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Lian's Story (Fan Fiction)

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Jue Oct 27, 2016 1:20 pm

Buen capitulo lilly, como dijeron los demas la narracion es increible, y me gusta como narras la historia, creo que lian y robert se llevaran bien. yo miro las estrellas casi todos los dias de la semana y me relaja mucho ver las estrellas espero que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!

león kopa
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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Lun Oct 31, 2016 2:09 am

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto me parece que robert puede que sea un buen leon quien sabe veremos lo que nos deparara los siguientes capitulos saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn




Muchas gracias por comentar, KIRAN Very Happy Ya irán conociendo un poco más a Robert, y al resto de la manada XD


La profundidad con la que narras los recuerdos de Lian es tan agradable y hermosa! Me encantó este capítulo, y vaya vaya vaya... un león nuevo (me pasé por tu galería y debo decir que los dibujos te han quedado preciosos). Me pregunto qué rol tendrá Robert aquí, aunque creo poder imaginármelo (?). Me parece genial que apenas lo conozca se sienta  cómoda con él   Espero ansiosa la continuación Lilly, y por cierto... la musicalización me encantó.
Hola, Paula  Very Happy me alegra mucho que te gustaran los dibujos  
Y sobre el rol de Robert... supongo que más de alguno debe tener algunas teorías x3
Que bueno que te haya gustado la música! Esa canción la escuché por primera vez cuando vi la película "No se aceptan devoluciones


Spoiler:
 Es mexicana, no sé si la conozcas, pero está muy buena Wink 



Tardé unos días en prestarle verdadera atención a la letra jaja, y entonces imaginé que quedaría bien en esa escena donde Lian recuerda a Kopa


¡Hola!, por fin pude ponerme al tanto de la trama, como siempre la narración es profunda e increíble, me encantaron los nuevos personajes en la trama y ya me pude imaginar mas o menos su diseño gracias a la increíble narración, este ultimo capítulo estuvo genial, siento mucha lastima por Lian, la escena de las estrellas me hico recordar en una ocasión en la que yo hacia lo mismo, y en mi mente me repetía: ¿por qué no pude hacer esto? ¿Si tan solo hubiera...., y en ocasiones no podía evitar los recuerdos. En fin, espero ansiosa el siguiente capítulo.

Saludos!


Hola, Aisha Very Happy
Muchas gracias por comentar, extrañaba leer tus comentarios x3
Me alegra mucho saber que te gusten los nuevos personajes, tambien puedes pasar a mi galería a ver mis "versiones" de cómo son físicamente jaja
A mi tambien me pasa así cuando estoy triste por X cosa y veo el cielo en la noche. Te pones a pensar en solitario y te acuerdas de muchas cosas


Buen capitulo lilly, como dijeron los demas la narracion es increible, y me gusta como narras la historia, creo que lian y robert se llevaran bien. yo miro las estrellas casi todos los dias de la semana y me relaja mucho ver las estrellas espero que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!


Gracias por comentar, león kopa x3
Me alegra mucho que les guste la narración I love you A veces no sé como describir cierts situaciones, pero espero estas haciendolo bien jaja
Yo suelo verlas cuando pasa algo que considere importante o cuando el cielo está despejado. Aunque, gracias a la contaminación, no es muy común ver un cielo estrellado u.u

_________________________


     Capítulo 12: Club de solitarios (1/2)


    El sol caía directo sobre mis ojos y me hizo despertar.



    Parpadeé un par de veces antes de poder enfocar bien mi entorno. Era la segunda vez que despertaba fuera de casa y eso, por alguna razón, me provocó una oleada de tristeza. Y con ella, mi cabeza hizo un recuento automático de todo lo vivido durante los últimos días. Desde la partida de Mheetu hasta la noche anterior.



    Me estiré un poco sobre la hierba húmeda. Levanté la cabeza para observar el panorama. Jamás había dormido a mitad de la sabana, y me resultaba todo un espectáculo. 



    Los primeros rayos del Sol se alzaban por encima de las montañas que Robert me había indicado esa noche. La cálida luz hacía que la sabana se desperezara lentamente, iluminando bellamente los prados y colándose entre las ramas de las acacias. El lugar se había cubierto por una ligera capa de neblina que filtraba los rayos solares para crear una especie de película blanquecina. Los jóvenes y tiernos pastos que empezaban a crecer estaban cubiertos por el reluciente manto del rocío que, al entrar en contacto con el Sol, semejaban una vasta alfombra de diamantes.



    Pocas veces había despertado ante un espectáculo tan hermoso.



    — Buenos días, Lian — reconocí la voz de Yudhenic y, por inercia, me volví a buscarla hacia el sitio donde había dormido. La leona bostezaba con pesar mientras el resto del grupo empezaba a abrir los ojos. — ¿Cómo pasaste la noche?



