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Lian's Story (Fan Fiction)

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Bako el Sáb Jul 23, 2016 3:50 pm

Lilly casi nunca comento fanfic o cosas por el estilo pero... me he ENAMORADO de tu historia! en verdad tienes una forma es escribir muy hermosa y logras transmitir el sentimiento mas la muscia con la que acompañas.
Por favor no abandones tu historia, solo me he picado asi con fics como "El Ultimo del Este" y "Las Crónicas de Nala" y ahora el tuyo. Los autores de estas obras las abandonaron, por favor tu no lo hagas o me matarias jaja
Soy tu fan! Very Happy
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Jue Jul 28, 2016 3:17 am

@Alexa18 escribió:Me encanto tanto como el capitulo como la musica, que triste que Mheetu se tenga que ir, espero el siguiente. A por cierto si gustas puedes llamarme ale.
Un enorme abrazo  
Atte: Ale 

Jaja, muchas gracias, Ale (así ya no es tan formal x3) Very Happy

@Aisha escribió:Wow, estos dos ultimos capitulos fueron E-X-C-E-L-E-N-T-E-S  
Me encanta dar una narración tan profunda acompañada por esa tranquila melodía, ¡eres toda una escritora Lily!, siento lastima por el pobre de Kopita, ¡tres despedidas en poco muy tiempo!, debe de ser muy difícil para el. Bueno, yo espero con ansias a que puedas continuar, ¡sigue así!, me dejas intrigada  

Saludos y rugidos

Vaya, gracias, Aisha Very Happy No sabes como me alegra que te guste (se siente como que todas las noches que me la paso escribiendo valen la pena  ) Porque he dejado esto un poco abandonado gracias a mi falta de internet -.- pero espero poder actualizar más seguido y no dejarlos así jaja

@firsthuntress escribió:
¿dije lo suficiente con ello? ¿no? Bueno.
Ya llegamos a las partes que me arrancan lágrimas. ¡Lilly! estos últimos capítulos han estado espectaculares. La emoción, las descripciones y la música me han llegado a lo más profundo, y la despedida de Mheetu fue el golpe de gracia.
Espero que pronto continúes la historia, está tan dulce  

Aww, jajaja, el Gato con Botas x3

Jajaja, cuando escribí el capítulo, realmente no creí que fuera a causar tal impacto, pero me emociona ver que las descripciones y la música ayudan a que se pueda simpatizar con los personajes x3
Pequeño spoiler y disculpa de antemano: habrá más partes que te harán llorar.


@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily vaya increible momento para hechos espero que las cosas vayan bien saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Hola, KIRAN Very Happy hacía mucho que no veía un comentario tuyo por aquí XD es agradable volver a leerte, gracias!! Razz


@Bako escribió:Lilly casi nunca comento fanfic o cosas por el estilo pero... me he ENAMORADO de tu historia! en verdad tienes una forma es escribir muy hermosa y logras transmitir el sentimiento mas la muscia con la que acompañas.
Por favor no abandones tu historia, solo me he picado asi con fics como "El Ultimo del Este" y "Las Crónicas de Nala" y ahora el tuyo. Los autores de estas obras las abandonaron, por favor tu no lo hagas o me matarias jaja
Soy tu fan! 

Hola, Bako Very Happy Jaja, sí, he notado que no comentas muchos fics, y por eso casi no me la creo cuando leí tu comentario. Fue como... WOW!! What a Face  Estuve leyendo tu historia sobre Kiara, Kion y Kopa hasta que mi internet empezó a fallar. Hace unos días la retomé y debo decir que está INCREIBLE!! Dios, no llevo ni la mitad y me encanta x3 (yo tambien soy tu fan XD)

Gracias por inspirarme con tu comentario, me alegra mucho ver que te gusta lo que escribo. Mmm, creo que no conozco esos fics, pero puedo asegurarte que yo no voy a abandonar este Wink (palabra de honor)

________________________

Hola, manada Very Happy

Hoy estuve bastante feliz porque al fin salieron las listas de ingreso de la Universidad ¿Adivinen quien va a ser una futura Diseñadora Gráfica?  Cool

No es la carrera que quería, y probablemente solo me sirva para limpiar baños en un McDonald's .-. pero me emociona haber quedado y decidí celebrarlo actualizando esto y subiendo el capítulo original completo de un solo tajo XD (por eso y porque esta vez no supe dónde cortarlo XD) Espero que les guste
________________________

Spoiler:

________________________

   Capítulo 5: Despedida


    El sol matutino se encontraba a la altura suficiente como para tornar el cielo de un bello color salmón sin desaparecer por completo las estrellas. La luz había despertado ya a las manadas y, con ellas, a la sabana entera.




    Tenía casi veinte minutos escuchando el canto de las grullas y los chillidos distantes de las cebras, mismos que me habían despertado apenas los primeros rayos de Sol asomaron sobre el horizonte. Toda la manada había despertado ya, pero yo no quería levantarme. Escuchaba sus voces afuera de la guarida, pero no estaba de humor para ir con ellos.




    Solo quería quedarme ahí tendida, fingiendo que no existía. Dejando que la oscuridad de la cueva se tragara mi existencia por un rato.




    Inhalé hondo e intenté poner mi mente en blanco. La noche anterior no había conseguido dormir pues mis pensamientos se habían dado vuelo con la inesperada noticia de Mheetu, torturándome mientras los demás descansaban. En el silencio de sus pacíficos sueños había llorado un poco, y ahora sentía el rastro de la sal seca de aquellas lágrimas en el pelaje de mis mejillas.




Debo estar hecha un desastre, me lamenté para mis adentros.




    No iba a salir en tales condiciones. Una princesa nunca luce como un desastre.




    No. Lian nunca luce como un desastre. Al menos no en público. Lo mejor era quedarme ahí mientras Mheetu hacía lo suyo. No quería estar presente cuando lo hiciera.




    — ¿Lian? — me llamó la voz del castaño a mis espaldas. La pregunta hizo eco tanto en las paredes vacías de la cueva como en mis oídos.




No puedes evitarlo por más tiempo, lo prometiste, susurró una voz al fondo de mi cabeza.




    Y con el mayor desgano y tristeza que había sentido en muchos años, levanté la cabeza del frío suelo rocoso para ver a Mheetu por encima del hombro. El castaño estaba de pie en la entrada de la cueva, observándome atento y cauteloso como un gatito con miedo.




    — Ya es hora — me recordó.




    — Lo sé — susurré. — En un momento salgo.




    Escuché el sonido de sus pasos al alejarse. Solo entonces giré para ponerme boca abajo y poder levantarme. Bostecé con pesar y estiré las patas. El cuerpo me dolía como si el día anterior hubiese peleado con una jauría entera de hienas. Un par de vertebras en mi cuello se reacomodaron ante el estímulo haciendo un leve chasquido. Como pude, me limpié el rastro de las lágrimas y la tierra del rostro. Respiré profundo y salí a enfrentar los problemas como se suponía que debía haberlo hecho desde el comienzo de esa mañana. Como se suponía que papá me había enseñado: de frente y sin flaquear, aún a pesar del miedo.




    Imitando la mejor versión de mí, avancé con la cabeza en alto hacia la boca de nuestra guarida. Una ráfaga de aire matutina me dio la bienvenida y reacomodó mi pelaje, estropeado por el movimiento de la noche anterior que había causado mi insomnio.




    Mheetu se acercó a mí. Su aparente jovialidad y alegría terminaba al llegar a sus ojos, donde podía verse claramente su nerviosismo y ansiedad. Seguro debía estar más preocupado que yo por el desenlace de todo esto.




    — ¿Te sientes bien? — inquirió, arqueando una ceja.




    Eso confirmaba mi mal aspecto. Intenté mantener la calma inflando el pecho con aire fresco y dedicándole la sonrisa más sincera que pude.




    — Perfectamente — mentí.




    — ¿Estas segura? — insistió.




    — Será mejor que nos demos prisa — evadí la pregunta. — Te recuerdo que el tiempo sigue corriendo y las leonas no tardarán en salir de caza.




    Y antes de que el chico pudiese decir algo más, reanudé mi camino hacia la manada. Como de costumbre, Zazú daba el reporte matutino a Simba, y ambos se enfrascaban en discutir detalles sobre el orden en la sabana. Nala se dedicaba a darle un baño a Kopa mientras Vitani intentaba jugar con él. El cachorro no era nada tolerante con los baños, y parecía que llevaba varios minutos intentando escapar de la lengua de su madre. Nuka, sentado junto a ellos, observaba la escena, asqueado.
Como si nunca lo hubiesen bañado, pensé. Y luego caí en cuenta de que, en efecto, tal vez Zira nunca lo hubiese hecho.




    Mamá conversaba con mis tías como si no se supiesen de cabo a rabo las vidas de las otras. Típico. Los recuerdos de mi infancia estaban plagados de escenas como esa. Ahora tendrían un tema nuevo del cual hablar.




    — Todos están reunidos aquí — le susurré a Mheetu, quien caminaba junto a mí.  — Es ahora o nunca.




    El aludido pasó saliva ruidosamente y avanzó un par de pasos para tomarme la delantera. Nos detuvimos al reunirnos con el resto. Todos los ojos se posaron sobre nosotros. Y el silencio se adueñó del lugar en cuestión de segundos.




    — Quería aprovechar que están todos aquí para decir esto — dijo el castaño. Se escuchaba firme y decidido, pero tanto yo como el resto de la manada podíamos oler su nerviosismo. — Lo he pensado durante varios días y he decidido que… voy a dejar la manada.




    Todos pusieron los ojos redondos al escuchar aquellas palabras. Por un momento, imaginé que esa debía haber sido mi reacción la noche anterior e imaginé que hubiese pasado de no haber sido enterada con anterioridad. Seguro se hubiera dibujado en mis facciones una expresión similar a la de ellos, hubiera pensado que era una mala broma y luego, al descubrir la verdad, me hubiera molestado por tan repentino anuncio.




    — ¿Qué? — Vitani rompió el silencio que acababa de formarse en la atmósfera a nuestro alrededor.




    — ¿Quieres irte tú también? — chilló Kopa, librándose por fin de su baño obligatorio para acercarse al león.




