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Lian's Story (Fan Fiction)

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Mayo 16, 2016 6:08 am

buen capitulo hermana lily estuvo genial este capitulo volvieron los grandes amigos y seguro que lian encontara el amor de su vida y da igual si es un leon o una leona hecha es muy joven seguro que lo encontrara saludos y rugidos  un fuerte abrazo hermana
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Mar Mayo 24, 2016 12:12 am

@Whalia escribió:Las descripciones son excelentes, muy bien redactadas.El reencuentro y la conversación acerca de los compañeros románticos ha sido muy cercana, pues he vivido experiencias parecidas, al igual que mis respuestas plasmadas en una historia.

No te preocupes por la extensión del capítulo.Céntrate en que contenga todo lo que tú quieras, y que tras leerlo, no sientas que falta algo.
Jaja, yo también he pasado por conversaciones como esa... aunque no suelo expresar mi opinión XD

Gracias por el concejo, Whalia Very Happy es solo que no me gustaría que la lectura les pareciera cansada jaja.


Aquí el siguiente capítulo.
_____________________________

Spoiler:
 Minuto 5:39 XD 
_____________________________


   Capítulo 1: Kopa (3/3)

    — Lian — escuché la voz de mi madre, sacándome de mis pensamientos. —Iremos a cazar algo para comer, ¿quieres venir?



    Por un instante me sentí aturdida y ligeramente desubicada. Miré rápidamente a mí alrededor. Las leonas ahora estaban caminando en dirección a la escalinata, alejándose de nosotros. Vi como Uzuri y Sarafina nos miraban de reojo a mamá y a mí. No sabía cuánto tiempo había estado ausente pensando aquello. Seguro no habían pasado más de dos o tres minutos, pues Nala seguía hablando del mismo tema con Kula y Tama, pero yo sentía como si me hubiese quedado dormida por horas y alguien me hubiera despertado de repente.



    — Claro — asentí mientras regresaba a la realidad.



    Mamá tenía sus ojos fijos en mí. Su cara reflejaba cierto grado de preocupación.



    — ¿Te sientes bien? — me preguntó, colocando suavemente el dorso de su mano sobre mi frente. — No has hablado desde que llegaste con los chicos.



    La miré a los ojos.



    — Estoy bien, mamá — dije. — Solo... estoy un poco distraída.



    — ¿Pasa algo? — insistió, regresando su pata a su sitio.



    Negué con la cabeza.



    — Razonaba algunas cosas — me encogí de hombros. — Nada importante.



    Ella solo enarcó una ceja, tomando esa expresión suspicaz que adquiría su rostro cuando algo no la convencía. No tenía ganas de volver a hablar con alguien sobre el tema, así que me levanté y caminé un par de pasos. Luego, me volví para verla sobre mi hombro.


    — ¿No vamos a ir?



    Mi madre se levantó de su lugar hasta alcanzarme, y juntas avanzamos para reunirnos con las demás. En grupo descendimos hasta la base de la Roca del Rey, y caminamos por la sabana en dirección a las praderas cercanas al manantial. Ahí la hierba fresca era lo bastante alta como para ocultarnos de la vista de los animales, y las manadas que pasaban el rato pastando siempre abundaban.



    El cambio que había sufrido la tierra después de la pelea contra Scar y el destierro de las hienas había sido bastante significativo. Aún recordaba ese páramo muerto al que regresamos hace algunos meses, lleno de esqueletos completamente despojados que cualquier tipo de tejido comestible y árboles secos como espectros fijos en un desierto de tierra cuarteada por la falta de agua. El viento apestaba igual que el fétido destino del reino. Lucía como un paisaje sacado de algún planeta lejano y marchito.



    Ahora que las lluvias habías regresado, las plantas volvían a renacer como en tiempos de mi padre. Las cebras volvían a los pastizales, las gacelas saltaban alegres por toda la zona, las parvadas de aves sobrevolaban nuestros cielos durante el día y nos arrullaban por las noches con sus cantos. Poco a poco, los días tiránicos del reinado de Scar quedaban en el pasado, enterrados en nuestras memorias.



    Me encantaba caminar sobre la tierra fresca tapizada de verde hierba, respirando el aire fresco que dejaba la mañana. Despertar todos los días sintiendo la textura del rocío era un sueño que solo podría cumplir si decidía irme.



    Pensar en todas las cosas que vería era lo que más me emocionaba de la idea. Podría apreciar paisajes que nadie en el reino había visto jamás, desde enormes montañas hasta espesas selvas. Podría correr por amplias llanuras en el desierto o en la sabana. Despertaría cada día viendo como África era iluminada lentamente por el sol, y dormiría todas las noches apreciando un cielo lleno de estrellas. Siempre en un sitio diferente.



    — Miren ahí — Dwala se detuvo repentinamente, poco después de que llagáramos a las praderas. Con la cabeza nos señaló un pequeño grupo de impalas que pastaban en la llanura. — Serán presa fácil si los rodeamos.



    — Debemos analizarlas un poco más cerca — especuló Naanda.



    Y acto seguido, nos agazapamos en la hierba para avanzar silenciosamente hacia nuestras ingenuas presas, ignorantes del destino que les aguardaba. Caminamos en línea horizontal, cubriendo todo el flanco izquierdo del grupo de herbívoros, hasta que los tuvimos a escasos seis metros de distancia. Estando tan cerca de ellos, podía escuchar como arrancaban los frescos pastos de la tierra, sentir bajo mis patas el poder de sus bramidos y oler el calor de sus cuerpos.



    Me dediqué a examinarlo con cuidado, buscando posibles blancos para atacar. Eran casi veinte individuos, entre los cuales pude localizar con facilidad a tres machos. Uno en particular, que lucía un hermoso par de astas curvas, fungía como centinela alzando el cuello sobre la hierba cada pocos minutos. Supuse que debía ser el alfa, pues era más grande que los otros dos. Y si él nos descubría, avisaría a sus hembras con un solo chillido y la emboscada se echaría a perder.



    — Cuídense del macho del centro — susurré a las leonas.



    Había un espaciado de casi tres metros entre cada una, pero estábamos acostumbradas a comunicarnos de esa forma, así que podía estar segura que toda habían escuchado mi mensaje.



    Continué analizando a los impalas. Podía ver a cinco cervatillos correteando entre las hembras. Ellos eran fáciles de atrapar: no eran tan rápidos como los adultos y no tenían experiencia escapando de los depredadores. Pero no eran suficiente alimento para la manada., así que los dejé como una opción en caso de no encontrar nada mejor.



    — A la izquierda — escuché la voz de mi madre, no muy lejos de mí. Giré la cabeza en la dirección indicada, donde encontré un trío de hembras que, mientras pastaban, se habían retirado un poco del grupo y quedaban fuera de la mirada protectora del centinela. — Podemos acorralarlos para que no escapen.



    — Necesitamos un señuelo que las haga avanzar hacia donde queremos — agregó Sarafina.



    — Iré yo — se ofreció Elena, ante de que escuchara sus pisadas al alejarse.



    — Bien, las demás síganme — ordenó mi madre. — Formaremos un medio círculo alrededor de esos impalas.



    Cuidando no ser descubierta por el centinela, caminé siguiendo a mamá. Los pastizales eran un buen camuflaje, y estaban tan tupidos que tenía que guiarme por medio del olfato para no perder la pista del camino que marcaba mi madre. Un movimiento en falso podía costarnos la operación completa. Apenas podía ver el mechón de su cola, de cuando en cuando, al moverse suavemente entre la hierba.



    Con cada paso que daba, alzaba la cabeza apenas lo suficiente para ver de reojo a nuestras víctimas. Ellas no se habían movido de su posición, y apenas sospechaban nada de lo que estaba por ocurrir. Avanzamos hasta llegar casi al otro lado del punto donde pastaban los impalas. Mamá se detuvo a unos metros frente a mí, dándome a entender que el lugar donde me había quedado era mi posición. Levanté la mirada con cuidado por encima de la hierba. Uno de los herbívoros estaba justo frente a mí, moviendo de un lado a otro sus alargadas orejas en busca de un posible sonido que la alertara. Para su desgracia, no nos había escuchado.



    Logré ver en la distancia a Uzuri, esperando la señal de mi madre. Supuse que ella se la marcó en ese momento, pues la leona empezó a caminar tranquilamente en dirección a los impalas sin molestarse en esconderse. El plan consistía en que los animales debían verla y, en su intento por escapar, correrían en la dirección donde las demás estábamos ocultas, esperándolas.



    Era bastante ventajoso trabajar en equipo.



    Entonces pensé en que, cuando me fuera de casa, ya no gozaría del apoyo de otras leonas. Me vería completamente sola, y todo el trabajo recaería en mi. Nunca había atrapado una presa cazando en solitario. De haber vivido toda mi infancia en la Roca del Rey, hubiese tenido que pasar por una iniciación que, precisamente, consistía en cazar sin ayuda de la manada. Pero ese no era el caso, y había aprendido  a cazar presas pequeñas en la selva, como lagartijas y algunos monos. Desde que regresamos a casa, siempre había salido en compañía de mamá y mis tías, siendo instruida poco a poco por ellas.



¿Realmente es la mejor decisión?, me cuestioné por segunda vez en ese día.