    — Bastante bien, gracias — sonreí.



    — Es bueno saber eso — agregó Oswald, tumbado boca arriba a los pies de la castaña. — Hoy tenemos muchas cosas que hacer.



    — ¿Ah, sí? — pregunté, recordando las palabras de Robert. — ¿Cómo qué?



    — Cállate, Oswald — ordenó Louis con una sonrisa sarcástica. El león apareció desde algún punto a espaldas de Yudhenic. — Tú nunca haces nada.



    El aludido bufó.



    — Mira quien habla.



    El recién llegado saltó sobre Oswald de forma juguetona. Aún a nuestra edad, jugar a las luchas era algo casi imposible de resistir. Yudhenic se agazapó al descubrirse en medio del juego.



    — ¡Largo de aquí! — chilló. — Me están lastimando.



    Ambos leones se detuvieron en el acto.



    — Discúlpanos, florecita — masculló el moreno.



    La leona estaba a punto de soltarle un zarpazo en la cara cuando una nueva voz se unió a la conversación.



    — ¡Hey, Lian! ¿Dormiste bien?



    No me resultó difícil reconocer que se trataba de Karen. Y, en efecto, la chica apareció prácticamente de la nada para reunirse con nosotros. Edward venía con ella.



    — Sí. Eso creo — respondí.



    — Vamos — siguió ella. — No hay nada mejor para despertarse que dar un paseo en la sabana.



    — Sí, ¿por qué no te vas a caminar y te cansas? — propuso Louis a Oswald con cierto tono burlesco, pero dejando bastante claro que lo decía en serio. —Así, cuando regreses, no tendremos que soportarte.



    — Soy esa comezón que no puedes rascar — rio Oswald. 

 
    El león líder puso los ojos en blanco, al igual que el resto del grupo. Karen y Edward dieron media vuelta y se alejaron lentamente de nuestro sitio.



    — Muevan esas piernas o se quedarán con Louis — llamó la leona.



    — No hay necesidad de amenazarnos — respondió Oswald, levantándose de la hierba para trotar hasta sus amigos.



    De haberse movido ligeramente más lento, o haber tardado un poco más en reaccionar, hubiese sido alcanzado por las fuertes patas de Louis que, notoriamente, no tenía buenas intenciones. Decidí seguirlos antes de que me dejasen sola con él, y en cuestión de segundos alcancé al grupo. 



    — ¿Tan malo es quedarse con ellos? — pregunté, haciendo referencia al león que dejábamos atrás.



    — Louis es un buen chico — concedió Yudhenic, reuniéndose con nosotros y colocándose entre el león moreno y yo.



    — Pero a veces se toma demasiado en serio su papel y se porta de forma prepotente — explicó Oswald, con un ligero toque de amargura en su voz que era casi imperceptible. — Por su propio bien, es mejor que me mantenga apartado.



    — ¡Cálmate! — rio Yudhenic. — No podrías pelear contra él.



    El chico pareció ofendido.



    — ¿Quieres apostar? Si pierdes podré hacer esto cada vez que quiera.



    Oswald tocó la nariz de la chica con su pata.



    — ¡Quítate! — gruñó ella.



    Y ambos empezaron una serie de empujones y gruñidos que me obligaron a apartarme de ellos.



    — ¿Así son siempre? — pregunté a Karen, quien se encontraba sobre mi flanco contrario.



    — Empeoran con los días.



    — Un poco más y tendrán que casarse — agregó Edward.



    — ¡Asco! — chilló Yudhenic.



    Su expresión, con los ojos entrecerrados y la nariz tan arrugada que se había convertido en una serie consecutiva de pliegues de piel, me resultó bastante cómica. No pude evitar soltar un par de risas al verla.



    Entonces fue que empecé a prestar atención al paisaje. 



    Me habían conducido colina abajo, por un terreno escarpado y tapizado de guijarros entre los que, a duras penas, crecían algunas hierbas. Los árboles habían dejado de crecer en el borde del área donde comenzaban los guijarros, de modo que el panorama no tenía ningún otro tipo de vegetación. Al final de la cuesta, en el punto más bajo, reconocí el cauce de un rio turbulento.



    ¿Sería acaso…?



    — Aquí fue donde te encontramos — confirmó Edward.



    Por mero instinto, me adelanté al grupo y salté cuesta abajo hasta llegar al borde de aquellas aguas cristalinas, mismas que hacía un par de días me habían arrastrado hasta aquí. Reencontrarme con ellas revivió el recuerdo de aquella noche, mientras escapaba de mis propios demonios en medio de la tormenta nocturna.