    — Kopa, escucha — dijo Mheetu.




    — ¿Por qué?




    Sus ojos rojizos buscaban desesperadamente una respuesta, una razón que le pareciera lógica para tomar esa decisión. Sus cejas se arqueaban y arrugaban su frente en un gesto de frustración.




    — Entiéndelo, por favor — rogó el castaño. — Tengo que hacerlo…




    — ¿Qué quieres decir, Mheetu? — interrumpió el pequeño.




    — Quiero ir y formar mi propia manada — explicó el león.




    Los ojos del cachorro se cubrieron con un velo de tristeza al escuchar aquello. Sabía lo que sentía. Tanto para él como para mí, la partida de Mheetu significaría un cambio en nuestras vidas de una forma que aún no lográbamos siquiera imaginar. Implicaba perder a un amigo, a un compañero de juegos y aventuras, a un miembro de la familia.




    — Está bien — mi hermano tomó la palabra, sonriendo amablemente al chico. — Mis mejores deseos van contigo, Mheetu. Espero volver a verte pronto.




    El consentimiento de Simba hacía de esa decisión un hecho oficial. Ahora tenía el derecho de ir y venir a placer. Temía que solo se reservara el de “ir”.




    — Sí, yo también — asintió el aludido.




    Sarafina se levantó y se acercó hasta nosotros, con las miradas atentas de mi madre y sus hermanas sobre ella. La leona abrazó a su hijo tiernamente y acarició con su mentón el mechón de pelo oscuro que crecía sobre su frente, principio de su melena.




    — Ten cuidado, Mheetu — escuché a Sarafina susurrar en el oído de su hijo. Ambos se apartaron un poco para verse a los ojos. Ella le dedicó una sonrisa maternal. — Espero que encuentres una compañera linda y que yo tenga muchos nietos.




    El aludido rio por lo bajo.




    — Sí, mamá.




    — ¡Mi pequeño hermanito! — exclamó Nala, abriéndose paso entre la manada para llegar al lado del castaño. Ambos frotaron suavemente sus cabezas contra la del otro. — Te voy a extrañar mucho.




    — Yo también, Nala.




    El mismo sentimiento de la noche anterior apareció  nuevamente. Mis ojos empezaron a humedecerse y una punzada de dolor se albergó en mi pecho. Gracias, chicos.




    No podía seguir viendo esa escena. Di media vuelta y caminé hasta la orilla de la plataforma de piedra, al lado de las escalinatas para evitar ser vista. En la manada me había forjado desde pequeña la reputación de “chica ruda”, de leona valiente y poco sentimentalista. El que me vieran llorar me parecía desastroso; no podía permitirlo.




    Intenté despejar mi mente, concentrándome en observar el paisaje. Pero las lágrimas que se avecinaban nublaron mis ojos y convirtieron la sabana en una serie de manchas que iban desde los verdes secos hasta diversos tonos de marrón. Algo tan patético como triste. Parpadeé un par de veces, y, sin poder evitarlo, las lágrimas se desbordaron de mis ojos y resbalaron grácilmente por mis mejillas. Agaché la cabeza. Era un desastre. Las lágrimas bajaron hasta mi mandíbula, y de ahí, siguieron su viaje en caída libre hasta colapsar contra la superficie de la roca donde me encontraba.




Esto es demasiado egoísta, me dije a mi misma.




    Y era verdad. No quería que Mheetu su fuera, pero entendía que él debía partir en busca de su propia vida. Todos los leones macho deben hacerlo. Solo las hembras y los herederos al trono permanecen en casa. En ocasiones, era una verdadera pena verse atenido a las leyes de la naturaleza.




    — Lian — escuché la voz del castaño tras mi espalda. — ¿No vas a despedirte de mí?




Mierda, gruñí en mi cabeza.




    No pude responder. Un nudo en la garganta evitaba que las palabras brotaran de entre mis labios. Era mejor, seguro la voz me fallaría en ese estado.




    — Aww, estas llorando — el rostro de Mheetu se asomó por mi flanco izquierdo. Sonreía, pero podía ver en sus ojos que sentía pena por mí. No me agradaba ser vista así, pero no iba a perder el tiempo alegando. — No pensé que fueras a extrañarme tanto.




    Levanté el rostro para verlo de frente. Y sin poder resistir el impulso, lo estreché fuertemente contra mí. El chico me devolvió el abrazo.




    — Espero que encuentres lo que buscas — dije de forma apenas audible. No quería que me fallara la voz.




    — Cuando lo encuentre, volveré para que la conozcas. Y podrás gastarle las bromas que quieras.
    Reí sin ganas ante sus palabras.




    — ¡Mheetu! — lo llamó Uzuri, y ambos nos apartamos.




    El aludido me dedicó una media sonrisa y trotó en busca de la dueña de aquella voz. Lo observé alejarse hasta reunirse con la leona, quien lo abrazó y le expresó algunas palabras de despedida que no pude ni quise escuchar. Solo empeoraría mi situación.




    Di un respingo, y con el dorso de la mano me dediqué a eliminar todo rastro de lágrimas y suciedad. Detestaba que el pelaje se manchara con ellas y dejara marcas de su camino en mis facciones, igual que hacen los ríos sobre las montañas en época de lluvias.




    — No puede ser, ¿tú llorando? — inquirió la voz de falsa sorpresa de Simba.




   Bajé la mano y detuve mi aseo personal para buscar a mi hermano. El león estaba frente a mí, caminando tranquilamente hasta mi posición. Sonreía de forma pacífica, así que supuse que no venía a burlarse de mí. Le permití sentarse a mi lado.




    — Aunque no lo parezca, a veces tengo sentimientos — expliqué, esbozando la mejor sonrisa que pude fingir.




    — Vas a extrañarlo mucho, ¿no es así?




    Eso derrumbó mi intento de sonrisa. Desvié la mirada hacia la manada, donde Mheetu se veía envuelto en una ola de abrazos y frases de despedida. Esa era la última vez que vería a la manada completa reunida en casa. La idea me rompía el corazón.




    — Es como un hermano.




    — ¿Y yo que soy, entonces? — inquirió Simba, ofendido.




    Me volví para verlo con una ceja arqueada.




    — Ni idea. Disculpa, ¿te conozco?




    Mi hermano sonrió ante mi mal chiste. Alzó su pata por encima de mi cabeza y la depositó sobre mi frente para sacudir el mechón de mi fleco. El contacto me provocó un ligero cosquilleó, con el que consiguió hacerme soltar un par de risas. Me escabullí de sus dedos y ambos reímos durante algunos segundos. Segundos durante los cuales retrocedí en el tiempo, atravesando las cortinas de los años, hasta encontrarme con el par de cachorros que fuimos alguna vez. Así, justo así era como lucíamos en los buenos tiempos. Me alegró ver que no habíamos olvidado esa parte de nosotros.




    — Gracias, Nala — escuché la voz de Mheetu acercándose. Su figura se asomó por mi flanco izquierdo nuevamente, pero esta vez dirigida hacia los peldaños para bajas de la Roca. — ¡Espero que tu segundo bebé tenga lo mejor! Volveremos a vernos pronto — dijo, mirándome a mí también, antes de bajar por la escalinata a paso ligero.




    — ¡Mas te vale! — le grité, a modo de advertencia.




    Él me sonrió por encima del hombro sin detener su andar.




    — Ya lo verás. ¡Es una promesa!




    — ¡Adiós! — se despidió,y partió por fin, siguiendo las montañas y siendo guiado por el viento.




    Salir en busca de tu propio destino. Nunca pensé que podría ser creador de tantos sentimientos encontrados. Por un lado, la emoción de descubrir cosas nuevas y averiguar que te depara el futuro. Por el otro, el dolor y tristeza de abandonar todo lo que conoces y amas. Yo ya conocía esa parte, me había visto obligada a hacerlo, y no quería revivirlo. Sin embargo, si realmente quería salir en busca de aventuras, debía hacerlo.




    Observé al león en la distancia. Caminaba rápido. Ahora lucía como una mancha marrón entre las hierbas secas y las ramas de las acacias. Pronto su silueta desaparecería de mi campo visual y no volvería a verla hasta el-cielo-sabe-cuando. Eso solo en caso de que realmente pensara cumplir su promesa.




    — Lian — llamó la voz de mamá. Me volví para verla, junto a Sarafina. — Vamos a salir a cazar, ¿quieres venir?




    La invitación me tomó por sorpresa. Hacía varios meses que no salía de caza. Seguro mi condición había flaqueado y sería un fiasco total el hecho de intentar ayudarlas. Y no me encontraba de humor como para dar muerte a un animal inocente.




    — Sabemos cómo te sientes por la partida de Mheetu — dijo cálidamente Sarafina. — Correr un poco al aire libre te ayudará a despejar tu mente.




Tal vez tenga razón, pensé.




    Asentí con la cabeza como medio de aceptación. Ambas leonas me dedicaron una sonrisa al mismo tiempo, como si hubiesen estado programadas para ello. El gesto me resultó curioso, e incluso me hizo soltar un par de risitas entre dientes.




    Me volví hacia el horizonte. Mheetu ya no estaba. Sentí un vacío en el pecho al descubrirlo, como si algo me faltara. Y tal vez así era.




    — Es hora de irnos — anunció mi madre, trotando a mis espaldas para dirigirse hacia los peldaños de roca.




    El resto de las leonas iban detrás de ella, siguiendo fielmente a su reina. Suspiré y me lancé tras ellas, fijando mi mirar en las huellas que Dwala, la última del grupo, dejaba marcadas finamente en la tierra.




    Siempre me había apasionado observar el paisaje africano. Era la mejor parte de mi día, y lo que más envidiaba de Simba cuando salía con papá. Simplemente estaba en mis venas ser una exploradora. Cada paseo suponía para mí un deleite visual con lo que había a mí alrededor. La cordillera montañosa que, durante las mañanas, se tornaba de diversos tonos de gris y azul, de forma que las más lejanas eran tan difusas que parecían espectros enormes que vagaban por las praderas y las más cercanas eran oscuros manchones tan nítidos que podía apreciarse con facilidad el armónico movimiento de las copas de los árboles que las poblaban. Las hierbas y pastos altos que bailaban grácilmente al compás del viento y tocaban una melodiosa sinfonía natural en dueto con las aves salvajes. La forma en la que el sol se reflejaba con vanidad en la superficie translúcida del manantial, siendo su figura apenas deformada por las diminutas olas que aparecían en el agua.