    Cazar sola no era imposible, pero tampoco fácil. Además, en la sabana nunca faltaban aquellos que no dudarían en aprovechar una comida gratis. Había chacales, perros salvajes, buitres, leopardos... e incluso podría toparme con algunas hienas. Cazar sola significaría también defender mi presa. Y comer rápido, pues no siempre podría ganar contra un grupo de animales carroñeros.



    El bramido de una de los impalas me devolvió al momento que estaba viviendo. Parpadeé un par de veces, luchando por concentrarme en lo que hacía y dejar de divagar en mi mente. Me asomé entre los pasto con cuidado, buscando a Uzuri. La leona estaba considerablemente más cerca de nosotras, pero los animales aún no la habían visto. Aún tenía tiempo para enfocarme en lo que hacía.



    Inhalé una larga bocanada de aire. Relajé mi cuerpo y clavé las garras suavemente en la tierra que pisaban, disfrutando de la sensación. Moví los hombros, preparándolos para el ansiado momento. Exhalé lento, con los ojos cerrados. Agucé el oído y  el olfato, visualicé el lugar.



Concéntrate.



    Había tres impalas acorralados por mi manada. El más cercano estaba pastando justo frente a mí. El segundo estaba a casi dos metros del primero, ligeramente posicionado hacia la izquierda y dándome la espalda. El último olfateaba los pastizales al otro extremo del semi círculo que formábamos. Era el más cercano a Uzuri y, seguro, el que la vería primero.



    Me agazape para tensar los músculos de las piernas, alistándolos para saltar cuando fuera necesario. Estaba tan abajo que, cuando respiraba, mi pecho podía tocar la tierra. Abrí los ojos. Mi corazón latía cual caballo desbocado. Ahora solo quedaba esperar.



    Sentí el viento mientras hacía que la hierba se sacudiera suavemente, llevando nuestro aroma directo a los impalas. Las tres víctimas irguieron sus esbeltos cuellos por encima del pastizal, alarmadas. Y Uzuri aún no estaba lo bastante cerca.
Maldición, gruñí para mis adentros.



    Como había previsto, la hembra que estaba más cerca de Uzuri giró la cabeza, y la divisó al instante. Sus instintos de supervivencia la hicieron saltar alarmada, encontrando su infortunio al aterrizar peligrosamente cerca de nuestras líneas.



    Y el infierno se desató en fracciones de segundo.



    Elena saltó sobre ella apenas sus pezuñas volvieron a la tierra, atacando directamente su garganta. El centinela chilló, y el grupo se puso en movimiento con la velocidad de un rayo, corriendo en todas direcciones. Alcancé a ver como Uzuri aceleraba al paso, en un intento por guiar a los otros dos impalas hacia nosotras.



    La hembra que tenía justo en frente corrió hacia mí. Pero ella, siendo más inteligente que su compañera, adivinó mi posición y saltó sobre mi cabeza. Mis piernas me elevaron, casi por inercia, por encima de la hierba para atraparla. Una de mis patas golpeó contra su vientre, arañando aquella afelpada piel sin poder atraparla.



    Regresé al suelo con las patas vacías. Mis uñas tenían sangre fresca en las puntas, y la impala se había ganado un tatuaje rojizo de cuatro franjas que goteaban un espeso liquido bermellón. El olor salado de la sangre fue lo que despertó mis instintos, y me dio impulso para correr tras ella.



    Una fuerza primitiva tomó control en mí, y no tuve tiempo para pensar en otra cosa que no fuera atrapar al mamífero.



    Salté en su dirección, sin tener idea de dónde estaban mi madre y el resto de las leonas. Todo lo que ahora importaba era alcanzar ese cuerpo café que corría como bólido frente a mí. La hierba que nos había ocultado tan fielmente de su vista, era ahora un obstáculo con el que debía lidiar para no perder a mi presa. Estaba herida, pero aun así era sumamente veloz y no estaba dispuesta a darse por vencida.



    No podía culparla, yo tampoco lo haría.



    El animal viró brusca y repentinamente a la izquierda. Derrapé mientras luchaba por cambiar de dirección, pero pronto volví a pisarle los talones. La tenía tan cerca... y tan lejos al mismo tiempo. Intenté darle un zarpazo entre las patas traseras para hacer la caer, pero justo cuando mi garra iba a golpearla, giró nuevamente. Esta vez me aferré a la tierra con las uñas para no volver a derrapar, y la perseguí entre los pastizales hasta que llegamos a una zona más despejada, pocos metros más adelante. Mi corazón latía aún con más fuerza, regocijarse con el aire fresco de la sabana. Ahora que la hierba era más corta, podía ver mejor el cuerpo de la impala. Aceleré tanto como mis patas me lo permitieron, acercándome más a ella. Ataqué de nuevo con zarpazos.



    El primero rasguñó una de sus patas. El segundo le desgarró parte de la piel del muslo y salpicó mis dedos de sangre fresca. Y con un tercer y efectivo golpe, el animal perdió definitivamente el equilibrio. Aprisioné su parte posterior entre mis manos justo antes de que pudiera recuperarse y volver al juego. Mis garras se incrustaron en la carne y tiré de ella hacia abajo con todo el peso de mi cuerpo. Ambas caímos de bruces, deslizándonos unos cuantos metros sobre la tierra mientras perdíamos velocidad. Hábilmente, clavé mis uñas sobre las costillas del herbívoro y tomé impulso con las piernas.



    Salté sobre su yugular, y mis dientes aprisionaron su garganta con fuerza, incrustándose en la blanda piel de la impala. El cálido líquido escarlata que ya esperaba ver salpicó en mi boca y escurrió por encima de mi pelaje. No me importaba demasiado mancharme, siempre tendría tiempo para limpiarme al terminar la tarea. Mi víctima, aún viva, forcejeó y pataleó durante unos pocos segundos, sintiendo como rápidamente se le escapaba la vida al no poder respirar. Mordí su cuello con más fuerza para evitar que pudiese zafarse. Sus movimientos fueron debilitándose, al igual que sus jadeos. 



     Vi a mi madre aparecer justo por donde yo había llegado en mi carrera. Para entonces, el impala no se movía más y pude soltarlo son seguridad. Mientras se acercaba, relamí mis bigotes para limpiar los rastros de sangre.



    — Lian — dijo mamá al llegar a mi lado. — ¡Lo hiciste sola!



    Mi respiración agitada y el palpitar de mi corazón en mis oídos apenas me dejaron escucharla.



    — ¿Qué? — jadeé.



    — ¡Cazaste sola al impala! — exclamó sonriendo. — Es la primera vez que persigues y matas un animal sin ayuda.



    Arqué una ceja. La miré a ella, luego a mi presa inmóvil a mis pies, y luego a ella de nuevo.



¿En serio nadie fue a ayudarme?, me sentí algo ofendida, pero también orgullosa de mi misma. Después de todo, lo había conseguido.



    — ¡Sarabi! — escuchamos la voz de Dwala, quien apareció casi al instante por donde mamá había llegado. — ¿Lograron atraparla?



    — Sí — respondió la aludida, volviéndose para ver a su hermana. — Lian lo hizo sola.



    Mi tía se acercó a nosotras y se detuvo a un lado de mi madre. Observó el cuerpo del impala y luego fijó su mirada en mí, con una pequeña sonrisa en sus labios.


    — ¡Valla! Felicidades.



    — Gracias — fue lo mejor que se me ocurrió responder.



    Bajé la mirada hacia el animal que había cazado. Estaba tumbado, como dormido, en una posición que parecía bastante incomoda. Tenía un par de puntos rojizos en el cuello que manaban un hilo líquido de carmín. No había sido tan difícil abatirla.



Fue solo suerte, susurró una voz en mi cabeza. Estando sola tendrías que acecharla por tu cuenta, también.



    Mamá y Dwala me ayudaron a cargar el cuerpo. Había que llevarlo de regreso a casa. Volvimos al pastizal donde el resto de la manada nos esperaba para emprender el camino de vuelta a la Roca del Rey. Esa era la parte abrumadora: cargar un peso extra.



    Estando sola comería en el mismo sitio donde cayera el animal. Y podría correr durante todo el día, disfrutando los diferentes aromas y paisajes de África. Cazaría cuando tuviera hambre, dormiría cuando tuviese sueño. Vería desiertos, junglas, montañas, lagunas, mares.





    ¿No era eso mejor que buscar una pareja? Tenía que averiguarlo pronto.





_______________________


Aquí termina el primer capítulo. Dentro de algunos días traeré el principio del segundo. Aquí es donde empiezo a basarme en el comic de kati-kopa XD pero solo durante algunos capítulos.



Gracias por leer


¡Saludos y rugidos!  :rugido 2
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Mar Mayo 24, 2016 1:37 am

buen capitulo hermana lily vaya lo logro cazo da igual si fue de suerto su familia esta orgullosa espero que sigas pronto haber como sigue saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Sáb Mayo 28, 2016 5:07 am

Muy buen capítulo.Al leerlo, por unos momentos parecía que realmente estabas dentro de la historia, y que podías sentir las emociones de Lian.También, el orgullo de haber logrado tal cosa de ese calibre, como cazar en solitario sin ayuda de nadie más.

A mí personalmente, me gustan los capítulos largos de los Fanfic, puesto que de esa forma, puedo leer más contenido, y no quedarme a la expectativa de su continuación, ya que algunos, tardan incluso meses en actualizar, llegando a dejar abandonada la historia.

