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Lian's Story (Fan Fiction)

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Vie Sep 23, 2016 8:39 pm

Buen capitulo lilly, que bueno que lian este bien, y talves tenga nuevos amigos y espero que logre regresar a su hogar y estar con su familia ya quiero leer el capitulo siguiente.

¡saludos y rugidos!
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Oct 03, 2016 2:22 am

@león kopa escribió:Buen capitulo lilly, que bueno que lian este bien, y talves tenga nuevos amigos y espero que logre regresar a su hogar y estar con su familia ya quiero leer el capitulo siguiente.

¡saludos y rugidos!

Muchas gracias por tus palabras, león kopa Very Happy esta "segunda" parte del fic es la que me moría por subir, espero que te agrade cómo continúa la historia
__________________________

Tenía un tiempo sin actualizar, pero al fin tuve tiempo para subir la segunda parte del capítulo 
Nuevamente, en mi galería podrán encontrar unos cuantos dibujos de los nuevos OC's. Esta vez traje la ficha de Yudhenic y un par de sketches de Louis y Mönche.

Espero los disfruten. En cuanto logre terminar los demás, los subiré  Very Happy

Es algo corto, pero aquí la actualización:
_____________________________

     Capítulo 10: Forastera (2/2)

Una vez que cruzamos el portal de piedra, liberó mi brazo. Por primera vez pude ver el sitio en el que estaba, la primera imagen que tenia de las Tierras del Oeste era el paisaje que se extendía frente a mí.




    Estábamos en la cima de una colina rocosa. Las faldas de la misma estaban cubiertas por una serie de piedras similares a los peldaños de la Roca del Rey: grandes, lisas y de superficie plana. Más abajo se extendía la sabana, revestida con las capas de hierba verde que empezaban a crecer gracias a las lluvias. Las acacias parecían ser más robustas y altas que las del Reino, y los sicomoros eran casi tan abundantes como estas. No muy lejos de nosotros, casi al pie de la colina, había un pequeño estanque y, alrededor del mismo, un grupo de leones jóvenes de una edad muy cercana a la mía. Seguro serían ellos a los que me presentarían.




    Intenté no pensar en sacar conclusiones rápidas de ellos con un solo vistazo desde lejos. Prefería juzgarlos una vez que empezaba a conocerlos.




    Empecé a bajar por entre las piedras de una en una, igual a como lo hacía en casa. Al tener experiencia en terrenos similares, llegué al suelo mucho antes que el resto de los chicos, lo cual, me dio oportunidad de observar un poco mejor mi panorama. Era el mismo paisaje que había visto al salir de la cueva, pero todo lucía tan diferente desde ese nuevo ángulo. Ahora, más que ser un espectador, me sentía como parte del entorno.




    La sabana de las Tierras del Oeste era ligeramente diferente a la del Reino. Aquí las manadas de cebras y antílopes eran enormes. Millares de individuos pastando en todo el horizonte, lo bastante lejos de nosotros como para que no pudiesen vernos, pero nosotros a ellos sí. La tierra bajo mis patas era ligeramente rojiza, y estaba plagada por unas pequeñas matas que decoraban sus tallos con diminutas florecillas lilas. No estaba segura de qué clase de planta se trataba, pues en casa jamás había visto alguna similar.




    No tardé en percatarme que, no muy lejos de mi posición, y descansando a la sombra de una acacia, se encontraban un par de leones observando mis movimientos como si fuese un bicho raro. Eso me hizo sentir cohibida por un momento, hasta que la voz de mis padres retumbó en mi cabeza, repitiéndome una y otra vez la forma en la que una princesa debía comportarse: la cabeza en alto, un caminar equilibrado y sin bamboleos, los pasos firmes y la vista al frente.




    Solo los dioses sabían cuántas veces los había escuchado decirme eso.




    Observé fijo al león más cercano, un macho de buenas proporciones, melena espesa y cobriza, y ojos claros como la miel. Él imitó mi comportamiento, lo que no tardé en relacionar como un reto a mi autoridad. Sentí como el pelambre de mi cuello se erizaba, pero decidí contenerme. Estaba en terreno desconocido y, hasta ahora, peligroso. Debía mantener la cabeza baja si quería mantenerme en buenos términos. Al final, no pasaba de ser una intrusa, una forastera.




    Escuché una serie de risas a mis espaldas, y supe que los chicos habían llegado al fin. Sentí la forma en que sus cuerpos aterrizaban, con un golpe sordo, sobre la hierba, y se balanceaban suavemente sobre esta para llegar a mi lado. Extrañamente, me sentí a salvo.




    — Él es Louis — dijo la voz de Yudhenic, antes de que esta llegara hasta mí. Asomó su cabeza sobre mi flanco derecho. — Es lo más parecido a un líder que tenemos porque es el que más tiempo ha estado en la manada…




   — Al pobre nadie lo quiere en una familia real — susurró la voz de Oswald sobre mi oído izquierdo.
¿Y este cuando llegó ahí?




   — Ese de allá es su hermano y mano derecha, Mönche — prosiguió la castaña, haciendo caso omiso al comentario de su compañero. Señaló al segundo león, notablemente más esbelto que el primero. Tenía una melena oscura larga y poco esponjosa que me recordó ligeramente a la de Scar. — Es más amable que Louis…




    — Pero a veces es algo idiota — se apresuró a confirmar Oswald y en mi oído, una vez más.




    — Nadie puede negar eso — masculló Mahary, en algún punto a mis espaldas.




    Yudhenic continuó ignorando los comentarios y decidió que era tiempo de avanzar. Se adelantó un par de pasos, alejándose de la acacia para dirigirse al estanque que había logrado vislumbrar desde la cima de la colina. La seguí con paso animado, intentando no pisar las matas de flores lilas, y el resto del grupo caminó detrás de mí, como si de una escolta se tratase.




    La leona se detuvo a medio camino, observando algo en medio de un par de baobabs de mediana altura. Seguro, cuando creciera lo suficiente, el espacio no sería óptimo para ambos y uno tendría que matar al otro… o fusionarían sus troncos para convertirse en un árbol enorme. La idea me recordó al Árbol de los Grandes Reyes y, por consiguiente, a Kopa.




