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Lian's Story (Fan Fiction)

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Lun Jun 20, 2016 9:40 pm

Grandiosa la historia amiga LilyDiaz18 espero la continuacion me encanta tu historia sigue asi ya quiero leer lo que sigue 
Saludos  :sim:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Jun 24, 2016 1:51 am

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily vaya pobres pequeños espero que los mayores puedan perdonarlos espero que sigas pronto saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana nwn

Gracias por tus comentarios y apoyo, KIRAN Wink siempre son alentadores Very Happy
¡Gracias por leer!

@firsthuntress escribió:Finalmente pude continuar con la lectura, ¡y debo decir que ha estado fascinante! Me gusta mucho la forma en que narras y las descripciones son espectaculares. La personalidad de Lian me encanta, aunque en la parte en que se debatía entre la aventura y la seguridad de los cachorros tuve ganas de pegarle jajaj. Por suerte, tomó la desición correcta >w<

Esperaré ansiosa la continuación!
Saludos 
Gracias!! No sabes cuanto me emociona que te guste mi fic 
Jajaja, sí Laughing  ella a veces puede ser algo testaruda y hasta imprudente, pero sabe cuando debe ser responsable... eso creo XD

Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi historia  Very Happy

@princesstwivinecadenza escribió:Grandiosa la historia amiga LilyDiaz18 espero la continuacion me encanta tu historia sigue asi ya quiero leer lo que sigue 
Saludos  

Muchas gracias, princesstwivinecadenza Razz
Me motiva muchisimo leer tu comentario y saber que te gusta lo que escribo  I love you

¡Gracias por leer!

Aquí la actualización

___________________

Spoiler:

_________________

   Capítulo 3: Ser Valiente (2/2)



    Caminé con la mente en blanco hasta que dejamos atrás la zona de pastos altos. Aún faltaba una buena parte del camino para llegar a casa, y yo pedía con ansias poder tumbarme dentro de la cueva hasta el día siguiente. La actividad de ese día no había sido nada fuera de lo común: los días con los cachorros eran agotadores y llenos de emociones, por lo que no era raro terminar medio muerto al caer la noche. Pero lo prefería antes que quedarme en la Roca del Rey, llevando una vida monótona de adulto.






    El crepúsculo llegó prácticamente de un momento a otro. El sol empezaba a ocultarse detrás de las montañas del horizonte, dando lugar a los cientos de diminutas estrellas que adornaban el firmamento. La oscuridad nocturna, lenta pero constante, iba tomando poder en el cielo conforme cambiaba el azul claro del día por uno rey, que a su vez se volvía índigo, pasaba por el marino y terminaba por convertirse en negro.  El viento soplaba suavemente entre las hojas de los árboles, llevando consigo algunas hojas marchitas que acompañaban a las bandas de aves de vuelta a casa. Las nubes se tornaban de colores rojos y rosados, haciéndolas lucir como suaves bultos esponjosos.





    No por nada era mi momento favorito del día.





    Para cuando llegamos a casa, el sol había desaparecido por completo y solo se veían algunos rayos iluminando el horizonte. El resto del cielo era un azul tan oscuro que parecía tornarse negro. El contraste hacía que las montañas parecieran tener una especie de aura lila al rededor, como entidades astrales venidas de otra dimensión.





    Cuando estuvimos la bastante cerca, levanté la mirada hasta la punta de la plataforma de roca. Timón y Pumba observaban el panorama desde ahí, y apenas nos divisaron, el suricato saludó efusivamente con la mano, en la distancia. Al acercarnos más, escuché sus voces llamando a Simba.





    — ¡Las leonas han vuelto! — exclamó el jabalí.





    Noté como mi hermano se asomaba junto a ellos para ver nuestra llegada. Le dediqué una media sonrisa a la que él correspondió.





    Las leonas empezaron a trepar los peñascos de piedra para llegar a la cueva. Y yo las seguí, saltando con facilidad sobre estos. Kopa y Vitani ya eran lo suficiente mayores como para treparlos sin ayuda, aunque aún batallaban con algunos. En un par de meses más serían lo suficientemente grandes para que    estos dejaran de representar un esfuerzo.





    Un par de meses.





    Era el mismo tiempo que tardarían en entrar a la pubertad. El mismo tiempo que me quedaba para disfrutar de ellos. El mismo tiempo antes de que me fuera.





    Subí la última piedra de la escalinata y caminé lentamente hasta reunirme con el resto. Mi hermano se acercó a nuestro reencuentro, y las leonas se sentaron formando un medio circulo a su alrededor. Mamá frotó su cabeza contra la de Simba a modo de saludo. Me acerqué a ellos e hice lo mismo. Su melena me picaba la cara y hacía cosquillas en mi nariz, pero era reconfortante. Su presencia, después de la muerte de papá, me transmitía seguridad. La picazón podía esperar.





    — ¿Qué tal tu día? — preguntó en mi oreja, antes de separarse de mí.





Solté un bufido de pesar y puse los ojos en blanco.





    — He tenido mejores.





    Simba arqueó una ceja. Abrió la boca para decir algo más, pero fue interrumpido por una serie de risas en voz baja.





    — ¡Papá! — escuché detrás mío.





    — ¡Kopa! — saludó el aludido.





    Mi hermano se acuclilló y, apenas fracciones de segundo después, apareció      Kopa desde algún punto a mis espaldas. El pequeño saltó sobre la nariz de su padre, sonriendo alegremente. Simba se irguió nuevamente, y mi sobrino se   abrazó a su pata sin borrar esa sonrisilla suya que tanto me gustaba ver.





    Vitani se sentó junto a mí, embelesada con aquella escena.





    La observé de reojo y sentí pena por ella. Si algo teníamos en común era eso: ninguna había disfrutado de su padre tanto como lo hacía Kopa. Especialmente ella, pues Scar murió antes de su nacimiento y solo lo conocía por lo que la manada hablaba sobre él, lo cual no era mucho… ni demasiado agradable.





    — ¿Cómo estuvo tu día, campeón? — Simba pasó la mano por entre los cabellos rojizos de la frente de su hijo.





     — ¡Increíble, papá! — exclamó el pequeño. — En la mañana estuvimos jugando a escondernos, y luego...





     — Quizá deberías enseñar a tu hijo a tener cuidado, Simba — masculló la voz de Zira de repente.





    Kopa agachó las orejas.





    Me volví para buscar a la leona, al igual que el resto de la manada. No tardé en localizarla, parada frente a la entrada de la cueva, con la cara en alto, observándonos con esa mirada llena de rencor que siempre tenía hacia nosotros. La punta de su cola daba vuelta de cuando en cuando, y me molestaba.





     El pelo del lomo se me erizó al imaginar la razón por la que venía. Gruñí por lo bajo y, como siempre, mamá me chistó para hacerme callar. 





    — Si fuera por él, tendríamos que ponernos a dar gracias por el alimento. ¡Tú hijo es demasiado débil! — gruñó, y acto seguido, se internó en la cueva.





    Miré de reojo al pequeño. Estaba escondido entre las patas de su padre. Su sonrisa y alegría se habían desvanecido para dar paso a una expresión triste que en contadas ocasiones había visto en su pequeña carita. Sus ojos rojizos no se apartaban de Simba, y lucían brillantes como cristales bajo la luz de las estrellas.





     Fruncí el ceño, fulminando con la mirada a Zira.





     ¿Cómo se atrevía a hacer sentir mal a Kopa? Nadie, de verdad nadie, tocaba a mi flor.





    Sin pensarlo demasiado, tensé los músculos de mis piernas y me dispuse a saltar. Sentí algo cálido sobre mi pecho y, al bajar la mirada, descubrí la pata de Simba deteniéndome. Eso me dejó perpleja y me hizo olvidar el deseo de atacar a la leona.





    ¿Por qué la protegía?





     — No hables así de mi hijo, Zira — dijo él, serio. — Apuesto a que exageras.





    — Pregúntale, Simba — la aludida se detuvo y dio media vuelta para encarar a mi hermano. — Pregúntale porque regresamos con las manos vacías. Hoy es un cachorro, por su culpa perdimos nuestras presas y casi nos mata una manada de elefantes, ¿qué pasará mañana, cuando sea rey? — masculló. Luego, bajo la mirada hacia el niño. — Jamás será bueno para nada.





    Me volví hacia el cachorro. Ahora sus ojos sí que se veían húmedos. Una lágrima empezó a bajar por su mejilla justo cuando saltó lejos de su padre y paso corriendo al lado de Vitani a gran velocidad. Intenté detenerlo, pero él sorteó mis manos con facilidad.





    — ¡Kopa! — lo llamé, pero él siguió corriendo hasta dar la vuelta a la Roca, donde desapareció de nuestra vista.