    — Este río debe guiar a Las Praderas — dije, más como un pensamiento en voz alta.
    Era todo lo que tenía de mi hogar.



    — Es mejor tomar un atajo — sentenció la voz de Oswald a mis espaldas. Me giré para verlo. El chico había trepado a una enorme roca cerca de la rivera del rio. — Tardarías días en llegar si lo siguieras. Da demasiadas vueltas. Por eso nos sorprendió que estuvieras viva después de tanto.



    El león se tumbó sobre la piedra mientras el resto del grupo se acercaba al agua para beber y asearse. 



    — ¿Alguna vez regresaste a Las Praderas, Oswald? — me aventuré a preguntar.



    La expresión del aludido se tensó de repente y se tornó sumamente seria.



    — No, jamás — su voz era cortante y fría cual navaja. — Después de que mi madre muriera me quedé sin nada por lo cual regresar. 



¡Ups! Terreno equivocado.



    — Entiendo — asentí, antes de girarme hacia el resto. — ¿De dónde son ustedes? 



    Yudhenic fue la primera en prestar atención.



    — Yo vengo de las Tierras del Sur. Tuve que dejar a mi familia por algunos problemas personales… y en el camino conocí a Oswald.



    — Yo soy de las estepas del Norte — explicó Karen, volviéndose hacia mi mientras se relamía los bigotes húmedos. — Me fui de casa cuando la comida empezó a escasear.



    Esperé un par de segundos para que reanudara la historia, pero pronto caí en cuenta de que no iba a hacerlo. ¿O acaso no quería hacerlo? ¿Sería correcto arriesgarme a descubrirlo?



    — ¿Y ya? ¿Eso es todo?



    — ¿Qué? — inquirió. — ¿A caso la comida no es razón suficiente?



    Me encogí de hombros.



    — Si tú lo dices…



    — Yo no recuerdo de donde soy — habló Edward, mirando hacia algún punto indefinido en la distancia. — Era una zona rocosa y árida donde solo podíamos cazar antílopes y competíamos contra hienas y leopardos por ellos. Mi familia decidió moverse al norte, donde había un rio que atraía otros animales. Me perdí en el camino.



    — No sé por qué no me sorprende — bufó Oswald.



    — Al menos no yo no fui el que se unió al grupo para salvarse de una estampida — protestó Edward.



    — Ni yo. Ese fue Ralph, idiota.



    — Ah, cierto.



    — ¿Y qué hay de Robert? — pregunté.



    Me arrepentí en el acto.



    Apenas terminé de formular la pregunta, todos los ojos a mí alrededor se posaron sobre los míos. En silencio. Carentes de emociones y a la vez bañados en ellas. Como si hubiese preguntado la cosa más estúpida del mundo.



    Una vez más, me sentí totalmente fuera de lugar.



    — ¿Robert? Ni idea — resopló Karen, restándole importancia.



    — Él apenas habla con nosotros — explicó Oswald. — Pasa casi todo el día con su amiga, Palmira.



    — Tal vez sería más abierto si no lo criticaras cada vez que se equivoca — protestó Yudhenic. —  El pobre chico hace lo que puede.



    — Di eso cuando seas tú la que se meta en problemas por su culpa — Oswald arrugó la frente en un gesto de molestia.



    — ¿Por qué? — interrumpí. — ¿A qué se refieren?



    — Robert es el peor cazador en la historia de esta especie — se quejó el moreno, haciendo caso omiso de la mirada fulminante de su amiga. — Jamás ha atrapado nada más grande que una mosca.



    — Nadie lo enseñó — continuó defendiéndolo la leona. — Está solo desde pequeño.



    — Está retrasado desde pequeño — corrigió el león, ganándose un golpe por parte de la chica. — ¡Yudhenic!



    — ¡Cállate, grosero!



    — Hablando de eso, ¿alguien más tiene hambre? — preguntó la voz de Karen. — Louis ya debe de estar organizando la caza.



    — Sí, tal vez. Hoy nos toca acompañarlo — concedió Edward. — ¿Sabes cazar, Lian?



    Esbocé una falsa expresión de dolor.



    — La duda ofende.



    — Eso me parece perfecto — agregó Oswald, al tiempo en que se levantaba y saltaba lejos de la piedra donde había estado acostado. — Así no tendremos que vigilarte a ti también. 



    — ¡Ya déjalo! — chilló Yudhenic. — Ahí viene y va a escucharte.



    Sin dudarlo, giré la cabeza para escrutar rápidamente el área en búsqueda del chico. Lo encontré a algunos metros de nuestra posición, acuclillado para poder beber agua del rio. Sentí una punzada de culpa al verlo solo.



    — ¿Y qué? — preguntó Oswald con descaro y altanería. — Ya sabe lo que pienso ¡Yudhenic!