    Aparté la idea al concentrarme en lo que Yudhenic quería mostrarme. Entre ambos baobabs, había otro par de leones. El primero de ellos, recostado panza abajo sobre una enorme piedra, tenía una curiosa melena rizada del color de la noche, al igual que sus ojos, que creaban un gran contraste con su pelaje claro, casi tanto como el de Mheetu. El segundo tenía el pelaje y la melena de un dorado tan intenso que casi no se distinguía la diferencia. Este se lamía la pata como parte de su rutina de aseo, hasta que se percató de nuestra presencia y nos observó, pasmado, con un reluciente par de ojos de cristal, mucho más claros que los de Vitani. Por alguna razón, me resultaron sumamente hipnotizastes.




    — El rubio de ahí es Sameer, y el de los rizos es Ralph — los presentó Yudhenic, y los aludidos saludaron con sus manos cuando escucharon sus nombres.




    Me limité a dar un asentimiento con la cabeza como respuesta.




    — Tienen la mala costumbre de cantar por las noches, te recomiendo no dormir cera de ellos — aconsejó en mi oído, una vez más, el león.




    — ¿Viniste a ayudar o a quejarte de la manada? — le espetó Yudhenic, aunque conservaba en su voz un atisbo de alegría que arruinó su papel imponente.




    Oswald puso los ojos en blanco de forma dramática y sobreactuada.




    — Uy, perdón por ser sincero.




    Yudhenic entrecerró los ojos de forma suspicaz, antes de continuar con el recorrido. Y el grupo completo la siguió hasta llegar al pequeño estanque. Ahí, bebiendo agua desde la orilla, se encontraban un par de leonas. Resultaba bastante curioso verlas, ya que una era poseedora de un pelaje beige casi blanquecino, mientras que la otra era casi tan morena como Scar. Era como ver juntos el día y la noche. Ninguna de las dos reparó en nosotros, de modo que no pude ver bien sus rostros para unirlos al archivero que empezaba a formar en mi cabeza.




    — Y por último tenemos a las chicas que están en el abrevadero. Son Arafa y Danny — dijo Yudhenic. — Ellas son amigas desde cachorras y llegaron juntas a la manada. Te caerán bien.




    La castaña me dedicó una sonrisa amistosa que me correspondí sin esfuerzo. Una vez pasado el miedo inicial, podía empezar a descubrir las buenas intenciones de la leona y del grupo que me había visto despertar en aquella cueva.




    — Traje de algo de comer — interrumpió de repente la voz de Karen.




    El grupo se apartó para abrir paso a la chica. Entre las fauces cargaba a rastras lo que, alguna vez, habían sido las costillas y el muslo derecho de una cebra. El estómago me rugió con una fuerza bestial apenas detecté el olor de la carne fresca. Por un momento, se escuchó como si me hubiese tragado a otro león.




    Recé porque nadie lo hubiese escuchado. Pero todos parecieron hacer oídos sordos ante aquel gruñido.




    — Genial — exclamó el león de ojos esmeralda.




    La chica depositó la carne frente a mí, como tentando mi fuerza de voluntad. Prefería esperar a que todos se alejaran para empezar con el festín. Edward agachó la cabeza, con la boca abierta, para dar un mordisco a la comida. Karen, al notarlo, no dudó en asestarle un zarpazo en la nuca. El león se incorporó de golpe, sobándose.




    — Muévete, Ed. Es para Lian — aclaró con un gruñido de irritación falsa. — La caza está por allá, Louis te dará tu parte.




    El aludido obedeció, alejándose aún con una pata masajeando la zona adolorida. Oswald le siguió en el acto, regresando al lugar donde Louis y su hermano, Mönche, descansaban. Observé a Karen y a Yudhenic, las únicas que aún permanecían junto a mí, y les dediqué una sonrisa.




    — Gracias, de verdad — dije a ambas.




    — No es nada, Lian — aseguró Yudhenic, devolviéndome la sonrisa.




    — Para eso estamos — agregó la otra, alzando la pata en mi dirección.




    La dejó suspendida en el aire, mientras observaba mi propia pata. ¿Pero qué demonios significaba esto? Tardé un par de segundos en comprender que se trataba de un saludo, y esperaba a que chocara mi mano con la suya.




    Sin estar muy segura (ni convencida) de cómo hacerlo, levanté mi pata hasta donde estaba la suya, con la idea de rozarla solo un poco. Sin embargo, la leona dejó caer todo el peso de su brazo sobre mi mano. El impacto me recorrió el brazo de forma electrizante, con esa sensación muy similar a cuando uno se golpea el codo por accidente. Tras eso, me sonrió de oreja a oreja y se alejó por donde sus compañeros se habían ido.




    Apenas se giró, aproveché para sacudir mi brazo en un intento por deshacerme de aquella horrible sensación. Yudhenic rio por lo bajo, y me volví para verla.




    — Cuando termines, si quieres, puedes venir con nosotros — ofreció. —Estaremos junto a la fogata.




    Seguro debí haber tatuado en la cara mi incomprensión, porque rápidamente agregó:




    — La época de lluvias suele bajar mucho la temperatura por las noches en esta zona, dormimos alrededor del fuego.




    Tenía sentido.




    Y, tras decir eso, imitó a sus compañeros y me dejó sola con la presa. Un nuevo rugido de mi estómago hizo aflorar ese viejo instinto animal que, con el hambre, solo se intensificó. Estaba famélica, y si no comía algo pronto iba a darme una horrible jaqueca.





    Tomé el muslo con las dientes y lo llevé hasta los pequeños arbustos que crecían cerca del manantial entre un par de piedras de mediano tamaño. Desconocía el lugar y no quería que nadie me viera mientras me alimentaba, tanto miembros de la manada como extraños que pasaran por ahí. Me pareció que era un lugar más discreto para comer sin llamar la atención de algún buitre o, peor aún, un grupo de hienas. 
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Lun Oct 03, 2016 8:07 am

Tenía la idea de que había dejado mi comentario en el capítulo anterior pero revisando, me di cuenta de que estaba equivocada (lo siento Dx) Así que paso ahora a dejarlo:

¡Excelentes capítulos! La historia se está poniendo cada vez mejor y más interesante. Siento pena por Lian que salió de golpe del funeral de su sobrino y ahora debe contenerse entre un grupo de leones que desconoce Sad
Asimismo, me gusta muchísimo la idea de ese popurrí de leones completamente diferentes que se cuidan entre sí mientras buscan su propia manada. Además, les das a cada uno una personalidad única, y al encajarlos con su correspondiente dibujo, pude imaginármelos mejor. Por cierto, ya me encariñé con Oswald. ¡¡Me cae tan bien!!

