón africano, esquivó a los atacantes rodando sobre sí. Luego, se abalanzó sobre ellos y los aprisionó entre sus patas, sonriendo con malicia mientras los despeinaba escuchando sus quejidos.
 
—Regla número uno, niñitos: —sentenció— ¡nunca griten cuando intenten sorprender a su presa!
 
El cuarto cachorro, que se detuvo un momento  para ver el fallo de sus compañeros, rió por lo bajo y se escabulló entre el verde forraje con paso decidido.
Cuando por fin hubo llegado, inspeccionó el tronco del gigantesco árbol que se alzaba frente a él, buscando la entrada bien camuflada del hogar del chamán. Estaba a punto de deslizar una de sus garras para levantar la corteza, cuando ésta se abrió de golpe, haciéndolo caer de espaldas por el impacto en su nariz.
 
— ¡Oh, hola Fru-Frú! —exclamó el chamán, alegrado por verlo.
 
—Hola, Rafiki—respondió frotándose la nariz con una pata.
 
— ¡Lo siento mucho!, ¿te lastimé? —dijo, sacando sus pies del agujero, seguido por las patas de la pequeña leona.
 
—No, no es nada—mintió.
 
— ¡Taka! —exclamó la niña abalanzándose encima de él.
 
Recibiendo el nuevo peso, el leoncito percibió la felicidad de Liara y no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. Rayos, qué contagiosa era su alegría.
 
— ¡Hola, Larie! —dijo—¿Cómo estás?
 
—Muy bien—respondió, mientras dejaba que se pusiera de pie.
 
—Liara estuvo diciéndome lo bien que la has tratado estos días. No podría estar más orgulloso de ti, pequeño Taka.
 
Si el rostro del leoncito no hubiera estado cubierto de pelo, se habría notado a kilómetros de distancia cómo se sonrojaba ante el comentario.
 
—Oh, n-no es nada…—tartamudeó.
 
Rafiki rió y habiendo asegurado la puerta en el tronco, prosiguió:
 
—Bueno pequeños, tengo que irme. Necesito recolectar algunas raíces ahora.
 
—Raíces de Kentâk—aclaró sonriente la niña.
 
—Así es. Pórtense bien, ¿de acuerdo?—cuando ellos asintieron, se volteó y alzó una mano para saludar— ¡Nos vemos luego!
 
El mandril comenzó a caminar, pero una vocecita hizo que se detuviera.
 
—Eh… ¡Rafiki!
 
— ¿Sí, maestro Taka?
 
—No le dirás nada a mi padre, ¿verdad?
 
—Ya lo he hablado con tu amiguita. No te preocupes, seré una tumba.
 
El leoncito sonrió.
 
—Gracias.
 
Rafiki le guiñó un ojo y se retiró, apoyando su bastón a cada paso que daba.
 
—Bueno, ¿qué haremos hoy? —inquirió la leoncita sentada frente a él.
 
— ¿Qué te parece si vamos a mirar cómo pescan los pigargos?
 
—Suena fascinante—respondió con una sonrisa.
 
— ¡Entonces vamos! —exclamó emocionado el cachorro, mientras emprendía carrera en dirección a los lagos sureños.
 
 
 
Al llegar, los amigos se mantuvieron ocultos tras las densas hierbas que bordeaban el lago. Habían llegado justo a tiempo. Intentando mantener la charla al mínimo, observaron llenos de interés cómo las enormes aves descendían en picada para esquivar con una agilidad impresionante el espejo de agua, extrayendo de él un pez entre sus afiladas garras.
 
—Debemos mantenernos ocultos, no les gusta ni un poco que haya animales cerca de ellas cuando se alimentan…—hizo una pausa—Bueno, en realidad no les gusta nunca, son  unas cascarrabias—dijo entre susurros Taka.
 
—Oh, ¿de verdad?
 
—Sí… una vez vine con papá a verlas, aunque él es tan grande que no pudimos acercarnos como lo estamos ahora.
 
—Qué bonito—comentó.
 
Taka la miró confundido.
 
— ¿A qué te refieres?
 
—Que fueras a explorar con tu padre.
 
—Oh…—el leoncito vaciló, dudando de si preguntar o no lo siguiente— ¿Tu padre no… no te llevó nunca?
 
—Claro que lo ha hecho, muchas veces—luego continuó, con nostalgia—Es sólo que lo extraño.
 
Taka bajó las orejas apenado y apoyó una de sus patas sobre la de ella.
 
—Te entiendo—dijo con una débil sonrisa, intentando confortarla.
 
Ella lo observó un momento y luego apartó la mirada, volviendo a posar sus ojos verdes sobre las aves que seguían pescando, batiendo sus oscuras y enormes alas en el aire fresco de la sabana.
 
— ¿Cómo se llamaba?
 
— ¿Mi padre?
 
Él asintió.
 
—Daren—luego de una pausa, agregó—y mi madre, Asali.
 
—“La dulce como la miel” —pensó Taka en voz alta, regresando su mirada a las aves.
 
Liara lo observó con detenimiento.
 
—…así es—confirmó en un susurro.
 
La leoncita se sintió extraña. Reflexionando sobre los últimos acontecimientos, notó que Taka era el único que sabía algo de su pasado. Al ver su perfil, una oleada de cosquillas invadió su estómago: un jopo de melena oscura como la noche, despeinada y áspera; una frente amplia y delicada; ojos verde esmeralda grandes y elegantes; una nariz grande y ligeramente respingada; y una mandíbula robusta pero bonita. Sí, Taka era un leoncito agraciado. Liara intentó apartar sin éxito la extraña sensación que se batía en su pecho, y cuando él volvió a mirarla, sintió sus mejillas ardiendo.
 
“¿Qué rayos me pasa?” pensó preocupada.
 
Permanecieron observándose en completo silencio, con ojos rezumando curiosidad, pero sobre todo confusión, durante un prolongado momento…
 
 
…hasta que el chillido de un ave los sacó de su ensimismamiento.
 
Al volver a clavar sus ojos en el lago, vieron con inquietud que las aves habían dejado de descender y el lago estaba peligrosamente estático.
 
— ¿A dónde se fueron?—inquirió Taka, buscando a las aves por el paisaje que se extendía delante de ellos. Era imposible que desaparecieran tan pronto.
 
—No lo sé—respondió ella con voz queda.
 
De repente, y por alguna razón que ignoraron, miraron hacia arriba: una bandada de pigargos vocingleros enfurecidos bajaban a toda velocidad hacia ellos, y los leoncitos gritaron espantados a tiempo de que ponían en movimiento sus pequeñas patas entumecidas. Milagrosamente, no resbalaron una sola vez. Ambos corrieron por sus vidas, con sus cabezas giradas en dirección a las aves pescadoras que se acercaban a ellos, mortíferas.
Al no ver hacia dónde iban, Liara tropezó con una roca que se alzaba sobre el suelo de tierra, y Taka chocó contra ella. Los dos leoncitos gritaron del susto y el impacto hizo que cayeran por la elevación de tierra rodando y levantando una polvareda tremenda, hasta aterrizar de bruces en el rellano herbáceo de la pradera. Al abrir los ojos con dificultad, ambos se encontraron con un león fornido que los observaba con el ceño fruncido, y una avecilla azul que estaba posada sobre su lomo exhibía una mirada de desaprobación…
 
 
 
Era Ahadi.





Aquí dejo la canción correspondiente a la escena en que Taka y Mufasa tienen su pequeña discusión y luego van a molestar a Uzuri en compañía de las chicas Smile

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Dom Jun 19, 2016 1:41 am

¡Dios mio! Me ausento un día y ya publicaste dos capítulos nuevos (tan parecido a la escuela XD bueno no...)