    No me volví para ver lo que ocurría, pero supuse que la aludida había propinado otro golpe al chico. Preferí observar a aquel solitario ser.



   ¿Sería tan terrible como para que Oswald prefiriese mantenerse apartado?



    Esa noche me había resultado agradable conversar con él. Parecía ser un buen chico y, recostado sobre los guijarros para beber, me parecía ahora mucho menos imponente en contraste a la noche anterior. Sabía que era el mismo león, pero, en cierta forma, en ese preciso instante, parecía más un cachorro que un adulto joven.



    Sentí un extraño impulso que me llamaba a acercarme a él para hacerle compañía. Sin embargo, este se esfumó al escuchar las pisadas de un extraño acercándose. Me volvía hacia el grupo para toparme con el rostro de Louis, acompañado de Mahary.




    — Síganme — ordenó. — Hay una manada de ñus cerca del lago. Es buen momento para atrapar algunos.



*               *               *               *               *





    Louis nos llevó a un pastizal tan amplio que se extendía mucho más allá de lo que alcanzaba a ver. El lago era casi tan grande como el manantial de las Praderas, y estaba justo al centro del área. Ahí era donde se encontraban nuestras presas: un enorme grupo de búfalos.

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Lun Oct 31, 2016 12:52 pm

buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto haber como sigue esta gran historia y seguro que sera genial y veremos si estas cosas peleas etc haya paz entre hechos saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Lun Oct 31, 2016 6:23 pm

Vaya grandiosa historia amiga espero que sigas lo demas esta muy interesante espero que les salga bien su caceria ya quiero leer lo que sigue 
Saludos  :sim:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Jue Nov 10, 2016 1:26 pm

Buen capitulo lilly espero que lian y los demas logren cazar ya quiero leer el siguiente capitulo esperi que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Nov 11, 2016 8:34 pm

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espero que sigas pronto haber como sigue esta gran historia y seguro que sera genial y veremos si estas cosas peleas etc haya paz entre hechos saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Gracias por dejar un comentario, Kiran x3
Por ahora Lian apenas está conociendo a la "manada", ya verás como se irán desarrollando las cosas Very Happy

@princesstwivinecadenza escribió:Vaya grandiosa historia amiga espero que sigas lo demas esta muy interesante espero que les salga bien su caceria ya quiero leer lo que sigue 
Saludos  

Hola, amiga princesstwivinecadenza  Very Happy
Muchas gracias por tomarte el tiempo de escribir tus opiniones, no sabes cómo me emociona leer que les guste 

@león kopa escribió:Buen capitulo lilly espero que lian y los demas logren cazar ya quiero leer el siguiente capitulo esperi que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!

Hola, león kopa  Very Happy
Jajaja, muchas gracias por escribir, pensé que ya nadie iba a comentar este capítulo x3


Hola, manada  tongue
En esta parte sentí que estaba haciendo ver a Lian ligeramente al estilo de un Mary Sue... cosa que no me agradó del todo puesto que, la versión original de la leona (en aquella primera historia que escribí cuando era una niña) era bastante Mary Sue, y retomar ese detalle se sintió... extraño .-. 
Si Lian pudiese tomar forma física, probablemente la conversación que hubiera tenido con ella hubiese sido algo así:
      - ¡Demonios, Lilly! ¿En verdad vas a describirme así de nuevo?
       - Es necesario...

       - ¡Es ridículo! Detesto que hagas eso
       - ¿Tienes alguna otra idea? No. Ahora cállate y has lo que te digo.

Sí ya sé... que rara soy XD Pero... sí necesitaba que algo así pasara por cuestiones que se verán más adelante.

Además, este capítulo contiene un easter egg que, quienes lean el fanfiction de firsthuntress, entenderán. En algún párrafo hago una pequeña referencia a Liara, la protagonista de su fic. En realidad, llevaba algún tiempo pensando en la probabilidad de que Liara pudiese existir tambien en el Universo que he estado creando para este fic y, aunque aún no estoy segura de ello (porque la historia de firsthuntress sigue en curso y aún no se desvelan ciertos detalles), decidí hacer referencia de una forma más... "implícita"? 

Auque tal vez lo que sí debí haber echo fue pedir permiso tongue (Paula: si te molesta la idea no dudes en decirmelo para editar esa parte jeje)

Jajaja, en fin, aquí está la actualización:

____________________________

Spoiler:
 Para después del primer intento de caza
____________________________


    Capítulo 12: Club de solitarios



    Louis nos llevó a un pastizal tan amplio que se extendía mucho más allá de lo que alcanzaba a ver. El lago era casi tan grande como el manantial de las Praderas, y estaba justo al centro del área. Ahí era donde se encontraban nuestras presas: un enorme grupo de búfalos.