Espero que continúes pronto, la historia va genial I love you
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Lun Oct 03, 2016 10:11 pm

Buen capitulo lily me gusto mucho este capitulo has hecho una buena descripcion de las personalidades del resto de los leones/as de ese grupo espero el proximo capitulo.

¡saludos y rugidos!
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Bako el Vie Oct 07, 2016 9:17 pm

Perdón por no comentar tu capitulo anterior... sabes como es la escuela Sad


Me ha encantado todo!
Cada vez me atrapa más el personaje de Lian y que decir de las nuevas incorporaciones.
No puedo evitar pensar en las posibles locuras o momentos divertidos que está nueva manada nos hara pasar con las distintas personalidades que hay.

Excelente trabajo como siempre Lilly. Soy tu fan Very Happy
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Dom Oct 16, 2016 11:55 am

@firsthuntress escribió:Tenía la idea de que había dejado mi comentario en el capítulo anterior pero revisando, me di cuenta de que estaba equivocada (lo siento Dx) Así que paso ahora a dejarlo:

¡Excelentes capítulos! La historia se está poniendo cada vez mejor y más interesante. Siento pena por Lian que salió de golpe del funeral de su sobrino y ahora debe contenerse entre un grupo de leones que desconoce 
Asimismo, me gusta muchísimo la idea de ese popurrí de leones completamente diferentes que se cuidan entre sí mientras buscan su propia manada. Además, les das a cada uno una personalidad única, y al encajarlos con su correspondiente dibujo, pude imaginármelos mejor. Por cierto, ya me encariñé con Oswald. ¡¡Me cae tan bien!!

Espero que continúes pronto, la historia va genial 
Jajaja, lo mismo me pasó con tu fan fic  tongue 
La idea de esta nueva manada surgió por un documental xD En él hablaban sobre la forma en la que sobreviven los leones macho que no tienen manada (ya sea porque son muy jóvenes o porque otros machos les quitaron la suya) y era precisamente esa: formando grupos entre ellos.
Me alegra mucho que te gustara la idea. Tenía miedo que el introducir tantos personajes de una sola vez fuera una mala idea (he leído historias donde lo hacen y termina con resultados terribles) pero tampoco queria un montón de personajes genéricos. Espero que no acabe de la misma forma jaja, pero no sabes cómo me emociona leer que te agrade Oswald x3


@león kopa escribió:Buen capitulo lily me gusto mucho este capitulo has hecho una buena descripcion de las personalidades del resto de los leones/as de ese grupo espero el proximo capitulo.

¡saludos y rugidos!

Gracias, león kopa Very Happy espero que te agraden los nuevos personajes a medida que avance la historia, gracias por leer!!


@Bako escribió:Perdón por no comentar tu capitulo anterior... sabes como es la escuela 


Me ha encantado todo!
Cada vez me atrapa más el personaje de Lian y que decir de las nuevas incorporaciones.
No puedo evitar pensar en las posibles locuras o momentos divertidos que está nueva manada nos hara pasar con las distintas personalidades que hay.

Excelente trabajo como siempre Lilly. Soy tu fan 

Jajaja, debería disculparme yo por no comentar nada aún en tu fic DX (la escuela es horrible Sad)
Me pone muy feliz leer que te sientas más cercano con Lian  Razz espero que los demás personajes te agraden igual conforme avance la historia
Muchas gracias por tu apoyo, Bako!!
_____________________________

Spoiler:
 La parte cuantada es para el recuerdo de Lian tongue

_____________________________

¡Hola, manada!
Solo como una nota rápida: esta vez dejé en mi galería un par de dibujos para presentar a Karen y Mahary, espero que les gusten Wink
_____________________________


     Capítulo 11: Noche de estrellas (1/2)




    La comida terminó antes de que lograra saciar mi hambre por completo, pero hacérselo saber a mis nuevos compañeros me parecía un abuso bastante grosero. Roer los restos hasta dejarlos completamente limpios era preferible antes que atreverme a pedir más. De modo que, una vez que terminé de comer, y dejé solamente una pila de huesos en el suelo, decidí aceptar la invitación hecha por Yudhenic.


    Caminé hasta la orilla del manantial y sumergí la cabeza en el agua fresca para asear mi pelaje. Contuve la respiración. Cerré los ojos por un segundo, intentando relajarme. Pero todo lo que conseguí fue revivir el último recuerdo que tenía sobre alguna experiencia con el agua. El río, salvaje e indomable como un potro de Namibia, apareció de nuevo ante mis ojos, arrastrándome con la fuerza de un huracán, cortándome la respiración, nublando mi vista en medio de la tormenta.


    Saqué la cabeza del agua e inhalé una profunda bocanada de aire. Cientos de gotas empezaron a escurrir por mi rostro, hasta caer de regreso al manantial.


    El recuerdo de ese río era lo último que había visto del Reino. Y me aterraba. En general, los recuerdos de las últimas treinta y seis horas eran los peores.


    ¿Era posible que pensar en un lugar tan amado como el hogar resultara tan amargo? Parecía que sí.


    Decidí no pensar más en ello, y me dediqué a secar mi pelaje. Aquella tarea resultó ser más rápida de lo que pensé y, para cuando estuve lista, el crepúsculo empezaba a caer detrás de las montañas.


    No muy lejos de la cueva donde desperté, tal y como había indicado la leona, localicé una pequeña fogata, de cuyo fuego desconocía la procedencia, en cuyos alrededores se congregaban los miembros de la manada. Parecían bastante entretenidos riendo y hablando entre ellos, como viejos amigos. ¿Cuánto tiempo tendrían conociéndose? Tal vez lo preguntaría más adelante, cuando no sintiera ese nudo en la garganta que me provocaba la idea de reunirme con unos desconocidos.


    Tragué saliva, intentando deshacerme de esa sensación. Fue en vano, pero decidí avanzar. Siempre con la cabeza en alto y la mirada al frente, como hacía mamá.