En el primer capítulo me quedé como "Bueno, parece que ya la libraron y nadie sabe de Liara por ahora".... pero el segundo dio un vuelco ¡Ahadi! Y lo cortaste en la parte del suspenso  Shocked

Me dio risa la parte en que Rafiki le dice a Liara que drogó a Koda jaja y cuando Uzuri descubrió al trío de traviesos x3

Y... rayos, Liara, no!! >.< Una vez que los ves y te parecen lindos, eres caso perdido x3 En esas situaciones, a veces necesitamos a alguien tipo así :v

Spoiler:

Esta genial, me encanta como estas siguiendo la historia Very Happy Very Happy

Estaré esperando con ansias el próximo capítulo... necesito saber cómo va a reaccionar Ahadi o.o

¡Saludos!  :sim:
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Dom Jun 19, 2016 3:41 am

buen capitulo firsthundess espero ue sigas pronto que bonita amistad entre hechos y espero que los hermanos se han amigos o no se pelen saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga nwn
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Dom Jun 19, 2016 10:32 am

¿rafiki drogo a Koda? (ahora sabemos por que nunca fue avisarle a Ahadi jaja), este ha sido un lindo capítulo, parece que Liara comienza a sentir mariposas en el estomago (¡no te enamores Liara! xd), a parte que me has dejado intrigada con el final, esperemos que Ahadi no reaccione agresivamente pale

Saludos y rugidos

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por firsthuntress el Dom Jun 19, 2016 2:58 pm

@LillyDiaz18 escribió:¡Dios mio! Me ausento un día y ya publicaste dos capítulos nuevos (tan parecido a la escuela XD bueno no...)

En el primer capítulo me quedé como "Bueno, parece que ya la libraron y nadie sabe de Liara por ahora".... pero el segundo dio un vuelco ¡Ahadi! Y lo cortaste en la parte del suspenso  Shocked

Me dio risa la parte en que Rafiki le dice a Liara que drogó a Koda jaja y cuando Uzuri descubrió al trío de traviesos x3

Y... rayos, Liara, no!! >.< Una vez que los ves y te parecen lindos, eres caso perdido x3 En esas situaciones, a veces necesitamos a alguien tipo así :v

Spoiler:

Esta genial, me encanta como estas siguiendo la historia Very Happy Very Happy

Estaré esperando con ansias el próximo capítulo... necesito saber cómo va a reaccionar Ahadi o.o

¡Saludos!  :sim:

Hola Lilly!
Jajajaj, sí, la idea era cortarla ahí para ver qué pensaban (ya me lo ha hecho tanta gente mientras leía fanfics que dije ME VENGARÉ (?) y al fin ha llegado el momento jaja)
Con respecto al tema de Rafiki la verdad es que fue algo que se me ocurrió mientras lo escribía y no sabía como lo iban a tomar. Me demoré bastante en decidirme en dejarlo o no jajaj
Y coincido contigo, todos necesitamos un Nelson que nos traiga a la realidad antes de que sea demasiado tarde xD


@KIRAN27 escribió:buen capitulo firsthundess espero ue sigas pronto que bonita amistad entre hechos y espero que los hermanos se han amigos o no se pelen saludos y rugidos y un fuerte abrazo amiga nwn

Hola KIRAN27! Me alegra que te haya gustado. Veo que estás muy preocupado porque Taka y Muffy se lleven bien, pero créeme que sólo son esas típicas mini peleas de hermanos.

@Aisha escribió:¿rafiki drogo a Koda? (ahora sabemos por que nunca fue avisarle a Ahadi jaja), este ha sido un lindo capítulo, parece que Liara comienza a sentir mariposas en el estomago (¡no te enamores Liara! xd), a parte que me has dejado intrigada con el final, esperemos que Ahadi no reaccione agresivamente

Saludos y rugidos

Hola Aisha!
Ahora que lo pienso, "drogar" es una palabra fuerte. Sólo lo ha sedado con un fruto, nada grave xD


Lo siguiente es para todos:
Desde mi punto de vista Taka y Muffy son dos cachorros que crecen con una gran autoestima y orgullo (esto no tiene por qué ser precisamente malo) y esto dificulta que en su relación haya una armonía como por ejemplo, la que tienen Taka y Liara. Ambos creen que son los leones destinados a ser reyes... así que no me extrañaría que luchen o quieran "parecer mejores". Sin embargo son hermanos, y se adoran mucho. Sólo son traviesos xD

¡Tranquilos! Liara y Taka son cachorros, no tienen la más remota idea de lo que es el amor aún. Ambos están conociéndose y la relación que están desarrollando es simplemente por química.

Ahora que lo releo hay varias cosas que me gustaría cambiar. Creo que he puesto mucho diálogo (por favor, háganmelo saber. No he especificado más que acepto críticas para mejorar, pero lo dejo como algo tácito Smile )

En fin, ¡gracias por su apoyo y por seguir leyendo chicos! En cuanto pueda subiré el octavo capítulo Smile
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Jun 20, 2016 12:36 am

ejeje bueno no te preoucpes es bonito tener a un hermano que aunque  te piques mucho le quieres con locura esperamos tu siguiente capitulo con los brazos abviertso jeje saludos y rugidos y u fuerte abrazo amig firstthunttrees
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Lun Jun 20, 2016 9:25 pm

Grandioso esperamos con ansias el siguiente capitulo amiga firtshuntress a mi siempre me han gustado estas historias de la vida de scar sigue asi
Saludos  :sim:
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Capítulo VIII: Rindiendo cuentas ante el Rey

Mensaje por firsthuntress el Vie Jun 24, 2016 11:27 pm

¡Hola chicos! Hoy vengo con un nuevo capítulo y con una pequeña sorpresa: he hecho un dibujo de Taka y Liara, que dejaré para el final del capítulo. No tiene fondo porque aún soy muy mala para hacerlos, y por lo tanto me centro más en los personajes. Espero que sea de su agrado porque me demoré mucho en hacerlo, jeje. También quiero dejar dos pequeños avisos: 

el primero es que me he creado una cuenta en deviantart, y dejo el link aquí para el que desee echarle un vistazo http://firsthuntress.deviantart.com. He subido sólo dos dibujos, uno es el que ya publiqué en mi presentación (el de Liara) y el otro es el que dejo aquí. Pero más adelante iré subiendo otros que no tienen nada que ver con el Rey León y quizás quieren verlos. Sin embargo consideraré más adelante lo de abrir una galería aquí, cuando reúna más dibujos. 

el segundo aviso es que dejo publicado este capítulo y tendré que ausentarme un tiempito, porque estoy a un mes de dos exámenes finales y necesito concentrarme full-time en ellos si quiero aprobar. Volveré recién después del 2 de agosto, que es cuando rindo el último. 

En fin, ojalá que lo disfruten y esperaré a desocuparme para leer y responder sus comentarios.
Quiero agradecerles a todos por leer, prometo que actualizaré cuando regrese Very Happy

Adieu



Liara se encontraba en una posición bastante incómoda bajo el cuerpo de Taka, con la barbilla sobre el suelo y sus patas delanteras extendidas y aprisionadas dolorosamente  por el peso de ambos. Contempló con ojos redondos como platos al Gran Rey León que se erigía como una estatua formidable frente a ella y que no había modificado un ápice de su expresión severa. Taka, por su parte, se encontraba petrificado y con la mente totalmente en blanco por primera vez en su vida, observando a su padre con tanta estupefacción como la niña. Al notar que por su silencio esperaba a que dijera algo, dejó caer sus orejas y logró una sonrisa llena de culpabilidad, como si ello pudiera hacer mella en el corazón de su padre y de ese modo, disminuir las proporciones de su enfado.


—Hola papá—respondió con cautela.


Un silencio torturador reinó durante varios minutos, hasta que por fin Ahadi optó por romperlo.


—Espero que tengas una buena explicación para esto, Taka.