    La hierba era tan alta y tan densa que nos ocultaba a la perfección. Louis nos guio tan cerca de los mamíferos que pensé que nos descubrirían, pero parecía que ni siquiera notaban que estábamos ahí. Tenía a una hembra adulta a casi dos metros de mí, lo más cerca que había estado jamás de un ñu mientras lo acechaba.




    No estaba segura de dónde estaba el resto del grupo. Antes de internarnos en medio del pastizal, Louis nos había acomodado en una columna que avanzara de forma horizontal hacia los herbívoros. Supuse que no debían estar muy lejos, y esperé a que el líder nos diera sus indicaciones. Me resultaba extraño cazar en compañía de los machos. Pero las reglas aquí eran diferentes.




    Cerré los ojos e intenté despejar mi mente.




Concéntrate.




    Visualicé a la hembra que pastaba frente a mí. El viento arrastraba el cálido aroma de su cuerpo hacia mí, y el suelo vibraba bajo mis patas ante las imponentes pisadas del animal. Me agazapé y moví suavemente los hombros…




     Escuché un rugido a pocos metros de mi posición, y el búfalo que tenía frente a mi huyó despavorido.




    Abrí los ojos de golpe cuando sentí una poderosa vibración sacudiendo la tierra.




¿Qué demonios está pasando?




    Alcé la cabeza por encima de la hierba solo para encontrarme en medio de una estampida de búfalos. Otra vez. No tardé en reconocer a Oswald y Louis corriendo tras el grupo, asustando a todos los animales en un intento desesperado por capturar cualquiera. Karen y Yudhenic cazaban cada una por su cuenta, sin ayuda de nadie más y persiguiendo al primer animal que les pasara por enfrente. Con eso solo conseguirían asustar a todo el grupo.




    Puse los ojos en blanco.




    Ni siquiera me molesté en intentar ir a ayudarlos. Era inútil. El factor sorpresa era el más básico, y parecía importarles un demonio. No pensaba gastar energías en algo que no serviría.




    Opté mejor por buscar un sitio seguro, fuera del alcance de las pesuñas y cornamentas de la estampida. Sabía de buena fuente que era mala idea permanecer ahí. No tardé en encontrar una roca cercana tan alta que su borde sobresalía por encima del pasto. Troté hacia ella y trepé sobre su superficie plana para recostarme a esperar que la estampida se detuviera.




    En casa jamás éramos tan desorganizados. Ni siquiera durante mis primeras cacerías después de regresar a las Praderas. Pero no podía culparlos: todos habían abandonado sus hogares y, por algo, era que vivían en esa manada provisional. Ninguno de ellos había sido instruido en el arte de la caza, y seguro habían aprendido de otros leones amateur.




    Los búfalos corrieron por el pastizal, alejándose bastante del lago. Al cabo de unos minutos, reconocí las figuras de mis compañeros avanzando en medio de las hierbas, agotados y con las manos vacías. Louis me reconoció y condujo a la manada hacia mi piedra.




     — ¿Por qué no estabas allá, con nosotros? — cuestionó con el ceño fruncido.




    Lucía bastante molesto, y no lo culpaba. Seguro ahora pensaba que era otra inútil que tampoco sabía cazar.




    — Chicos, ¿por qué se lanzaron tras los búfalos así? — pregunté, poniéndome de pie para bajar de la roca.




    — ¿Y qué se suponía que hiciéramos? — Oswald arqueó una ceja. — ¿Invitarlos a pasear?




     — ¿No han pensado que sería mejor buscar alguna estrategia? 




    — ¿Qué? ¿Ahora vas a enseñarnos a cazar? — bufó Louis.




    Me encogí de hombros.




    — Tú eres el líder, debes hacerlos trabajar en equipo.




    — ¿Y qué propones tú?




    Reí entre dientes.




    — Vengan, les mostraré un truco.




    Di vuelta y me encaminé en la dirección en la que los búfalos se habían ido. No tardé en escuchar los pasos del grupo tras de mí, y sentí algo extraño en el pecho que me hizo sentir bien. ¿Esperanza? ¿Alegría? No lo sé, pero era como liderar mi propia partida de caza.




    En la manada, Uzuri era la líder, y no había mejor cazadora en toda la Pradera. Yo era la cazadora más joven del grupo, por lo que nunca había tenido una oportunidad así. Era estupendo… y aterrador. No habíamos recorrido ni la mitad del camino cuando noté que no tenía la menor idea de cómo liderar un grupo de leones. Nunca fui entrenada para eso. Cuando nos fuimos de casa, era aún muy joven para que Uzuri me reclutara, y el liderazgo era asunto de Simba puesto que él sería el heredero.




    ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¿Qué haría Uzuri en mi lugar?




    No podía ser tan difícil, ¿cierto? En tiempos del abuelo Ahadi, una joven leona ya había pasado por una situación similar al convertirse sorpresivamente en la líder de caza definitiva. Y lo había hecho bien. Quizá yo también  podría hacerlo.




    — ¿Y ahora qué? — susurró la voz de Louis junto a mí.




    Cuando me di cuenta, estábamos justo a la distancia necesaria para acechar a los búfalos. El tiempo de pensar se había acabado. Era ahora o nunca.




    — Tenemos que rodearlos — expliqué, escudriñando a nuestras presas.




    No tardé en encontrar un pequeño grupo de animales ligeramente apartados del resto. Eran tres individuos, suficientes para alimentar a toda la manada. Si teníamos suerte, estos no se reunirían con los demás mientras tomábamos posiciones más adecuadas.




     Apunté con un ademán de la cabeza en dirección a ellos. Louis me miró con recelo antes de atreverse a espiar y ver lo que quería mostrarle. Asintió una vez en señal de entendimiento.




    — Karen, Edward, y tú irán a la derecha — dije. — Yo acompañaré a Oswald, Mahary y a Yudhenic por la izquierda, y cuando les indique, saltamos sobre ellos.




    — De acuerdo — y se alejó a buscar a los aludidos.




    Di media vuelta para buscar a mi equipo. Los tres estaban justo detrás de mí, cuchicheando algo entre ellos que hacía reír a la leona.




     — Síganme — les susurré, antes de virar sobre mi flanco izquierdo, hacia la izquierda de nuestras víctimas.




    No fue necesario voltear para asegurarme que me siguieran. A pesar de que sus movimientos eran suaves y sigilosos, alcanzaba a escuchar sus pisadas detrás de las mías. Los conduje entre la brecha que separaba a nuestros objetivos del resto del rebaño. Era la posición más peligrosa y, por ello, la que más debía vigilar.




    Avanzados unos cuantos metros, le indiqué a Oswald que se detuviera y proseguí el camino con Yudhenic, a quien posicioné a pocos pasos de su amigo. Mahary también tomó posición un poco más adelante. Yo continué mi caminar, asomándome de cuando en cuando entre los pastos para vigilar tanto a los animales como al resto de la cuadrilla de caza. En momentos podía ver sus cabezas ligeramente por encima del nivel de la hierba, a la espera del momento indicado.




    Inhalé una profunda bocanada de aire, y la liberé a través de mi garganta como un rugido lo suficientemente fuerte como para poner en alerta a los animales.




    Nuestros objetivos se alarmaron al descubrirme entre ellos y el resto del rebaño, por lo que no dudaron en alejarse de mí para ponerse a salvo. Y fue en ese momento cuando la cuadrilla se puso en acción.




     Yudhenic y Mahary se encargaron del búfalo más pequeño. Karen y Edward atraparon ávidamente al segundo animal, una hembra que cojeaba de la pata izquierda trasera. El búfalo más grande, un macho a punto de entrar a la etapa adulta, fue embestido por Oswald y Louis, a quienes opté por ayudar.




    Ambos leones, a pesar de su comportamiento competitivo la mayor parte del tiempo, hacían un buen equipo cuando se trataba de cazar. Mientras uno mantenía ocupada la atención del animal, intentando desviar aquel peligroso par de cornamentas, el otro aprovechaba para tirar mordiscos en su cuello, a la espera del momento oportuno.




    Salté sobre la parte trasera del búfalo, hundiendo las garras en su carne. El animal chilló y giró con fuerza, en un intento por deshacerse de mí. Era la distracción perfecta para que los leones pudiesen atraparlo. Mordí la zona superior de sus muslos para hacer que se concentrase totalmente en mí. El herbívoro se molestó, e intentó por todos sus medios librarse de mí… descuidando en su intento a mis compañeros.




    Louis saltó sobre sus hombros y aprisionó su nuca. El peso del león obligó al búfalo a agachar la cabeza, a la altura suficiente como para que Oswald pudiese morder su hocico y cortarle la respiración.
    No pasó mucho tiempo antes de que el animal, abatido, se tumbara al suelo. Louis se abalanzó sobre su garganta y no lo liberó hasta que estuvo totalmente quieto.




    — Fue una excelente idea — sonrió Oswald. — Nunca habíamos atrapado tantas presas de una sola vez.




    Me sentí feliz por su aprobación.




    — Ahora hay que llamar al resto — indicó Louis, mientras se relamía los bigotes para limpiarse las gotas de sangre que pudiesen haber manchado su pelaje.




¿Llamar al resto?, repetí en mi cabeza. ¿Vamos a comer aquí, en medio de la nada?