    A medida que me acercaba, podía escuchar mejor sus voces, sus risas estruendosas y sus conversaciones sin sentido para mí. Los oscuros ojos de Oswald fueron los primeros en notar mi presencia.


    — ¡Hey, Lian! — sonrió. — Ven, acércate. No mordemos.


    Yudhenic, tumbada a unos pocos metros del león, me sonrió para darme la bienvenida.


    — Justo estábamos hablando de ti — agregó.


    — Cosas buenas, solo cosas buenas — aclaró la voz de Karen, tumbada junto a la leona.


    La rubia me sonrió también, de una forma más burlesca y alegre que sus compañeros. Les devolví el gesto mientras terminaba de recorrer la distancia que me separaba de ellos. Me senté entre Karen y el que, según recordaba, respondía al nombre de Sameer.


    — ¿Ah, sí?— fue lo mejor que pude responder.


    — ¡Sí! Oye, ¿entonces es cierto que te encontraron en el río? — preguntó una voz nueva.


    Al buscar con la mirada, me topé con un par de ojos café cobrizo. Según lo que recordaba, ese león de melena lánguida debía ser Mönche. La manada completa se volvió hacia él para chitarle a modo de regaño, y el chico retrajo las orejas como si hubiese cometido un error garrafal y puso los ojos redondos de sorpresa.


    Reí ante el gesto. No lucía como el idiota que Oswald me había advertido. Parecía un buen chico, incluso tal vez hasta tierno en cierto sentido.


    — Está bien — aseguré, alzando la pata en un ademán para corroborar mis palabras. — Supuse que a estas alturas ya todos sabrían cómo había llegado hasta aquí.


    Entrecerré los ojos y lancé una mirada especulativa al pequeño grupo de leones con quienes había despertado hacía unas horas. Yudhenic, Mahary y Oswald arquearon las cejas, haciéndose los desentendidos, aunque con un atisbo de bromeo en sus facciones.


    — Todo fue idea de Ed — acusó Karen, haciendo una mala actuación de un ataque de pánico.


    La manada, y yo también, nos volvimos en dirección al aludido. El chico parecía haberse quedado dormido con los ojos abiertos y el rostro exento de expresiones, mirando perdidamente algún punto indefinido entre el fuego de la hoguera. Bastaron un par de segundos en silencio para que se percatara de que todos los ojos estaban puestos en él. Nos observó extrañado, como si acabase de despertar de un largo sueño.


    — ¿Qué? — preguntó, dejando claro que no había puesto la menor atención a la plática.


    El grupo entero soltó una carcajada a la que no dudé en unirme.


    — Eddie, eres el ser más distraído que conozco — rio Yudhenic.


    — No los escuché — se defendió el castaño. — ¿Qué fue lo que dijeron?


    — Mejor vete a dormir, Ed — rio Oswald. — Tienes cara de zombie.


    — Eddie siempre tiene cara de zombie — exclamó Karen, como si fuese algo obvio.


    Y en medio de toda esa alegría, yo permanecía callada sin saber qué decir. ¿Qué podía hacer si solo hablaban asuntos locales y yo era una forastera? Observar era mi única opción.


    Genial, justo mi actividad favorita.


    — ¡Ya! No dejan que responda mi pregunta — chilló Mönche una vez más.


    La manada guardó silencio y, en fracciones de segundo, la atención de todos era completamente mía. Bien, ¿qué se suponía que debía hacer ahora?


    — Sí, me encontraron en el río — me encogí de hombros, buscando refugio en las miradas de las leonas que conocí al despertar. Agaché las orejas, apenada. — Anoche caí ahí por accidente y no pude salir.


    — ¿Anoche? ¿En medio de la tormenta? — dijo el león sentado a mi derecha, Sameer. — ¿Qué hacías a esa hora?


    Dejar de tocar esa herida parecía imposible para esos sujetos.


    Me limité a reclinar la cabeza y fijar mi mirada sobre la herida de mi brazo.


    — Nada importante.


    El grupo pareció entender la indirecta. El silencio se propagó durante unos pocos segundos que me parecieron años.


    — Mejor, háblanos un poco más de ti — sugirió una voz nueva.


    Al levantar la cabeza me topé, al otro lado del fuego, con las leonas del manantial. No estaba segura de cuál de las dos era la que había hablado, pero le agradecí internamente por romper la tensión de la atmosfera.


     — Sí, por ejemplo, ¿de dónde vienes? — sugirió la rubia. De modo que, la que había hablado primero era la morena, Arafa. — ¿Qué te gustaba hacer en tu antiguo hogar?


¿Antiguo?, repetí en mi cabeza. Pienso regresar. Aún es mi hogar.


     — Soy de las Tierras de la Pradera — respondí.


     — Eso está algo lejos de aquí, ¿no crees? — habló el líder, Louis, por primera vez.


    Me volví para verlo. El león estaba recostado contra una piedra, al otro lado de Sameer. No quería parecer ignorante, pero lo cierto era que no tenía la más remota idea de cuánto me había alejado de casa, de modo que me reservé el derecho a dar una respuesta a aquello.


    —  ¿El río te trajo hasta aquí? — preguntó su hermano.


    — Eso creo — me encogí de hombros y agaché la mirada una vez más.


    Me sentía de lo más estúpida. ¿Cuántas veces conoces a alguien que cae a un río y termina tan lejos de casa? Había que ser muy idiota para que te ocurriesen cosas así.


    Y, por alguna razón, parecía que yo encajaba con el perfil.


    — No te preocupes, todos llegamos aquí de formas extrañas — agregó Sameer. — Ralph y su estampida, por ejemplo.


    Los machos del grupo rieron a coro.


    Traté de recordar quien era el supuesto Ralph, aunque no me resultó difícil reconocerlo. Era el único que no se estaba riendo. Sonreía más por compromiso que por verdadero gusto.


    — Eso fue un accidente — se defendió el chico, antes de volverse hacia mí. — Hacía días que había dejado la manada y no había comido más que sobras y carroña. Y entonces, encontré un grupo de búfalos. No dudé en ir por ellos, pero no tenía idea de cómo cazar. Así que se asustaron y term…


    — Terminó siendo perseguido por toda la manada de ñus — terminó Oswald. — Imagínatelo. Eran más de cien animales, todos detrás de este tipo. Estaban a punto de hacerlo puré — señaló al chico de la melena rizada. — Nosotros estábamos acostados al otro lado del río cuando vimos su trasero escapando de los búfalos.