Pero es en gustos y preferencias del escritor o escritora, a si que depende de ti el cómo repartes los capítulos y su extensión.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Jue Jun 02, 2016 12:11 am

Muchas gracias por comentar, KIRAN X3


Gracias, Whalia  Very Happy A mi también me gustan más los capítulos largos porque, como dices, muchos autores se olvidan de sus fics durante meses y dejan a los lectores a mitad de la historia (me ha pasado varias veces con fics muy buenos Crying or Very sad). En este caso trato de cortar los capítulos originales de modo que queden con un contenido más o menos bueno, por eso varia un poco la extensión jaja (el que sigue, por ejemplo, es de los cortos).
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Spoiler:

Spoiler:

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   Capítulo 2: El cañón (1/2)


    Los meses siguientes se fueron volando cual parvada de grullas, y el cambio de estación trajo consigo los colores cálidos del otoño a la sabana. Los prados se volvieron amarillentos y secos, y la mayoría de las manadas habían emigrado en busca de hierba fresca para pastar. El aire se tornó áspero, frío y polvoriento. Pasamos meses sobreviviendo de los escasos grupos de cebras y ñus que aún permanecían en nuestros terrenos. El manantial, como cada año, redujo considerablemente su volumen, aunque no al grado de matarnos de sed. 



    Aunque estaba segura que el cambio más considerable que vi en la estación, y el más importante también, fue el de Kopa. En lo que duró el otoño, ese pequeño cachorro que lloriqueaba a mitad de la noche y nos despertaba a todos mientras su madre intentaba arrullarlo de nuevo, no tardó en aprender a caminar y querer ir a explorar el entorno. Con emoción, cada integrante de la manada se turnaba para cuidarlo cuando empezaba a interesarse en salir de la guarida e investigar. Mheetu y yo éramos quienes más peleaban estos roles, así que pronto fui trasferida de "cazadora" a "niñera".



    Para cuando empezó a hablar, Nuka y su hermana Vitani ya le hacían compañía. Mheetu y yo nos encargábamos de vigilar a los tres. Zira no terminaba de agradarme, pero si sus hijos eran amigos de Kopa, entonces no tenía por qué despreciarlos. Los dos cachorros, al ser de la edad, eran los más unidos del grupo y se cuidaban mutuamente. Prácticamente, se enseñaron a hablar y comer carne uno al otro. Y para cuando llegó el final de la estación, los más jóvenes de la manada estaban a punto de llegarme al hombro. 



    El otoño trajo un par de sorpresas a la Roca del Rey semanas antes de que volvieran las lluvias. La primera fue el nacimiento del tercer cachorro de Zira: un pequeño de piel morena al que nombró Kovu. Y la segunda fue otro anuncio por parte de Nala: por segunda vez estaba embarazada y el nuevo bebé nacería, según esperábamos, al llegar el fin de la estación.



    Las cosas iban mejor que nunca.



    Ese día empezó como cualquier otro, con Kopa y Vitani despertándome mientras jugaban en la mañana afuera de la cueva. Recordé cuando era cachorra. Simba, Nala y yo siempre despertábamos antes que el resto. Me pregunté cómo es que lograba eso, si ahora todo lo que quería era dormir un poco más. Sin abrir los ojos, me cubrí las orejas con las patas rogando poder conciliar el sueño unos minutos más. Para mi desgracia, aún escuchaba sus risas. Fruncí el ceño.



    —  No te servirá de nada — escuché a Mheetu sobre mi flanco izquierdo.



    Abrí un ojo para mirarlo. Estaba acostado a varios centímetros frente a mí, junto a su madre, con los ojos entrecerrados. Seguro acababa de despertar al igual que yo.



    Suspiré, y bajé mis patas al suelo.



    — ¿Por qué los cachorros siempre madrugan? — me quejé. — Quisiera entender cómo es que lo hacíamos nosotros.



    El león rio por lo bajo. Al parecer, nadie más en la cueva había despertado aún.



¿Cómo es que pueden seguir dormidos con ese ruido?



    — Quizá nos estamos haciendo viejos.



    — No tanto como ellos — señalé a la manada con la pata. — Al menos nosotros aún despertamos con sus risas.



    En ese momento se escuchó un ronquido tan fuerte que, por un segundo, llegué a creer que alguien estaba rugiendo. Ladeé la cabeza para descubrir al dueño de tan poderosas cuerdas vocales: Pumba. El jabalí dormía plácidamente boca arriba, con Timón sobre su estómago hecho un ovillo. Tenía la boca completamente abierta, e incluso podía verse un hilo de saliva sobre la comisura de sus labios. Cada vez que inhalaba una nueva bocanada de aire, el sonido se repetía y hacía eco en toda la cueva. Pumba se movió entre sueños, y yo volví a mi sitio fingiendo no haber visto nada por si despertaba.



    Mheetu y yo nos miramos mutuamente hasta que escuchamos otro ronquido. No lo soportamos más y empezamos a reírnos entre dientes. Era realmente horrible el sonido que profería su garganta. Y aun así, nadie más despertó.



    Escuché los pasos de los cachorros corriendo por delante de la entrada a la cueva. Estaban ya demasiado activos como para obligarlos a dormir un rato más.



    — Supongo que es momento de ir a vigilar a esos niños — susurré.



    El león asintió una vez.



    Estiré los brazos hacia adelante al tiempo que daba un profundo bostezo. Me levanté sin hacer ningún ruido, y con sumo cuidado avancé hacia la salida. Salté con cuidado sobre Diku, me deslicé entre Naanda y Elena, y pasé con cuidado por encima de la cabeza de Uzuri. Cruzar por aquel laberinto de patas, colas y cabezas era ya una costumbre matutina. Caminé con pereza los pasos que me restaban para salir de la cueva.



    El fresco aire de la mañana recorrió mi rostro suavemente, e inhalé hondo para impregnarme de aquel olor otoñal. Frente a mí, la basta llanura africana empezaba a despertar con el calor de los primeros rayos de sol que, lento pero constante, desplazaba el cielo negro de la noche para transformarlo en uno lleno de nubes rozadas y anaranjadas que era surcado por bandas de aves salvajes.


    Era todo un espectáculo ver el amanecer desde la Roca del Rey.



    Kopa y Vitani aparecieron corriendo desde el flanco derecho de la guarida. La cachorra corría por delante de mi sobrino, pero este la alcanzó de un salto provocando que ambos cayeran de bruces frente a mí. Ambos rieron unos segundos antes de levantar sus miradas en mi dirección.



    — Bueno días, niños — saludé.



    — Buenos días, Lian — respondieron al unísono.



    Sin poder contenerlo, lancé otro bostezo.



    — ¿No creen que aún es algo temprano para jugar?



    Los cachorros intercambiaron una mirada.



    — No — dijeron ambos con una sonrisa.



    — Pero si aún no ha despertado nadie — señalé, acariciando la cabeza de Kopa.



    El pequeño mechón rojizo que hacía unos meses había empezado a crecer sobre su frente estaba alborotado y ligeramente ennegrecido con tierra. El cachorro se puso de pie mientras yo terminaba de sacudir el polvo atrapado entre sus cabellos.



     — Mheetu ya lo hizo — dijo él, observando algún punto a mis espaldas.



    Al instante, me volví hacia atrás. El aludido caminaba perezosamente hacia nosotros, con las fauces abiertas para dar un largo bostezo. Se sentó junto a mí, aún con los ojos entrecerrados y el rostro adormilado. La franja de melena que empezaba a crecerle sobre la parte posterior del cuello estaba bastante despeinada, e incluso había un área donde el pelo lucía recto, como si siguiera apoyado contra el suelo.





    — ¿Cómo no iba a estarlo con todo ese ruido?



    — Les dije que era demasiado temprano para sus niñerías, pero ninguno hace caso — escuché la voz de Nuka, a un costado de la cueva.



    En efecto, el orgulloso hermano de Vitani estaba recargado vanidosamente contra la roca, afilándose las uñas contra la misma. Viéndolo desde ese ángulo, tenía cierto parecido con Scar. Hice caso omiso a su comentario.



    — ¿Qué les parece jugar algo más silencioso? — propuse. — Algo que no despierte nadie.


    — ¿Qué juego? — preguntó la cachorra, sentándose a un lado de Kopa.



    Ambos me miraron con unos ojos llenos de curiosidad. Les dediqué una sonrisa, divertida.



    — Uno... dos... tres... cuatro...



    Los cachorros entendieron el mensaje al momento y echaron a correr como si los persiguiera una manada de animales. Y valla que yo era experta en el tema.



    — ¡Rápido, ve a esconderte! — gritó Vitani a su hermano mientras yo seguía contando.



    La pequeña saltó sobre él y tiró de su oreja hasta que Nuka accedió a participar en el juego. Para entonces, Kopa ya se había desvanecido.



    —... veintisiete... veintiocho... veintinueve... 



    — ¿El juego del escondite? — preguntó Mheetu, quien no se había movido de su lugar. — ¿Crees que sea una buena idea?



    — ¿Por qué no? — interrumpí mi conteo. — Confío en que no irán demasiado lejos. Y ayudará para que la manada descanse un poco más. Ahora ve a esconderte o te tocará contar la próxima ronda.



    El león se levantó en el acto y echó a correr hacia el costado derecho de la Roca del Rey, donde se encontraban los peldaños que utilizábamos para subir y bajar de la misma. Me recosté sobre el suelo, tapé mis ojos con mis manos y retomé mi conteo en voz baja. De todos modos, nadie iba a escucharme.