    Me dispuse a ir tras él para buscarlo, pero sentí que alguien ponía una pata sobre la mía.





    — Déjalo — esta vez, fue mamá quien me detuvo. La miré por el rabillo del ojo. — Dale algo de espacio.





    Me giré para buscar a Zira. Ella había desaparecido. Seguro estaba adentro de la cueva, con Nala, buscando a su cría más joven. Nuka no estaba, así que debía haber ido tras ella. De nuevo, me descubrí clavando las garras sobre la roca de forma inconsciente. Era algo que no podía evitar al sentirme tensa.





    Agaché las orejas, y arqueé los labios para mostrar lo dientes. Rápidamente sentí como la rabia me invadía.





    — Detesto a esa leona — mascullé entre dientes. Clavé los ojos sobre los de mi hermano. — ¿Por qué le permitiste quedarse con nosotros, Simba?





    — No hace daño tener compasión por los demás de vez en cuando, Lian — dijo él, hablando serenamente como un buen monarca. Luego, volteó en dirección a la cueva y enderezó el cuerpo, tomando porte. — Más que por Zira, lo hago por sus hijos. De haberla desterrado, esos niños estarían viviendo ahora en las lejanías. La vida es dura ahí afuera. Todo rey es responsable de mantener la paz.





 

    En ese momento, Zira salió de la cueva acompañada por Nuka. Llevaba en el hocico al pequeño Kovu, con los ojos cerrados aún. Se dirigió hacia la escalinata de piedra.





    Ellos dormían donde, en tiempos pasados, lo hacía Scar. Sobre el flanco derecho de la Roca del Rey, justo a un lado de los peldaños que usábamos para trepar, había una pequeña gruta tallada en la piedra. Era estrecha y tenía dos entradas, por lo que, en las noches, era bastante fría. Y en temporada de lluvias solo empeoraba: el agua siempre encontraba el modo de colarse al interior y humedecer todo. Pero Zira insistía en quedarse ahí. Y yo apoyaba infinitamente su decisión.





    — Vitani, ¡vámonos! — gruñó la leona.





    — ¡Sí, madre! — la pequeña se levantó de un salto y se alejó de mi lado para correr rápidamente hacia la aludida.





    Zira continuó avanzando mientras Nuka se acercaba a Kovu para hacerle caras y bufidos. Sentí pena por él. Seguro debía ser horrible que te despertasen de un sueño placentero y cómodo para ser cargado en esas horribles fauces hasta una cueva fría y solitaria, mientras tu hermano mayor no para de gruñirte.





    Y al parecer, Nala pensó lo mismo que yo.





    — Zira, ¿por qué no te quedas? — preguntó, a amable y con los ojos iluminados por un extraño has de compasión. — Sería más seguro para ti y tus hijos si duermen con nosotros, en la cueva. ¡Somos una familia!





    La aludida se detuvo bruscamente al pie de la escalinata.





    Sentí una punzada premonitora en la base de la nuca.





Acaba de echarlo a perder. 





    Firmemente, pero con cuidado, Zira depositó al pequeño Kovu en el suelo. Vitani y Nuka la observaron extrañados, y permanecieron al lado de su hermano. Su madre, con el ceño fruncido y una mirada que era capaz de matar, se volvió hacia Nala.





    — ¡Ah, claro, Nala! — exclamó con sarcasmo. — ¡Somos una gran familia feliz!





    Miré de reojo a la aludida.





    La alegría inicial de Nala desapareció por completo, dando lugar a una expresión de susto y nerviosismo que pocas veces había visto en ella. Era como si acabase de ver un fantasma. Y Mheetu parecía estar dentro del mismo trance. Los ojos totalmente abiertos, las cejas alzadas, las orejas gachas y la boca entreabierta en un mismo gesto.





    No por nada eran hermanos.





    — Pero no, querida — prosiguió. — Prefiero dormir apartada de ustedes, en un sitio donde no nos estorben. Así que, ¡buenas noches, familia!





    Dicho esto, agachó la cabeza hasta el suelo para recoger a Kovu, quien ya había empezado a chillar de frío. Zira bajó la escalinata de rocas, y los otros dos cachorros no dudaron en seguirla en el acto.





    — ¿Y a esto llamas paz, hermanito? — mascullé una vez que desaparecieron de nuestras vistas.





    Giré lentamente la cabeza hasta toparme con la mirada de Simba. El león me  observó fijamente, atónito. Fruncí el ceño.





    Escuché el repiquetear de las patas de Pumba sobre la roca. Él y Timón, decidiendo por fin bajar de la plataforma para reunirse con nosotros, se colocaron entre mi hermano y yo. Por un momento me recordaron a aquellos días en la selva, cuando Simba peleaba conmigo e intentábamos atacarnos. Ellos solían usar esa táctica cuando éramos cachorros, pero al crecer, nos volvimos demasiado grandes como para que pudiesen detenernos. Claro que no iba a saltarle encima a mi hermano. Esos días habían quedado atrás hacía mucho. Pero, supuse, el instinto paternal que habíamos creado en ellos aún estaba vigente.





    — Bueno — titubeó. Era evidente que él también estaba insatisfecho, pero no iba a mostrarse disconforme. — Pudo haber sido peor.





    — ¡Claro! — exclamé con sarcasmo, alzando las ceja y relajando las facciones en un falso gesto de comprensión. — Pudo haber sido peor. Zira pudo haber hecho pasar un mal rato a Kopa, o pudo haber ofendido a Nala. O, incluso, pudo haber creado una de sus escenas dramáticas. ¡Gracias a Dios nada de eso pasó!





    Mamá gruñó a mis espaldas como advertencia. Simba se puso serio.





    Tal vez había exagerado un poco.





Nota mental: no volver a utilizar el sarcasmo en circunstancias similares, dije para mis adentros.





    — Lian, ya sé que Zira no te agrada, pero — suspiró, y sus facciones se relajaron un poco. — Trata de ser un poco más positiva, ¿sí? No es fácil para nadie, intento hacer lo correcto. Y, te guste o no, ellos son parte de la manada. ¿Qué se supone que haga? ¿Qué harías tú, Lian?





    — Por lo pronto, — me puse de pie — buscar a Kopa.





    Y dicho esto, troté en la misma dirección por donde el cachorro había desaparecido. Di vuelta a la cueva, y apenas un par de pasos más adelante escuché la voz de Timón en la distancia.





    — A mí tampoco me da buena espina.





¡Valla!, pensé, sorprendida. Al fin alguien que me apoya.





    Trepé por la piedra donde habíamos estado sentadas Kula y yo, hacía varios meses atrás, durante la ceremonia de Kopa. Detrás solo había otro monto de rocas, mismo que las leonas frecuentaban para tomar el sol cuando era cachorra. Esa zona era mi pequeña prisión cuando niña. Solo el tiempo sabe cuántas aburridas conversaciones me vi obligada a escuchar aquí. Antes detestaba el solo hecho de ver esas piedras, ahora me resultaban extrañamente impregnadas de un velo de añoranza.





    Es triste pensar en cómo el tiempo cambia algunas cosas.





    Subí con agilidad entre estas. Eran grandes, amplias y de superficie plana, por lo que no debían de representar un gran obstáculo para mi sobrino. Incluso tenía recuerdos de cuando, a una edad más temprana que la suya, subía en ellas para buscar mamá. O para encontrar un buen sitio para dormir.





    Me asomé al llegar a la más alta de estas. Ahí, el camino se cortaba. Al otro lado, solo había un pequeño desfiladero de rocas, bastante inclinado, que llevaba hasta el suelo de la pradera. Frente a mí, junto al muro de roca que formaba la cueva por fuera, había una plataforma suspendida a varios metros de distancia. Ni siquiera yo podría saltar hasta ella, y no había otro modo de acceder a dicha zona por ese lado de la Roca. Kopa no podía haber ido hacia allá.





    Mamá y Sarafina solían platicar en ese sitio, recostadas en aquella plataforma, durante largas horas. La última vez que estuve ahí de niña fue para pedirle a mi madre el permiso de ir con Simba a un maravilloso lugar que resultó ser el Cementerio de Elefantes.





    Aparté mis recuerdos un momento para concentrarme en buscar al cachorro.





    Si no había modo de subir, la única opción que tenía era bajar. Con cuidado, apoyé una de mis patas sobre la primera piedra que vi. Nunca antes había atravesado esa zona, y no tenía idea de que tan peligrosa podía resultar. Tal vez la caída no me mataría, pero sí que terminaría por darme un buen golpe. Parecía segura, así que trepé en ella. Esta no se movió, no cedió un solo centímetro y, un poco más tranquila, bajé una mano hasta la piedra más próxima.





    Esta era lisa y de bordes redondeados, algo pequeña pero parecía estar firmemente puesta sobre sus compañeras. Descendí hacia ella, acomodándome como pude en su superficie, y observé el panorama. El terreno lucía bastante escabroso.