—…claro, por supuesto. Esto…—El leoncito comenzó a moverse para dejar que su compañera se pusiera de pie. Su voz sonó ronca y esto lo obligó a aclarar su garganta—Ella… ella es…


Liara, que consiguió apartar la mirada del gigantesco felino, observó a su amigo con detenimiento. Taka estaba aterrado y no podía encontrar las palabras, y no podía culparlo por ello: la mera presencia de ese león era justificación más que suficiente. Recordó que él ya había hecho mucho por ella, así que decidió que era momento de devolverle el favor. Al interrumpir los balbuceos de Taka, la voz le tembló al principio, pero logró enderezarla rápidamente.


—Me llamo Liara, señor; y vengo del reino sureste—vaciló un momento, pensando en si el nombre de su padre le sonaría familiar— ¿El reino de Daren?


Ahadi posó sus ojos sobre la pequeña leoncita de pelaje chocolate, evaluando sus palabras.


— ¿Reino sureste? —El león no dejó que su rostro develara desconcierto, pero lo cierto era que aún no había tenido oportunidad para viajar y establecer vínculos allí. Hacía muy poco tiempo desde que Ahadi, decidido a romper con la tradición familiar, había empezado a interesarse en fraternizar con los reinos vecinos de las Tierras del Reino, aunque ya había algunos a los que definitivamente podría acudir si necesitaba ayuda—Sí, creo que sé de cuál hablas.


Al no detectar desconfianza en él, ella prosiguió con más seguridad.


—Bueno, vengo de allí. Ha habido… serios problemas en casa y he estado huyendo desde entonces —su corazón se encogió pero logró ignorarlo. Luego observó a su amigo, que la miraba con los ojos llenos de preocupación, aunque también de agradecimiento, y agregó —Por favor, no castigue a Taka, no fue su culpa. He vagado por aquí y él me encontró por accidente, sólo ha estado cuidando de mí.


Hizo una pausa, y apartó la mirada de Taka para clavarla en el suelo. Lo último que quería era meterlo a él o a Rafiki en problemas. Le dolería tener que irse, pero después de ver el rostro de desaprobación de Ahadi, pensó que probablemente sería lo mejor.


—Me iré sin protestar señor; lamento mucho haber causado problemas—concluyó. Volvió a mirar a su amigo, esta vez con las orejas gachas, y sus labios articularon un “lo siento” silencioso. Luego, se puso de pie y dio media vuelta para irse, arrastrando la cola.


Al ver esto, Taka ensanchó sus ojos alarmado y automáticamente avanzó unos pasos hacia la leoncita que comenzaba a retirarse, pero la voz de Ahadi hizo que se detuviera.


—No tienes por qué irte, Liara.


La niña se detuvo al notar extrañada que no se dirigía a ella con desprecio o enfado, pero no se volvió para mirarlo.


— ¿No está molesto?


— ¿Molesto? —respondió con asombro—No, sorprendido quizás. No esperaba encontrar a Taka con una niña, mucho menos corriendo por estos lados del reino.


Ella se volteó, y Ahadi esta vez dirigió su mirada a su hijo menor.


—Podrías habérmelo dicho, Taka. ¿Acaso no confías en tu viejo padre?


El leoncito lo observó con el alma en los pies. ¿Desconfiar de su padre? Nunca.


—Temía que te enfadaras mucho con ambos—explicó—Por favor, no la expulses de aquí. Es una niña agradable y… es mi mejor amiga ahora.


— ¿Tu mejor amiga?


Taka asintió.


La mente de Ahadi procesó la información con toda la rapidez que pudo. Jamás se le había presentado la situación de tener que considerar aceptar alguien externo al reino, aunque lo había imaginado un millar de veces, sólo para estar preparado. Sin embargo, en sus ensayos mentales, el extraño nunca era un cachorro, y mucho menos había establecido amistad con alguno de sus hijos. Al volver a mirar a Liara, encontró que ella observaba a su hijo con una débil sonrisa, y todas las dudas parecieron esfumarse de su mente. Desde luego, Liara no representaba peligro para nadie, y para ser francos, no había violado ninguna ley.


—Entonces, aunque hubiera querido que se fuera de aquí, no tendría opción—dijo con humor.


El leoncito de pelo cobrizo volvió a mirarlo y una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro. Ahadi recuperó su faceta de padre comprensivo y tomó a Taka entre sus enormes patas para despeinar con rudo cariño los mechones de su cabeza, y las risotadas del pequeño león resonaron en el aire libre del prado.


—Eres el mejor—le dijo cuando logró safar su cabeza de la pata que frotaba su pelaje.


—Alto ahí compañero, tu amiga aún debe darme algunas explicaciones.


— ¿Pero va a quedarse, verdad?


Ahadi rió.


— Sí, va a quedarse.


—Entonces eso es suficiente para mí—concluyó con la sonrisa aún arrugando las comisuras de sus ojos.


—Zazú—entonó el león.


El cálao, que tuvo que tomar vuelo cuando los leones comenzaron a  jugar, descendió de inmediato y se dirigió a su rey.


— ¿Sí, alteza?


—Lleva a Taka a casa, por favor. Tengo que intercambiar unas palabras con Liara.


—Desde luego señor—respondió obedientemente. Luego, se dirigió al cachorro—Vamos, joven príncipe —Y con esto, agitó sus alas. El plumaje azulado que las cubría resplandeció cuando el sol vespertino incidió sobre él.


Taka comenzó a seguir al mayordomo y antes de irse, volvió a mirar a su padre, quien le guiñó un ojo en complicidad. La felicidad y el alivio se abrieron paso en su corazón, y supo que podría dejar a su amiga en sus manos.


Ahora que por fin estaban solos, Ahadi comenzó a caminar en dirección a la niña que había permanecido en el mismo lugar todo el tiempo y notó que a pesar de haber reído con ellos cuando comenzaron a jugar, aún estaba tensa. Decidió que lo mejor sería comenzar aliviando la incertidumbre que pudiera estar dominándola y habló con toda la calma que podía manejar su voz grave y potente.


—Ese es Zazú, mi mayordomo. Es un cálao orgulloso, pero de buen corazón.


Liara sonrió tímidamente pero no dijo nada, y esperó a que el imponente rey la alcanzara.


—Bien… ¿Liara, verdad? —ella asintió— De acuerdo, creo que es momento de presentarme formalmente: mi nombre es Ahadi y soy el padre de Taka.


—Es un placer conocerlo, señor—respondió educadamente.


—Oh no, el placer es todo mío, pequeña—el león le ofreció una cálida sonrisa y luego de hacer un gesto con la cabeza para que ella lo siguiera, continuó— Una amiga de Taka es una amiga mía también. Lamento que hayamos tenido que conocernos así, sé que la primera impresión siempre cuenta.


—La primera impresión que tengo de usted es la de cualquier padre sensato que se preocupa por la seguridad de sus hijos, señor, no se apene por ello—dijo con una débil sonrisa.


Al oír esto, Ahadi se sorprendió por sus palabras: era sólo una cachorrita y procesaba la situación como una leona adulta.


—Bueno, en ese caso me alegra mucho que lo entiendas—hizo una pausa— ¿Quieres contarme por qué corrían?


—Ah…—Liara se detuvo en seco. Su intuición le dijo que los metería en problemas diciéndole que una bandada de pigargos los perseguían dispuestos a sacarles los ojos de las cuencas, así que prefirió disfrazar su respuesta—Estábamos haciendo una carrera.


Las orejas del rey se irguieron. Miró con suspicacia a la leoncita que caminaba junto a él y notó que se veía tan pequeña como su hijo caminando a su lado.


— ¿De veras? Qué extraño. Taka no es del tipo atlético, ¿sabes? Me asombra que hayas logrado hacer que se mueva tanto.


—Le dije que sería un huevo podrido si no ganaba—respondió con una risita, intentando disimular lo mejor posible su mentira. Ese comentario logró convencer del todo al rey, pues sabía muy bien que su hijo jamás rechazaba un desafío cuando lo insultaban.


—Ah, ya veo.