    ¿Había acaso algo más hermoso que eso? ¿Algo más bello que contemplar la naturaleza en su mayor esplendor? ¿Ser testigo de un milagro tan único como lo es la vida? Hoy la respuesta era no; hoy todo era gris y  carente de elegancia o magia alguna. Hoy todo apestaba como un viejo estero pantanoso lleno de fango verde y materia en descomposición.




    Para cuando me di cuenta, ya estábamos asechando a una manada de cebras desde uno de los pastizales. Era un rebaño numeroso. Podía ver varias crías corriendo por el llano sin cuidado alguno, brincando y jugando entre ellos. Sería bueno atrapar alguno: le estaría haciendo un favor al impedirles conocer la vida. Así no tendrían que sufrir cuando, al crecer, les ocurrieran cosas como las que yo vivía.




    — Lian, ¿escuchaste lo que dije? — la voz de Diku me tomo por sorpresa.




    Parpadeé un par de veces antes de arriesgarme a verla con cara de sorpresa.




    — ¿Qué? — traté de ocultar mi distracción, pero aquella pregunta solo la volvió más obvia.




    Mi tía arrugó la frente en señal de frustración. Sus cejas cubrieron ligeramente sus ojos de esmeralda.




    — Tú y yo iremos a la derecha del grupo.




    — Ah — fue lo más inteligente que se me ocurrió.




    — Sígueme.




    Y se dio la vuelta para internarse entre la hierba. Me moví con cuidado, intentando no perderle la pista. Los pastos me picaban los ojos de vez en cuando, y una especie de esporas entraba en mi nariz ocasionando una horrible picazón. En dos ocasiones estuve a punto de estornudar, y en dos ocasiones me vi obligada a tragarme aquella sensación para no echar a perder la cacería.




    La leona me guío hasta nuestro puesto, donde se suponía que esperaríamos la señal de mamá para saltar al ataque. Pero antes, debíamos esperar a que todas estuviesen en posición y las cebras quedaran completamente rodeadas.




    Recordé la última vez que había salido de caza, el día de la presentación de Kopa. Esa vez había logrado capturar una presa por mi propia cuenta, en solitario. Hoy seguro daría asco. Pero tenía que intentarlo.




    Cerré los ojos e inhalé tan hondo como me lo permitían mis pulmones, hasta sentir que mi pecho rozaba el árido suelo de la sabana. Me agazapé y relajé mi cuerpo. Clavé las garras en la tierra para sentirla entre mis dedos. Exhalé lentamente, cuidando no hacer ningún ruido que pudiese alertar a nuestras presas. Cerré los ojos y agucé mis sentidos.




Concéntrate.




   Teníamos aproximadamente a la mitad de la manada rodeada. Veinte individuos, como mínimo. Todos pastando por su cuenta, observando cada determinado tiempo a las crías jugar. Desconocía sus posiciones, pues no había prestado la atención debida. Lo único que podía hacer era predecir.




    Me balanceé sobre mis patas, moviendo suavemente los hombros. Tensé los músculos de mis piernas, preparándome para saltar…




    — ¡Ahora, Lian, ahora! — gritó Diku.




    Abrí los ojos de golpe. No esperaba que fuera tan rápido. Busqué a la leona para preguntar qué había ocurrido, pero ella ya no estaba a mi lado. Levanté la cabeza por encima de la hierba y descubrí un tropel de cebras corriendo despavoridas en todas direcciones para librarse las fauces hambrientas de mi manada.




    No tenía idea de cuando mamá había dado la señal, pero era obvio que me había tardado en percatarme de lo que ocurría. Salté a la acción y aterricé en el medio de aquella batalla, sintiendo como aquellos herbívoros pasaban trotando a mi alrededor como si yo no existiera. En parte, era así como me sentía: inexistente, fuera de lugar.




    Tal vez, después de todo, venir de cacería sí había sido una mala idea. Pero ya no estaba en posición para arrepentirme.  Ahora era ganar la comida o volver a casa con las manos vacías. Y eso no iba a ocurrir. No hoy; no a mí.




    Salí disparada tras la primera cebra que pasó frente a mí. Una hembra adulta. Si tenía surte, se cansaría de huir antes que yo de perseguirla y podría atraparla con facilidad. Atravesé el pastizal, concentrada en alcanzar ese trasero rayado que corría frente a mí. Escuché los pasos de alguien siguiendo los míos.




Vaya, esta vez alguien se dignó a ayudarme.




    Aquello me hizo pensar en Mheetu. Él era macho, nunca había salido de caza una sola vez en su vida. Y ahora estaba solo. ¿Qué se supone que haría para sobrevivir mientras encontraba pareja? No sabría acechar, ni buscar presas… mucho menos podría atraparlas.




    Si antes había pensado que para mí sería difícil hacerlo sola, no era nada comparado con lo que pasaría el pobre chico. O tal vez sí…




    Una mente divagante y un segundo de descuido, la ecuación perfecta para crear un desastre.




    Mis manos aterrizaron lo suficientemente cerca de las patas de la cebra como para haberla atrapado. Pero estaba demasiado distraída como para hacerlo. Sin embargo, el animal estaba mucho más atento de lo normal y no iba a dejar pasar tan tentadora oportunidad para deshacerse de mí. La ley de la Naturaleza: los oportunistas son los que sobreviven.




    — ¡Lian, cuidado! — escuché a alguien advertirme.




    Pero fue demasiado tarde.





    Los cascos de la cebra se acercaron rápidamente a mi rostro sin darme tiempo para reaccionar. Sentí un fuerte dolor en la sien, sobre mi ceja derecha. Y todo se volvió negro.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Vie Jul 29, 2016 2:46 pm

Lian, NOOOO (sé que no le pasó nada realmente grave, porque sino se termina la historia, pero aún así, NOOO)
Me encantó este capítulo, e incluso lograste que me encariñase con Mheetu. Veo que Lian está muuuuy preocupada por él, pero sólo debe ser mi retorcida imaginación... en fin
Me ENAMORÉ de las descripciones, Lilly. Son tan profundas y están tan bien escritas que me meten de lleno en la historia. Lo malo es que después miro la ciudad a través de mi ventana y me deprimo. buen trabajo, jajaj

¡Felicitaciones por haber ingresado a la universidad! Es un cambio enorme y (no te voy a mentir) muy estresante, pero constituye una de las etapas más lindas de la vida. Yo también iba a seguir Diseño Gráfico a falta de otra carrera que me interesase más, y después de pensarlo mucho terminé en Bioquímica (nada que ver, pero es una larga historia xD)

Así que bueno, mucha suerte y as always, esperaré ansiosa la continuación Very Happy
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Bako el Vie Jul 29, 2016 3:37 pm

Antes que nada MUCHAS FELICIDADES por entrar a la universidad Very Happy
Échale muchas ganas xD es un cambio enorme.

Y bueno, sobre el cap me ha ENCANTADO, es la primera historia en la que simpatizo tanto con el personaje de Meethu, espero no sea la ultima vez que lo veamos o sabemos de él Sad en verdad me interesa mucho este personaje.
Eres una gran escritora, tanto así que me sorprende que hayas leído mi fic xD en serio muchas gracias por tus palabras, significa mucho.

Espero con ansias el nuevo cap Smile
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Vie Jul 29, 2016 4:43 pm

Wow, como siempre te felicito por este excelente capítulo y también por haber ingresado a la Universidad, te deseo muchísima suerte Lily!!, no estoy en la universidad pero por las experiencias que me han contado familiares, es un cambio enorme. En cuanto el capítulo, me gusto bastante, se pudieron sentir los sentimientos de la pobre Lian tras despedirse de la partida de Mheetu, y con lo ultimo que ha sucedido, esperemos que la leona se encuentre bien pale

Espero ansiosa el siguiente capítulo ^^

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Sáb Jul 30, 2016 8:20 am

buen capitulo hermana lily espero que echa este bien y quiero ver como continua y decirte que mis felicitaciones porque iras a la universidad te deseo lo mejor y se que lo haras genil saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Alexa18 el Jue Ago 04, 2016 5:00 pm

Me super encanto, aunque lo leí tarde me gusto mucho.
Un enorme abrazo
Ale
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Sáb Ago 06, 2016 7:44 am

Excelente como siempre.La narración es espléndida, y los diálogos son cómodos de leer.La descripción está en su punto medio, en el que no hay un exceso, pero es lo suficiente como para hacernos una idea.Mantienes el suspenso en cada uno de tus capítulos, y crea una sensación de querer leer el próximo cuanto antes.

Por otra parte, me alegro muchísimo de que hayas ingresado a la universidad.Eso es otro paso muy grande.Yo estoy deseando ir, más que bachillerato, y espero lograrlo al igual que tú.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Dom Ago 07, 2016 2:10 am

@firsthuntress escribió:Lian, NOOOO (sé que no le pasó nada realmente grave, porque sino se termina la historia, pero aún así, NOOO)
Me encantó este capítulo, e incluso lograste que me encariñase con Mheetu. Veo que Lian está muuuuy preocupada por él, pero sólo debe ser mi retorcida imaginación... en fin
Me ENAMORÉ de las descripciones, Lilly. Son tan profundas y están tan bien escritas que me meten de lleno en la historia. Lo malo es que después miro la ciudad a través de mi ventana y me deprimo. buen trabajo, jajaj

¡Felicitaciones por haber ingresado a la universidad! Es un cambio enorme y (no te voy a mentir) muy estresante, pero constituye una de las etapas más lindas de la vida. Yo también iba a seguir Diseño Gráfico a falta de otra carrera que me interesase más, y después de pensarlo mucho terminé en Bioquímica (nada que ver, pero es una larga historia xD)

Así que bueno, mucha suerte y as always, esperaré ansiosa la continuación 

Jajaja, a mi me pasa lo ella está preocupada porque Mheetu es su amigo (y la última vez que se alejó de alguien de su familia no fueron por causas lindas) XD Estará muuuuy preocupada por alguien más adelante (ya quiero presentarselos x3) Ok basta de spoilers...