    ¿Sería posible que Kopa hubiese bajado por ahí?





    El sonido de un respingo me dio la respuesta.





    Giré la cabeza hacia mi derecha, hacia la Roca, y descubrí una pequeña grieta tallada en la piedra. De bordes puntiagudos y resquebrajados por el tiempo, y oscura como boca de lobo. Era del tamaño justo como para que yo entrara agachando la cabeza y parecía ser algo espaciosa. Tal vez dos leones adultos cabrían ahí. Apretados un contra otro. Pero cabrían.





    Gracias a la luz de la Luna, distinguí una pequeña silueta amorfa frente al borde.





    — ¿Kopa? — pregunté, agachando las orejas.





    Solo me respondió un respingo.





    Bajé una tercera piedra para acercarme más hacia la grieta. Mis ojos rápidamente se acostumbraron a la oscuridad, y pude ver al cachorro tumbado contra la pared rocosa, con las extremidades retraídas, la cola rodeando su cuerpo y el rostro oculto entre sus manos.





    — Kopa — susurré de nuevo, de la forma más dulce que pude.





    Salté hacia el interior de la cueva, y aterricé justo a un lado del cachorro. Como pude, me di la vuelta para poder observar hacia afuera y me tumbé a un lado del pequeño. Él ni siquiera se movió.





    El viento sopló suavemente. El mechón rojizo de su frente se sacudió suavemente al ritmo de este, revoloteando alrededor de su cabeza. Kopa tembló de forma apenas perceptible, y no supe si era producto de su llanto o del titiritar por el frío. Respingó una vez más.





    Una enorme tristeza me inundó como no lo había hecho en varios años. Sentía mucha pena por él, y un inmenso odio hacia Zira.





    Sabía que Simba intentaba hacer las cosas correctamente, buscando el bien común. Papá nos había enseñado a pensar de ese modo. Pero eso es algo que no siempre puede conseguirse. Sobre todo cuando el sujeto en cuestión representa un peligro. 





    — Zira tiene razón — dijo al fin, tallándose los ojos con el dorso de su mano para limpiar un par de lágrimas que habían quedado atrapadas entre sus pestañas. — Soy muy débil.





    — No digas eso, Kopa — intenté calmarlo. Sentí una punzada de culpa. Agaché las orejas y desvié la mirada. — En todo caso, la culpable debería ser yo. Se supone que debía vigilar que no…





    — ¡Pero es cierto! — chilló, girando la cabeza para verme. Sus ojos aún estaban húmedos y brillaban intensamente, aún bajo la escasa iluminación. — Nunca seré un buen rey. Sería mejor si no lo fuera.





    — Eres hijo de reyes, nieto de reyes — exclamé, tomando la barbilla del pequeño entre mis dedos para obligarlo a verme a los ojos. — Y que importa lo que pueda pensar Zira. Solo está amargada.





    El pequeño agachó la mirada aun así, y se acomodó suavemente contra la roca. 





    — Los puse en peligro a todos — susurró con tristeza. — Un rey no hace eso, debe cuidarlos.





    Me levanté para quedar sentada junto a él y me acerqué un poco más. Él se ladeó para recostar su mejilla sobre el muro. 





    — Solo quería demostrarle a Nuka que no soy un cobarde. Pero tampoco fui valiente. Así no puedo ser un rey. Tal vez solo sea un Kopa.





    Cerró fuertemente los párpados. Un par de lágrimas brotaron de sus ojos y bajaron rápidamente por su rostro hasta perfilare en el filo de su mandíbula.





    — ¿Y qué hay de malo con ser un Kopa? Tú eres mucho más de lo que piensas — aclaré. Puse tiernamente una mano sobre su hombro. — Y lograrás cosas grandiosas. Como aquella vez con tu amiga la hiena, Asante. Fuiste tú solo a las Lejanías, peleaste contra una serpiente para salvarla, y conseguiste que tu padre la aceptara en el reino. Además, a tu edad, pocos se atreverían a meterse con un elefante.





    Kopa me miró de reojo, alzando ligeramente las orejas para aguzar el oído.





    — Pero no es la forma correcta de demostrarlo — volvió a agachar los orejas. Erguí la cabeza y fijé la mirada en el oscuro horizonte. — Alguna vez tu abuelo nos dijo a tu padre y a mí que para ser valiente no es necesario buscar problemas. Y valla que tenía razón. 





    — Entonces, ¿por qué tú siempre te metes en alguno? — preguntó su vocecilla.





    Bajé la mirada para toparme con sus ojos rojizos. Alcé una ceja y le dediqué una media sonrisa.





    — Porque mi trabajo es buscar problemas — él sonrió. Acaricié suavemente su nariz. — Es más, creo que veo alguno por aquí...





    Y antes de que el niño pudiera saber a qué me refería, dirigí ambas manos hacia su estómago y empecé a mover mis dedos contra sus costillas a gran velocidad. El cachorro se movió de un lado a otro, intentando librarse de mí.





    — ¡No, Lian! ¡Basta! — dijo entre risas. — ¡Me haces cosquillas!





    Kopa se tumbó al suelo para cubrirse el estómago con las patas, pero no le funcionó. Sus brazos no acaparaban por completo su tórax y, para su desgracia, crecer con su padre me había enseñado a moverme rápido. No podía cubrir todo su cuerpo al mismo tiempo.





    — ¡No puedo! ¡Tienes un pequeño problema intruso sobre tu hombro! ¡Y no logro quitarlo!





    — ¡Estás loca! — rio. — ¡Eso no tiene sentido!





    — ¡Tú querías saber la razón! — exclamé, soltándolo por fin. 





    El cachorro estiró sus extremidades hacia arriba, listas para detenerme y a la espera de un segundo ataque. Su pecho bajaba y subía a gran velocidad mientras intentaba recuperar el aliento. Sus ojos habían perdido todo rastro de tristeza y sonreía con ganas, de esa forma tan encantadora, de esa forma como me gustaba que lo hiciera.





    Eso era lo bueno de ser un niño: la tristeza se la lleva el viento.





    — Eso es lo que hago — dije, acariciando su nariz. — Y cuidar que ustedes no se metan en alguno. Esa será siempre mi misión.





     — ¿Incluso cuando sea mayor?





    Esa pregunta me rompió el corazón, y me provocó una aguda punzada en la boca del estómago.





Cuando sea mayor.





    ¿Cómo explicarle a un niño que no me quedaría con él mucho tiempo porque quería ir en busca de otras cosas? ¿Cómo decirle que volvería a verlo hasta dentro de varios meses, cuando fuera casi un adulto? ¿Cómo negarle algo a esa tierna sonrisa?


 

    Kopa esperaba una respuesta. Las comisuras de sus labios bajaron un poco al notar que yo no respondía.





    Simplemente era imposible contarle mis ideas.  





    Terminé por asentir con la cabeza y dedicarle una sonrisa.





    — Incluso entonces.
___________________

Aquí termina el capítulo 3 ;D

Espero que sea de su agrado. Pronto traeré el próximo cap  Very Happy
Como siempre, gracias por pasar a leer  Wink

¡Saludos!  :simba1:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Vie Jun 24, 2016 4:04 am

buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto y me alegro mucho que le hizo de reir hay que disfrutar y sonreir ejje espero que sigas pronto saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Vie Jun 24, 2016 5:39 pm

Primero, quiero disculparme por no haber comentado tu historia durante estos capítulos que has publicado, no los había leído por que nunca tenía la oportunidad de dar una lectura acompañada con la música, pero ahora que lo he echo quisiera decir que tu historia es fantástica, me gusta la personalidad de tu personaje y la narración es bastante atrapante.

Este capítulo ha sido excelente y demasiado tierno, me gusta el vínculo de Tía-sobrino entre Liara y Kopa, se nota que a ella le preocupa demasiado el cachorrillo y también es comprensiva con el Very Happy

Espero ansiosa la continuación ^^

Saludos y rugidos

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Lun Jun 27, 2016 2:59 pm

No he comentado últimamente, pero ten por seguro que he leído los capítulos.
Mantienes una tensión, con un buen final en cada capítulo.Caracterizas a los personajes, de forma que se puedan diferenciar entre sí.

La protagonista tiene una personalidad y forma de pensar que se hace muy familiar, y se siente más cercana.Mas los demás personajes no se quedan atrás.

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Jul 04, 2016 2:49 pm

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto y me alegro mucho que le hizo de reir hay que disfrutar y sonreir ejje espero que sigas pronto saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Muchas gracias, KIRAN. Me alegra mucho que te haya gustado  Very Happy

@Aisha escribió:Primero, quiero disculparme por no haber comentado tu historia durante estos capítulos que has publicado, no los había leído por que nunca tenía la oportunidad de dar una lectura acompañada con la música, pero ahora que lo he echo quisiera decir que tu historia es fantástica, me gusta la personalidad de tu personaje y la narración es bastante atrapante. 