Ambos continuaron caminando lentamente por la colina, y al llegar al punto más alto, pudieron ver que se extendía todo un terreno cubierto de pasto verde y tierno, aunque ningún animal pastaba allí en ese momento. Los atardeceres en África eran especialmente preciosos, porque salían de lo común. No era necesario estar frente a una gran masa de agua para observarlo sin que nada interfiriera, y cuando los matices color fuego que se esparcían por el cielo incidían sobre la hierba adjudicándole una mezcla de tonos verdes y dorados, el espectáculo se volvía aún más impresionante. Es por esto que eran los momentos preferidos de la pequeña leona, que intentaba echarse a disfrutarlos cada día que podía. Ese día tendría que hacer otra excepción… aunque tampoco es que tuviera espacio en su mente para apreciarlo.


— ¿Señor?


—Ahadi, por favor.


—Ahadi—se corrigió—Entenderé perfectamente si no me quiere aquí, de verdad. Debería haber sido el primero al que recurriera para arreglar esta situación.


—No te preocupes Liara, no deseo que te vayas. Además, parece que le agradas mucho a Taka. Le rompería el corazón si te obligara a irte—hizo una pausa—Sé que parezco rudo, pero no soy un ogro.


Los ojos de la niña se ensancharon en alarma y sus orejas cayeron del todo.


— ¡Oh no, yo no dije eso!


Ahadi rió.


—Tranquila, pequeña, entiendo a lo que te refieres.


Ella tartamudeó un poco. Se sentía muy nerviosa, pues quería dar una buena impresión, y hasta ahora estaba fallando.


—B-Bueno, es que… Taka me ha dicho que no quiere que hable con extraños, y lo entiendo, ¿sabe? Mi papá era igual…


—Y los dos son unos niños osados al desobedecer, pero esto no amerita castigo porque no han corrido peligro.


—Oh… de acuerdo.


Ahadi reprimió otra risa, y observó a la niña con gesto paternal.


—Háblame de ti, Liara. ¿Qué ha pasado en tu casa que te viste obligada a huir?


Era la tercera vez que Liara tenía que relatar parte de su pasado, y no le agradaba en lo absoluto. No porque quisiera hacerse la misteriosa, sino porque le causaba un profundo dolor, y más ahora, porque era al rey de su nuevo hogar a quien debía rendir cuentas, así que debería brindar el máximo de detalles. Ambos se habían detenido bajo una vieja acacia. El viento soplaba en su rostro con amabilidad, y la puesta de sol calentaba su cuerpo, como si Aiheu estuviera confortándola y dándole fuerzas para continuar. Se demoró unos cuantos minutos en responder, apreciando el gesto de su dios y luchando contra la angustia que hería su alma. Suspiró y finalmente, las palabras comenzaron a salir pausadamente de sus labios.


—Soy la hija de Daren y Asali, los reyes de las tierras del sureste. La vida en casa siempre ha sido tranquila. Mis padres no buscaban problemas y estaban en buenas relaciones con los reinos vecinos, hasta que un día, una manada de búfalos llegó a casa, buscando asilo. Al principio todo parecía normal con ellos, y papá no tuvo problema en aceptarlos. Poco tiempo después llegó a él uno de ellos, angustiado, acusando a las leonas de haber aniquilado a su líder sin razón aparente, y luego de tomar el mando de la manada, se desató una discusión entre ellos y mi manada, que aseguraba no tener idea de lo que ocurrió. Papá confiaba en las leonas ciegamente, y como es natural, las defendió. Este nuevo “líder” daba muy mala espina, y… no podíamos estar más en lo cierto. La discusión pronto comenzó a convertirse en una lucha—el rostro de Liara se crispó de dolor, y tragó saliva—Una de ellos comenzó a atacar a mi madre, e intenté apartarla de ella. Mordí su cola, ella retrocedió y papá aprovechó para atacarla, pero erró en el ataque y volví a defender a papá. No tardé en darme cuenta de que la atacante era la esposa del líder, porque enseguida entró en escena. Al ver que papá atacaba a su mujer, mató a mi madre de una embestida. Papá se enfureció y se enfrentó a ambos, pero eran muy grandes para él y no tenía chances de ganar. Mientras luchaban, se acercaron lo suficiente a un acantilado y aproveché para intentar ayudar a papá —su voz comenzó a temblar junto a su barbilla, y sus ojos se llenaron de lágrimas—Logré morder la pata de la hembra, y aunque no pude hacerle mucho daño, la agarré desprevenida y la sorpresa hizo que trastabillara. Antes de caer… Antes de caer, logró…


Liara lloró desconsoladamente. Al verla de ese modo Ahadi supo que la historia terminaría muy mal, y estuvo a punto de acercarla con una pata hacia él para reconfortarla y decirle que no era necesario que continuara si no quería, pero ella prosiguió: tarde o temprano debería asumir lo ocurrido, y ello requería que pudiera enfrentarse a los recuerdos. 


—…logró llevarse a papá consigo—su voz se quebró y las lágrimas continuaron corriendo por sus mejillas, una tras otra, empapando el pelaje de su rostro—El líder me vio causar la muerte de su esposa y no tardó en querer matarme, pero dos leonas acudieron en mi ayuda y al verse rodeado, no tuvo más remedio que dejarme ir. Antes de retirarse, me lanzó una mirada que me dijo que no había terminado conmigo.


Liara hizo una pausa, y Ahadi, que escuchaba atentamente si historia, supo que aún no era momento de decir nada.


—Habíamos ganado la batalla, pero esa misma noche, cuando nos fuimos a dormir, las leonas me dijeron que no lograron encontrar por ningún lado a mi hermana menor, Leah…—la voz de la leoncita seguía teñida de angustia, aunque Ahadi percibió un destello de ira en la siguiente frase—  como si esos monstruos no me hubieran arrebatado lo suficiente ya…


Hubo otra pausa y los párpados de Liara lograron abrirse un momento para observar el sol que se ocultaba tras el horizonte. Sus orejas estaban retraídas del todo, y su postura se había erguido por completo, algo que solía hacer inconscientemente cuando el dolor y la ira se disputaban un lugar en su corazón.


—Bogo me buscará con sus secuaces hasta asegurarse de que esté muerta, pero no se atreverá a enfrentar a las leonas otra vez si sabe que no estoy allí. Es vengativo, pero no idiota. Es por eso que supe que tenía que irme de allí cuanto antes si no quería poner en peligro al resto de la manada.


Era la primera vez que Liara hablaba tanto, y el león, al contemplarla y procesar la información, notó que era muy joven para tomar las cosas con tanta seriedad. “Haber perdido a sus padres y a su hermana menor la obligaron a madurar rápidamente”, pensó con tristeza. Apenas la vio por primera vez, no pensó que las cosas fueran a ser tan graves, pues la veía mejor de lo que cualquier otro cachorro hubiera estado en su lugar. Darse cuenta de esto hizo que Ahadi admirara enormemente su fortaleza y resiliencia, y decidió que estaría encantado de poder ayudarla.


— ¿Taka sabe de esto?


Ella sorbió su nariz.


— La mayoría de las cosas…


—Gracias por habérmelo contado. Lamento muchísimo que hayas tenido que pasar por esa horrenda situación, pero quiero que tengas clara una cosa: —el rey tomó la barbilla de Liara con una pata y la obligó a mirarlo a los ojos—de ahora en adelante no estarás sola. ¿Sabes? Puede que seas pequeña aún, pero eres realmente fuerte, Liara, y eso es digno de admiración.


Al ver los ojos del león, Liara supo que Taka tenía la misma mirada profunda y escrutadora, como si en verdad pudiera ver a través de ella, y por un breve instante sintió que no hablaba con el padre, sino con el hijo. Algo le dijo que encontraría una amistad en él también. Se demoró unos cuantos minutos en responder, pero cuando lo hizo, su voz sonó más firme de lo que esperaba, pues sus palabras le habían brindado seguridad:


—Gracias, Ahadi.