*                               *                               *                               *                               *



    — Esto es aburrido — se quejó Kopa a mis espaldas. 



    Me volví para verlo. 




    El cachorro estaba acostado boca abajo sobre la piedra que habíamos estado usando como base para contar cuando la manada despertó y los niños quisieron jugar más lejos de casa. Esta era tan grande que, desde lejos, habíamos creído que se trataba de un rinoceronte que se dedicaba a disfrutar de la agradable sombra que proporcionaba aquella acacia que crecía a un costado. Al descubrir nuestro cómico error, habíamos decidido que aquellos que fueran siendo "encontrados" en el transcurso de cada ronda, debían esperar ahí con el fin de que nadie se perdiera.



    — Hemos jugado a esto toda la mañana — siguió mi sobrino, estirando graciosamente los brazos y las piernas a lo largo de toda la superficie rocosa donde reposaba. Agachó la cabeza. — Deberíamos jugar otra cosa. 



    — Bien, iré por los demás y buscaremos algo más que hacer — dije, retomando mi dirección.



    Avancé un par de pasos cuando escuché un rugido detrás mío, peligrosamente cerca de la posición de los cachorros. Al instante me puse en alerta, mis músculos se tensaron y, de un salto, di media vuelta para hacer frente a aquella posible amenaza para los niños. Admito que me sorprendí un poco al descubrir que el dueño de dicha voz era Mheetu, pues no creía que a su edad pudiera rugir de esa forma. Se encontraba parado frente a Kopa, quien estaba acuclillado y con las orejas gachas.



    — Mheetu — dijo el pequeño, irguiéndose con cautela mientras reía por lo bajo. — Tu rugido casi me asusta.



    El aludido arqueó una ceja y acarició la cabeza del niño, sacudiendo fuertemente su mechón rojizo.



    — Ya veo — dijo, mientras el cachorro reía. — ¿Tan malo es mi rugido?



    — Terrible — dije, mientras caminaba entre la hierba hacia ellos.



    El león me miró con una pésima actuación de su cara de pocos amigos.



    — ¡Qué amable! — exclamó con sarcasmo.



    — Es un placer, querido — le dediqué una sonrisa al llegar a su lado.



    Kopa logró librarse de las bruscas caricias de su tío. Su fleco, extrañamente peinado, había conservado perfectamente la marca de los dedos de Mheetu. Lucía tan gracioso que fue imposible no reír ante su aspecto. El león y yo soltamos un par de carcajadas al apreciar a nuestro sobrino, quien no tardó en volver a acomodar torpemente sus cabellos con la pata, apenado.



    — Solo estamos jugando, Kopa — aclaró el chico.



    Aún no había terminado de reír cuando escuché un ligero crujido entre los pastizales, apenas audible, como si alguien hubiese pisado una rama. Y justo cuando me disponía a escrutar en los alrededores, algo pequeño, de color pardo claro, saltó sobre Kopa y lo derribó en el acto. No me sorprendió descubrir que era Vitani, pues ellos jugaban así desde que se conocían.



    — ¡Kopa! — exclamó ella.



    — Hola, Vitani — respondió el aludido con una sonrisa.



    — ¡Qué infantiles son! — escuché la voz de Nuka, quien aparecía de entre la hierba alta donde él y Vitani habían estado escondidos. Sus facciones mostraban una clara expresión de molestia. — Es tan vergonzoso que se comporten así.



    Mheetu soltó una carcajada.



    — ¡Hablas como si tú ya fueras un adulto, Nuka!



    — ¡Exacto! — rio Vitani, saltando sobre Kopa.



    El moreno puso los ojos en blanco.



    — A veces es tan tedioso estar con ustedes — masculló.



    — No, lo tedioso es que no sepas divertirte — lo corregí.



    Y de esa forma, me gané una mirada fulminante de su parte.



    — ¡Claro que sé divertirme! — gruñó. — Hoy los llevaré a una parte diferente de la sabana, para probarlo. Conozco un lugar secreto y es genial.



    Los más pequeños dejaron de jugar apenas escucharon las palabras de Nuka, y ambos se separaron para sentarse y mirar al otro cachorro con ojos llenos de asombro.



    — ¿De verdad? — preguntaron a coro.



    — Sí — asintió el mayor con aires de orgullo. — Mi padre me hablaba mucho de él.



    — ¿Es un lugar divertido? — quiso saber Kopa.



    — ¿Por qué es tan genial? — preguntó Vitani.



    — ¿Dónde está? — inquirí.



    Nuka esbozó una media sonrisa, complacido por la atención que recibía de todos.



    — Si quieren saber, síganme.



    Dio media vuelta y empezó a caminar, alejándose de nuestra posición y de la Roca del Rey. Mheetu y yo intercambiamos una mirada, confundidos. Kopa y Vitani igual.



    ¿Era buena idea seguir a Nuka? Era solo un cachorro, pero no sabíamos que se traía entre manos. Y al ser hijo de Zira, tenía razones para sospechar de él.



    — ¿No van a venir? — preguntó, varios metros por delante de nosotros. — ¡Lo sabía! Todos son unos cobardes.



    — Yo no soy cobarde — protestó Kopa.



    — Entonces ven y pruébalo, niño.



    El aludido se levantó de inmediato y trotó a gran velocidad para alcanzar a Nuka. La hierba era tan alta que apenas y lograba ver una parte de su cabeza asomándose por encima de esta.



    — ¡Espérenme! — gritó la pequeña, corriendo detrás de los otros dos.



    Mheetu y yo observamos cómo se alejaban lentamente.



    Suspiré.



    — Será mejor que vallamos antes de que les pase algo — sentencié, sin perderlos de vista.




     — Estoy de acuerdo.





Continúa...

________________________

Bueno, manada, aquí está la primera parte del segundo capítulo.

Espero que les haya gustado.
De nuevo gracias por pasar a leer. ¡Saludos!  :sim:
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Jue Jun 02, 2016 8:34 am

buen capitulo hermana liily espero que no se metan en problemas mheetu y los pequeños saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Vie Jun 03, 2016 9:06 am

Buen uso de las metáforas.
Las interacciones entre los personajes son muy naturales.Como dije anteriormente, hay momentos en los que sientes que estás dentro de la historia, y viendo la situación desde un tercer punto de vista.
Aunque también hay elementos de la realidad, como el que siendo niños, nos despertáramos tan temprano y llenos de energía.Añoro esos días, no como ahora, que necesito esas horas extras de sueño.

Has dejado mucha intriga al final del capítulo.Hay dos caminos.El primero, que ocurra algo muy malo mientras los adultos duermen.El segundo, Nuka es de confianza y los lleva a un lugar seguro.
Aunque al haber tenido a Skar como padre, no debe ser algo demasiado bueno.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Jun 10, 2016 12:43 am

Gracias por tu comentario, KIRAN. Como siempre, es agradable ver que te guste Wink

Gracias por leer, Whalia Very Happy Yo también extraño esos días en los que podía levantarme temprano sin parecer un zombie DX Jaja, no te preocupes por eso Wink si has visto los comics de kati-kopa ya imaginarás por donde va esto.


______________________

   Capítulo 2: El cañón (2/2)


         Ambos caminamos entre los pastizales amarillentos siguiendo la pista de los niños. No nos tomó mucho tiempo alcanzarlos, puesto que sus zancadas eran mucho más cortas que las nuestras. Además, Kopa y Vitani no paraban de jugar, por lo que Nuka se veía obligada a detenerse para esperarlos. Eso causo que se retrasaran considerablemente. Mheetu y yo decidimos seguirlos un par de metros detrás de ellos, para darles un espacio amplio a los cachorros que no paraban de saltar y corretearse el uno al otro. Podíamos observarlos desde ahí sin interrumpir sus juegos.



    Adoraba ver la sonrisa de Kopa bajo el sol del mediodía. Era tan brillante, tan alegre y llena de vida, al igual que sus ojos rojizos, y podían contagiar de esos sentimientos a cualquiera que los viera. Recordar al pequeño cachorro que había visto nacer hacía unos meses y verlo ahora me gustaba para melancólico. Aquella florecilla que había visto retoñar ese día había crecido, estirando su tallo por encima de los pastos y abriendo rápidamente sus delicados pétalos a la luz de la vida. Y aún me parecía tan pequeño como el primer día.



    Sabía que eso no duraría mucho. En ese momento lo tenía frente a mí jugando. Escuchando como sus risas repiqueteaban en mis oídos cual bella sinfonía. Viendo cómo, de un momento a otro, su pelaje se camuflaba tan bien con el pastizal que parecía desaparecer por completo y entonces sentía como si el corazón se me detuviese por un segundo, ante de volver a localizarlo, saltando sobre la hierba con esa sonrisa suya en los labios. Pero algún día, eso sería solo un viejo recuerdo guardado en mis memorias. Y para entonces él sería un león adulto, con una espléndida melena rojiza como la de su padre y abuelo, con la fuerza e inteligencia que todo rey debe poseer. 



    Incluso entonces seguiría siendo mi pequeña florecilla.



¿Sería conveniente quedarme hasta entonces?, me pregunté de repente. Si me quedo, jamás podré salir a conocer nuevas tierras.



    Sentí una punzada en el estómago.



    Sabía que algún día iba a partir. Eso siempre estuvo claro. Pero la fuerza que me aferraba a ese pequeño era tal que, aunque quisiera, no me podría apartar de su lado. Sin embargo, la voz de la aventura era casi tan fuerte como mi amor por él, y con cada día que pasaba, el sentimiento de indecisión era peor. 