Este capítulo ha sido excelente y demasiado tierno, me gusta el vínculo de Tía-sobrino entre Liara y Kopa, se nota que a ella le preocupa demasiado el cachorrillo y también es comprensiva con el  

Espero ansiosa la continuación ^^

Saludos y rugidos

¡Aisha! Es bueno volver a verte por aquí jaja Me alegra mucho que hayas terminado de leer los capítulos y que la historia te guste Razz Razz sobre todo la relación entre ellos, es algo que quería remarcar mucho y que se sintiera cercano (me encanta Kopa x3) 
Muchas gracias por comentar!!

@Whalia escribió:No he comentado últimamente, pero ten por seguro que he leído los capítulos.
Mantienes una tensión, con un buen final en cada capítulo.Caracterizas a los personajes, de forma que se puedan diferenciar entre sí.

La protagonista tiene una personalidad y forma de pensar que se hace muy familiar, y se siente más cercana.Mas los demás personajes no se quedan atrás.

Jaja, es bueno leer otro comentario tuyo, Whalia Very Happy No sabes como me emociona saber que les gusta como caracterizo a los personajes, espero que siga así durante el resto de la historia x3

Aquí está el siguiente capitulo  Wink

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Spoiler:

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   Capítulo 4: Familia (1/2)

    El sol de mediodía, en esa época del año, hacía de África un verdadero infierno.



    Los rayos del astro caían como plomo sobre la sabana, y el aire seco no ayudaba a mejorar la situación. Nuestra única opción era permanecer bajo la sombra o llevar a los cachorros a jugar cerca del manantial. Pero todos sabían que no había nada interesante ahí.



    Terminamos por elegir la sombra de una frondosa acacia que, a sus pies, tenía una pila de rocas donde poder echarnos. El calor era tan intenso que nadie tenía ganas de ir mucho más allá de la Roca del Rey.



    Así que ahí estaba, recostada sobre una piedra, observando a Mheetu y Nuka dormir. El primero estaba tumbado a un lado mío, en la misma posición en la que solía dormir en la cueva por las noches: sobre su flanco derecho, la espalda curvada y las extremidades estiradas hacia el frente. El cachorro, por su parte, dormía en la piedra que tenía frente a mí, ligeramente más corta, con las patas retraídas y los brazos cruzados frente a su cuerpo para poder acurrucar su cabeza en ellos.



    Bostecé.



    Hacía varios minutos que Kopa y Vitani me habían abandonado con ese par de holgazanes para ir a jugar por su cuenta. Era aburrido, pero prefería quedarme ahí que hacerle frente al sol. Cualquier cosa era mejor que eso. Incluso, tal vez, la estampida de elefantes.



    Nuka agitó un poco la cola, sin despertarse, y susurró algo ininteligible.



    No le di mayor importancia. Luchaba por mantenerme a mí misma despierta. Mi deber era cuidar a Vitani y a Kopa, no podía dejarme vencer por la tentación de imitar a mis acompañantes



    Bostecé de nuevo. Un bostezo largo y profundo, como si fuera a tragarme todo el aire del reino. Los ojos se me humedecieron un poco como producto del mismo.



    Mheetu se estiró y golpeó mi pierna con la pata. No me extrañaba: esa era su forma de dormir.



    Durante las noches, la manada debía dejar un círculo libre a su alrededor si no querían ser importunados por los movimientos nocturnos del león. Todos lo habíamos aprendido de mala gana, siendo despertados bruscamente a mitad de la noche gracias a una patada inesperada en la cara. O el estómago. Y él siempre despertaba perfecto, como si su cuerpo no hubiese estado gastando energía en sus extraños movimientos ninjas.



    — Hola, linda — susurró de repente.



    Lo miré, sorprendida.



Eso es nuevo, pensé.



    Claramente seguía dormido. Tenía los parpados cerrados sobre aquellos ojos verde-azules tan semejantes a los de su hermana, las facciones relajadas y la boca ligeramente abierta.



¿Qué estará soñando?



    Ronroneó de forma inconsciente, con una gruesa voz  que nunca antes le había escuchado.



    Me puse en cuclillas y me acerqué ligeramente a él para escucharlo mejor. Eso era algo con lo que seguro podría molestarlo cuando despertara. No iba a perdérmelo. Por nada de mundo dejaría pasar una oportunidad así.



    Entonces, escuché las risitas de Kopa y Vitani acerándose. Y, antes de que pudiese reaccionar, algo suave y cálido saltó sobre mi espalda.



    — ¡Lian! — reconocí la voz de mi sobrino.



    — ¡Hola! — apareció frente a mí la cachorra, prácticamente de la nada.



    Me volví hacia los recién llegados. Les chisté a ambos y llevé mi dedo índice hacia mis labios para hacerlos callar. Ellos me miraron sorprendidos.



     — Mheetu habla entre sueños — expliqué en susurros.



    Y el aludido, como si lo hubiésemos ensayado antes, murmuró algo entre dientes que no logré descifrar.



    — ¿Estas segura que está dormido? — preguntó Kopa contra mi oído.



    El león giró sobre sí mismo para quedar tendido boca arriba. Intentó inhalar una bocanada de aire y, en su lugar, dejó escapar un ronquido horrible.



    Vitani rio por lo bajo. Mi sobrino bajó de mi espalda y se sentó junto a ella.



    — ¿Tú que crees? — miré al pequeño con una ceja arqueada.



    Mheetu volvió a ronronear. Sin embargo, su boca estaba más abierta que la vez anterior, y en lugar de una voz ronca de león adulto se escuchó un gorgoteo similar al de una grulla.



    Intercambié una mirada de complicidad con los pequeños. Eso seguro iba a ser causa de futuros chistes y bromas durante las próximas semanas. A esas alturas, ya deberían tener un par de ellas maquilándose en sus diabólicas mentecillas.



    — Madre — susurró débilmente una voz frente a nosotros.



    Recordé a Nuka recostado sobre una piedra frente a mí.



¿Sueña con su madre?



    Su oreja derecha se sacudía de forma descontrolada. Eran movimientos leves que duraban apenas fracciones de segundo. De haber estado despierto, hubiese podido pensar que trataba de ahuyentar algún insecto, pero al estar dormido, tomaba un aire bastante cómico.



    — Nuka también está hablando — exclamó Kopa, como contándole un secreto al viento.



    El cachorro pasó frente a mí sin perturbar a Mheetu, quien exhaló otro ronquido, y se posicionó a un lado de la roca donde yacía el moreno.



    — Él siempre hace eso — resopló Vitani a mis espaldas, restándole importancia. — Tienen suerte de no dormir escuchando su voz.



    — ¿Quieres venir conmigo? — preguntó la voz de Mheetu, capturando de nuevo la atención de los tres. — Eres linda.  



    Los cachorros rieron y, esta vez, yo con ellos.



    — De acuerdo, creo que ya durmieron suficiente — les guiñé un ojo a ambos.



    Los pequeños entendieron al instante y, sin perder tiempo, cada uno saltó sobre uno de los adormecidos leones. Kopa corrió un par de metros para tomar impulso y aterrizó sobre el estómago de Mheetu. El impacto lo hizo abrir los ojos de golpe y se levantó de su sitio con la sorpresa tatuada en la frente. Por su parte, Vitani se limitó a dejarse caer sobre su hermano. Nuka, al sentir el peso de la cachorra, despertó con el ceño fruncido y no tardó en  quitársela de encima con una vigorosa sacudida. Ella cayó al suelo boca arriba, a los pies del moreno. Él se puso de pie de mala gana mientras la leoncita reía a carcajadas.



    — ¡¿Estaba soñando?! — preguntó Mheetu sobresaltado, al tiempo que rodaba sobre la superficie de la roca para quedar boca arriba.



    Eso fue suficiente para que no pudiera evitar corear las risas de Vitani, quien ahora estaba junto a mí. Sentí la mirada fulminante de Nuka observándonos a todos por haberlo despertado, pero hice caso omiso de ella.



    Kopa, quien había quedado detrás de su tío, se recargó sobre su espalda y se asomó para verlo con una sonría pícara en los labios.



    — ¡Sí! — rio. — Y con una chica.



    Mheetu agachó las orejas, apenado. Posó su mirada sobre la mía, como preguntando por qué había permitido que eso pasara. Le dediqué una sonrisa en respuesta.



    — ¡Y Nuka soñaba otra vez con su mami! — rio Vitani.



    El aludido le dedicó a su hermana una mirada asesina que me recordó bastante a Scar. Las cejas rectas que proyectaban tétricas sombras en sus pupilas oscuras, la nariz arrugada como si algo apestara, los ojos fijos cual si estuviesen congelado.