¡Gracias! Razz me emociona (y aterra) empezar esta nueva etapa, sobre todo porque, como dices, es un cambio enorme. No sabia que también ibas a elegir Diseño Gráfico xD y que luego eligieras una carrera tan diferente... yo quería Cine jaja

@Bako escribió:Antes que nada MUCHAS FELICIDADES por entrar a la universidad 
Échale muchas ganas xD es un cambio enorme.

Y bueno, sobre el cap me ha ENCANTADO, es la primera historia en la que simpatizo tanto con el personaje de Meethu, espero no sea la ultima vez que lo veamos o sabemos de él  en verdad me interesa mucho este personaje.
Eres una gran escritora, tanto así que me sorprende que hayas leído mi fic xD en serio muchas gracias por tus palabras, significa mucho.

Espero con ansias el nuevo cap 

¡Gracias, Bako! Very Happy
Me entusiasma saber que te agradara Meethu x3 y no, él volverá a aparecer más adelante Wink

Tu fic es muy interesante jaja, me gusta sobre todo porque es el primero que leo donde Kopa, Kiara y Kion son de la edad. Estoy esperando terminar de leer todos los capítulos que ya publicaste para comentar en el tema Laughing

@Aisha escribió:Wow, como siempre te felicito por este excelente capítulo y también por haber ingresado a la Universidad, te deseo muchísima suerte Lily!!, no estoy en la universidad pero por las experiencias que me han contado familiares, es un cambio enorme. En cuanto el capítulo, me gusto bastante, se pudieron sentir los sentimientos de la pobre Lian tras despedirse de la partida de Mheetu, y con lo ultimo que ha sucedido, esperemos que la leona se encuentre bien  

Espero ansiosa el siguiente capítulo ^^

¡Gracias, Aisha! Very Happy yo también he escuchado experiencias de mis padres y tios, pero me pone nerviosa ser la primera entre mis primos en ir a la Universidad (todos son más pequeños y no tengo a nadie que me hable de experiencias más recientes XD)
Gracias por tus palabras, son muy alentadoras Razz

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espero que echa este bien y quiero ver como continua y decirte que mis felicitaciones porque iras a la universidad te deseo lo mejor y se que lo haras genil saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily

¡Muchas gracias KIRAN! Me alegra mucho leer tus comentarios 

@Alexa18 escribió:Me super encanto, aunque lo leí tarde me gusto mucho.
Un enorme abrazo
Ale

Gracias por comentar, Ale, siempre es motivador leer 

@Whalia escribió:Excelente como siempre.La narración es espléndida, y los diálogos son cómodos de leer.La descripción está en su punto medio, en el que no hay un exceso, pero es lo suficiente como para hacernos una idea.Mantienes el suspenso en cada uno de tus capítulos, y crea una sensación de querer leer el próximo cuanto antes.

Por otra parte, me alegro muchísimo de que hayas ingresado a la universidad.Eso es otro paso muy grande.Yo estoy deseando ir, más que bachillerato, y espero lograrlo al igual que tú.

Me alegra leer un comentario tuyo por aquí, Whalia Very Happy

¡Gracias! Estoy emocionada y nerviosa por la Universidad (me quedan menos de 10 días para ingresar cx). Yo tambien quería saltarme el bachillerato y pasar directo a la Universidad XD pero puedo asegurarte que es una etapa muy bonita y que debes aprovechar al máximo porque el tiempo vuela y, cuando te des cuenta, ya estarás graduandote.



Aquí el siguiente capítulo, espero que les guste Very Happy
_____________________________

Spoiler:



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   Capítulo 6: Duo (1/2)

    Los músculos de mis piernas ardían como si estuviesen rodeados de un fuego infernal debido al agotamiento. Mis pulmones se rendían ante el dolor palpitante dentro de mi pecho, ocasionado por la falta de oxígeno. Pero no podía detenerme.



    Escuchaba claramente sus pasos detrás de mí, pisándome los talones y amenazando con atraparme. Sentía su cálida respiración recorriendo mi cuello. La presión de sus ojos, clavados en mi nuca.



    Estaba oscuro. Hacía frío. Había mucha vegetación. Estaba perdida en la selva a mitad de la noche. Mis ojos apenas podían distinguir el camino corriendo a esa velocidad, y las ramas y hojas a mi alrededor no dejaban de golpéame continuamente. Era peligroso, pero era peor detenerse.



    Un rayo atravesó el cielo, iluminando brevemente mi sendero. La luz blanquecina duró apenas unas pocas milésimas de segundo, pero fueron suficientes para ayudarme a encontrar una salida de aquel laberinto. Y para mostrarme la proximidad de mi perseguidor. Su sombra se vio proyectada frente a mí, delgada, alta, oscura y densa, como un espectro maligno del bosque. Llevaba al frente un arma alargada que rugía y escupía pequeñas esferas de fuego que quemaban cuando te alcanzaban.



    Yo era la presa, y él el cazador. Una posición poco agradable para un león.



    Al internarme más en la selva, la situación empeoró. Debía encontrar un buen escondite, pues era obvio que no podría deshacerme de él corriendo. Se movía tan rápido como yo, y temía que pudiese hacerlo incluso más. Su cuerpo estrecho y su grácil caminar en dos patas le facilitaban el acceso entre los árboles, cosa que para mí era imposible.



    Empezaba a cansarme, el agotamiento era evidente. Él ya debía saberlo, era lo que estaba esperando para poder atacar. Pero yo era una leona, no estaba acostumbrada a rendirme y no iba a sucumbir ante el cansancio físico. No sin antes pelear.



    Aceleré el paso tanto como el terreno me lo permitió. El suelo era irregular, lleno de piedras, raíces de los árboles, agujeros… y cuestas traicioneras. Mi pata trasera se atascó entre un par de ramas extrañamente torcidas y perdí el equilibrio. Al otro lado había, para mi desgracia, una marcada depresión donde no había nada que pudiese detener mi caída.



    Aterricé de bruces sobre la tierra, y continué descendiendo por la cuesta a base de resbalones y piruetas poco cómodas. Sentía cada golpe, cada pequeño guijarro enterrándose en mi piel. Y, tras un doloroso golpe sordo, caí por fin al desnivel donde terminaba la pendiente.



    Un segundo relámpago arrojó una chispa de luz a la selva. En la cima de la cuesta por donde acababa de resbalar, estaba él. Su figura era tan alta como los árboles, y sus ojos rojizos inyectados en sangre parecían arrojar fuego sobre mí. Tomó aquella arma brillante, y apuntó su boca  hacia abajo, hacia mí.



    Me levanté tan rápido como pude, haciendo caso omiso del dolor de la caída y las heridas que esta me había ocasionado. Salté hacia atrás para salir de su campo de visión, y me descubrí atrapada entré el monstruo y una colosal pared de piedra. Esta vez no había salida.



    El ser avanzó hacia mí, y de un salto bajó hasta mi posición. Su arma estaba preparada para atacarme, y mi cuerpo se paralizó al descubrir que era el fin. El monstruo se acercó cautelosamente, sin bajar la guardia, sin descuidar a su presa.



    Otro relámpago resplandeció sobre el firmamento, dándome a conocer la identidad de mi captor. Era un ser alto, sin pelo que cubriese la piel de su cuerpo, pues este se albergaba únicamente en la cabeza; de facciones blancas, ligeramente rosadas, y un par de ojos oscuros que me observaba con odio bajo aquellas tupidas cejas negras. Se balanceaba sobre sus patas traseras, mientras las delanteras sostenían el arma que me daría muerte. Toda su anatomía estaba cubierta por un extraño material, diferente a cualquiera que hubiese visto antes. Entonces recordé su nombre.



Un humano.



    El monstruo esbozó una sonrisa. Y el arma escupió.



    Abrí los ojos de golpe. Tenía la respiración agitada, la garganta reseca y la nariz cubierta de tierra. Mis pupilas no tardaron en reconocer el lugar. Estaba en casa, dentro de nuestra cueva en la Roca del Rey. Todo había sido un sueño.



Solo un sueño, me dije, intentando tranquilizarme.



    La cabeza me daba vueltas y la frente me dolía como si en verdad el cazador de mi sueño me hubiese disparado. Me estiré con cuidado. El cuerpo me dolía incluso más que esa mañana, cuando Mheetu fue a buscarme para dar su anuncio a la manada. Busqué con la mirada la entrada a la guarida. Afuera el Sol caía como plomo.



¿Qué hora es?, me pregunté.



    Intenté ponerme de pie, pero las piernas me fallaron y regresé al suelo de golpe. El impacto sacudió mi cabeza e intensificó el dolor en mi frente. Por acto reflejo, me sobé suavemente la zona con la pata. No recordaba mucho, y no estaba segura del por qué me dolía, pero era horrible.



    — Lian, al fin despiertas — reconocí la voz de Nala.



    Me volví para buscarla. La leona se encontraba a mis espaldas, tumbada de costado sobre el montículo donde ella y Simba solían dormir. Su abultado vientre de embarazada no le permitía acostarse en otra posición, ero se veía bastante cómoda. Tal vez porque sabía que su limitada movilidad pronto valdría la pena, teniendo como hermosa recompensa su segundo cachorro que, por lo visto, no tardaría demasiado en querer salir a conocernos.



    Giré con cuidado para verla de frente.



    — ¿Qué… qué pasó? — mi voz se escuchaba seca y rasposa.



    — Las leonas te trajeron a casa inconsciente — explicó con voz cálida y esa mirada maternal que había aparecido en sus ojos tras el nacimiento de Kopa. — Dicen que una cebra te golpeó en la frente y te desmayaste. Simba las ayudó a cargarte hasta aquí.



    — ¿Simba? — repetí, volviéndome hacia la entrada de la cueva.



    Afuera todo parecía bastante tranquilo. ¿Dónde estaba todo el mundo?



    — Las leonas salieron de caza y tu hermano está patrullando el reino — agregó Nala, como si hubiese leído mis pensamientos.



    Eso lo explicaba.



    — ¿Qué hora es? — pregunté, antes de lanzar un profundo bostezo.