El gran rey sonrió y bajó su pata. Ambos volvieron a posar su mirada en el horizonte, para ver que el sol se había ocultado por completo, aunque el cielo seguía vestido de rojo escarlata. Permanecieron en silencio un prolongado momento. Ahadi no necesitaba pensarlo un momento más, pero le gustaba contemplar el bello mundo que Aiheu había creado, en especial luego de charlas tan personales como esas. Cerró sus párpados, y tomó una gran bocanada de aire. Al soltarlo en un suspiro, el león se puso de pie y dio media vuelta, no sin antes dirigirse hacia ella:


—Ven, vamos a casa. Es hora de que conozcas al resto de la manada.
 
Mufasa estaba en la punta del promontorio, esperando impacientemente a su padre, hasta que giró su cabeza para ver a un pequeño león de pelo cobrizo que hacía un esfuerzo para escalar la última roca de la escalinata.


— ¡Hola, Taka! —exclamó emocionado.


—Hola, Muffy.


—Oye, ¿dónde te habías metido? Cuando Uzuri nos liberó te buscamos por todas partes.


Taka suspiró.


—Ahora no, Muffy, estoy cansado. De todos modos, pronto lo sabrás.


El leoncito lo miró con desconcierto y como cada vez que su hermano lo confundía, irguió una oreja y bajó la otra, torciendo la cabeza ligeramente.


— ¿Ah? ¿Qué quieres decir?


—Tan sólo espera un momento y lo verás—respondió, mirando el paisaje que se extendía delante de ellos, ahora más oscuro por el asomo de la noche— ¿Dónde está mamá?


—Está adentro, hablando con las tías. Oye, dime qué pasó—insistió.


—No seas impaciente, de verdad que no estoy de humor.


—Nunca lo estás, cascarrabias.


—No soy un cascarrabias.


—Claro que sí—hizo una pausa, repensándolo—Bueno, no siempre, pero estás muy raro últimamente. No le contaré nada a mamá,Taka, puedes decírmelo…


—No es que no quiera decírtelo, es que pronto lo descubrirás.


Mufasa puso los ojos en blanco, exasperado.


—De acueeerdo. Mamá te guardó comida, debes estar hambriento—prosiguió, para cambiar el tema.


—Esperaré un rato.


Mufasa notó que Taka se quedó observando el horizonte atentamente, y al seguir su mirada, vio a un león grande de melena oscura que caminaba junto a un cachorro de león que jamás había visto antes. Volvió a clavar sus ojos en su hermano, y al ver que sonreía, lo comprendió.


—Con que a eso te referías, ¿eh?


El leoncito asintió.


— ¿Quién es?


Taka posó sus ojos en los de su hermano, con su habitual mueca de satisfacción.


—Pronto lo sabrás.



Y dicho esto, se dirigió al interior de la cueva. Caminaban lentamente, tardarían un buen rato en llegar. Por su parte, Mufasa, que lo había seguido con la mirada, la regresó a su objetivo nuevamente y esperó allí sentado a que llegaran, ansioso por conocer al extraño que caminaba junto a su padre.








Aquí dejo las dos canciones para este capítulo:

Esta es para el principio del capítulo, cuando Taka intenta explicarle a su padre la situación:



Y esta es cuando Liara habla con Ahadi sobre su pasado.




Y como lo prometí, aquí dejo el dibujo de los protagonistas de esta historia n.n

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Aisha el Sáb Jun 25, 2016 10:18 am

Otro gran y excelente capítulo Firtshuntress, dar una lectura en las escenas donde se escucha el instrumental es increíble y sientes mas profunda la historia, además, fue tan triste la escena donde Liara cuenta parte de su pasado Sad . En fin, espero ansiosa a que puedas seguir con la historia, tomate tu tiempo para continuar ^^

Saludos y rugidos

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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por Layka el Sáb Jun 25, 2016 1:06 pm

Me encantó el capítulo,lo leí mientras escuchaba la música y como dijo nuestra amiga Aisha, la historia se sintió más profunda.
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Jun 27, 2016 12:43 am

buen capitulo y videos amiga firststhunnder espero que sigas pronto me alegro que liara se quede en la manada y seguro que ahadi y la manada no se arrepentiran jeje saludos y rugidos y un furte abrazo nwn
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Re: El corazón de un príncipe segundo (fanfic Taka/Scar)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Jun 27, 2016 1:19 am

Leí el capítulo apenas lo subiste, pero no había tenido tiempo de comentar hasta ahora x3

Me encantó tu dibujo, las expresiones de ambos son tan tiernas I love you  ya te devolví el Watch en DevianArt (gracias, por cierto Wink). Me resulta algo triste saber que tengas que ausentarte y que nos dejes con la historia así DX, pero espero que estudies mucho y que presentes esos exámenes con todo para que obtengas una excelente nota Very Happy

El capítulo estuvo estupendo! Al fin pudimos saber qué fue lo que pasó en el pasado de Liara, y debo decir que su historia es muy triste. Pero es bueno saber que Ahadi la aceptara y ofreciera su ayuda (no esperaba menos de él Razz). Ya quiero leer qué pasa después, estaré esperando con ansias a que regreses al foro.

¡Suerte y saludos!  :sim:
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Capítulo IX: Una nueva familia

Mensaje por firsthuntress el Lun Jul 11, 2016 9:05 pm

@Aisha escribió:Otro gran y excelente capítulo Firtshuntress, dar una lectura en las escenas donde se escucha el instrumental es increíble y sientes mas profunda la historia, además, fue tan triste la escena donde Liara cuenta parte de su pasado  . En fin, espero ansiosa a que puedas seguir con la historia, tomate tu tiempo para continuar ^^

Saludos y rugidos

¡Muchas gracias, Aisha! Me alegra que te haya gustado, tanto el capítulo como la instrumentalización.


Me encantó el capítulo,lo leí mientras escuchaba la música y como dijo nuestra amiga Aisha, la historia se sintió más profunda.

¡Hola, Layka! Gracias por pasarte a leer n.n y me alegra que te haya gustado. Esa escena la escribí escuchando varias canciones sentimentales, pero cuando revisé mi lista de soundtracks encontré que esa, a mi parecer, quedaba perfecta.


buen capitulo y videos amiga firststhunnder espero que sigas pronto me alegro que liara se quede en la manada y seguro que ahadi y la manada no se arrepentiran jeje saludos y rugidos y un furte abrazo nwn

¡Hola, KIRAN27! Gracias por tu comentario. Ahadi y la mayoría de las leonas seguramente no lo harán, pero más adelante verás que no todos estarán contentos con su llegada :O
(perdón por spoilear, muajaja)

@LillyDiaz18 escribió:Leí el capítulo apenas lo subiste, pero no había tenido tiempo de comentar hasta ahora x3

Me encantó tu dibujo, las expresiones de ambos son tan tiernas   ya te devolví el Watch en DevianArt (gracias, por cierto ). Me resulta algo triste saber que tengas que ausentarte y que nos dejes con la historia así DX, pero espero que estudies mucho y que presentes esos exámenes con todo para que obtengas una excelente nota 

El capítulo estuvo estupendo! Al fin pudimos saber qué fue lo que pasó en el pasado de Liara, y debo decir que su historia es muy triste. Pero es bueno saber que Ahadi la aceptara y ofreciera su ayuda (no esperaba menos de él ). Ya quiero leer qué pasa después, estaré esperando con ansias a que regreses al foro.

¡Suerte y saludos!  

¡Hola Lilly! No hay problema, me alegra que finalmente hayas podido dejar tu comentario Very Happy
Gracias por lo del dibujo. La idea era que en él quedara plasmada parte de esa linda química que tienen en mi mente, espero haberlo logrado. En cuanto al Watch… de nada Wink

La idea era no venir al foro (o a cualquier potencial distracción) hasta que rindiera, pero estas dos semanas estuve a full y como mi cabeza estaba pidiendo auxilio dije bueno, ¡sólo un capítulo! Así que aquí dejo la continuación. Me alegra muchísimo que te haya gustado, y a decir verdad, en mi mente Ahadi no podía hacer otra cosa. Lo tengo en un pedestal, jajaja.