    De momentos, ese cachorro tenía un enorme parecido con su padre. Me resultaba sorprendente el poder de la genética.



    — ¡Hey, Nuka! — exclamó Mheetu y, sin dar tiempo al aludido para responder, apoyó su pata sobre la frente del cachorro y sacudió aquel mechón oscuro de melena que crecía sobre esta. — Nunca te vi mirar a alguien con tanta maldad.



    Eso me gustó para humor negro, pero igual solté un par de risitas.



    — ¡Déjame ya! — gruñó el moreno, alejándose bruscamente de la caricia del león. 



    Mheetu quedó con los ojos redondos ante el gesto, observando como Nuka nos daba la espalda.



    — Molesto niño de mamá — masculló mientras se alejaba de nosotros.



    El cachorro saltó lejos de la piedra y aterrizó sobre la tierra seca cubierta de hierbas marchitas. Avanzó por encima de estas, aplastándolas con su patas y provocando un pequeño crujido al romperlas. El castaño se volvió hacia mí, como buscando una respuesta. 



    Arqueé una ceja.



    — ¿Qué? — inquirió. — ¿A caso hice algo malo?



    Me encogí de hombros y relajé las facciones.



    — ¿Qué te digo? Ya lo conoces.



    — Tienes un hermano muy extraño — comentó mi sobrino.



    Me giré para verlo, sentado junto a Vitani mientras ambos observaba al aludido en la distancia.



    — Lo sé — bufó ella.



    — ¡Vamos, no hay que dejar a Nuka atrás! — exclamó el pequeño, poniéndose de pie con actitud decidida. — Es nuestro amigo, y no volverá a hablarnos si lo dejamos solo.



    Vitani sonrió y se levantó junto a él.



    — Hablas como un rey — comentó, restregando su cabeza suevamente contra la de Kopa.



    Él le devolvió el gesto con una pequeña sonrisilla en los labios.



    Arqué una ceja. Eso no era el típico comportamiento entre amigos… ¿o sí?



    Kopa saltó de la piedra y aterrizó sobre las hierbas secas. Mheetu lo siguió y no tardaron en llegar junto al cachorro.



    — Sera mejor que vallamos con ellos — dije a la cachorra, antes de ponerme de pie e ir tras los leones.



    Bajé de la roca junto con Vitani, y ambas trotamos a la par para alcanzar a los machos. Kopa caminaba sobre el flanco derecho de Nuka, y Mheetu a su izquierda, de modo que el cachorro quedaba atrapado entre los dos.



    — Vamos, Nuka ¡No te pongas así! — escuché al castaño cuando estuve lo suficientemente cerca.



    — Sí — agregó mi sobrino. — Fue solo un sueño, no tienes por qué avergonzarte.



    Mala idea.



    Nuka se detuvo en seco. Casi termino por golpearme contra él, pues aún caminaba detrás de los chicos. Retrocedí un paso para darle su espacio al cachorro.



    — ¿Avergonzarme? — repitió el moreno sin despegar la mirada de Kopa, quien lo observaba tan sorprendido como Mheetu. — Tú eres el que debería avergonzarse.



    — Aquí va de nuevo — susurró Vitani con pesar.



    — Ni siquiera pudiste con esos elefantes — siguió Nuka, haciendo caso omiso al comentario de su hermana.



    — Niño — traté de intervenir.



    — Pero apuesto a que sí podría contigo — lo retó Kopa, hinchando el pecho y levantando la barbilla con orgullo.



    — Eso podemos averiguarlo — Nuka se agazapó entre las hierbas.



    Kopa lo imitó, sonriente.



    — ¡Luchas! — gritó, y saltó sobre el moreno.



    Este no tardó en reaccionar, abalanzándose contra mi sobrino. Ambos se intersectaron en el aire y regresaron al suelo juntos. Apenas sus patas tocaron la tierra, echaron a correr cual bólidos por la pradera, alejándose de nosotros.



    — ¿Por qué los machos tienen la necesidad de probar ser mejores que los otros? — inquirí, sentándome sin dejar de observar el juego de los cachorros.



    — Bueno — dijo el castaño. Me volví para verlo a los ojos. — En realidad… no es que todos seamos competitivos, pero…



    — ¡Sobre Mheetu! — escuché el grito de Kopa.



    Y apenas fracciones de segundo después, ambos cachorros saltaron hacia el aludido y terminaron por hacerlo caer de bruces contra la tierra seca. Nuka saltó un par de veces sobre su espalda mientras Kopa se concentraba en morderle una oreja. Luego, tan inesperadamente como había llegado, se alejaron corriendo de nuestra posición.



    El león no tardó en levantarse, sacudiéndose un poco la tierra que había quedado adherida a su pelaje. Giró la cabeza para buscar a los pequeños.



    — ¡Oigan! — gritó. — ¿Así vamos a jugar ahora? Será lo que gusten.



    Y se echó a correr igual que ellos. Los cachorros lo vieron acercarse, y no dudaron en huir del león a toda velocidad.



    Negué con la cabeza. Solté un pequeño suspiro.



    — No todos somos competitivos — repetí, haciendo una horrible imitación de la voz de Mheetu.



    Vitani se rio entre dientes y me volví para verla.



    Ella estaba sentada, con las piernas estiradas hacia adelante, observando atentamente el juego de los leones. O al menos eso creí, hasta que me percaté de que, en realidad, solo miraba a mi sobrino.



    — ¿Qué es lo que miras tan atenta, Vitani?



    La cachorra se sobre saltó ante la pregunta. Giró la cabeza para verme, luego bajó la mirada para ocultarla de mí.



    — Yo… bueno… veía como jugaban y…



    — ¿Se trata de Kopa, cierto? — arqueé una ceja con suspicacia.



    Ella me miró fugazmente con temor, sin levantar la cabeza. Pude notar un cierto brillo en sus pupilas de turquesa que nunca antes había notado. Seguro la pobre debía estar muriendo de pena por dentro. Pude notar, incluso, como los músculos de sus patas se tensaban ante aquella repentina pregunta.



    No quería hacerla pasar un mal trago a tan corta edad.



    — Lian, yo…



    — Está bien — la interrumpí. Ella alzó las cejas y me miró a través de los cabellos de su fleco. — Tu secreto está a salvo conmigo.



    — ¿En verdad no le dirás nada a Kopa?



    Le dediqué una sonrisa.



    — Mi boca será una tumba — aseguré. — Incluso ya huele a muerto.



    Tomé una bocanada de aire y soplé contra el rostro de la pequeña. Su mechón, del mismo tono dorado claro que su pelaje, se removió de un lado a otro en el aire antes de volver a su lugar. Ella rio.



    — Gracias — exclamó, sonriente.



    — Ahora — me puse de pie. — ¿Qué te parece si regresamos a la Roca del Rey? Seguro las leonas ya cazaron algo a esta hora del día. Y muero de hambre.



    Ella me imitó.



    — Yo igual.




    — Bien, entonces vayamos — di un par de pasos antes de percatarme que la pequeña no me seguía. Mi volví para buscarla, y la encontré quieta en su mismo sitio, observando en la distancia a los leones aun jugando a perseguirse unos a otros. — No te preocupes, ellos no tardarán en ir a buscar algo de comer.

Continúa...

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Espero que les haya gustado.

¡Gracias por leer!

¡Saludos!  :simba1:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Lun Jul 04, 2016 5:57 pm

Que buen capítulo!, me encanto dar esta lectura acompañada por el instrumental, es tan relajante. He he ¡que tierno!, ¿vitani enamorada del príncipe Kopa?, Wow (un ship que no es mi favorito pero me gusta x3), espero ansiosa la continuación.

Saludos y rugidos

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Alexa18 el Vie Jul 08, 2016 4:12 pm

Por favor sigue, me encanto el capitulo, espero y sigas así.
Un fuerte abrazo
Atte: Ale I love you

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Sáb Jul 09, 2016 11:10 pm

@Aisha escribió:Que buen capítulo!, me encanto dar esta lectura acompañada por el instrumental, es tan relajante. He he ¡que tierno!, ¿vitani enamorada del príncipe Kopa?, Wow (un ship que no es mi favorito pero me gusta x3), espero ansiosa la continuación. 