    — Poco más de medio día.



    — Creí que sería más tarde. Tengo sed. Y mucha hambre, ¿aún queda algo de las cebras?



    Apoyé mis patas con cuidado para intentar, una vez más, ponerme de pie. Esta vez fue mucho más fácil, como si mi sentido del equilibrio estuviese recuperándose. Nala me observaba atenta.



    — Lian… has dormido durante dos días.



    Eso me erizó el pelo del cuello.



    — ¡¿Dos días?! — jadeé.



    — Parecía que habías muerto — bromeó, pero sus facciones volvieron a serenarse al notar que mi expresión de sorpresa solo aumentó tras su comentario. — Seguro quieres comer algo. Te guardamos un poco del desayuno, por si acaso. Está afuera.



    Me limité a asentir en respuesta.



    Caminé sin prisas hacia el exterior. Mis piernas y brazos aún flaqueaban a ratos y amenazaban con hacerme regresar al suelo. Un paso a la vez, como de cachorra aprendiendo a andar.



    Aún a ese paso, no tardé mucho en llegar al exterior. Como había pensado, el sol golpeaba con mano dura la sabana, pero nada fuera de lo común. Después de pasar dos días confinada a la oscuridad de la cueva, el calor se sentía bien sobre mi piel adormecida y sucia.


    Como Nala había indicado, encontré los restos, aún con la sangre fresca, de una gacela a la sombra de una de las acacias que crecían sobre la Roca. Siempre me había parecido curioso el hecho de que un árbol tan grande como las acacias pudiese crecer en un terreno tan duro y muerto como las piedras. El instinto de supervivencia es uno de los más fuertes.



    El animal había quedado recostado sobre su flanco derecho antes de que mi familia decidiera empezar a almorzar, por lo que podía ver ante mí sus delgadas patas, casi intactas, terminadas en una pesuña doble que lucía bastante desgastada. Seguro había sido un ejemplar de edad avanzada, sus largas astas lo confirmaban. La cabeza no tenía un solo rasguño, pero el cuerpo, a partir de la yugular, se encontraba completamente destazado. Las costillas de la gacela estaban descubiertas casi en su totalidad, carentes del músculo que solía rodearlas y protegerlas. La cavidad torácica estaba abierta  y desgarrada, y desde fuera podía apreciarse la falta de algunos órganos internos. Algunas moscas empezaban a husmear entre los pliegues de piel teñidos en bermellón. ¡Valla festín que se habían dado sin mí!



    El olor de la sangre me motivó a recorrer los últimos metros que me separaban de la gacela. Un par de segundos bastaron para cumplir mi cometido, e incrusté mis dientes con enjundia en la carne suave del muslo de la presa. Apenas ese sabor salado hizo contacto con mi lengua, me entregué por completo a mis instintos. No me había percatado de cuan hambrienta estaba en verdad hasta ese momento. Era como si mi estómago cantara de alegría después de dos días sin combustible.



    La carne pareció terminarse demasiado pronto para saciar mi hambre, y no dudé en continuar por roer los huesos y las costillas que aún conservaban algo de aquel preciado alimento. Incluso, una vez terminada la tarea, mi estómago me obligó a hundir la cabeza en los restos del tórax y buscar algo comestible dentro del animal.



    Cuando terminé, la gacela había perdido su forma definitivamente. Aún quedaban algunos restos de piel y órganos, pero eso iría a parar al estómago de algún animal carroñero. Los buitres y los chacales abundaban a esa hora del día. Me aparté del cadáver y procedí a limpiar los restos de sangre de mi cara. Estaba echa un completo desastre; no recordaba cuando había sido la última vez que había comido con esos modales. Limpiarlo no sería tarea fácil.



    Pensé que lo mejor sería limpiar mi pelaje con agua. Ir al manantial resultaría perturbador para los animales que pudiesen estar cerca, así que decidí asistir al pequeño abrevadero que se encontraba sobre el costado derecho de la Roca del Rey, cerca de la cueva donde dormían Zira y sus cachorros, misma que alguna vez perteneció a Scar.



    Pasé trotando frente a la cueva para evitar llamar la atención de Nala, y continué hasta llegar al otro extremo de la Roca del Rey, justo donde estaban los peldaños. Escruté rápidamente el panorama, asegurándome que estuviese despejado para poder moverme sin ser vista en aquellas condiciones. Todo lucía bastante tranquilo, y si había algún animal en las cercanías debía estar lo bastante lejos como para no percatarse de la sangre.



    Descendí la escalinata con agilidad. Apenas mis patas tocaron la tierra seca de la sabana, reinicié mi trote hacia el abrevadero. Corrí hacia mi flanco izquierdo atreves del área despejada que formaba un medio circulo entre la Roca y la cueva de Zira. Si tenía suerte, esta estaría tan ocupada cuidando del pequeño Kovu que no notaría mi presencia. Di vuelta al finalizar la zona rocosa, y continué avanzando a espaldas de los aposentos de la leona. Ahí, justo donde la piedra empezaba a tomar volumen para formar nuestra cueva, estaba mi objetivo.



    Era apenas un charquillo, reducido por la aridez de la temporada, de forma ovoide que se encontraba cómodamente ubicado a la sombra de dos acacias. Me acerqué a él, y contemplé mi reflejo en sus aguas, tan cristalinas y frescas como siempre. Mis ojos verdes resaltaban enormemente en contraste con el bermellón de la sangre. Mi nariz, cuyo color rosado no había cambiado desde la infancia, estaba ahora cubierta por una capa rojiza que empezaba a tornarse marrón.



    Fruncí el ceño. La sangre empezaba a oxidarse, y solo complicaría más la labor. Sin pensarlo demasiado, inhalé una profunda bocanada de aire y sumergí la cabeza completa en el estanque. El agua fría refrescó mi herida en la frente y limpió mi pelaje.



    El fondo del mismo, revestido de una delgada capa de lama y plantas acuáticas, era habitado por diminutos pececillos de colores amarillos y naranjas. Incluso logré ver un par de jóvenes renacuajos moviéndose nerviosamente a mí alrededor. El agua surtió efecto, y una serie de hilos carmín empezaron a desprenderse de mi pelaje para subir hacia la superficie del abrevadero, en una danza ondulatoria que atrajo la atención de los pequeños seres que habitaban en el agua.



    Sentí como mis pulmones empezaban a exigir aire nuevo, y me vi obligada a salir en su búsqueda. El agua chorreante terminó por mojar el pelaje de mi cuello y hombros también. Sacudí la cabeza de un lado a otro para deshacerme de aquellas gotitas impertinentes y procedí a secar el resto a lengüetazos. De todos modos iba a tener que hacerlo después de dos días sin saber nada de mí.



    Y como era una tarea que no requería más que de mis patas y mi lengua, mi mente automáticamente voló hasta Mheetu. ¿Cómo estaría pasando su tercer día lejos de casa? ¿Habrían encontrado ya algún amigo? ¿Cómo había logrado alimentarse en todo este tiempo?



    Imaginarlo solo y perdido me dejaba un mal sabor de boca. Sobre todo porque, de ser ese el caso, ni yo ni la manada tenía forma de ir en su búsqueda y ayudarlo. El mundo fuera del reino era muy grande y peligroso. Podría toparse con otras manadas de leones que lo atacarían al invadir sus territorios; o verse en medio de una estampida como la que habíamos ocasionado hace unos días; o, incluso, y tal vez la peor de las opciones, toparse con algún humano.



    Un escalofrío bajó por mi columna al recordar mi sueño. Nunca había visto uno de frente, tan solo escuchado historias y visto dibujos del viejo Rafiki. Hacía años que los cazadores no aparecían por las Tierras del Reino, y probablemente el mandril fuese el único animal en toda la sabana en recordar a aquellos invasores. Sus relatos y figuras impresas en pulpa de fruta sobre los árboles eran todo lo que conocía de esos monstruos.



    ¿Qué podría hacer Mheetu, estando solo y cansado, si llegaba a encontrarse a uno de ellos en su camino?



    — ¡Lian! — escuché un revoloteo sobre mi cabeza.



    Al alzar la mirada, me topé con los oscuros ojos de Zazú, quien lucía bastante agitado aun descansando sobre las ramas de las acacias.



    — ¡Zazú! — exclamé, girando mi cuerpo para quedar de espaldas al ave. Giré la cabeza hacia atrás y lo miré por encima del hombro. — ¿Qué no ves que estoy a mitad de mi baño?



    El aludido puso los ojos redondos y al instante se cubrió el rostro con el ala derecha, avergonzado.



    — ¡Lo siento, alteza! — se disculpó. — Venía a avisarle que su hermano está esperándola en la Roca del Rey. Es urgente.



    — ¿Simba? — arqueé una ceja. — ¿Y a mí para que me quiere?



    — Se trata de Nala. El nuevo cachorro está en camino.


    Sentí que mi corazón se detuvo por un instante. Mi segundo sobrino estaba a punto de nacer y yo perdiendo el tiempo en un baño. Tardé apenas fracciones de segundo en ponerme de pie y, al instante siguiente, me encontraba corriendo de vuelta a la cueva con Zazú volando por encima de mí.



    En la distancia reconocí a Kopa, seguido de Vitani y Nuka, dirigiéndose hacia las escalinatas de piedra. Los cuatro llegamos a estas de forma simultánea y trepamos sobre ellas sin perder tiempo. Zazú llegó, por mucho, antes que nosotros y se detuvo al pie de la guarida, observando hacia el interior.



    Kopa y yo fuimos los primeros en acercarnos a curiosear y asomamos nuestras cabezas por uno de los costados de la guarida. Al igual que en el nacimiento de su primogénito, Nala estaba tumbada de costado en el suelo, sosteniendo cariñosa y delicadamente un pequeño bulto pardo entre sus brazos. Rafiki y Simba observaban la escena, posados junto a ella. El cachorro y yo intercambiamos una mirada antes de decidirnos a entrar en escena.



    Mi sorpresa aumentó cuando, al acercarme más, descubrí que no se trataba de una sola bola de pelos. Nala acariciaba y besaba a dos cachorros diferentes.