    — No es necesario — indicó la voz de Karen al fondo. — Ya vienen hacia acá.




    Alcé la mirada al horizonte, y no tardé en reconocer las siluetas del resto de la manada trotando hacia nosotros.




    Parecía que mis suposiciones eran ciertas. En casa siempre llevábamos las presas a rastras hasta la Roca del Rey, donde podíamos comer tranquilos. Hacerlo ahí, a mitad de la pradera, me parecía tan extraño como peligroso.




    — Ojalá así se movieran cuando es su turno de cazar — bufó Louis.




    El grupo demoró apenas unos cuantos segundos en llegar hasta nosotros y abalanzarse sobre las presas, devorando todo como pirañas hambrientas. ¿Era así como nuestra especie se comportaba? ¿Así era la vida fuera de Las Praderas? Nunca había visto tal salvajismo antes.





    Intenté concentrarme en la comida e ignorar los modales de mis acompañantes. No podía más que rezar por encontrar el momento para volver a casa.

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Dom Nov 13, 2016 2:22 pm

buen capitulo hermana lily una gran idea y se que ella sera una gran lider si los demas leones y leonas la acepten saludo y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Lun Nov 14, 2016 10:40 am

Buen capitulo lilly parese que lian sera una buena lider de caza o solo fue suerte espero que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por Bako el Jue Nov 17, 2016 9:30 pm

¡Excelente capitulo!

Lilly, maneja a tu personaje como gustes. Hagas lo que hagas tus fans te vamos a seguir siempre :3


También quería agradecerte. Hacia mucho que no entraba a mi cuenta de DevianArt y me lleve la grata sorpresa que me mencionaste (creo se le llama así, pues aun no entiendo del todo la pagina).
Te agradezco infinitamente por mirar mi trabajo, significa mucho.

Saludos!

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por princesstwivinecadenza el Vie Nov 18, 2016 5:00 pm

Vaya grandioso capitulo amiga espero que sigas me gusta mucho ya quiero leer lo demas 
Saludos  :sim:

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Vie Nov 25, 2016 1:09 am

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily una gran idea y se que ella sera una gran lider si los demas leones y leonas la acepten saludo y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Muchas gracias, KIRAN x3
Aunque nunca había pensado en la posibilidad de que Lian pudiese liderar un grupo de leones, ya verás que se integrará de otra forma. Gracias por tu comentario!!

@león kopa escribió:Buen capitulo lilly parese que lian sera una buena lider de caza o solo fue suerte espero que sigas pronto.

¡Saludos y rugidos!

Gracias, león kopa Very Happy
Lo cierto, como le decía a KIRAN, es que no había pensado en que Lian pudiese liderar una manada de leones... creo que sí fue solo un golpe de suerte XD
Espero que te guste como continúa la historia x3

@Bako escribió:¡Excelente capitulo!

Lilly, maneja a tu personaje como gustes. Hagas lo que hagas tus fans te vamos a seguir siempre :3


También quería agradecerte. Hacia mucho que no entraba a mi cuenta de DevianArt y me lleve la grata sorpresa que me mencionaste (creo se le llama así, pues aun no entiendo del todo la pagina).
Te agradezco infinitamente por mirar mi trabajo, significa mucho.

Saludos!
Muchas gracias, Bako  I love you 
Jaja, es que hasta yo sentía que se veía un tanto Mary Sue y, con las experiencias pasadas, no quería volver a pasar por eso XD pero me alegra mucho saber que cuento con tu apoyo Razz 

En DevianArt tampoco entro mucho jajaja pero tenía un tiempo que había encontrado tu cuenta y visto tus dibujos. Incluso tienes una versión comic de una parte de tu fic  I love you  me gusta mucho como dibujas a los personajes


@princesstwivinecadenza escribió:Vaya grandioso capitulo amiga espero que sigas me gusta mucho ya quiero leer lo demas 
Saludos  

Gracias, amiga  Very Happy 
No sabes cómo me emociona que te guste mi fic, su apoyo es más del que esperaba   

_________________________

(Y ahora, el comercial)

Hola, manada  Very Happy
Sé que me ausenté durante bastante tiempo (cortesía del cierre de semestre y sus infinitos proyectos). La buena noticia es que ya casi termina y podré volver a sentarme a escribir más capitulos. Lo que he estado publicando estos últimos meses eran capítulos que escribí por adelantado con la idea de no dejarlos esperando tanto tiempo xD
Así que, a partir de la próxima semana, actualizaré más seguido 

Aquí la actualización, espero que les guste  Laughing 

_________________________

Spoiler:

Spoiler:
 Para cuando Ralph y Palmira se van

_____


    Capítulo 13: El león de la melena negra (1/2)



    Relamí mis bigotes apenas terminé con el último trozo de carne de mi porción. El resto del grupo ya había finalizado hacía varios minutos, y eso me hacía sentir ligeramente incómoda. ¿Ser más lenta para comer era bueno o malo? ¿Era realmente ese mi ritmo o era una costumbre adquirida en casa?