Saludos y rugidos

Jaja, gracias, Aisha!!
El ship de Kopa y Vitani... me gusta, pero personalmente creo que tiene algunos detalles que harían dificil que los cachorros realmente se hubiesen conocido si seguimos la cronología de las películas. Sin embargo, me parece muy tierno (y necesitaba que Lian tuviese una referencia x3).
¡Gracias por comentar! Es inspirador leer tus mensajes    Espero que el desarrollo de la historia continúe gustandote Very Happy

@Alexa18 escribió:Por favor sigue, me encanto el capitulo, espero y sigas así.
Un fuerte abrazo
Atte: Ale 

Hola, Alexa18
Me alegra leer tu comentario y ver que te gusta lo que escribo. Muchas gracias por tu comentario  I love you I love you


Antes que nada, quisiera avisarles que mis padres cancelaron el servicio de internet por la mala calidad que ofrecía la compañía, así que estaré sin acceso al foro durante... un tiempo indefinido .-. pero seguiré actualizando el fic cada vez que pueda conectarme a alguna red Wink 

Así que, como hoy tuve oportunidad de hacerlo, aquí les dejo la continuación del capitulo.
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   Capítulo 4: Familia (2/3)

    Vitani caminó hasta alcanzarme, y seguimos avanzando a la par entre los pastizales y su peculiar aroma que se tornaba más intenso cuando el viento hacia danzar las doradas matas secas. Cada vez que estas se rozaban unas con otras, producían un extraño sonido que, en conjunto con el sacudir de la hojas de los árboles y el batir de las alas de las aves, formaban a coro una suave melodía natural que podía tranquilizar a cualquier ser que la escuchase.




    La Roca del Rey estaba justo frente a nosotras, imponente en el horizonte. Tardaríamos tan solo un par de minutos en llegar.


    Busqué con la mirada a la cachorra. Ella caminaba a mi paso, con la atención aún puesta en los leones que dejábamos a nuestras espaldas.

    ¿Era eso lo que se sentía estar enamorada? ¿Lo que tanto decían Kula y Tama que debía vivir algún día?


    Nunca había sentido atracción hacia alguien en particular. Desde que tenía memoria, los únicos leones de mi edad con lo que convivía eran Nala, Simba, y ellos cinco. Había pasado toda mi adolescencia viviendo en una selva apartada de mi familia biológica y de todo contacto con mi especie, a excepción de mi hermano.


    ¿Qué sensaciones provocaría ese estado? ¿En verdad era algo tan bueno como para quedarse pensando en el otro todo el día? ¿Cómo para perderse de la belleza de la sabana cuando se pone el sol, o de un amanecer cuando tiñe las nubes de color salmón, o del cielo nocturno atiborrado de estrellas centellantes al lado de la Luna porque algo más lo opaca? ¿O porque no te parecen igual de bellos si no los contemplas al lado de ese alguien?



    Seguro debía ser horrible depender de la presencia de alguien más para aliviar tus penas. O no poder pensar en otra cosa que no sea ese alguien.


    No sonaba tan especial como todos decían que era. Y sin embargo, todos parecían encantados con la idea.


    ¿Era acaso alguna especie de adicción? ¿Una enfermedad? ¿Existía tal vez una forma de remediarlo? No tenía forma de saberlo.


    Antes de lo que esperaba, llegamos al pie de la Roca del Rey. Vitani y yo nos encaminamos hacia los peldaños del costado derecho y trepamos sobre ellos sin cruzar una palabra. Esta acción me resultó un poco más tardada de lo normal, pues tenía que ayudar a la pequeña a trepar sobre aquellas piedras que eran demasiado altas para ella. Una vez arriba, me agradeció con una sonrisa.


    — Entonces, ¿cuánto falta para que llegue? — escuché la voz de la madre de Timón. No estaba muy lejos de nosotras.



    Giré la cabeza en dirección a la cueva. Mamá y Uzuri estaban sentadas junto a la entrada de la misma. Más adelante, Simba escuchaba al tío de Timón parlotear una serie de palabras que no logré comprender. Y, junto a ellos, Nala reposaba cómodamente sobre la superficie irregular de la Roca. La suricata, de pie frente a ella y dándonos la espalda, tenía los brazos cruzados sobre el pecho de modo que, desde mi posición, parecía que se abrazaba a sí misma.

    — Creo que solo un par de días más — respondió la leona, observando con ternura su abultado vientre de embarazada.

    Vitani y yo intercambiamos una mirada antes de atrevernos a avanzar hacia el resto del grupo.

    — ¡Yo aún recuerdo a mi Timi cuando era un bebé! — exclamó la suricata, con una expresión alegre en sus facciones. — Era tan pequeño…

    No conocía a Timón de cachorro, y nunca llegaría a hacerlo. Pero, por la sonrisa en el rostro de su madre, seguro había sido un pequeño bastante tierno. 


     O tal vez solo eran los viejos recuerdos de una madre aficionada a su hijo.

    — Hemos regresado — saludé, y me tumbé frente a Nala y la madre de Timón.

    Vitani se sentó junto a mí, con una expresión inocente en esa mirada de cielo.


    —… si no tienes cuidado, tu vida puede ser muy peligrosa — escuché la voz de Tío Max.


    Al alzar la mirada, lo descubrí hablando enérgicamente a mi hermano sobre algún tema que yo desconocía pero, por lo visto, causaba verdadero furor al suricato. Simba lucía bastante desconcertado.


    Las cejas alzadas, la boca entreabierta, los bigotes tiesos y la mirada desorbitada en un intento por captar cada movimiento realizado por su acompañante. Su expresión me provocó una sonrisa que tuve que ocultar de mamá y Nala para no llamar su atención.


    — ¡Bravo, Tío Max! — habló Timón desde algún punto detrás del aludido. Lo vi aparecer entre él y mi hermano, acompañado de Pumba, mientras caminaba lentamente hasta llegar con el león. Se recargó contra su pata y cruzó los brazos sobre el pecho. — Eso ha sido muy emotivo.

    — ¡Oh, Timi! — chilló la voz de la suricata y, antes de que pudiese darme cuenta de cómo o por qué, Ma ya tenía Timón entre los brazos. — La familia entera desea que vuelvas a casa.


    Sentí una pequeña punzada en la boca del estómago.


    — ¿Qué? — arqueé una ceja.


    ¿Timón iba a irse? Había vivido con él durante los últimos años, era horrible imaginar pasar un solo día lejos de él y de Pumba.


    — Desafortunadamente, sí — prosiguió Tío Max, frunciendo el ceño. Era bastante obvio que aborrecía la situación.  — Todos quieren saber más acerca de esa filosofía tuya de Hukuna Matata. Sin embargo, en mi opinión, también puedes quedarte aquí.

    Ma liberó a Timón de aquel abrazo asfixiante para volverse hacia el suricato. Levantó un dedo en su dirección, apuntándolo como su fuese la peor ofensa conocida sobre la Tierra.



    — ¡Tío Max! — gruñó. El aludido puso los ojos en blanco. — Timón ha sido muy bueno con nosotros al conseguirnos un nuevo hogar, deberías agradecérselo.



    — ¡Pumba, Simba, auxilio! — escuché al más joven suricato susurrar a sus amigos.


    Tío Max y yo no éramos los únicos disconformes con la idea.


    — ¡La pasarás bien, Timón! — respondió el león.


    — Traidor — resopló el suricato por lo bajo.


    — Pero, no pueden llevárselo — argumenté, al tiempo que me ponía de pie.


    Avancé hasta llegar con mi hermano para hacer frente a Ma y Tío Max.


    — ¡¿Lo ven?! — exclamó Timón, señalándome con las manos. — Ella ya lo dijo, no puedo irme.

    Ma se cruzó de brazos.

    — ¿Ah, sí? ¿Y por qué no?

    — Bueno, pues…




    Timón buscó ayuda en mi mirada. A falta de ideas, era obvio que recurriría a mí por ser su defensora. Pero, si yo tampoco tenía argumentos, ¿qué se supone que debía hacer en estos casos?


    La respuesta apareció dentro de un pequeño cuerpo peludo y amarillento que saltó sobre el suricato y se dedicó a lamer su lomo y mordisquear su cola.


    — ¡Kopa! — dijo él al reconocer a mi sobrino.


    No había mejor excusa que él… ¿o no?


    — ¡Timón! — saludó el pequeño, alegremente. — ¿De qué están hablando?


    Entonces el aludido se puso serio y el cachorro comprendió que el momento de los juegos había terminado. Se levantó y dejó tranquilo al suricato, quien no tardó en ponerse de pie para sacudirse el polvo y la saliva de Kopa.


    El pequeño príncipe ladeó la cabeza y nos observó a todos, extrañado.


        — La familia de Timón desea que él regrese a casa — explicó Nala con dulzura.


    — ¿Cómo? — Kopa arqueó una ceja.


    — Tiene razón — Timón se rascó la nuca, como si estuviese apenado de aceptar la situación en la que se encontraba. Entendí que no planeaba excusarse para no ir. — Y tendré que ir con ellos algún día, de todos modos.


    El cachorro agachó las orejas.


    — ¿Se irán? ¿De verdad?