    — Tuve que cruzar el río para salvarme — agregó Ralph, aún sonriente.


    — Y cuando cruzó, se unió a nosotros — rio Louis.


    No me había percatado de que me estaba riendo al imaginar aquello. La manada coreaba mis risas, de modo que mi voz apenas podía distinguirse.


    — ¡Ayúdenme! Finjan ser mi manada. Esos búfalos van a matarme — agregó Oswald, haciendo una mala, pero divertida, imitación de su compañero.


    — Algún día les pasará también — dijo Ralph, viendo a sus compañeros — y será su karma por reírse.


   — A mí sí me ha ocurrido — comenté casi de forma automática. — La última vez fue con un grupo de elefantes.


   — ¿Elefantes? — inquirió el sorprendido Mönche. — ¡Eso es otro nivel!


   — ¿Cómo lograste escapar? — preguntó Yudhenic.


    Me encogí de hombros y esbocé una sonrisa.


    — Un milagro — dije. — Mi sobrino y sus amigos me acompañaban. Apenas tuvimos tiempo para trepar a un montículo de piedras. Y justo cuando pensábamos que lo peor había pasado ya, nos dimos cuenta que los elefantes se dirigían hacia las cazadoras de nuestra manada. Corrimos tras de ellos, y apenas pudimos salvar a las leonas. Aunque no cenamos ese día.


    La manada rio, y yo con ellos. Al menos hasta que empecé a recordar a profundidad ese día. Esa era la última gran aventura que había vivido con Mheetu y los cachorros. Antes de que él decidiera irse. Antes de que Zira terminara con lo que quedaba.


    En las llamas de la fogata, en el extraño movimiento ondular de sus flamas, casi pude ver dibujada aquella escena guardada en mis memorias. La pradera apareció en el rojo del fuego, junto a los rostros de los cachorros. Incluso la adrenalina que corrió por mi cuerpo en aquella ocasión parecía aparecer de nuevo. En las risas de mis acompañantes resonó el eco del furioso barritar de los elefantes.


    Y pensar que aquellos recuerdos eran de esa misma semana. Es abrumador como las cosas pueden cambiar de un día para otro; en una fracción de segundo. En un abrir y cerrar de ojos.


    — Bien, será mejor que vallamos a dormir ya — dijo Louis, antes de lanzar un profundo bostezo al aire.


    Al otro lado, Oswald sacudió rápidamente su pata frente a su rostro y arrugó la nariz en un gesto de asco.


    — Louis, tápate el hocico — se quejó. — Pude olerlo hasta acá.


    El aludido rio.
    — ¿Por qué mejor no solo cierras el pico y dejas de molestar?


    — Porque no es divertido — replicó el moreno.


    — Cállate ya. Buenas noches — Louis se acomodó entre la hierba, y la manada lo imitó.


    — ¡Buenas noches! — dijeron todos al unísono.


    Y, para cuando me di cuenta, ya todos se habían acurrucado en sus respectivos lugares. Como si el sueño les hubiese caído de golpe. Decidí probar suerte, y me recosté suevamente sobre la hierba fresca para observar el cielo nocturno. Desde que Simba y yo habíamos regresado a la Roca del Rey, no había vuelto a dormir bajo las estrellas. Era casi como si hubiese olvidado lo que se sentía.


    Aunque recordaba las posiciones de algunas constelaciones. Papá había intentado enseñármelas hacía tiempo, en una noche de verano que carecía de nubes. El cielo estaba despejado, y la Luna Llena iluminaba las praderas con su reluciente y nívea luz. Las luciérnagas nos acompañaban, creando un ambiente lleno de diminutas lucecillas titilantes acompañadas por el cantar de los grillos. Y su voz… casi podía escucharla de nuevo en ese momento. Era algo que jamás podría olvidar.


    Si lo que nos dijo a Simba y a mí sobre los Grandes Reyes era cierto, entonces él y Kopa debía de estar ahí arriba. Igual que los dueños de los nichos que había visto en el Árbol, la noche anterior. ¿Era posible que estuvieran viéndome desde ahí arriba? Escruté las estrellas en busca de alguna señal, pero la paz del firmamento parecía inquebrantable.


    Tal vez sí estaban ahí. Pero no viéndome a mí. Tal vez no, y solo estaba contemplado un montón de puntos brillantes a millones de años luz.


    Decidí guardar mis ensoñaciones y filosofías de vida para otro momento. Giré en mi lugar para recostarme sobre mi flanco izquierdo buscando un punto cómodo para descansar.


    — Buenas noches — susurré a la hierba, antes de cerrar los ojos.


*               *               *               *               *

    Insomnio. Mi palabra favorita en esos últimos días.

    Continúa...
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Dom Oct 16, 2016 1:01 pm

buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto y me alegro que poco a poco se adapte al grupo es fantastico jeje saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Miér Oct 19, 2016 11:55 am

Buen capitulo lilly que bien que lian ya se este adaptando al grupo de leones espero que lian regrese a su hogar su manada debe estar muy preocupada por ella espero que sigas pronto.

¡saludos y rugidos!
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Miér Oct 19, 2016 4:57 pm

Grandioso capitulo amiga espero que sigas la historia esta muy interesante ya quiero leer lo que sigue estoy muy emocionada 
Saludos  :sim:
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Miér Oct 19, 2016 5:21 pm

Como siempre, el capítulo estuvo grandioso. Me gusta mucho la manera en que Lian se abstrae en sus recuerdos, y juro que cuando leí la escena de la fogata sentí como si estuviera mirando una película. ¡Hermosa manera de narrar, Lilly! Nunca me voy a cansar de decírtelo.

También admito que me encanta esa picardía y complicidad que reina entre los leones, cada diálogo que leí de ellos me sacó una sonrisa.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Bako el Miér Oct 19, 2016 10:10 pm

Nunca nos fallas, Lily Very Happy

Por lo de mi fic, no te preocupes que cuando tengas la oportunidad de comentar será bien recibida tu opinión. Lo creas o no, tu opinión me es muy importante pues eres una gran escritora y de mis autoras favoritas. Puede que haya días en los que me atrase en leer tu historia o me pierda un poco pero por favor no la abandones.