    Era la primera vez en la vida que sentía que mi alma se partía en dos.



    — No se alejen demasiado — la voz de Mheetu me despertó de mi ensueño.



    Fue entonces cuando me percaté de lo mucho que habíamos avanzado mientras yo navegaba en mis pensamientos. Los altos pastizales dorados habían sido reemplazados por una alfombra de corta altura de pastos marchitándose a la luz del Sol, y, de cuando en cuando, zonas de tierra árida desprovistas de hierba. Los árboles poco a poco se volvían más escasos, y los pocos que podían apreciare eran apenas unas fea ramas torcidas y secas con un par de hojas en sus ramas. Seguro sería por la falta de agua.



    Giré la cabeza para dar un vistazo a mí alrededor, en un intento por ubicarme. La Roca del Rey era ahora un lejano punto en el horizonte, mismo que podía ser tapado con la palma de mi mano.



¿A dónde nos estará llevando Nuka?



    Reconocer el lugar me tomó apenas un par de segundos. Un escalofrío me recorrió la espalda.



    Y es que, cuando una tragedia ocurre en cierto lugar, lo último que quieres hacer es volver a la escena del crimen.



    — El cañón — jadeó Mheetu, paralizado junto a mí.



    Los cachorros se asomaban desde la orilla para apreciar aquella formación en la tierra, algunos metros por delante de mi posición. Nuka sonreía de oreja a oreja, aparentemente orgulloso de haber logrado llevarnos hasta ahí. Kopa y Vitani no paraban de hacer exclamaciones de asombro. Era la primera vez que veían ese lugar.



    Intercambié una mirada con el león.



    Toda la manada era consiente, gracias a Simba y a mí, que ese había sido el último sitio donde se había visto a papá con vida. El último sitio donde lo vimos correr. El último sitio del que nos rescató. El sitio donde exhaló su último aliento, arrebatado de una forma inesperada y horrible.



    Mheetu debía saber lo que yo sentía al estar ahí. Sus cejas se arrugaban en esa clásica expresión de preocupación que ya le había visto antes. Abrió la boca, pero ante de que pudiera decir algo, aceleré el paso y tomé la ventaja. Muy a pesar de lo que sintiera, no podía actuar como aquella pequeña cachorra asustada que alguna vez huyó del reino de su padre al ser culpada de un crimen en el que no había tenido nada que ver. Ahora era una leona adulta. Tenía que ser valiente, por Kopa.



    Me tragué esa incómoda sensación, esos nervios, ese miedo, y me detuve al lado de los niños. Mheetu no tardó en aparecer a mis espaldas y hacer lo mismo que yo.



    El cañón era tal y como lo recordaba. Una enorme grieta tallada en roca, a varios metros por debajo del nivel de tierra donde se desarrollaba la vida en la sabana. Abajo, solo había un montón de piedras amarillentas, resecas por el calor del sol africano. La tierra cuarteada era impenetrable, y solo algunos escasos arbustos y árboles moribundos decoraban el lugar. El resto era un vasto páramo de desolación sin un alma que deambulara por ahí.



    Un segundo escalofrío atacó mi espina dorsal.



    — Bien, ¿qué están esperando? — inquirió Nuka, descendiendo lentamente por los peldaños de roca. — ¡Vamos ya, cobardes!



    — ¡Hey! ¿A quién llamaste cobarde? — se quejó Kopa, y acto seguido, saltó tras de su compañero.



    Vitani los siguió sin dudarlo. Y yo solo podía contemplar aquel lugar de perdición sintiendo una vieja chispa, que creía muerta hacía tiempo, resurgir desde algún sitio dentro de mí.



    Había sido hace mucho, pero hay heridas que simplemente nunca cierran.



    — ¿Crees que sea buena idea? — susurró Mheetu.



    Cerré los párpados con fuerza, en un intento por despejar mi mente de todos aquellos recuerdos que luchaba por reprimir. 



    — Claro, solo... hay que cuidar de los cachorros.



    — ¿Te sientes bien? — insistió.



    Abrí los ojos y me giré para mirarlo. Le dediqué una falsa sonrisa.



    — Sí — asentí. Luego, me dispuse a saltar sobre la primera saliente de roca que localicé. — Ahora vamos antes de que nos dejen.



    Para nuestra suerte, Nuka nos había guiado a una zona del cañón donde la pendiente era menos inclinada y los peldaños tallados en la piedra abundaban en todas direcciones. No tardamos demasiado en llegar a la parte más baja de aquella extraña formación. Los cachorros tardaron menos: decidieron saltar el último tramo y dejarse llevar por la fuerza de gravedad.



     Abajo, el malestar se asentó. No era el sitio exacto donde Scar nos había dejado a Simba y a mí esperando. Ni donde habíamos trepado sobre aquel árbol moribundo. Y mucho menos donde habíamos encontrado a papá después de la estampida. Pero, aun así, estar dentro de aquella enorme grieta era sumamente incómodo, como si en cualquier momento pudiese ocurrir algo similar.



Son solo ideas mías, me dije, en un intento por relajar mis nervios.



    Me concentré en vigilar a los pequeños para no pensar nada más. Apresuré el paso para alcanzarlos.



    Mheetu se había adelantado y caminaba a la par con ellos. Kopa y Vitani observaban atentamente el lugar, como si fuera el sitio más grandioso que hubiesen visitado jamás. Mientras avanzábamos, observé a Nuka trepar a una piedra de un solo salto.



    — Soy un genio — sonrió, dándose aires de grandeza. — ¡Debería ser el rey!



    Lo miré con una ceja arqueada. Sin embargo, él no pudo ver dicho gesto, pues estaba demasiado concentrado en alabar su recién descubierta habilidad para guiar un grupo de leones al cañón. 



    Una destreza increíble que solo él podía tener. Claro.



    — ¡Qué siga soñando! — resopló Vitani, caminando al lado de mi sobrino. —Kopa será nuestro rey.



    El aludido sonrió ante el cumplido.



    — Yo podría ser mejor rey que él — escuché la voz de Nuka a nuestras espaldas. Seguro continuaba sobre la piedra.



    Abrí la boca, dispuesta a responder a su comentario, cuando noté que Kopa alzaba las orejas en modo de alerta. El cachorro se detuvo en seco.



    — ¿Escucharon eso? — preguntó, con el ceño fruncido en un gesto de sorpresa y nerviosismo.



    Agucé el oído durante algunos segundos, pero no logré escuchar nada. Solo el eco de nuestras pisadas rebotando en las paredes de tierra.



    — ¿Qué cosa, Kopa? — pregunté.



    — ¡Eso! — chilló el aludido, agachando las orejas.



    — Yo solo escucho un pequeño león asustado — rio Mheetu, retomando el curso.



    — No estoy asustado — aclaró el niño, irguiéndose para seguir al grupo.



    Su falsa mueca de valentía no engañaba a nadie, pero no hice ningún comentario al respecto. Después de todo, yo tampoco me fiaba mucho de ese lugar. No podía culparlo por asustarse, así que decidí caminar a su lado para cuidarlo, justo detrás de Vitani y Mheetu.



    Apenas avanzamos un par de metros cuando Kopa volvió a detenerse. Ahora sí que lucía asustado.



    — ¡Aquí hay voces y ruidos por todas partes! — se quejó, agazapándose a un lado mío.



    Los otros tres se detuvieron para girarse y observar el cuadro. Kopa tenía los ojos fuertemente cerrados, y sus labios se arqueaban en una horrible mueca de terror como nunca antes le había visto. Intentaba ocultar su rostro entre sus patas, pero estas no cubrían su cabeza por completo.



    Intercambié una mirada con Mheetu. Él lucía tan extrañado como yo. Incuso tal vez más.



    — Kopa — susurró la cachorra, preocupada. Se acercó lentamente a nosotros. — ¿Qué te pasa?



    — Hace frío aquí — dijo él, de forma casi inaudible.



    — Pero, Kopa — hablé de la forma más dulce que pude. Mi propio estado era tan deplorable como el suyo. — Es la estación seca. No puede hacer frío en esta época del año.



    — ¡Lo sé! — se quejó. — Solo... quiero irme lejos de aquí.


    — ¡¿Lo ven?! — exclamó Nuka. Levanté la mirada para buscarlo. No tardé demasiado en localizarlo, escalando entre las piedras de una de las paredes del cañón. — Si continua así será un rey  bastante patético. 



    — Mientes — gruñó Vitani.



    — ¡Míralo! — rio su hermano. — Tiembla como una mariposita. Es un cobarde.



    — Nuka — mascullé a modo de regaño.



    — No lo soy — se defendió Kopa, mientras se ponía lentamente de pie.



    — Claro que sí — insistió el moreno. — Te asustas de algo que ni siquiera es real. ¡Cobarde!



    Le dediqué una mirada asesina al cachorro.



    — ¡Yo no soy un cobarde! — gruñó mi sobrino, haciéndole frente al otro.



   — Chicos — Mheetu intentó tomar la palabra. — ¿Por qué no se calman y vamos a...



    — Prueba que no lo eres — Nuka miró con desprecio a su compañero.



    — ¿Qué quieres que haga? — inquirió el pequeño.