    Por el tamaño que había tomado su barriga en las últimas semanas, no me sorprendía. Hacía bastante que la pobre había perdido gran parte de su movilidad, y los culpables eran esos dos que observaba con tanto cariño.



    Simba nos dedicó una sonrisa orgullosa mientras nos acercábamos. Su hijo tomó la delantera y avanzó, curioso, hasta su madre. Los pequeños bultos peludos que acurrucaban en su pecho se removieron, y dos diminutas cabecillas aparecieron para observarnos con unos brillantes ojos rojizos.



   — Wow — susurró el pequeño.



    Sus padres rieron.



    Me acerqué hasta quedar junto a mi sobrino y poder observar mejor a los nuevos cachorros. Sus pelajes estaban húmedos aún. El primero era ligeramente más anaranjado que el de su hermano, pero tenían los mismos ojos de Simba, los ojos de papá. El segundo era casi idéntico a Kopa cuando nació; lo único que lo diferenciaba de este eran esas diminutas manchas oscuras en las patas.



    — Ahora eres su hermano mayor, Kopa — explicó Simba.



    — Sus nombres son Kiara y Kion — dijo Nala, acariciando respectivamente al cachorro de pelaje anaranjado y al de pelaje dorado.



Los pequeños Kiara y Kion.



    Ambos tenían una mirada tan parecida a la de Kopa. No eran idénticos, pero me recordaron mucho a la primera vez que vi al primogénito de mi hermano.



    Me pregunté si así nos habría visto la manada a Simba y a mí de pequeños, buscando similitudes entre ambos y destacando los rasgos que cada uno empezaba a tomar de nuestros padres. Alcé la mirada un momento para observar a mi hermano. Lo recordé durante sus años de adolescente, con esa melenilla en desarrollo que le daba un horrible aspecto desgarbado y descubrí que había conservado parte de ese peinado, ahora con más pelo. Hice una mueca al pensar que alguien, tal vez, había llegado a compararme con él. Esperaba que no hubiesen encontrado parentesco entre nosotros… al menos no en esa época.



    — ¿Estas feliz, Kopa? — preguntó la leona.



    Bajé la vista hasta el aludido.



    — Sí, ¡es genial! — sonrió.



    — ¿Por qué no me dijiste que estabas en trabajo de parto antes de que me fuera? — subí la mirada hasta Nala.



    Ella se encogió de hombros.



    — Acababas de despertar de un sueño de dos días. Estabas desorientada. No quería abrumarte tan pronto. Además, Simba ya había ido a buscar a Rafiki.



¿Abrumarme? ¡Pero si son mis sobrinos!



    Escuché pasos cerca de nosotros. Al dirigir mi atención a la entrada de la guarida, me topé con los curiosos ojos del resto de la manada. Mamá fue la primera en entrar, seguida de mis tías y, por último, las demás. Ella se acercó hasta nosotros con ese caminar tan suyo, tan digno de una reina, y miró a sus nietos con los ojos llenos de ternura, la misma mirada que me dedicaba cuando, de pequeña, decía o hacía algo que le pareciera lindo.



    — Son tan tiernos — dijo, sentándose al lado de su hijo.



    Una avalancha de cuerpos llenó la estancia en segundos, y me vi obligada a apartarme del lado de Nala para dar oportunidad a las demás de conocer a los cachorros. Como pude, en medio de un mar de patas y cabeza, atravesé el lugar hasta llegar al lado de Simba, quien no apartaba la mirada de sus pequeños. Me senté junto a él y a mi madre.



    — ¡Oh, Simba! — exclamó mamá, observándolo como si estuviese mirando el cielo. Le dio un abrazo. — Luces tan orgulloso como tu padre.



    Eso me provocó una ligera sacudida de recuerdos que seguro mi hermano había sufrido también. Nunca nadie sabría exactamente lo que había ocurrido aquel fatídico día. Nadie sabría lo que se sentía haber sido testigos algo de ese calibre. Ni habría presenciado su muerte. Ni lo habría visto siendo traicionado por su hermano; mucho menos cayendo al vacío, hacia los devastadores cascos de los ñus, hacia su muerte. Solo nosotros, y por ello éramos los que más sufrían al escuchar alguna mención de él.



    — Gracias, madre — fue la única respuesta del león, demasiado agobiado con la nube de recuerdos como para decir más.



*                *               *               *               *





    El sol bañaba con sus últimos rayos la superficie de la sabana y las gruesas nubes que empezaban a acumularse en el cielo. Estas eran tan densas que, en combinación de la luz solar, en lugar de ese típico color melocotón que solían adquirir, se tiñeron de una tonalidad grisácea que opacaba parte de su resplandor sin llegar a perder la belleza del ambiente.




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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Dom Ago 07, 2016 8:22 am

Gran continuación.Ha comenzado con algo de tensión, pero ha terminado con el nacimiento de dos pequeños cachorros.
Lian es un personaje con el que logras congeniar, sus pensamientos son muy acertados y reales.Casi sientes que estés allí, presenciando el nacimiento de los príncipes.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Dom Ago 07, 2016 8:30 pm

Coincido con Whalia. Me ENCANTA cómo logras meternos en la mente y las emociones de Lian, resulta tan natural... ¡y realista! Esta mañana mientras leía el capítulo dije "al fin llegamos a tener una descripción por lo menos breve de su apariencia!" (luego vi que actualizaste tu galería y dije ah no, mira todo lo que me perdí; y ¡zas! Ahí estaba Lian, coloreada digitalmente) por cierto, me gusta mucho su diseño!

La parte del sueño estuvo super interesante, veo que existe la remota posibilidad de que los humanos hagan su aparición en algún momento para molestar a los pobres animales (para variar Rolling Eyes )

Lo de Mheetu lo dije porque por lo menos yo sentí que su partida le afectó mucho más que la de Timón y Pumbaa; y me pareció medio sospechoso (?) Y qué emoción!! Ya quiero saber de quién se trata! Very Happy

En fin, el capítulo estuvo genial! Esperaré la continuación  I love you
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Dom Ago 07, 2016 11:24 pm

Wow, por el sueño de Lian presiento que los humanos aparecerán próximamente en la historia y esto me deja aun mas intrigada sobre lo que pasara en el futuro. Como siempre ha sido un excelente capítulo, ¡me encanto sin duda!, además, me resulto tan tierna la escena del nacimiento de los cachorros (Wow, no me esperaba la aparición de Kion, ¡genial! ^^), la narración es fascinante y admiro bastante tu tipo de escritura. Espero ansiosa el siguiente capítulo I love you

¡Saludos!

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Alexa18 el Lun Ago 08, 2016 5:38 pm

Muy buen capitulo, jamas pensé que pudiera aparecer Kion, me dejaste sorprendida y en la intriga. Espero que sigas así.
Un fuerte abrazo Very Happy
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Mar Ago 16, 2016 12:42 am

@Whalia escribió:Gran continuación.Ha comenzado con algo de tensión, pero ha terminado con el nacimiento de dos pequeños cachorros.
Lian es un personaje con el que logras congeniar, sus pensamientos son muy acertados y reales.Casi sientes que estés allí, presenciando el nacimiento de los príncipes.

Gracias, Whalia Very Happy la personalidad de Lian es algo en lo que pongo mucho empeño en retratar para hacer que se sienta tan real como yo la siento x3 Lian es un personaje que creé hace siglos, por lo que diseñarla, tanto física como psicológicamente, ha sido más fácil que con otros personajes. Es un gusto leer tu comentario y ver que sí funciona cómo lo hago jaja

¡Gracias por comentar! I love you

@firsthuntress escribió:Coincido con Whalia. Me ENCANTA cómo logras meternos en la mente y las emociones de Lian, resulta tan natural... ¡y realista! Esta mañana mientras leía el capítulo dije "al fin llegamos a tener una descripción por lo menos breve de su apariencia!" (luego vi que actualizaste tu galería y dije ah no, mira todo lo que me perdí; y ¡zas! Ahí estaba Lian, coloreada digitalmente) por cierto, me gusta mucho su diseño!

La parte del sueño estuvo super interesante, veo que existe la remota posibilidad de que los humanos hagan su aparición en algún momento para molestar a los pobres animales (para variar  )

Lo de Mheetu lo dije porque por lo menos yo sentí que su partida le afectó mucho más que la de Timón y Pumbaa; y me pareció medio sospechoso (?) Y qué emoción!! Ya quiero saber de quién se trata! 

En fin, el capítulo estuvo genial! Esperaré la continuación  

Gracias, Paula cx como le digo a Whalia, es una parte en la que pongo mucho empeño. Aunque tienes razón... tal vez debí describirla un poco más a fondo Shocked Laughing

Sip, en algún momento aparecerán. Tengo un par de ideas más a futuro sobre ellos en caso de que llegue a escribir una secuela (o que decida ampliar este Universo xD)

Jajaja, empecé a pensar en cómo sonaría eso de Mheetu cuando estaba publicándolo y en la posibilidad de que se viera raro XD pero, en cierta forma, ella se preocupa más por él porque no está segura de cuándo lo volverá a ver. Con Timón y Pumba sabe que serán solo unos pocos días
 
@Aisha escribió:Wow, por el sueño de Lian presiento que los humanos aparecerán próximamente en la historia y esto me deja aun mas intrigada sobre lo que pasara en el futuro. Como siempre ha sido un excelente capítulo, ¡me encanto sin duda!, además, me resulto tan tierna la escena del nacimiento de los cachorros (Wow, no me esperaba la aparición de Kion, ¡genial! ^^), la narración es fascinante y admiro bastante tu tipo de escritura. Espero ansiosa el siguiente capítulo  

Gracias por tu comentario, Aisha Very Happy

Síp cx como le decía a firsthuntress arriba, los humanos aparecerán aquí. No estoy segura si hay seres humanos en el Universo de TLK, pero decidí incluirlos XD

Jajaja, en un principio yo tampoco esperaba a Kion. Siempre me ha agradado más Kopa, pero después de ver algunos capítulos de TLG terminé por tomarle afecto también Razz 

@Alexa18 escribió:Muy buen capitulo, jamas pensé que pudiera aparecer Kion, me dejaste sorprendida y en la intriga. Espero que sigas así.
Un fuerte abrazo  
Ale 

Gracias, Ale Wink

Wow... veo que no todos esperaban a Kion. Al principio yo tampoco lo tenía contemplado porque, como le comentaba a Aisha, siempre había sido más TeamKopa XD pero después de pensarlo un poco me dí cuenta que Kion tambien tenía espacio en la historia y que, incluso, en un futuro podría llegar a necesitarlo a él y a su guardia.