    Esas palabras me rompieron el corazón. No solo porque se tratara de la pena de Kopa, sino por la mía propia. En los rojizos ojos de mi sobrino lograba ver un atisbo de mi misma, de aquella cachorra de antaño que acababa de perder a su familia y todo lo que le quedaba eran aquel suricato y ese jabalí como compañía. Era como un espejo que reflejaba la parte de mi alma que quería actuar igual que el niño y negarme a la idea de su partida, a pesar de la edad que tenía.

    Su pena era la mía.

    — Pero volveremos, pequeño Kopa — aseguró Pumba, dándole un abrazo de despedida al aludido.

    —Los voy a extrañar mucho — respingó el otro.



    El suricato y el jabalí se apartaron del cachorro para dirigirse a Simba y a mí con los brazos extendidos. Como pudimos, entre los dos abrazamos a Timón y a Pumba cuidando no aplastarlos entre nuestras, ahora, enormes patas que abarcaban todo el largo del esbelto cuerpo del suricato.

    — ¡Chicos! — dijo, Timón alzando la mirada hasta encontrarse con nuestros ojos. Una sonrisa se dibujó en su rostro. — Espero que puedan cuidarse sin mí.


    — Como ordenes, papá — bromeó Simba.


    — Intentaré no hacer estupideces — sonreí. — Al menos, no muchas.

    Ambos se apartaron suavemente y nosotros los liberamos al instante. El suricato se acercó hasta Tío Max y su madre, quien sacudió tiernamente el pelo rojizo de su frente, y los tres avanzaron hasta el extremo de la Roca del Rey donde se encontraban los peldaños. Pumba no tardó en seguirlos.


    — ¡Volveremos pronto! — se despidió Pumba por encima del hombro, antes de saltar hacia las escalinatas y desaparecer de nuestro campo de visión junto a los tres suricatos.


    Eso espero.

    Realmente lo deseaba. Sabía que eran ideas egoístas de mi parte, pero no acogía del todo la idea de que se fueran, aunque fuese solo unos días. Cuando pasas mucho tiempo con alguien y, en un momento, esa persona se va, una parte de ti se va con ellos. Y no la recuperas hasta que vuelves a verlos.

    Sentí un extrañó vacío en el pecho que me obligó a sentarme. Agaché ligeramente la cabeza, en un intento por apaciguar esa extraña sensación.


    Escuché un respingo a mis espaldas. Al volverme encontré a Kopa enjugándose algunas lágrimas de forma tan discreta como podía. No era la única que aborrecía la decisión de Timón y Pumba.


    Sus padres, conmovidos, no tardaron en acercarse al pequeño para abrazarlo y acariciarlo. Tenía suerte de ser un niño y que todos se preocuparan por sus sentimientos. Al crecer no sería lo mismo.



    — Mi pequeño — exclamó Nala, dándole un beso en la mejilla.


    — ¡Tú no debes llorar! — Simba puso una pata sobre el hombro del infante.

    — Yo no lloro — mintió este.

    Kopa respingó de nuevo. Con el dorso de su mano se limpió rápidamente una última lágrima que empezaba a resbalar por su mejilla. Sin poder evitarlo, me acerqué al pequeño y con el brazo lo estreché suavemente contra mí.



    — Vamos, campeón — susurré en su oído. — No tardarán en regresar. No pueden vivir sin nosotros — bromeé.


    Sentí como su cabeza asentía lentamente contra mi pelaje.


    — ¿Kopa? — preguntó la voz temerosa de Vitani. La cachorra se acercó, cautelosa, hasta nosotros. — ¿Quieres ir a dar un paseo?


    El aludido se apartó un poco de mí, apenas los suficiente para poder intercambiar una mirada con sus ojos húmedos. Le dediqué una sonrisa comprensiva.

    — Tal vez algo de aire fresco te hará bien — dije, acariciando su espalda.


    — Está bien — suspiró sin ganas.


    El pequeño se apartó de mí, deshaciendo el abrazo para ir a reunirse con su amiga. Ambos intercambiaron una mirada, antes de empezar a caminar hacia los peldaños de la Roca del Rey. Les permití que avanzaran algunos metros antes de seguirlos.



    Probablemente, permitirles ir solos era la mejor opción. Eran cachorros de la edad, y eran muy unidos. Seguro Vitani podría hacerlo sentir mejor por sí sola. Pero, siendo sincera, yo también necesitaba algo de espacio para despejar mi mente. Y no podría hacer eso quedándome sentada, rodeada por las miradas de la manada.


    Lian, la leona ruda, la que no le teme a nada, llorando por la partida de sus amigos y padres adoptivos. Pocas cosas debían ser más patéticas que esa. Pero, aunque la mayor parte del tiempo prefiriese pensar que no, incluso yo tenía sentimientos y podía romperme de vez en cuando.

    Todos tenemos un punto débil.


*                          *                         *                         *                         *



     La luna creciente, cual sonrisa brillante en el cielo, ofrecía la luz necesaria para ver durante la noche sin llegar a robar protagonismo a las estrellas... 

Continúa...
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Volveré a actualizar tan pronto como pueda.

Muchas gracias por leer. 

¡Saludos!  :sim:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Alexa18 el Lun Jul 11, 2016 6:22 pm

Me encanto el capitulo, y la música es excelente, espero con ansias el siguiente.
Un fuerte abrazo.
Ale:heart:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Mar Jul 19, 2016 2:19 pm

Gracias, Alexa18  Very Happy me alegra que te agrade la música, a veces es difícil conseguir melodías que le sienten bien a ciertas partes. Espero estar haciéndolo bien x3

Aquí la última parte del capítulo 4  Wink

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Spoiler:

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   Capítulo 4: Familia (3/3)

     La luna creciente, cual sonrisa brillante en el cielo, ofrecía la luz necesaria para ver durante la noche sin llegar a robar protagonismo a las estrellas. Las nubes eran tan esbeltas que no eran capaces de bloquear su belleza por completo, y la luz de aquellos titilantes puntos lejanos atravesaba sin dificultad sus cuerpos vaporosos que el cálido viento africano no tardaba en mover con un ligero soplo, acompañado del castañear de la hierba seca y el susurro de las hojas de las acacias.

    Adoraba las noches así.  

    Me recordaban a cuando, de pequeña, papá nos llevaba a Simba y a mí a la parte trasera de la Roca del Rey para contemplarlas y buscar estrellas fugaces. Mamá decía que, cada vez que viéramos una surcando el cielo, podríamos pedir un deseo. Mi hermano, Nala y yo nos quedábamos largas horas, tumbados boca arriba sobre las rocas, esperando ver alguna. Y cada vez que veíamos sus destellantes reflejos sobre el negro firmamento era celebrado como si fuese el descubrimiento del siglo.

    Estar recostada de nuevo entre esas mismas piedras me hacía desembotellar tantos recuerdos añejados en mi cabeza durante años como estrellas podía contar. Y observar a Kopa y a Simba, tumbados en el pastizal a varios metros de distancia de mi posición, era como ver el reflejo de mi padre y nosotros.

    Mi hermano apuntada al cielo con su pata, señalando cada una de las estrellas. Escuchaba las risas de Kopa cada pocos minutos, producto de algún chiste que solo ellos dos conocían.

    No pude evitar esbozar una sonrisa.

    — ¿Buscas constelaciones? — irrumpió la voz de Mheetu detrás de mí.

    Aquello me había tomado por sorpresa, y mis músculos reaccionaron dando un pequeño salto en mi lugar. Giré la cabeza para encontrarme con la mirada verde-azul que esperaba encontrar.

    Él saltó entre las piedras hasta llegar a la mía, y se tumbó a mi lado sin esperar a recibir una invitación. Ambos fijamos la mirada en el horizonte, ahí donde mi hermano y su hijo jugaban entre la hierba marchita bajo el brillo de los astros nocturnos.



    — Jamás encuentro forma a esas cosas — bufé. — No veo porque les parece tan divertido unir un montón de puntitos.



    — ¿Qué no era eso lo que hacían Simba y tú con Mufasa por las noches?

    Escuchar el nombre de papá estuvo a punto de provocarme una punzada en el estómago que, por suerte, logré contener antes de que Mheetu se diera cuenta.

    — A veces nos hablaba sobre los reyes del pasado — expliqué, y me giré para intercambiar una mirada con el león. —  Él intentaba explicarme como era cada constelación… pero aun así nunca entendí.

    Mheetu se encogió de hombros y centró su atención nuevamente en Kopa.

    — Tal vez solo te falta imaginación.

    — Y a ti te sobra, ¿verdad, linda chica? — pronuncié las últimas dos palabras haciendo una pobre imitación de su voz. El chico se volvió hacia mí, con los ojos como platos y la boca entreabierta. — ¿No quieres venir conmigo?

    — Era solo un sueño — se defendió. — Nadie puede controlar lo que sueña. No puedes culparme por eso.