    Nuka esbozó una sonrisa que, por alguna razón, me recordó enormemente a Scar. Seguro que, fuese lo que fuese que tuviera en mente, no podía terminar en nada bueno.
______________________

Con esto termina el "segundo" capítulo.

Nuevamente, gracias por pasarse y leer mi fic. Espero que sea de su agrado.

¡Saludos y rugidos!  :simba1:
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Vie Jun 10, 2016 3:09 pm

Dios mío, Lilly. Qué manera de narrar, me dejaste boquiabierta  Shocked
Estaba estudiando matemática hace un rato y para tomar un descanso dije, voy a leer un poco. Mi kindle estaba descargada, me exasperé y decidí entrar al foro. Vi tu fic, leí el prólogo y el prefacio y me enamoré por completo. La curiosidad me pudo y comencé a leer el primer capítulo, pero la vocecita de la conciencia me dijo PARA AHORA PAULA. Y es que si sigo ahora juro que no voy a poder detenerme y tengo que estudiar (damn you universityyy!) jajajaj. Y la música que elijes es simplemente perfecta, se acopla estupendamente con la personalidad de Lian.

Apenas me desocupe continuaré con el resto, pero ten por seguro que ya me tienes como lectora  cheers I love you
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Sáb Jun 11, 2016 1:25 am

Muchas gracias, Paula :3

De verdad aprecio mucho que te hayas tomado el tiempo de leer una parte de mi fic, y me alegra saber que te ha gustado tanto la historia como la música X3

Y sí... la Universidad debe ser una locura. Yo la empezaré este Agosto, quiero terminar de escribir esto antes de que los trabajos acaparen todo mi tiempo libre >.<

Gracias por tu comentario.

¡Saludos!  :sim:
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Dom Jun 12, 2016 3:53 pm

buen capitulo hermana lily espero que sigamos pronto y bueno la pandilla siempre fuerte ejje el gran kopa vitani nuka y mheetu saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Whalia el Lun Jun 13, 2016 11:56 am

Como siempre, excelente narración.Sabes dar una personalidad propia a cada personaje.Sientes que estás con ellos, escuchándolos, y sus emociones se transmiten.

Yo creo que Nuka no tiene por qué seguir los pasos de Skar.Bien es cierto que fue educado de esa manera, pero es algo independiente.Mas la historia prácticamente se guía sola.

En fin, muy buenas descripciones, los diálogos se hacen amenos al leer.Ahora sólo queda aguardar por la continuación.
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Jun 17, 2016 1:28 am

Gracias de nuevo por sus opiniones, chicos Wink Es motivador ver que les está gustando la historia

Yo tampoco creo que Nuka tuviese que seguir los pasos de Scar, aunque, como dices, así fue educado, se entendería parte de su comportamiento. Trato de tomarlo como un niño ligeramente bravucón XD no de esos que hacen maldades, sino solo que le gusta molestar. 
___________________________

   Capítulo 3: Ser Valiente (1/2)


    Inhalé hondo.



    Exhalé lento y en silencio.



    Los elefantes eran, por mucho, los animales con el mejor oído de la sabana. Con su trompa podían descubrir nuestro olor.  Teníamos que guardar silencio y mantener nuestra distancia.



    Tres metros de alto y seis de largo. Cinco toneladas de músculo y huesos. Eran lo más grande y pesado que caminaba por África. Un par de enormes colmillos afilados que superaban el metro de largo. Una piel impenetrable.



    Definitivamente, solo un loco estaría dispuesto a meterse con ellos.



    ¿Por qué lo hacíamos nosotros?



    Porque éramos esos locos.



    Seguir a Nuka hasta el cañón era mala idea. Bajar a investigar con él, era peor. Seguirlo afuera de aquella formación y permitir que nos guiara hasta la manada de paquidermos era, definitivamente, lo más estúpido que pudo habérsenos ocurrido hasta el momento. Y sin embargo, ahí estábamos los cinco, observando a los mamíferos entre los pastizales que nos camuflaban de su vista.



    Sabía que estar tan cerca de aquellos imponentes animales era malo y solo podía terminar mal, pero simplemente no podía evitar pensar que era emocionante. Después de todo, siempre me había gustado la aventura, y hacía tiempo que no vivía una. La idea de cometer una estupidez resultaba sumamente atractiva, a pesar de ser cociente de que suponía un peligro para todos.



¿Qué estás haciendo, Lian?



    — ¿Ahora qué, Nuka? — escuché el susurro de Vitani, en algún punto a mi izquierda.



    Alguien chistó.



    — Kopa va a acercarse a uno de ellos y con un rugido, lo asustará — explicó el aludido.



    — ¡¿Estás loco?! — jadeé.



    — Aún no se rugir — se quejó mi sobrino, elevando la voz un par de octavas.



    Chisté al unísono con otras tres voces.



    Uno de los elefantes, un macho poseedor de grande colmillos curvos, giró en nuestra dirección. Podía sentir un disparo de adrenalina recorrerme de la cabeza a la cola, una sensación entre el miedo y la determinación que no sentía desde la última vez que salí de caza. El gran animal escrutó la zona con sus diminutos ojos y estiró las orejas hacia los costados para escuchar mejor. Mi corazón latía con fuerza, como un pequeño tambor dentro de mi pecho. Nadie se movió. El herbívoro alzó la trompa para olfatear, pero el viento soplaba a nuestro favor llevándose consigo nuestro olor, así que no pudo detectarnos y continuó con lo suyo.  



    — Nuka, yo no puedo rugir — insistió la voz del pequeño.



    — Di la verdad — masculló el moreno. — Di que tienes miedo.


    — No tengo miedo.



    — Entonces ve y asústalos.



    Kopa caminó entre la hierba, en dirección una pequeña cría de elefante que se encontraba a unos pocos metros de nosotros. Jugaba alejado del grupo, meneando su diminuta trompa de un lado a otro al compás de sus orejas. Apenas podía ver el avance del cachorro gracias al movimiento de la hierba seca. 



    El sol empezaba a bajar. El viento soplaba suavemente. La manada estaba distraída. Era el momento justo para atacar.



    Me agazapé, a la espera de que alguno de esos animales saltara. Clavé los ojos en ellos, como solía hacer cuando salía de cacería con las leonas. Mis músculos se tensaron. Rasguñé la tierra con mis garras. Cerré los ojos, y agucé los sentidos para concentrarme en el entorno. Mi mente empezaba a desconectarse para entregar el cuerpo a mis instintos más primitivos.



    — Lian, no creo que esto sea una buena idea — susurró Mheetu junto a mí.



    La adrenalina que corría por mi cuerpo era tanta, que solo podía pensar en corretear algo para sentirme mejor. Y si ese algo debían ser los elefantes, serían los elefantes. Sin embargo, no quería meter a Kopa en mis delirios. La idea de ponerlo en peligro me hizo regresar a la realidad.

 
    Abrí los ojos y retomé una posición más tranquila.



    — Tienes razón — suspiré. — Esto es una tontería. ¿Dónde está Kopa?



    Apenas terminé la pregunta, escuchamos un agudo chillido que solo podía haber sido proferido por la garganta de un joven elefante. Sentí una punzada en el estómago.



    — ¡Mamá! — gritó una voz que desconocía, seguida de un segundo chillido.



    Alcé la cabeza por encima de los pastizales, importándome poco que los paquidermos me descubrieran. Kopa estaba justo donde la cría de elefante había estado hacía unos segundos, desprotegido por la hierba que nos ocultaba. Tenía las orejas gachas, y lucía bastante asustado. El pequeño elefante correteaba alrededor de los adultos, chillando y barritando como si hubiese visto al mismo diablo.



    — ¡Mamá! ¡Un león!



    — ¡Un león! — chilló una hembra al escuchar al pequeño.



Mierda.



    — ¡Un león! — dijeron a coro el resto de los animales.



    Las miradas de todos se posaron sobre el cachorro, quien, sin pensarlo dos veces, echó a correr hacia nosotros. Desapareció entre la hierba en cuestión de segundos. Sentí la hierba moverse cerca de mí, y escuché sus pasos a una corta distancia. Pero estas pasaron de largo, y el pequeño se alejó de mi posición.



    — ¡Kopa! — grité al no verlo.



    — ¡Leones! — exclamó una voz masculina.



    Entonces recordé al enorme elefante de colmillos curvos. Lo imaginé justo detrás de mí, como seguramente debería de ser.



    — Lian, te han visto — gruñó Mheetu, aún escondido.



    Me giré en dirección a los animales, rezando porque el león estuviera equivocado. Pero solo me topé con la mirada molesta de un grupo de veinte elefantes molestos. Todos me tenían en la mira, y estaban preparados para atacar. El macho alfa era el más cercano a mí. Abrí los ojos completamente y agaché las orejas.



    — ¡Ups! — les dediqué una sonrisa nerviosa.



    El alfa alzó la trompa y barritó tan fuerte que los oídos me taladraron. Esa era su declaración de guerra.



    — Es hora de correr — advertí al resto, antes de iniciar mi propia huida.



    Salté sobre la hierba con una fuerza que nunca antes había descubierto en mí. Aterricé sobre mis cuatro patas, dándole la espalda al grupo de mamíferos, y empecé a correr lejos del lugar. No tardé en escuchar los pasos de los otros a mis espaldas. Kopa estaba justo enfrente de nosotros, moviéndose por la pradera tan rápido como el resto.