Bueno, ahora sí. ¡Hola a todos! Vengo aquí un ratito para dejar otro capítulo que conseguí escribir antes de irme y que continué mientras me tomaba recreos. Creo que estudiar todo de corrido va a lograr el efecto contrario en mí así que decidí hacer un mini descanso, porque aún tengo tiempo. En fin, espero que les guste. Parte de la continuación ya está esbozada pero como ya dije en el post anterior, terminar de narrarla está un poco difícil, por lo que puede demorar varios días en llegar. Espero que sea antes del dos de agosto, pero si no pudiese, sepan disculpar D:

Espero que lo disfruten. 
¡Saludos y rugidos! :rugido 2



—Bien, aquí es—indicó el rey—déjame que te ayude a subir, puede ser un poco difícil al principio.

Liara alzó la vista y contempló maravillada la majestuosa edificación rocosa. El cielo que la cubría, ahora de una mezcla de tonos rosáceos y anaranjados, estaba poblado de esponjosas nubes que se movían por el viento que soplaba en dirección sur. El sol, pronto a su despedida, expelía los últimos rayos de luz tenue que bañaban todo el paisaje y le adjudicaban a la Roca del Rey un impresionante aspecto brillante, debido al resplandecimiento de millones y millones de partículas minerales. Cuando la leoncita logró contactar su bulbo raquídeo nuevamente, respondió:

—Está bien.


Ahadi la tomó entre sus fauces con delicadeza, y luego comenzó a subir. Un recuerdo de su padre haciendo lo mismo se abrió paso en su mente a medida que sentía los leves saltos del león que la cargaba, y cerró los ojos un instante para sumergirse en él. Una pequeña sonrisa se asomó a sus labios. “Te quiero, papá.”
Pero su momento nostálgico se vio interrumpido por una nueva voz.

— ¡Hola, papá! —exclamó enérgicamente Mufasa cuando el rey apoyó su segunda pata en el suelo del promontorio.

Por el tono, dedujo que estaba saludando más que nada por cordialidad, pues estaba cargado de emoción y expectativa. Ahadi le ofreció una mirada cálida y sus mejillas se elevaron un poco cuando logró una sonrisa. Apoyó a la cachorrita de león en el suelo y luego se dirigió a su hijo:


—Hola, campeón, me alegro mucho de verte—luego, hizo un gesto con la cabeza en dirección a la niña que estaba frente a sus patas—Ella es Liara, y va a quedarse aquí. Espero que sean muy buenos amigos.

— ¡Claro! —Muffy corrió hasta ella y se sentó, ondeando la cola, con una enorme sonrisa dominando su rostro— ¡Hola Liara!, me llamo Mufasa, y soy el hermano de Taka.

Liara sonrió agradecida por la bienvenida, y al instante entró en confianza con él. La alegría del león era palpable en el aire, como si pudiera cargar de brillante estática su alrededor.


—Hola, Mufasa. Es un placer conocerte al fin.


El leoncito creyó que con eso ya había cubierto las formalidades, así que luego de acercarse más a ella, casi invadiendo su espacio personal, se centró en lo que de verdad le interesaba: bombardearla con preguntas.

— ¿De dónde vienes? ¿Es muy lejos? Seguro que debe ser un lugar genial. Mamá vive contándonos historias del Nuevo Mundo y me parecen sorprendentes. Algún día quiero poder recorrerlo como hace papá a veces. Oye ¿tienes hermanos? Yo sí, tengo a Taka, a veces es un aburrido pero tiene sus momentos, y le quiero un montón ¿Y qué me dices de perseguir a los topos? ¿Te gusta? Porque el otro día estuvimos persiguiendo algunos con Saffy y Sassie, y fue muy divertido. Deberíamos intentarlo. Podemos hacerlo mañana, porque ahora está muy oscuro y según los adultos, es extremadamente peligroso. Oye tengo que presentarte a las chicas, te caerán fenomen-

— ¡Uau, Muffy!, deja que respire—dijo entre risas Ahadi mientras despeinaba los mechones rojizos de su cabeza.



— Pero si estamos afuera papá, hay mucho aire fresco aquí—dijo distraído, dispuesto a hacer más preguntas.


—Tienes razón, hijo—Apoyó una de sus enormes patas en el espacio que había entre los cachorros y comenzó a arrastrar a Muffy lentamente hacia atrás para obligarlo a escucharlo—Y está comenzando a hacer un poco de frío. ¿Por qué no entran ya?

—Claro. Ven Liara, te presentaré a las chicas y a mamá. A Taka ya lo conoces, además seguro está comiendo y no le gusta que lo hagan hablar mientras cena. ¡Qué te digo! A veces se comporta como un viejo cascarrabias; pero tiene un gran corazón. ¿Sabes? Nos encanta jugar a las luchas, quizás un día de estos podemos enseñarte algunas de las cosas que nos enseñó papá, siempre logro ganarle pero lo bueno es que nunca se da por vencido…—la voz de Mufasa se fue apagando mientras caminaba junto a la leoncita hacia el interior de la cueva. Ahadi rió por lo bajo y sacudió la cabeza; al menos Liara no se aburriría por un buen tiempo. Volteó la mirada para contemplar el horizonte que ya dejaba entrever el decorado de miles de estrellas, cuyos pulsos de luz las hacían titilar intermitentemente; y luego se adentró a la Roca del Rey para reunirse con su familia.
 

*          *          *

 —…y sabes qué pasó después? Uzuri, esa leona de allá—Mufasa atrajo hacia sí otro trozo de ñu y luego indicó con una de sus patas a una leona que estaba echada a la izquierda de la entrada de la cueva, descansando mientras sus compañeras charlaban—nos tomó a los tres entre sus patas justo a tiempo. No sé cómo fue que nos escuchó, te juro que no hicimos un solo sonido; hasta tomé la precaución de no decir palabra y dar la señal con las orejas, ya sabes, como hacen las leonas de caza, y no sirvió de nada; porque nos pilló. Dijo que siempre supo que estábamos ahí pero yo no le creo, se la veía muy quieta. Lo peor de todo fue cuando notamos que Taka no estaba ahí, pues el muy cobarde-

— ¡Oye! —lo interrumpió Taka.

—Bueno—bufó Muffy—el señor-tengo-asuntos-más-importantes se escabulló en algún momento.

—Tenía asuntos más importantes bobo, tenía que encontrarla a ella.

—Podrías haberla traído antes.

—No, no podía.

— ¡Bueno, ya! —interrumpió Saffy al ver que comenzaban a discutir—El asunto es que nos atrapó y luego vinimos hasta acá. Ahadi llegó un rato después, pero antes de que entrara a la cueva, Zazú le dijo que te había visto con Taka. Ahí fue cuando salió a buscarlos.


—Así que él fue el soplón—masculló Taka.

—No—dijo Sarabi—Fue Koda. Cuando estábamos viniendo vi que Zazú hablaba con él. Se mostraba reacio a creerle, porque seguía medio raro de la noche anterior, y creyó que quizás lo había soñado. Estuvo delirando mucho.

—Sí, pero pese a eso, finalmente fue—continuó Saffy—Hablando de Koda, no sé qué le habrá pasado.

— ¿No está aquí en la cueva? —preguntó Liara, intentando desviar la conversación del terreno pantanoso. No quería que Rafiki se viera involucrado.

—No—respondió Taka—Él y sus padres no duermen aquí, están en un kopje cercano a la charca—se interrumpió, recordando que ella no sabía sobre ese sitio—La charca es un gran lago que está cerca de la cueva. Allí van toda clase de animales a bañarse y beber agua cuando hace mucho calor. Te llevaré uno de estos días para que puedas conocerlo—añadió, mientras se acomodaba el jopo de melena.