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Spoiler:
 Audiomachine - Cry Freedom 

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   Capítulo 6: Duo (2/2)


    El sol bañaba con sus últimos rayos la superficie de la sabana y las gruesas nubes que empezaban a acumularse en el cielo. Estas eran tan densas que, en combinación de la luz solar, en lugar de ese típico color melocotón que solían adquirir, se tiñeron de una tonalidad grisácea que opacaba parte de su resplandor sin llegar a perder la belleza del ambiente.



    África se preparaba para, una noche más, ir a dormir. A lo lejos se podía apreciar a las manadas corriendo y reuniéndose unas con otras para poder descansar seguras, y las parvadas de aves volando de regreso a los árboles donde solían pasar la noche. El viento soplaba fuertemente, cargado de una energía y humedad que hacía meses no se veía en el reino. Definitivamente esas nubes significaban lo que todos esperábamos: lluvia.



    Bostecé de aburrimiento. Nuka había desaparecido desde la mañana. Kopa y Vitani habían decidido apreciar el atardecer desde el punto más alto de la Roca del Rey, ahí donde papá nos había llevado, hacía tantos años, a contemplar nuestros vastos territorios. Y yo, tumbada sobre mi vientre, observaba todo eso desde la punta de la plataforma donde Rafiki había presentado a Kopa hacía ya tantos meses.



    Había sido un día largo y lo último que quería era dormir otra vez. Tras pasar dos días completos casi muerta, no quería regresar a la cueva a hacer eso un segundo más. Pero tampoco había mucho que hacer ahí afuera sin Mheetu, Timón y Pumba.



    Apoyé la cabeza entre mis patas y solté un suspiro. A mis espaldas se escuchaban los chillidos de Kiara y Kion, desde algún punto de la cueva. Esperaba, al igual que todos, que no fuesen unos cachorros tan ruidosos como lo había sido su hermano. Nadie quería pasarse las noches escuchando el lloriqueo de un par de bebés.


    Me percaté del sonido de unos pasos detrás de mí. Me giré para descubrir la identidad de mi nuevo acompañante. Simba caminaba tranquilamente en mi dirección, con esa sonrisa que se había tatuado en los labios desde el nacimiento de los cachorros. Al llegar a mi lado, se tumbó sobre su estómago para observar el reino junto a mí.



    — ¿Qué haces aquí tan sola?



   — Solo estoy sentada, sopesando la idea de regresar a la cueva después de pasar dos días inconsciente.



    — No eres la única — sonrió. — Todos pasamos esos dos días encerrados en la cueva gracias a la lluvia. Las primeras de la temporada. No fue demasiado, pero aun así nadie quería salir a mojarse.



    Viéndolo así, tal vez haber dormido todo ese tiempo no era algo tan malo.



    — ¿Y tú qué tal? ¿Demasiada paternidad por hoy? — pregunté, esbozando una media sonrisa.
    El león rio entre dientes.



    — No. Es un trabajo agotador, pero tiene sus recompensas — explicó, sin dejar de sonreír. — Algún día lo entenderás.



    — Eso lo dudo.



    — Jamás niegues algo a futuro, Lian — fijó sus ojos sobre el horizonte anaranjado. — Nunca sabes lo que puede pasar.



     — Esto es algo que no tiene un puede pasar — pronuncié esas últimas dos palabras imitando su voz. — No hay otras opciones que elegir, solo esa.



    — ¿A qué te refieres? — su atención regresó a mí.



    — Ambos sabemos mi plan — esta vez, fui yo quien se volvió hacia la sabana. — En una vida así no hay tiempo para tener familia. Ni siquiera para tener una pareja. Solo yo y el mundo. ¿Qué puede ser mejor que eso?



    Simba se encogió de hombros.



    — No morir sola.



    Ese comentario lo hizo ganador de un codazo en las costillas de mi parte. Simba rio con ganas de su mal chiste, y no pude evitar corearlo durante algunos segundos.



    — Algún día conocerás a un chico que te hará cambiar de parecer, y recordarás esta conversación pensando en mi diciendo te lo dije — sentenció.



    Solté un bufido.



    — Serías como la tercera o cuarta imagen que aparecería en mi cabeza, hermanito — agaché la mirada, frunciendo el ceño. — Últimamente pareciera que todos se esfuerzan en hacerme cambiar de parecer, como si estuviesen convencidos que lo que planeo terminará siendo un desastre.



    — Seguro es porque todos ya sospechan que morirás sola — solo pude responder con otro codazo. — ¡Es demasiada coincidencia!



    — ¡Ya! — chillé entre risas.



    Alcé el brazo para asestarle un tercer golpe, pero su pata desvió mi ataque y contuvo mi mano contra el suelo. Giré sobre mi sitio, quedando boca arriba, para liberar mi brazo izquierdo y poder golpearlo, pero él volvió a detenerme en el acto. Aquella sonrisa de antaño, la misma que se dibujaba en su rostro cuando jugábamos de niños, reapareció misteriosamente en sus facciones. Le devolví la sonrisa mientras intentaba liberarme de sus manos.



    — Aún puedo ganarte si quiero — exclamó como ese brabucón que solía ser con nuestros amigos.



    Fruncí ligeramente el ceño. Moví las patas traseras hasta tocar su estómago y lo empujé con la fuerza suficiente para quitármelo de encima. Una vez libre, tomé posición de ataque. Simba retrocedió un par de pasos, parado sobre sus patas traseras, para recobrar el equilibrio.



    — Olvidas que era yo quien ganaba — me agazapé.



    — ¿Usando trucos baratos para salir de los problemas?



    — Una buena parte de mi vida podría resumirse en esa frase.



    El león no tardó en saltar en mi dirección. El hecho de haber quedado al borde de la plataforma complicaba mi movilidad y, al no tener escapatoria, solo pude limitarme a observar como mi hermano caía sobre mí. Ambos aterrizamos al filo de la piedra y, sin perder tiempo, nos dedicamos a intentar mordisquear o golpear al otro, igual que de cachorros.



    Claro que, ponerse a jugar en tal sitio para tentar a la muerte era otro nivel que nunca habíamos probado.



    Busqué sus costillas para provocarle cosquillas, pero fue en vano. Lo único que conseguí fue un mordisco en el brazo, mismo que vengué golpeando su nuca con mi mano libre. Simba me liberó, solo para proyectar sus colmillos hacia un punto más delicado: mi oreja. Claro que, siendo un juego, la acción no me lastimó en lo más mínimo. Habíamos tenido peores peleas de pequeños. Pero era una oportunidad.



    Solté un chillido tan agudo que mi hermano no tuvo otra opción que retirarse. Su mirada angustiada se dirigió a mi oreja, misma que no tardé en cubrir con mi mano. Hice una mueca de dolor que solo agudizó la preocupación de Simba. Me puse de pie sin apartar los dedos de mi cabeza.



    — ¿Estas bien? — preguntó.



    Sobé la zona con cuidado durante algunos segundos.



    — Yo… creo que sí — y dicho esto, me lancé sobre su cuello.



    Su melena espesa impidió que mis dientes rozaran siquiera su piel y mi boca quedó cubierta de un grueso mechón de pelo rojizo. El impulso de mi salto ocasionó que ambos perdiéramos el equilibrio, y terminamos rodando por la plataforma, cuesta abajo, en dirección a la cueva. Justo cuando estábamos por llegar al pie de la guarida, me detuve en seco para dejarlo recostado sobre el piso y fuera de combate. Simba me observaba con los ojos llenos de perplejidad.



    — ¿Lo ves? — sonreí, victoriosa.



    — Fue trampa — frunció el ceño, y me empujó con el brazo para que me alejara de él. — Fingir estar herida… esa es la idea más vieja que hay. ¿Cómo no lo sospeché?



    Mi sonrisa se ensanchó mientras él recobraba su postura.



    — He ahí la magia, hermanito — canturreé. — Lo importante no es el truco en sí, sino parecer inocente y que nadie sospeche.



    — ¡Pero si era muy obvio! — me espetó. — Siempre hacías eso de cachorra.



    — Es parte de mi encanto natural — crecí mi sonrisa hasta mostrarle todos los dientes.



    Simba me dedicó una falsa mirada asesina.



    — Tienes que aceptar que sin mi tu vida sería muy aburrida.



    — Oh, claro — dijo con una sonrisa sarcástica. — No puedo imaginar un solo día sin tu fastidiosa presencia.



    Abrí la boca para responder a su comentario cuando el estruendo de un relámpago me interrumpió. Ambos observamos hacia el horizonte, donde no tardamos en apreciar un par de rayos eléctricos bajando desde el cielo a una velocidad increíble, antes de tocar la tierra y desaparecer en el aire. Los relámpagos que los siguieron fueron aún más fuertes que el primero.



    — ¡Papá! ¡Lian! — esa era la voz de Kopa.



    Este apareció bajando rápidamente las piedras al costado de la cueva. Seguro los rayos la habían alarmado. Trotó en nuestra dirección apenas aterrizó en la plataforma de roca.



    — ¡Kopa! ¿Dónde estabas? — inquirió su padre, extrañado.



    El cachorro se detuvo frente a nosotros y agachó las orejas. Su mirada lo delataba: no tenía pensada alguna excusa para su padre. Simba le había prohibido subir solo a la cúspide de la Roca del Rey por miedo a que su heredero pudiese accidentarse.



    — Yo… eh…



    — Jugando con Vitani — interrumpí, para salvarle el pellejo.



    Simba me miró de reojo, sospechando ante mis palabras. Un guiño de ojo y una sonrisa boba fueron suficientes para desaparecer sus pensamientos. Luego me giré hacia el pequeño, a quien le dediqué una sonrisa de complicidad. Kopa me la devolvió con una mirada llena de agradecimiento.



    — M-E D-E-B-E-S U-N-A — articulé con los labios, cuidando no ser vista por mi hermano.