    No era el tipo de aventura que buscaba, eso era obvio. Para un león, encontrarse en el papel de presa era algo realmente penoso. Pero me encantaba sentir esa emoción al correr para salvarnos. Tenía un extraño gusto por poner mi vida en riesgo. Sin embargo, ahora debía comportarme como se suponía que debía hacerlo. Tenía que poner a los cachorros y a Mheetu fuera del alcance de los elefantes.

 
    El suelo vibrada debajo de mí al sentir la fuerza del correr de esos animales. La sabana entera se estremecía con cada paso que daban. No quería que nadie saliera herido, y los demás no estaban acostumbrados a correr a esa velocidad. Seguro no tardarían en cansarse.



    — ¡Kopa! — lo llamé cuando estuve lo bastante cerca de él.



    A pesar del esfuerzo del cachorro, sus patas no se movían a la velocidad necesaria para escapar de la estampida. No tardarían en alcanzarnos. Podía sentir sus cuerpos cada vez más cerca de nosotros.



    — ¡Lian! — gritó el pequeño, asustado.



    — Tranquilo, saldremos de esto — dije, aunque no estaba convencida del todo. 



    Mheetu corría detrás de mí, y no tardó en alcanzarnos. Nuka y Vitani igual, y los pasos de los elefantes estaban a solo un par de metros de nuestros traseros. Eché un vistazo hacia atrás por encima de mi hombro. El macho de los grandes colmillos nos pisaba los talones, y me fulminaba con sus diminutos ojos llenos de ira. Barritó una vez más.



    — Olvídenlo, ¡estamos muertos! — chillé, siendo más realista.



    — ¡Esto es por ti, Nuka! — gritó Vitani.



    — ¡¿De qué hablas?! — gruñó el otro. — Kopa los asustó ¡Es su culpa!



    — ¡Fue tu estúpida idea! — recalcó la cachorra.



    La manada empezaba a envolvernos en una nube de polvo grisáceo.



    — ¡Cierren sus picos! — ordenó Mheetu. — ¡No te alejes, Kopa!



    Y, de un momento a otro, nos vimos en medio de la manada. Eran tantas patas, tantas cabezas. Salir de ahí ahora era imposible.



    — ¡No se separe nadie! — grité, aunque sabía que los cachorros empezaban a cansarse.



    No los culpaba. A su edad, yo me había encontrado en una situación similar y estaba consciente de cómo se sentían. No durarían mucho, ya empezaban a quedarse rezagados, donde los esperaría una avalancha de pisadas de la que nadie podría sobrevivir.



    Entre el polvo y los cuerpos que corrían sin control a nuestro alrededor, intenté buscar un sitio donde poder resguardarnos. Una piedra, un árbol, un escondrijo. Cualquier cosa era mejor que estar en medio de una estampida.



    Fue entonces que lo vi: un montículo de rocas que formaban una pequeña fortaleza en la que, con seguridad, podríamos estar a salvo si lográbamos trepar a tiempo. Solo teníamos que volver a rebasar a la manada y correr unos cuantos metros. Si teníamos suerte, subiríamos antes de que los elefantes nos alcanzaran.



    — ¡Mheetu! — llamé al león por encima del estruendo que causaban los animales. Él me miró en respuesta. — ¡Las piedras de allá!



    Con un ademán de la cabeza, le indiqué el sitio que había encontrado. Arqueó las cejas en señal de entendimiento.



    — ¡Muévanse, niños! — dijo. — Debemos tomar la delantera.



    — ¡Pero, Mheetu! — se quejó Vitani.



    — ¡Me estoy cansando! — la siguió Kopa.



    — ¡Solo un poco más o saldremos de aquí hechos tapetes! — exclamé.



    Incluso yo empezaba a sentir la falta de aire. Mi cuerpo me pedía descanso a gritos. Apresuré el paso, al igual que Mheetu. Los cachorros nos imitaron como pudieron, y poco a poco alcanzamos al alfa. Este barritó al vernos. Estaba enfurecido, y empezó a mover la cabeza de un lado a otro para golpearnos con sus colmillos o su trompa.



    No nos daría oportunidad de escapar.



    — ¡Mheetu, llévate a los niños! — ordené al chico que corría junto a mí.



    Esquivé un golpe. Era la más cercana a él, y la que más riesgo corría.



    — ¿Qué harás? — preguntó el aludido.



    — Ganarles tiempo — respondí. — ¡A mi señal!



    El elefante ladeó la cabeza hacia el lado contrario para tomar impulso. Justo lo que esperaba. Curvé los labios hacia arriba para mostrar los dientes. El alfa se preparó para embestirme.



    — ¡Ahora! — exclamé justo cuando el gran animal se dispuso a desatar toda la fuerza de su cuerpo contra mí.



    Mheetu empujó a los cachorros fuera de su alcance. Me quedé junto al elefante. Su trompa bajó con fuerza para golpearme en la cabeza y, un segundo antes de que me tocara, giré el mentón y le clavé fuertemente los dientes en la punta de la misma, donde finalizaban sus fosas nasales. El animal chilló de dolor y tiró con fuerza de su trompa. Sabía que en realidad no lo había lastimado, su gruesa piel era una armadura natural por excelencia. Pero seguro le había provocado una fuerte punzada.



    El elefante, adolorido, aminoró la marcha y detuvo el paso de la manada durante unos pocos segundos, mismos que aproveché para adelantarme y alcanzar a mis compañeros. Estaban a punto de llegar al montículo, y los herbívoros empezaban a recobrar su ritmo.



    — ¡Más rápido! — los presioné mientras Mheetu tomaba la delantera.



    El león subió a la primera piedra que vio de un solo salto. Se dio la vuelta para ayudar a los demás a trepar. Nuka saltó hacia él, y Mheetu lo atrapó en el aire antes de que cayera de regreso al suelo. Entre ambos, subieron a Vitani. Solo faltábamos Kopa y yo.



    — ¡No te detengas! — insistí.



    El cachorro corría conmigo a la par, y lucía bastante agotado. Tenía la boca entreabierta, y su pequeña lengua rosa asomaba por el frente mientras jadeaba.



    — No puedo...



    Escuché el barritar del alfa a nuestras espaldas, avisándonos que estaba de regreso en el juego. Y las pisadas de la manada hacían que el suelo temblara bajo nuestras cansadas patas. No tardarían en interceptarnos de nuevo.



    — ¡Kopa! — gritó Vitani.



    — ¡Ya casi lo logran! — exclamó Mheetu. — ¡Resistan un poco más!



    Los elefantes estaban detrás nuestro una vez más. El montículo se encontraba justo frente a nosotros. No iba a arriesgarme a ser rodeada por los paquidermos una vez más. Sin dudarlo, tomé con el hocico el lomo de Kopa y lo alcé por encima del suelo. Aceleré tanto como mis cansadas patas me lo permitieron, y salté justo a tiempo para caer sobre el montículo, cargando al cachorro. Aterricé el en borde de la piedra, golpeando mi pecho contra ella, y me aferré fuertemente con las garras para no resbalar. Mheetu y Vitani nos ayudaron a trepar hasta la sima justo a tiempo para librarnos de la estampida.



    Los elefantes pasaron corriendo junto al monto de rocas, como si estas no existieran, y continuaron su carrera en la dirección que llevaban. Mientras desfilaban, pude sentir como la plataforma rocosa sobre la que estábamos parados se sacudía de arriba hacia abajo, como saltando. Luego, todo quedó quieto, y en único rastro de la manada era esa densa nube de polvo que quedaba como estela de su paso.



     Inhalé profundo y me dejé caer boca abajo sobre el montículo, luchando por recuperar un poco de oxígeno. Kopa me imitó, tirándose junto a mi.



    Los pulmones ardían con cada nueva bocanada de aire. Los músculos me quemaban por el esfuerzo. Los oídos me pitaban, no estaba segura si era por el intenso ejercicio o por el sonido taladrante de los elefantes. El corazón latía tan rápido que, por un momento, llegué a creer que me rompería una costilla.



    — Nunca... vuelvan... a hacer eso — jadeé, exhausta. — Hay... mejores formas... de buscar emociones fuertes... ¿saben?



    Mheetu rio entre dientes.



    — Creí que tú eras la aventurera.



    Levanté la cabeza para buscarlo. Estaba sentado frente a mí, sonriendo como si fuera una tranquila mañana de primavera. ¿Cómo podía lucir tan normal después de lo que acababa de pasar? Fruncí el ceño.



    — Lo soy — aclaré. — Pero prefiero meterme en problemas por mi cuenta.



    — Hablando de problemas — interrumpió la voz de Nuka. — Miren hacia donde van nuestros elefantes.



    Giré la cabeza en su dirección. El cachorro estaba de espalda a nosotros, observando algo en el horizonte, ahí donde el crepúsculo empezaba a aparecer. Su cuerpo bloqueaba mi vista y me impedía saber que era lo que observaba, así que, de mala gana, me puse de pie y me acerqué a él. Me senté a su lado, sobre el borde de la roca, y seguí la dirección de sus ojos.



    No tardé en localizar a la manada. Los elefantes continuaban corriendo por la pradera, acercándose peligrosamente a un grupo de gacelas que pastaban tranquilas. Sin embargo, al aguzar la vista, descubrí que no estaban solas: ahí, ocultas entre la hierba alta, había un grupo de leonas asechándolas. Y los gordos iban hacia ellas.



La manada.



    — ¡Tenemos que detenerlos! — exclamé.