—De acuerdo—respondió con una sonrisa, y luego se dirigió a Sarabi—Sassie, ¿escuchaste algo más de Zazú o de Koda luego?

—No. Tampoco es que me haya quedado a escuchar mucho, fue algo al pasar.

—Entiendo.

— ¿Niñas? Vengan a dormir…—dijo suavemente la voz de una leona.

Saffy puso los ojos en blanco y Sassie bajó las orejas.

—Bueno, tenemos que irnos—dijeron al unísono las hermanas.


—Está bien. ¡Hasta mañana, chicas! —saludó Mufasa.

—Es hora de dormir para ustedes también—dijo Uru mientras se acercaba a sus hijos.

— ¡Agh, mamá, pero no tenemos sueño!

—Sabes que necesitan descansar para crecer fuertes, grandulón—comentó Ahadi, que venía detrás de la reina.

Muffy resopló resignado y no opuso resistencia cuando los dientes de su madre lo tomaron por el lomo.

Ahadi estuvo a punto de hacer lo mismo con su hijo menor, pero Taka le hizo un gesto con su pata para que se detuviera. El rey lo observó con curiosidad y esperó a que le diera una explicación.

—Puedo ir solo, papá.

Ahadi sonrió al escucharlo y esperó a que Taka avanzara para seguirlo, pero no lo hizo.

— ¿Dónde dormirá Liara?

Liara, que se había quedado en el mismo lugar todo el tiempo, posó sus ojos sobre su amigo, y luego en el gran felino dorado.

—Ah... —comenzó a decir, vacilando.

Su esposa, habiendo dejado a Mufasa echado en el fondo de la cueva y tamborileando sus dedos, se acercó por detrás de él sonriendo.

—Con nosotros, Taka.

Ahadi la miró sorprendido, pero no tardó en recordar el gran deseo de su esposa: lo habían intentado una y otra vez, y nunca habían logrado concebir una niña. Después de Taka, dejaron de buscarla, temiendo que naciera otro varón y hubiera más problemas cuando tuvieran que escoger al nuevo monarca.
Las orejas de Liara se irguieron y observó a la reina.

— ¿Será como nuestra hermana? —inquirió Muffy desde su lugar.

—Si ella así lo desea—sugirió, ofreciéndole una cálida sonrisa maternal a la niña.


Taka se volteó a mirar con curiosidad a su amiga, esperando a que diera una respuesta. Pasaron varios minutos antes de que la leoncita pudiera responder, y observó a los adultos que la contemplaban con cierto nerviosismo, dado que no sabían cómo se lo tomaría. Lentamente, una tímida sonrisa se dibujó en su rostro, y cuando encontró su voz, dijo:

—Estaría encantada de serlo, Muffy.

Taka ensanchó su sonrisa y Ahadi pareció suspirar de alivio, porque su postura y barriga se desinflaron de golpe. La reina se acercó contenta a la leoncita, aunque teniendo especial cuidado de darle el espacio que necesitaba.

—Me alegra muchísimo que aceptaras, pequeña Liara—dijo, y acarició a la niñita con su hocico.

Liara se sumergió en el tierno contacto de la leona, y por un momento creyó que era su madre quien la acariciaba. Sus olores no diferían mucho, algo que evitó que se sintiese incómoda, y apreció el bello gesto que había tenido con ella. De pronto, ambas se vieron separadas cuando Taka se abalanzó sobre Liara, moviendo la cola y exhibiendo una sonrisa de oreja a oreja.

—Bienvenida, Larie—dijo emocionado.

—Gracias, Taka.

Cuando dejó que la leoncita se pusiera de pie, él fue el primero en avanzar hacia su hermano, y se detuvo a esperar a que ella lo siguiera. Al alcanzarlo, ella añadió:

—Preferiría que nosotros seamos amigos, sino te molesta. Te veo más como un amigo que como a un hermano.

— ¡Claro que no me molesta! —respondió él, sonriendo. Luego, acercándose a ella para susurrarle, continuó—De hecho, yo también iba a pedírtelo.

— ¿Qué están cuchicheando ustedes dos? —preguntó Muffy, alzando una ceja y torciendo su cabeza levemente.

Taka puso los ojos en blanco y fingió exasperación.

—Estábamos hablando sobre lo insoportable que eres, hermanito.

El rey soltó una risita por lo bajo, al igual que su esposa, mientras caminaban detrás de ellos.

—Ya, ya. No peleen. Es hora de dormir, bodoques—dijo Ahadi. Dicho esto, el rey se echó sobre sus patas, rodeando a Muffy, y cuando Taka y Liara se recostaron junto al leoncito, la reina cubrió la mitad libre que quedaba en el círculo familiar.

La Roca del Rey pronto se sumergió en el silencio, únicamente interrumpido por los suaves ronquidos de Ahadi o de alguna que otra leona cercana a la entrada. Calificar de “suaves” los ronquidos del rey era sólo una cortesía. La excelente acústica de la parte más interna de la cueva, que era casualmente donde ellos dormían, hacía que reverberaran con más potencia. Y lo peor no había llegado aún, puesto que faltaban unas horas para que alcanzase el sueño profundo. Liara sonrió al reflexionar al respecto, y concluyó que tardaría un poco en acostumbrarse a ellos para descansar; pero nada de eso importaba, porque finalmente había conseguido un lugar donde la aceptaban.

Claro que, aunque esto suponía una buena noticia, no pudo evitar pensar en su antiguo hogar. Liara era consciente de que Uru y Ahadi no pretendían reemplazar a sus verdaderos padres, pero debía admitir que se sentía un poco incómoda con la propuesta. Ahora que una nueva familia le había abierto sus puertas, el camino que se abría ante ella sería largo, confuso e inevitable, pero a la vez, lleno de posibilidades y esperanza. La noche continuó su avance y, no pudiendo conciliar el sueño, intentó recordar los rostros de su manada asignándoles sus respectivos nombres. Cuando notó que algunos tardaban en llegar, se propuso a sí misma recitarlos mentalmente todas las noches, uno por uno, para no olvidarlos nunca. Cuando hubo terminado con ellos, procedió a recordar los que había aprendido ese día en su conversación con Mufasa: Avina, Uzuri, Saffira… Uru, Ahadi, Sarabi, Sarafina.

Pensó en Rafiki y tuvo ganas de verlo, pero no podía, porque supuestamente no se conocían. Decidió que al día siguiente le diría a Taka que le propusiera ir a verlo para así descartar ese problema, y al sentir las primeras oleadas de sueño, bostezó. Antes de rendirse a él y cerrar sus ojos, un movimiento brusco de su amigo la obligó a observarlo. Por su rostro contraído supuso que estaba teniendo una pesadilla.
“¿Qué estarás viendo?” se preguntó, preocupada. Luego, acercó su cabeza a la de él y dándole un golpecito lo suficientemente suave para no despertarlo, apoyó su mandíbula en el suelo de roca. Taka dejó de moverse al instante, y la leoncita supo que había logrado espantar su pesar nocturno. Con la tranquilidad que esto le proporcionó, cerró sus ojos, relajó su lomo y comenzó a soñar sobre su hogar.
 


Horas después, unos cuchicheos la despertaron. Liara sacudió sus orejas y al principio dudó de despertarse del todo, pues aún se sentía cansada. Pero cuando un rayo de luz se fijó directamente en sus párpados cerrados, arrugó la nariz y los abrió con dificultad. Al hacerlo, notó que seguía rodeada por los príncipes y examinó sus rostros, aprovechando que estaban dormidos. A diferencia de su hermano, Mufasa tenía facciones más robustas y cuadradas; y sus ojos, aún siendo el cachorro que era, eran relativamente pequeños. Un jopo desarreglado de melena color bermellón descansaba sobre casi toda su cabeza y algunos de sus mechones caían perezosamente sobre su frente, menos amplia que la de Taka. Notó que roncaba, aunque no tanto como su padre, y un pequeño charco de saliva se había formado bajo su mandíbula. Ella rió para sus adentros y luego centró su atención en su hermano menor. El colorido del pelaje de Taka difería mucho del de Mufasa, y de no haber sido por las increíbles similitudes con ambos progenitores, habría dudado de su parentesco con él. Sus facciones eran un tanto más delicadas, aunque sin dejar de ser masculinas, un rasgo sin duda proveniente de su madre; y el pelaje que las recubría era de un color cobrizo, aún brillante por tratarse de un cachorro.