    Para nuestra suerte, este se encontraba ensimismado observando el horizonte. Los rayos del sol habían desaparecido casi por completo, y lo único que producía algo de luz eran aquellos poderos rayos eléctricos que anunciaban con revuelo la llegada de la temporada de lluvias.



    — La tormenta se aproxima — dejo el león, antes de volver la cabeza hacia nosotros. — Será mejor que vayamos adentro.



    Un disparo eléctrico aterrizó varios kilómetros más cerca de la Roca del Rey, de modo que el cielo se iluminó como si fuese medio día. La superficie esponjosa de las nubes se vio cubierta, por una milésima de segundo, con un impresionante diseño de líneas y ramificaciones blancas que desaparecieron en un parpadeo. Y luego, la lluvia apareció.



    — De hecho, la tormenta ya está aquí — agregué, como si no fuese algo obvio.



    Los tres entramos a la guarida para resguardarnos. Sin embargo, permanecimos al pie de esta, observando el panorama. La sabana se veía tan diferente así. Era una faceta casi desconocida de África. La lluvia tomó fuerza con velocidad, y el aire que la acompañaba, mismo que sacudía con violencia las copas de los árboles, hacía que las gotas descendieran cargadas ligeramente hacia la izquierda. A lo lejos, con cada rayo que aparecía en medio de la penumbra, lograba distinguirse la silueta del baobab de Rafiki. ¿Cómo estaría pasando aquel viejo simio el cambio de clima?



    — Wow — exclamó el cachorro, asombrado ante la pinta que daba su primera lluvia. — Esta sí que será una tormenta pesada.



    — Sí, pero no te preocupes — le sonrió mi hermano. — Nosotros estaremos a salvo aquí.



    — ¿Dónde creen que Mheetu se resguarde de la lluvia? — la pregunta se formuló de entre mis labios casi al instante.



    Al igual que Rafiki, el chico estaba ahí afuera, solo. Pero, a diferencia del babuino, Mheetu ahora vagaba por las praderas y no tenía un lugar específico donde caerse muerto. Su espacio en la guarida, el que siempre elegía para dormir, estaba solo y frío desde su partida.



    — Estando solo puede hacerlo en cualquier parte — aseguró Simba. Giré la cabeza en su dirección para verlo. — Aunque no le caería nada mal un poco de agua.



    Él y su hijo soltar un par de risas antes de que un rayo los interrumpiera. Su luz fue significativamente más intensa que la de sus hermanos anteriores, y el rugido que lo precedió laceró mis oídos. Para cuando aquel tintazo blanco se apagó, el cachorro había desaparecido de mi lado.



    — Kopa, viniste corriendo adentro — escuché la voz risueña de mamá.



     Antes de que pudiese saber dónde estaba el pequeño, Simba pasó a un lado mío y salió de la cueva. Caminó bajo la lluvia algunos metros, hasta la base de la plataforma de piedra en donde habíamos estado jugando hacía unos minutos. Me pareció extraño que decidiera salir a mojarse, pero supuse que debía tener sus propias razones.



    Di media vuelta y caminé hacia el resto de la manada. Las leonas, tumbadas alrededor de Nala y los recién nacidos, observaban divertidas el comportamiento de mi sobrino. Kopa había corrido a esconderse detrás de su madre, dándole la espalda a la tormenta que se había desatado afuera.



    — Pero miren quien está asustado — dije, con falsa sorpresa.



    El cachorro se volvió para verme.



    — ¿De qué hablas? — inquirió indignado, intentando lucir seguro y valiente.  — Yo no veo a nadie asustado.



    — ¿Quieres apostar? — sonreí, tumbándome sobre el sitio donde solía dormir: entre Simba y mamá, frente al espacio de Mheetu.



    Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo más, mi hermano regresó a la cueva. Con vigor, sacudió de su cuerpo las gotas de agua que escurrían por su pelaje, y luego avanzó hacia nosotros con una sonrisa en sus facciones.



    — La lluvia se siente bien — exclamó en mi dirección. — Deberías salir a mojarte.



    — Gracias — hice un ademán con la mano en señal de negación. — Prefiero un poco de tierra antes que apestar a perro mojado.



    — Lo harás de todos modos.



    Para cuando me di cuenta, tenía la cara hundida entre los cabellos chorreantes de su melena. El agua helada se coló fácilmente por mi pelaje hasta llegar a mi piel, y el contacto me hizo saltar de forma involuntaria. Con las patas delanteras empujé a Simba lejos de mí, y aterricé de pie en medio del lugar. Para mi desgracia, el gesto había sido tan eficaz que me había dejado con el rostro totalmente empapado. Sentía las mejillas tan frías como el corazón de Zira (si es que tenía).



    — ¡Oye! — gruñí, observando cómo se burlaba del resultado de su travesura. — Esto es venganza por lo de hace rato, ¿cierto?



    — ¡Buenas noches a todos! — se despidió sin más, avanzando en dirección a su familia.



    Le clavé una mirada asesina.



    — No me dejes hablando sola…



    — ¡Buenas noches, Lian! — agregó por encima del hombro.



    El sentimiento de impotencia se mezcló con la sorpresa, y lo único que conseguí hacer fue buscar la mirada de mamá. Ella observó mi aspecto y sonrió tiernamente antes de encogerse de hombros. No iba a hacerse cargo de las acciones de su hijo.



    Puse los ojos en blanco. Regresé a mi espacio y me recosté de nuevo, buscando un buen punto para secar mi pelaje de último momento sin mojar a nadie más. Lamí el dorso de mi mano para luego restregarlo sobre mi mejilla. Era el único método que podía utilizar ahora para retirar el agua.



    — ¿Te asustó la tormenta, papá? — escuché la voz de Kopa.



    Alcé la cabeza un poco para poder apreciar la escena mientras terminaba de asearme.



    — ¡Bah! Claro que no — respondió mi hermano, ahora descansando al lado de Nala. — Es solo un poco de agua.



    Kopa pareció extrañado con la respuesta de su padre. Era un cachorro, seguro le parecería extraño ver que los adultos no le temían a las cosas que a él le causaban pavor. Yo también recordaba aquel tiempo en el que veía a papá como el león más valiente de toda África, como un auténtico héroe que no se inmutaba ante nada.



   El pequeño saltó por encima de su madre. Se acercó hasta el vientre de Nala, donde Kiara y Kion bebían su leche con avidez, y observó a sus hermanos. Eran considerablemente más pequeños que él. Simba tenía la mitad de su edad cuando yo nací.



    — Cuando yo sea rey, ¿Kion y Kiara que serán? — preguntó el pequeño, tocando inocente y accidentalmente una fibra memorial que no debía ser tocada.



    Una repentina imagen de Scar llegó a mi mente. Pude notar que mi hermano también pensaba en algo similar. Volteó a verme de reojo, como esperando a que la respuesta se dibujara mágicamente en mi rostro.



        Pasé un trago amargo de saliva. Desde que supimos sobre el embarazo de Nala, tras la recuperación de las Tierras del Reino, la manada entera había llegado al acuerdo de no hablar al cachorro sobre lo ocurrido con Scar. Al menos, hasta que fuese lo suficientemente mayor para saber de ello y entenderlo. Y Kopa era aún tan joven…



    Alguien debía tomar cartas en el asunto. Inhalé hondo y aparté el recuerdo de Scar antes de que resultara extraña la reacción de Simba y él tuviese que contarle a Kopa sobre nuestro tío.  



    — Algo como yo — dije al fin, rompiendo un poco con la tensión en el ambiente.



    Claro que Simba y yo no éramos los únicos que habían recordado al león.



    — ¿Y qué eres tú? — el cachorro arqueó una ceja.



    — La tía de un niño muy curioso — sonreí. — ¡Ven acá!





    Estiré mi cuerpo tanto como me fue posible, cuidando no herir a Kiara ni a Kion en el proceso, hasta atrapar al pequeño con las manos. Lo arrastré lejos de su madre y de cualquier otra leona de la manada, antes de recostarlo sobre la piedra y buscar a tientas sus costillas.



    — ¡No, no, Lian! — rio Kopa, estremeciéndose de un lado a otro como si uno de los rayos de la tormenta la hubiese alcanzado — ¡Me haces cosquillas!



    De alguna forma logró impulsarse con las patas traseras y escapar de entre mis manos. El pequeño fugitivo corrió de regreso con su padre. Kopa saltó sobre él, apoyando sus patas sobre la nariz del león.



    — ¿Qué crees que estén haciendo Timón y Pumba? — preguntó el infante.



    — Pasando el rato juntos.



    — Organizando alguna fiesta, disfrutando de la exótica vida en la selva — puntualicé, regresando a mi sitio en la cueva. —  Los días allá son muy tranquilos.



    Kopa clavó sus ojos curiosos sobre los míos.



    — ¿Lo extrañas?



    — Solo a veces… cuando el pequeño príncipe no se duerme — sonreí, y alcé la mano hacia él para sacudir el mechón rojizo de su frente. — Anda ya, mañana será un nuevo día y necesitas descansar.



    — Sí, hasta mañana, tía Lian — se despidió, acurrucándose entre sus padres como solía hacerlo desde bebé.



    — Hasta mañana, Kopa.



    Crucé los brazos por delante de mi cuerpo y apoyé mi mentón sobre ellos. Fijé la mirada hacia el horizonte, en el exterior de la guarida. Un par de rayos más dieron color al cielo grisáceo de la noche, dibujando las siluetas de la pradera como objetos negruzcos y bidimensionales.



   Los relámpagos de la tormenta eran más fuertes que el barritar de los elefantes, pero aun así, el sonido de la lluvia logró tranquilizarme y reducir la tensión que se había acumulado en mi cuerpo tras todas las emociones de ese día. ¿Cómo es que unas cuantas gotas de lluvia podían lograr ese efecto? Es algo que siempre me había parecido tan sorprendente como carente de sentido. Pero tan reconfortante como la mejor canción de cuna que pueda existir.



    Y con ella no tardé en entregarme a la voluntad de Morfeo.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Mar Ago 16, 2016 12:53 am

buen capitulo hermana lily que bonito es la amistad entre famiia y bueno espero que simba le comente a kopa todo poco a poco saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn
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