Un saludo!
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Oct 24, 2016 12:10 pm

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto y me alegro que poco a poco se adapte al grupo es fantastico jeje saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Muchas gracias por tu comentario KIRAN, me alegra mucho que te guste  Very Happy

@león kopa escribió:Buen capitulo lilly que bien que lian ya se este adaptando al grupo de leones espero que lian regrese a su hogar su manada debe estar muy preocupada por ella espero que sigas pronto.

¡saludos y rugidos!

Muchas gracias, león kopa x3
Ella se irá adaptando poco a poco, ya verás cómo se desarrollan las cosas  Wink

@princesstwivinecadenza escribió:Grandioso capitulo amiga espero que sigas la historia esta muy interesante ya quiero leer lo que sigue estoy muy emocionada 
Saludos  

Hola  Very Happy
Muchas gracias por dejar tu cometario, es muy inspirador para mi leerte x3

@firsthuntress escribió:Como siempre, el capítulo estuvo grandioso. Me gusta mucho la manera en que Lian se abstrae en sus recuerdos, y juro que cuando leí la escena de la fogata sentí como si estuviera mirando una película. ¡Hermosa manera de narrar, Lilly! Nunca me voy a cansar de decírtelo.

También admito que me encanta esa picardía y complicidad que reina entre los leones, cada diálogo que leí de ellos me sacó una sonrisa

Gracias, Paula  Very Happy
Esperaba que esa parte tuviera un impacto como el que dices, a pesar de la confusión de Lian jaja
No sabes cómo me alegra leer que te guste la relación entre la manada x3 tardé un rato en organizar los dialogos, basándome para algunos en conversaciones reales con mis amigos de los que cambié algunas expresiones para no "mexicanizarlos"

@Bako escribió:Nunca nos fallas, Lily 

Por lo de mi fic, no te preocupes que cuando tengas la oportunidad de comentar será bien recibida tu opinión. Lo creas o no, tu opinión me es muy importante pues eres una gran escritora y de mis autoras favoritas. Puede que haya días en los que me atrase en leer tu historia o me pierda un poco pero por favor no la abandones.

Un saludo!

Jaja, muchas gracias, Bako Very Happy
Aww, que lindo!   Cuando empecé a subir el fic nunca creí que tendría tan buena acepatación entre la manada, no sabes cómo me emociona leer tu comentario x3

_____________________

Hola, manada  Very Happy

Iba a actualizar la continuación del capítulo ayer porque fue un buen día para mi x3 y esta es una de mis partes favoritas del fic pues es la "entrada" de un personaje importante (aunque es algo corta). Podrán encontrar dibujos en mi galería para conocerlo mejor  Wink

¡Gracias por todo su apoyo!
______________________

Spoiler:
 Para la priemra mitad del capítulo x3 
______________________

     Capítulo 11: Noche de estrellas (2/2)


    Insomnio. Mi palabra favorita en esos últimos días.



    Llevaba casi una hora sin poder dormir. Por más vueltas que diera sobre la hierba, por más posiciones que tomara y por más pensamientos que tuviera, no conseguía que Morfeo me prestase atención. De una forma u otra, mi mente conseguía reproducir una y otra vez el recuerdo de la manada de elefantes.



    Era doloroso. Empecé a considerar el recordar como un acto de masoquismo.



    Con un suspiro de frustración, decidí levantarme de mi sitio. La fogata se había reducido a una pequeña llama que luchaba por seguir ardiendo entre los restos de carbón y madera quemada. El grupo estaba sumido en un profundo silencio; incluso podía escuchar el ronquido de algunos de ellos.



    Ronquidos. Eso me recordaba a Pumba.



    ¡Oh, Timón y Pumba! ¿Estarían enterados de lo que había ocurrido en casa tras su partida? ¡Y Mheetu! ¿Se encontraría ya demasiado lejos de casa como para que la noticia lo alcanzara?



    Por un momento deseé que la respuesta fuera un no. A veces, vivir en la ignorancia es mejor. Yo hubiese preferido en ese momento no saber nada del tema. Así no tendría que cargar con el peso del recuerdo, con la culpa al no haber podido ayudar a Kopa.



    Cerré los ojos. Solo eso bastaba para volver a ver al cachorro. Para volver a tener frente a mi esos ojillos rojizos, y esa sonrisa alegre. Para volver a escuchar el timbre de su voz. Para volver a sentir el miedo en sus gritos de ayuda.



    Empecé a sentir aquella picazón en los ojos, y noté como las lágrimas empezaban a abrirse paso de nuevo. ¡Kopa! ¿Cómo pude permitir que ocurriera? ¿Cómo pude ser tan torpe como para perder contra Zira?



    La desesperación me invadió de nuevo y las imágenes de aquel día, cuando Nala cargaba su cuerpo sin vida, aparecieron en mi cabeza. Mi mente me odiaba.



    Sin poder contenerlo, me levanté y me alejé del grupo. Sentía un horrible nudo en la garganta del cual solo podría deshacerme gritando para liberar el dolor. Quería llorar, llorar hasta que llegara el amanecer y poder morir junto con la noche. Desaparecer de aquel horrible mundo era la única solución que encontraba para detener el dolor.



    La necesidad de correr me invadió de nuevo. Pero el recuerdo del río me impidió salir disparada en cualquier dirección. Trotando entre la hierba, me acerqué al montículo de piedras que había bajado aquella tarde. Empecé a treparlas, sin demasiado esfuerzo, mientras las lágrimas desbordaban de mis ojos y se perlaban por mis mejillas.



    Alguna vez había ayudado a Kopa a trepar piedras similares, las piedras de la Roca del Rey, cuando era tan solo un bebé aprendiendo a explorar el mundo. Recordé sus prematuros intentos por saltar hasta el borde de estas, siempre fallidos, y la forma en que se molestaba cuando no lo conseguía: arrugando aquella diminuta naricita rosa y fulminando profundamente las escalinatas con la mirada.



    ¿Por qué? ¿Por qué de entre todos los seres de la sabana era precisamente a Kopa a quien Zira quería muerto? Hubiese preferido que se vengara conmigo.