    — De igual forma fue divertido — le dediqué una sonrisa burlesca.

    El castaño arrugó ligeramente su frente.

    — También podría ocurrirte a ti, ¿sabes? ¿Qué pasaría entonces?

    — Sería tu turno para burlarte — reí.

    Mheetu coreó mis risas durante algunos segundos. Entonces, noté como su voz se apagaba. Agachó las orejas, reclinó la cabeza hacia adelante, miro fijo hacia sus patas y se puso completamente serio en cuestión de segundos.

    Entendí que las risas habían sido suficientes. Golpeé su hombro suavemente con la pata.

    — ¡Hey! No te enojes, es un juego. Solo fue un sueño.

    Él suspiró con pesar.

    — De hecho, Lian… yo… — se interrumpió para mirar las estrellas. — Yo… he estado pensando… creo que… — suspiró de nuevo. Buscó mi mirada en la oscuridad. — Voy a irme… en busca de mi propia manada.

    Un gancho al hígado. Un zarpazo en la mejilla. Una mordida en la yugular. Es la mejor descripción que puede dársele a lo que sentí en ese momento.

    Mi respiración (y posiblemente también mi corazón) se paralizó por un momento que me pareció eterno. Un extraño sabor amargo subió desde mi garganta hasta llegar a mi boca, donde se propagó e inundó todo para dejarme un mal gusto imposible de eliminar. Sentí mis músculos tensarse, tal como lo hacían cuando asechábamos algún animal durante la cacería.

    Mheetu va a irse, la sola idea me provocó un escalofrío eléctrico que recorrió toda mi espalda.

    Realmente, no tenía más que algunos meses conociéndolo. No fue sino hasta después de la muerte de Scar que supe que Nala tenía un medio hermano. Pero, al conocerlo, supe que nuestra relación se forjaría bastante bien. Y no me había equivocado. En la manada, después de Simba y Nala, era el miembro que más se aproximaba a mi edad. Era casi como tener otro hermano. La idea de que se fuera, de no volver a tenerlo en casa, de no ya no poder hablar más con él, me había dejado helada.

    Mheetu observa atento mi reacción, a la espera de que yo dijera algo.

    — ¿Vas a dejarnos? — jadeé.

    — Lian… lo que intento decir es…

    — ¿Cuándo? — lo interrumpí.

    — Mañana mismo, de ser posible.



    Otro golpe.



    — Llevo ya varias noches pensándolo — explicó, agachando la mirada. — No había querido decir nada porque aún no estaba seguro de mi decisión. Tenía muchas cosas que dejar aquí, y no quería perderlas. Pero… creo que ha llegado el momento.



    Las palabras se agolparon en mi garganta, impidiéndome hablar. Era como si todas quisieran salir al mismo tiempo, acompañadas de cientos de emociones que ni siquiera yo podía reconocer. Pasé saliva de forma ruidosa para tragármelas. Soltarlas en un momento de confusión sería como lanzarle cientos de cuchillas afiladas directo al corazón. No quería herirlo.



    Lo miré a los ojos.



    — ¿Lo sabe alguien más?



    — No — negó rotundamente con la cabeza. — Solo te lo he dicho a ti.



    Era lo mismo que había ocurrido con mis otros amigos. ¿Es que todo el mundo repentinamente sentía la urgencia de buscar pareja? ¿Justo ahora? ¿A caso solo yo valoraba y disfrutaba de la vida tal como era? Al parecer sí.



    Miré hacia el horizonte. No podía soportar por más tiempo el peso de su mirada. Mheetu me imitó, y ambos fijamos nuestras pupilas sobre el cuadro que formaban Simba y Kopa en la distancia, tumbados panza arriba disfrutando del cielo nocturno sin sospechar siquiera de lejos la plática que acontecía entre el castaño y yo.



    Timón y Pumba acaban de irse. Y ahora debía despedirme también de Mheetu. Los primeros dos no tardarían demasiado en volver, su lugar estaba con nosotros en la Roca del Rey. Pero no podía asegurar nada sobre el chico. Si quería ir en busca de una familia, el adiós era definitivo.



    Y no estaba preparada para decirlo.



    Sentí la picazón en los ojos que precede al llanto. Mi visión se vio empañada por un par de gruesas lágrimas que se perfilaron al borde de mis párpados. Bajé la mirada en un intento por ocultarlas. No podía verme llorar.



    — Creo que lo más duro será decírselo a Kopa — susurró con pesar, perdido en la distancia.
    Me enjugué las lágrimas con discreción para enfocar al cachorro. Él y su padre jugueteaban entre la hierba tal como alguna vez nosotros hicimos con papá. El recuerdo de Mufasa, en ese momento, solo terminó por lacerarme más. Lo reprimí tan pronto como pude.



    — Tendrás que hacerlo — respondí fríamente, luchando porque la voz no se me quebrara.



    — Se pondrá muy triste — gimoteó.



    A Kopa le afectaría tanto como a mí, era un hecho. Tres ausencias en solo dos días era demasiado para nosotros. Pero no podía retenerlo.  Él debía ir y hacer su vida, igual que yo lo haría algún día. Siempre fui consciente de eso, pero también siempre esperé que yo fuera la primera en partir.



    — Eso tenlo por seguro — asentí.



    Observé por el rabillo del ojo como Mheetu se volvió hacia mí con las orejas agachadas, pero yo no tenía valor para verlo de frente. Lo que estaba por decir era ya doloroso; hacerlo viendo directo a esos pozos aguamarina que tenía por ojos sería devastador. Sentí un nudo en la garganta, que me vi obligada a deshacer pasando saliva.



    Inhalé hondo.



    — Mheetu — pronunciar su nombre me resultó una verdadera odisea. El aludido tenía toda su atención centrada en mí. Hablé firme, observando las montañas del paisaje. — Si tu corazón dice que es momento de partir, debes escucharlo y seguir tu propio destino, aun cuando la senada que escojas te apartarte de nosotros. Siempre tendrás un lugar importante dentro de la manada, y tú te llevarás una parte de cada quien contigo, a donde sea que vallas — me volví lentamente para verlo a los ojos. Sentía que estaba al borde del llanto, pero no era ninguna cobarde para hablarle a la nada. — Seguiremos siendo uno incluso en la distancia. Y cuando desees regresar, te daremos la bienvenida con los brazos abiertos.



    Una sonrisa se dibujó en los labios de Mheetu. Y al segundo siguiente, ya lo tenía abrazado fuertemente a mi cuello. La acción me tomó por sorpresa, pero no dudé en estrecharlo también con una de mis patas. Su melena en desarrollo me picaba los ojos y evocaba el llanto, pero decidí hacer caso omiso.



     — Gracias por entenderlo, Lian — susurró en mi oído, y sus palabras se quedaron haciendo eco en mi mente.



    Sentí como los ojos se me humedecían una vez más. Elevé la mirada hasta el cielo y observé fijo las constelaciones. Una estrella pareció titilar de forma más intensa durante algunos segundos, rodeada de otras tantas que la hicieron parecer un ojo. El ojo de un león. La figura se notaba claramente en el firmamento, como si este nos observara de frente a Mheetu y a mi. Por fin había encontrado forma a la constelación que tanto se esmeraba papá en enseñarme.




    Y por un segundo deseé no haberlo hecho porque, ahora, esa estrella me recordaría a los dos cada vez que la mirara.

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Alexa18 el Mar Jul 19, 2016 6:43 pm

Me encanto tanto como el capitulo como la musica, que triste que Mheetu se tenga que ir, espero el siguiente. A por cierto si gustas puedes llamarme ale.
Un enorme abrazo Very Happy
Atte: Ale I love you

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Aisha el Mar Jul 19, 2016 7:41 pm

Wow, estos dos ultimos capitulos fueron E-X-C-E-L-E-N-T-E-S Very Happy
Me encanta dar una narración tan profunda acompañada por esa tranquila melodía, ¡eres toda una escritora Lily!, siento lastima por el pobre de Kopita, ¡tres despedidas en poco muy tiempo!, debe de ser muy difícil para el. Bueno, yo espero con ansias a que puedas continuar, ¡sigue así!, me dejas intrigada What a Face

Saludos y rugidos

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Miér Jul 20, 2016 10:49 pm



¿dije lo suficiente con ello? ¿no? Bueno.
Ya llegamos a las partes que me arrancan lágrimas. ¡Lilly! estos últimos capítulos han estado espectaculares. La emoción, las descripciones y la música me han llegado a lo más profundo, y la despedida de Mheetu fue el golpe de gracia.
Espero que pronto continúes la historia, está tan dulce  Crying or Very sad

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Jue Jul 21, 2016 12:24 pm

buen capitulo hermana lily vaya increible momento para hechos espero que las cosas vayan bien saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

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