Su inspección pronto se vio interrumpida por la captación de su nombre en la conversación que mantenían los adultos fuera de la cueva. La leoncita apartó la mirada de su amigo y la dirigió a la salida, a través de la cual penetraban los rayos escarlata del amanecer que hacían brillar los minerales depositados en las paredes de la cueva. Teniendo cuidado de no moverse demasiado, apoyó las plantas de sus patas en el suelo y tensó los músculos para ponerse de pie. Al hacerlo, vio que Taka se removió sutilmente, pues gran parte del calor lo compartía con ella. La niña quedó inmóvil, mirándolo con fijeza, esperando pacientemente a que su postura volviera a relajarse; y como si Aiheu hubiera obrado un milagro, el leoncito regresó a su sueño: sólo acomodó sus patas debajo de él para abrigarlas.
Liara dio algunos pasos de puntillas y cuando creyó que ya se había alejado lo suficiente, dio los siguientes pasos con más seguridad, esquivando el grupo de leonas. Al llegar a la entrada, se pegó contra la pared de la derecha y asomó su cabeza cuidadosamente hasta encontrar la posición que le permitía ver a los leones. Ambos estaban sentados de espalda a la cueva, y el pelaje iluminado por el sol saliente contorneaba sus figuras. La reina tenía su mejilla derecha apoyada en la melena de su esposo y la cola de él ondulaba con suavidad mientras hablaba. Aún cuando murmuraba, su potente voz era perfectamente audible.

—No sabía que Taka estaba viéndola. Es decir, sabía que andaba en algo, pero jamás imaginé que se trataría de una amiga nueva.

— ¿Te dijo desde cuándo la veía?

—No. Tampoco es que importe, Uru. Lo que más me preocupa es que me lo haya ocultado. Esta vez fue una leona, pero ¿y más adelante? Sólo Aiheu sabe cuántas cosas no me dice.

—Tranquilízate Ahadi, sólo necesitas entrar en confianza con él. Además, creo saber por qué no te lo ha dicho—le respondió, ofreciéndole una mirada suspicaz.

—Sí, porque pensaba que no la aceptaría—él bajó su cabeza para mirarla—Uru, tú me conoces, sabes que no soy un monstruo. Esa niña estaba completamente sola. ¿Cuánto tiene? ¿Cuatro, cinco lunas? No podía abandonarla a su suerte, podría ser mi hija.

—Lo es ahora—dijo la reina, frotando dulcemente su melena.

—Sí—hizo una pausa—No me lo esperaba.

—Lo sé, pude verlo en tu expresión. Es una niña muy agradable, y es la mejor amiga de Taka ahora. No pude resistirme.

—No era una crítica, querida—respondió con calidez—Es sólo que me agarró con la guardia baja. Estoy seguro de que es una leoncita muy dulce. ¿Y quién sabe? Quizás evite que Taka se meta en problemas más adelante. Parece muy madura.

—Es sólo una cachorrita.

—Sí, pero tú no la has oído. Habla y piensa con una calma digna de una leona adulta, y todo por...—el rostro de Ahadi se contrajo por la pena al recordarlo—Oh Uru, si supieras por lo que ha pasado…

—Puedo hacerme una idea cariño, —dijo, apoyando una pata sobre una de las suyas—aunque te pediré que me lo cuentes luego—la leona le dio un lengüetazo en la mejilla y prosiguió—Creo que tenemos una pequeña espía entre nosotros.

Liara se estremeció por completo, pues no esperaba ese comentario. “¿Desde cuándo lo sabe?” susurró su conciencia.
Uru era la reina, y como tal, no formaba parte de la cuadrilla de caza, pero eso no quitaba que sus instintos de cazadora estuvieran siempre alertas. Avina, su hermana mayor y la actual líder del grupo, sabía que sus talentos estaban siendo desperdiciados al quedar gran parte del tiempo confinada en la cueva, pero no podía oponerse a la tradición. Y al parecer, Ahadi no se mostraba ansioso por revertir la situación, pues le gustaba que su esposa se dedicara a cuidar a los cachorros.


—Ven Larie, acércate—susurró ella con ternura.

Ahadi volteó, sobresaltado por la interrupción, pero al ver que se trataba de la niña, su mirada se suavizó.

—Oh, Liara. ¡Buenos días pequeña! —saludó, y volteando un poco su cuerpo sin levantarse, hizo un gesto con la cabeza para invitarla—Ven, no temas.
La aludida dudó al principio, y luego se acercó lentamente con las orejas gachas. La habían pillado oyendo a hurtadillas el segundo día de su estadía. Cuando llegó, se sentó entre los leones, que le habían hecho un pequeño hueco.

— ¿Te hemos despertado? —continuó Ahadi.

—No he podido dormir bien últimamente—respondió con voz queda, incapaz de mirarlos a los ojos.


— ¿Larie? ¿Pasa algo? —la voz de la reina denotaba preocupación.

—No… bueno, sí. Lo siento. Estaba durmiendo, pero los oí mencionar mi nombre y no pude evitar acercarme.

—Oye, no pasa nada, de veras. No te pongas mal por ello.

— ¿No están enfadados?

—Claro que no. Admito que no está bien escuchar conversaciones a escondidas, pero no pasa nada. ¿Hemos dicho algo que te ofendiera o te generara dudas?

—No, señor.

—Bueno, esas son buenas noticias, ¿verdad Uru?

—Vaya que sí—la leona bajó su cabeza para mimarla—Lamentamos haberte despertado.

—No pasa nada. Por lo general no me despiertan tan fácilmente, pero…

La niña se quedó en silencio.

—…pero estos días han sido difíciles—finalizó Ahadi.

—…sí.

—Vendrán mejores ahora, Orejas, no te preocupes—El rey pensó que ya había llorado demasiado como para continuar tirando abajo sus ánimos, y jugueteó con sus orejas para hacerla sentir mejor. Ella sonrió al instante, pues eran su punto débil para las cosquillas, y pronto comenzó a reír sonoramente.
Ahadi rió, al igual que su esposa. Ella volvió a mimarla cuando el rey paró con la tortura y le susurró:

— ¿Quieres dormir un rato más? Aún es temprano.

—No—dijo, negando con la cabeza—ya estoy muy despierta.

De repente, un nuevo interlocutor los interrumpió.

— ¿Mamá? ¿Por qué hay tanto alboroto?

Los tres leones se voltearon, aunque no necesitaban hacerlo: habían reconocido la voz del cachorro que se asomaba por la entrada de la cueva, frunciendo el ceño y entrecerrando sus ojos por la luz que daba de lleno en su rostro.

—Buenos días, Taka—saludó Ahadi.

—Hola, papá.

Detrás del cachorro, surgió otra leona: era Uzuri, que salía bostezando.

—Vaya, parece que todos tienen un oído tísico aquí—comentó la reina sonriente, alzando una ceja.

—Ja, no es necesario tenerlo, están haciendo un escándalo—bromeó Taka.

— ¿En serio?

—Despertaron a Muffy.

Eso pareció ser prueba suficiente.

— ¡Mamaaaaá! ¿Dónde estás? ¡Tengo hambre! —exclamó la voz de Mufasa desde el interior de la cueva.



Un coro de quejidos adormilados se hizo oír.

— ¡Aquí viene! —dijo Uru, sonriendo—Otro día en el paraíso…
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