    Para cuando llegué a la cueva donde había despertado, la tristeza se había apoderado por completo de mí. Me senté al borde de esta. Cerré los ojos con fuerza y me dejé llevar por el sentimiento.



    ¡Si tan solo hubiese dado más de mí en esa pelea! ¡Si tan solo lo hubiese acompañado para buscar a Vitani! Mi ineficacia le había costado la vida a Kopa, al miembro más inocente de la manada, y ahora el peso caía sobre mis hombros. Yo era la culpable por no haber cuidado bien del infante.



    Con la respiración entrecortada, abrí los ojos y dirigí la mirada hacia el cielo. Observé las estrellas y recordé de nuevo a papá. Su voz retumbó en mis oídos como si estuviese parado junto a mí, repitiéndome una y otra vez la posición de la constelación, describiéndome la forma que debía encontrar de aquel misterioso león. Y me recordé a mí, haciendo una pequeña rabieta al no lograr reconocer la figura indicada. Papá solía reírse de mis expresiones al intentar concentrarme, antes de abrazarme por sorpresa y hacerme cosquillas.



    ¡Su risa! Cómo desearía poder volver a escucharla una última vez.



    El león de las estrellas parecía observarme desde arriba, como un recordatorio de papá y de Mheetu. Como un recordatorio de casa. Su expresión seria y su mirada fija, como si algo le desagradara.



    Seguro era yo. Debía lucir terrible en ese momento.



    El viento sopló, arrastrando hasta mí el fresco olor de la hierba y la tierra húmeda. Cerré los ojos nuevamente para disfrutar aquella esencia recorriendo mi piel. Así era como se sentía al estar parada en la punta de la Roca del Rey. Como si, por un momento, creyese que podía fusionarme con el aire y volar con libertad hacia donde quisiera.



    Abrí lentamente los ojos a medida que la ráfaga perdió fuerza. La expresión del león parecía ligeramente más relajada. O tal vez era solo impresión mía.



    — Son bonitas, ¿cierto? — habló una voz desconocida que me tomó con la guardia baja y me hizo dar un saltito de sorpresa. — Las estrellas.



    Tomando todas las precauciones, escruté el paisaje a mi alrededor. No tardé en localizar al dueño de aquellas palabras. Sentado sobre mi flanco derecho, a pocos metros de mi posición, divisé la figura de un león. La escaza iluminación no me permitía ver bien, pero casi podía jurar que se trataba de un joven de piel morena y melena tan oscura que parecía fusionarse con la noche. No recordaba que Yudhenic me lo hubiese presentado esa tarde.



¿Quién demonios es este y cuánto tiempo lleva aquí?, la pregunta me provocó un escalofrío ante la posibilidad de que hubiera podido verme trepando hasta la cueva sin que yo reparara en su presencia.



    Sin embargo, por alguna razón, lucía casi tan roto como yo y eso me ayudó a tranquilizarme de nuevo. Tenía la mirada fija en el cielo, en la Luna. Sus ojos tenían un extraño resplandor, casi como si poseyeran luz propia. Su expresión melancólica me recordó mucho a la que seguro yo había tenido hasta hacía unos instantes.



    — Sí, lo son — respondí con la voz rasposa a causa del llanto.



    Carraspeé por lo bajo en un intento por regresarla a la normalidad. Discretamente me enjugué las lágrimas con la mano.



    —A veces, cuando todos duermen, me quedo mirándolas durante algunos minutos — agregó, sin despegar la mirada del firmamento.



    — También yo — acepté, suspirando. — Es relajante.



    El chico pareció salir de algún extraño trance y bajó la mirada hasta mí. Verlo a los ojos me resultó extraño. Había algo en ese desconocido que me intrigaba, que me causaba curiosidad. Extrañamente, me sentí tranquila al ver directamente esas pupilas, como si las hubiese visto antes, como si las conociera de algún otro lugar.



    — Lo siento, creo que te asusté — sonrió, mostrando una dentadura bastante bien cuidada. — ¿Cómo te llamas?



    — Lian, soy nueva por aquí — respondí. — ¿Y tú?



    — Soy Robert — su sonrisa se ensanchó ligeramente.



    Intenté devolvérsela, pero me resultó imposible con aquel estado de ánimo. Me limité a girar la cabeza y buscar a la manada en la sabana. Todos seguían dormidos, y mi espacio vacío.



    — ¿Te sientes bien? Pareces triste — preguntó el chico, acercándose un poco hacia mí.
    Volví la mirada hacia él.



    — No, es solo que… estaba pensando — expliqué, clavando los ojos de nuevo en el cielo. — Mirar las estrellas me ayuda a recordar cosas.



    — A mí también — exclamó, antes de ponerse serio de nuevo. — Aunque no siempre son agradables.



Dímelo a mí, arqueé una ceja y, tras ellos, volví a fijar mi atención en la oscuridad que cubría la sabana.



    La estepa, tranquila y apacible como si fuese parte de un buen sueño, era bañada tenuemente por la pálida luz de la luna menguante. No había estado de humor para notarlo antes pero, a nuestro alrededor, destellaban cientos de diminutas lucecillas. Las luciérnagas debían de haber sido atraídas por las lluvias, al igual que las manadas.



    Era como si una parte de las estrellas hubiese bajado hasta nosotros para hacernos compañía.



    Suspiré. La primera temporada de lluvias que viví era la que mejor recordaba. Fue la única que había pasado en Las Praderas, hasta que derrocamos a Scar. Por ese tiempo todo era tan diferente. Yo era aún muy pequeña, pero eso no fue impedimento para que mis padres decidieran llevarme fuera de la guarida para apreciar el espectáculo nocturno.



    No tenía idea de cómo, aún con una edad tan corta, mi memoria había grabado esa noche tan bien. Recordaba a mamá llevándome en su hocico hacia la parte trasera de la Roca del Rey, ahí donde nadie pudiera interrumpir la velada. Aún podía ver a Simba correteando por la sabana junto a papá, mientras mi madre y yo los observábamos. Incluso sentía la misma ansiedad que en ese entonces por ir tras ellos a jugar y descubrir que era aquello que perseguían tan afanadamente. Intentaba liberarme de los brazos de mamá, pero mi torpe andar dificultaba las cosas. Y, cuando por fin logré hacerlo, apenas fui capaz de dar un par de pasos antes de trastabillar y caer de sentón. En ese momento, Simba aterrizó frente a mí, observando atentamente sus manos. Las levantó ligeramente, y un resplandor amarillento iluminó su cara sonriente. Ante nosotros, algo asustado, se encontraba la primera luciérnaga que vi: un diminuto insecto negro cuyo cuerpo parecía contener una de las estrellas de las que tanto hablaba papá. Era uno de mis recuerdos favoritos.