    — Jamás llegaremos a tiempo — negó Mheetu preocupado, asomando la cabeza sobre mi flanco izquierdo para ver el panorama. Lo miré por el rabillo del ojo. — Apenas pudimos escapar de ellos, y tienen la ventaja por mucho.



    Me encogí de hombros.



    — Habrá que intentarlo — y acto seguido, salte lejos de la roca que me había salvado la vida.



    Aterricé varios metros frente a esta, y empecé a trotar. Reiniciar la carrera supuso un enorme esfuerzo para mis músculos. Cada paso que daba, era como correr sobre pequeños guijarros con bordes punzantes que se encarnaban en mis patas. Pero estaba siendo movida por algo más fuerte que el dolor del agotamiento: la necesidad de salvar a mi familia.



    Corrí detrás de los elefantes, siguiendo el camino de polvo que dejaban a su paso. Aún podía sentir la fuerza de sus patas al tocar el suelo y, conforme me acercaba a ellos, la sensación se volvía más intensa.



    — ¡Alto! — grité, pero los herbívoros estaban tan enfocados en su tarea que ninguno me prestó atención.



    O tal vez, ni siquiera me escucharon.



    — ¡Deténganse! — escuché la voz de Mheetu a mis espaldas.



    El león me alcanzó por mi flanco izquierdo. Miré por el rabillo del ojo y descubrí que los cachorros venían justo detrás de nosotros.



    — ¡Ya paren de correr! — insistió el castaño.



    — ¡Es inútil, Mheetu! — respondí. — No nos escuchan.



    — ¡Entonces hay que advertir a las leonas!



    Asentí en señal de entendimiento, y corrí hacia el costado derecho del grupo de paquidermos. Allá, a unos cien metros, se encontraban los impalas y las leonas aún en puestos de ataque. No tardarían en advertir las vibraciones causadas por los elefantes y, si no lograban alejarse a tiempo...



    Sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos.



    — ¡Tenemos que llegar a ellas ante que los elefantes! — gritó Mheetu por encima del ruido causado por estos últimos.



    — ¡Entonces corre! — lo presioné.



    Intenté apurar el paso, pero mis patas no soportarían por mucho más tiempo. Los pulmones volvían a arderme a causa de la falta de oxígeno, y el hecho de respirar tierra áspera y seca no ayudaba en nada.



    En un momento de desesperación, salté fuera del camino para internarme en la zona donde la hierba era más alta, misma que las leonas estaban aprovechando para la caza. Tenía la esperanza de que, en esta dirección, podría ganar algo de tiempo. O al menos lograr que la manada escuchara mi voz.



    En la distancia, vi como las gacelas, una a una, alzaban sus cuellos sobre los pastizales en modo de alerta. Seguro ya habían sentido el movimiento de la estampida. No me extrañaba, quedaban menos de cincuenta metros entre los elefantes y ellas.



    — ¡Cuidado! — grité, rezando ser escuchada.



    Pero las leonas parecían seguir en lo suyo.



    — ¡Muévanse del camino! — siguió Mheetu.



    Las gacelas fueran las primeras en responder a nuestras voces, echando a correr cuando el elefante alfa estaba a menos de veinte metros de ellas. El grupo de animales se dispersó por la pradera, igual que un nido de hormigas cuando se les patea tierra encima.

 
    — ¡Salgan de ahí! — advertí de nuevo y, esta vez, una de las leonas asomó la cabeza por encima de la hierba.



    La reconocí como Uzuri quien, apenas alzó la mirada, se topó con el enorme animal de colmillos curvos que nos había perseguido en un principio. Escuché su grito de sorpresa, antes de que saliera disparada fuera del alcance de la estampida. No tardó en localizarme, y corrió hacia mi, seguida de mamá, Zira y mis tías.



    Los elefantes, sin detenerse en miramientos, y como si no hubiese nada frente a ellos, continuaron su carrera pasando a un lado de nosotros y las leonas.



    Entonces fue cuando entendí que tendríamos que dar una explicación para eso.



    Como pude, intenté detener mi carrera antes de llegar con las leonas. Para mi desgracia, la hierba alta no me permitía ver mucho más allá de un par de metros y, como era de esperarse, no tenía tiempo suficiente para esquivar cualquier obstáculo. Mi pata golpeó contra algo duro, posiblemente una piedra. Y cuando me di cuenta, me encontraba cayendo de bruces contra el suelo.



    Moví los brazo hacia adelante, en un intento por recuperar el equilibrio. Intento que se viera frustrado por Mheetu, quien cayó sobre mí y me dejó fuera de juego. Al poco sentí tres golpes más contra mí.
Qué bueno que llegaron todos, pensé con sarcasmo.



    Escuché las risitas de Kopa y Vitani. Nuka no tardó en corearlos.



    — ¡Estuvo de locos! — exclamó mi sobrino.



    Mheetu se apartó de mi espalda, riendo con ellos. Cuando al fin estuve libre, me erguí y senté frente a los cachorros. La sonrisa de Kopa iluminaba su rostro con tanta fuerza que me parecía un pequeño sol, y sus risas sonaban cual música en mis oídos. Incluso el agotamiento de la carrera parecía disminuir al escucharlo reír.



    — ¡Hay que hacerlo de nuevo! — rio Vitani.



    — Lian — escuché la voz de mamá justo detrás de mí.



    Al instante, igual que hacía cuando niña, giré la cabeza para verla por encima de mi hombro. Ella asomó la cabeza entre la hierba alta y me miró con el ceño ligeramente fruncido. 



    — Hola — le dediqué una sonrisa nerviosa.



    — Abuela — dijo Kopa, asustado.



    Las demás leonas aparecieron al poco y nos rodearon. Eso solo podía significar una cosa: regaños.



    A pesar de ser bastante mayor, aún aborrecía esos largos monólogos donde solo podías quedarte sentado y escuchar el interminable listado de tus errores – mismos que no se limitaban a los recién ocurridos, sino que a veces se también se remontaban a varias semanas atrás – sin oportunidad de intervenir. La sola idea me hizo gruñir de forma inconsciente.



    — ¿Quieres explicarme que fue eso? — inquirió mamá, alzando una ceja.



Aquí viene.



    — Bueno... pues... yo... es decir, nosotros... eh... — balbuceé, sin saber por dónde empezar.



    ¿Sería conveniente decirle a dónde habíamos ido toda la tarde? 



    Sonaría a algo como: "Mamá, hay fuimos a jugar al sitio donde Scar asesinó a papá". La respuesta era un no.



    ¿Sería apropiado decirle que todo esto había empezado como una prueba de valor?



    "Mamá, a pesar de mi edad me dejé guiar por las estúpidas ideas de Nuka". No, eso tampoco era buena idea.



    Y ella aún esperaba una respuesta.



    — ¡Madre! — exclamaron los hermanos al unísono cuando Zira apareció entre los pastos amarillentos.



    La leona, seria y con un claro gesto de enojo, se acercó a sus pequeños.



    — ¿En qué estaban pensando? — gruñó. — Gracias a eso no pudimos cazar.



    Nuka se mostraba bastante seguro de sí mismo y despreocupado, como siempre. Vitani, en cambio, tenía la cabeza y las orejas gachas, y observaba a su madre con los ojos vidriosos y asustados.



    — Madre, yo solo... — intentó defenderse la pequeña.



    — A casa, ¡ahora! — ordenó la aludida antes de dar media vuelta y emprender el camino de regreso.



    — Sí, madre — respondieron las cachorros a un solo tiempo y, acto seguido, se dispusieron a seguirla.



    Sentí pena por Vitani. Los observé internarse entre la hierba hasta que los perdí de vista. Y entonces, me topé de nuevo con los ojos rojizos de mamá.



    — Fue un accidente — volví a sonreírle, pero estaba claro que no le causaba gracia.



    — Espero que sea el último — sentenció, y luego apartó su mirada de mi para buscar algo entre la hierba.



    — Kopa — dijo, y el aludido apareció frente a mí con las orejas gachas.



    — ¿Sí, abuela?



    — ¿Cuál era tu orden, jovencito? — mamá empezó a caminar en la misma dirección en la que Zira y sus hijos había desaparecido.



    Al igual que el reto de las leonas, la seguí. Kopa caminaba junto a ella, enfrente de mí. Mheetu avanzaba a mi lado, cabizbajo. 



    — Perdón, abuela — se disculpó el pequeño. — Nosotros solo estábamos jugando.



   — ¡Oh, chicos! — exclamó la voz de Sarafina. La localicé caminando al otro lado del joven león. — Ustedes deberían cuidar a los pequeños. Tal vez en otra  oportunidad...



    Y dejé de prestar atención.




    No tenía ánimos para escuchar palabras.



Continúa...
____________________________________


Gracias por leer. 



¡Saludos!  :sim:
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Dom Jun 19, 2016 10:31 am

buen capitulo hermana lily vaya pobres pequeños espero que los mayores puedan perdonarlos espero que sigas pronto saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana nwn
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por firsthuntress el Dom Jun 19, 2016 4:20 pm

Finalmente pude continuar con la lectura, ¡y debo decir que ha estado fascinante! Me gusta mucho la forma en que narras y las descripciones son espectaculares. La personalidad de Lian me encanta, aunque en la parte en que se debatía entre la aventura y la seguridad de los cachorros tuve ganas de pegarle jajaj. Por suerte, tomó la desición correcta >w<

Esperaré ansiosa la continuación!
Saludos Very Happy
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