    Kopa nunca llegó a ver una luciérnaga.



    Al nacer a finales de la temporada de lluvias anterior, no había alcanzado a apreciar su hipnotizante danza nocturna. Jamás sabría lo que era esperar a que cayera la noche para ver aquellos insectos. O perseguirlos incansablemente bajo las estrellas. O apreciar de cerca esa curiosa cara oscura.



    Había tanto que no alcanzaría a conocer nunca.



    Nuevamente, noté como las lágrimas empezaban a empañarme los ojos. Cerré la mandíbula con fuerza para contener aquella sensación.



    — Así que… ¿de dónde vienes? — preguntó Robert, interrumpiendo mi esfuerzo por no romper a llorar.



    Pasé saliva para humedecer un poco mi garganta. Tenía un sabor amargo, y se sentía como si hubiese tragado navajas.



    — De las Praderas, donde se asienta el reino del rey Simba — respondí a duras penas, de forma casi automática.



    Entonces sentí una punzada en la nuca al percatarme que había revelado información de más.



    — ¿Rey Simba? — inquirió el león. — Creo que no lo conozco.



    Eso me tomó por sorpresa, haciéndome olvidar mi pequeño desliz verbal.



    — ¡¿Cómo puedes no conocerlo?! — exclamé, sintiendo como poco a poco, el dolor que había dejado mi último pensamiento se esfumaba para ser reemplazado por la intriga.  — ¿Nunca has visitado Las Praderas?



    El chico negó con la cabeza.



    — No, lo recordaría de ser así — una vez más, me miró a los ojos. Extrañamente, el contacto visual no me incomodaba. — Mi hogar está muy lejos de estas tierras, dudo que alguna vez haya visitado Las Praderas.



     — Deberías hacerlo — me encogí de hombros. — Es un lugar agradable. ¿De dónde vienes tú?



    Robert fijó la vista al Norte, y yo lo imité.



    — De las estepas que están al otro lado de esas montañas.



    La profunda oscuridad de la noche camuflaba bastante bien todo lo que estaba a la distancia. Apenas eran apreciables las copas de los árboles que la Luna alcanzaba a iluminar. Demoré unos pocos segundos en descubrir la delgada línea que dividía el cielo de la cordillera que había indicado el león.



    — ¿En serio? — arqueé una ceja y me volví para verlo. — ¿Y qué haces tan lejos de casa?



    — Es una larga historia — bajó la mirada un segundo, antes de volver a posarla sobre mí. — ¿Qué tal tú? ¿Por qué te fuiste de las Praderas?



    No pude contener una pequeña sonrisa de pena al recordar lo que había ocurrido desde que me había despertado esa tarde.



    — En realidad me perdí y… también es una larga historia.



    — Entiendo — aseguró el chico, como si realmente supiera de lo que hablaba.



    Y volvió a dedicar su atención al cielo. Lo observé de reojo para no parecer una entrometida. Era ligeramente más alto que yo. De perfil, su nariz mostraba una curiosa curvatura que no había visto antes en otro león. El fleco de su melena se erguía hacia arriba, ligeramente recargado hacia la derecha. El conjunto le daba un aire bastante maduro, aunque debía rondar mi edad.



    En ese momento, Robert pareció percatarse de mi espionaje.



Mierda.



    Lancé un bostezo al aire para disimular.



    — Bien… supongo que me iré a dormir — anuncié, poniéndome de pie. — No sé qué vallamos a hacer mañana pero seguro necesitaré energía.



    — La vida aquí es muy relajada — me dedicó una sonrisa. — A menos que te toque salir de caza, no harás absolutamente nada.



    — Oh, eso es… genial — comenté, caminando en dirección a las piedras que me conducirían de vuelta la manada. — ¡Buenas noches!



    — Buenas noches, Lian.



    Sin perder tiempo, salté cuesta abajo hacia la primera roca que localicé. Bajé con velocidad los peldaños, sintiendo la mirada del león sobre mi espalda. Tal vez era solo paranoia mía, pero juraría que sentía el peso de sus ojos. Luché por ignorar esa sensación y, caminando tan elegantemente como me fue posible, regresé a mi sitio entre Sameer y Karen.




    Me tumbé boca abajo, viendo al lado contrario de la cueva. No estaba segura de el por qué, pero me sentiría bastante incómoda si llegaba a descubrir que aquel extraño seguía observando mis movimientos. Era mejor no saberlo.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Oct 24, 2016 2:45 pm

buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto me parece que robert puede que sea un buen leon quien sabe veremos lo que nos deparara los siguientes capitulos saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Lun Oct 24, 2016 7:49 pm

La profundidad con la que narras los recuerdos de Lian es tan agradable y hermosa! Me encantó este capítulo, y vaya vaya vaya... un león nuevo (me pasé por tu galería y debo decir que los dibujos te han quedado preciosos). Me pregunto qué rol tendrá Robert aquí, aunque creo poder imaginármelo (?). Me parece genial que apenas lo conozca se sienta  cómoda con él Very Happy  Espero ansiosa la continuación Lilly, y por cierto... la musicalización me encantó.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Mar Oct 25, 2016 10:38 am

¡Hola!, por fin pude ponerme al tanto de la trama, como siempre la narración es profunda e increíble, me encantaron los nuevos personajes en la trama y ya me pude imaginar mas o menos su diseño gracias a la increíble narración, este ultimo capítulo estuvo genial, siento mucha lastima por Lian, la escena de las estrellas me hico recordar en una ocasión en la que yo hacia lo mismo, y en mi mente me repetía: ¿por qué no pude hacer esto? ¿Si tan solo hubiera...., y en ocasiones no podía evitar los recuerdos. En fin, espero ansiosa el siguiente capítulo.

Saludos!

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