   Recostada panza abajo, limpié la herida de mi brazo con la lengua. La marca que los dientes de Zira habían dejado eran ahora una serie de puntos tintos tatuados en mi piel, señal de que las heridas empezaban a cerrar. Sabía que ya no era necesario mantener tantos cuidados con ella, pero prefería estar segura.


    Una sombra bloqueó la luz del sol que caía sobre mi rostro. Detuve mi tarea para percatarme que había un par de patas morenas paradas frente a mí. Levanté la cabeza hacia el cielo para toparme con una sonrisa amigable y un par de ojos marrones que me resultaron familiares. Robert.


    — Hola.


    — Hola — respondí.


    Una segunda figura apareció detrás del chico. Era una leona que, hasta ese momento, no había visto antes en la manada. Era delgada y de una estatura baja. Tenía un mechón de pelo que crecía sobre su frente y, en las puntas, se tornaba marrón como sus ojos. Ella me sonrió.



    — ¿Qué tal? Así que tú eres la nueva. Robert me habló de ti esta mañana.


    — Ah, ¿sí? — miré de reojo al aludido.



    — Sip — saltó en mi dirección y se detuvo justo frente a mí. — Todos dicen que casi te ahogas en el río y que Edward te encontró — soltó un par de risitas.


    Su mirada parecía escanearme de pies a cabeza. Era como si me acabara de convertir en su juguete nuevo. La chica sacudió mi fleco con la pata y empezó a caminar a mí alrededor. Me observaba como si fuese un bicho raro.


    — Me llamo…



    — Lian — interrumpió ella. — Lo sé, Robert me lo dijo.


    Giré la cabeza para verla con encima de mi hombro. La leona se había puesto a jugar con el mechón de mi cola. La moví en un intento por alejarla de ella, pero la chica empezó a perseguirla. Era como un cachorro.


    — ¿Y tú eres?


    — Palmira — la leona volvió a mirarme a los ojos para dedicarme una sonrisa.


    Saltó de regreso al lado del moreno. Aproveché que se había colocado a una distancia más prudente para ponerme de pie. Palmira ensanchó sus sonrisa hasta una proporción que lucía extremadamente forzada, pero no por ello menos divertida.


    — Bien… vinimos a preguntarte si te gustaría salir a pasear un rato con nosotros — dijo el león.


    — ¿De paseo? ¿A dónde?


    — Tú no hagas preguntas, solo síguenos y disfruta — Palmira dio media vuelta y empezó a caminar, alejándose de nuestra posición.


    Observé como avanzaba entre los pastos, miré a Robert, y luego de nuevo a la leona. Era tan pequeña que su cabeza apenas sobresalía entre la hierba que a mí me llegaba al hombro.


     — ¿Quieres venir? — insistió el moreno, volviendo a sonreír como lo había hecho la noche anterior.


    — De acuerdo — asentí, y empecé a caminar en la misma dirección que la otra chica.


    Robert me siguió los pasos al poco tiempo. Y en cuestión de segundos, los tres ya estábamos marchando a un mismo ritmo por la sabana, alejándonos gradualmente de la manada. Sentí una punzada de miedo al pensar en que el resto podrían irse en cualquier momento y dejarnos a la deriva, pero mis acompañantes lucían bastante relajados. Esa paranoia mía no era normal.


    Caminar en medio de Palmira y Robert me resultaba un tanto incómodo. Me sentía de nuevo como una cachorra. Me recordé como esa niña pequeña que debía ser vigilada a cada hora por toda la manada, porque una princesa debía ser tranquila y no meterse en problemas.


    Seguía sin encajar en ese perfil.



    — Estuviste muy bien en la cacería — comentó el chico.


    — Gracias.


    — Robert, tú eres pésimo cazando — agregó la leona, con un gesto de seriedad fingida. — Para ti cualquier cosa esta muy bien.



    — Al menos yo lo intento — se defendió el aludido. — ¿Cuántas veces has salido de caza esta temporada?


    — ¿Para qué? Si ya estás tú.


    Robert puso los ojos en blanco. Su expresión me resultó bastante cómica, y no pude evitar reír por lo bajo.



    — Pero, regresando al tema — continuó Palmira. — Esa idea de acorralarlos fue genial. ¿Cómo se te ocurrió eso?



    — Es una técnica que usamos en casa.



    El recuerdo de la Roca del Rey y de mi familia apareció en mi cabeza casi al instante. Sentí una punzada de dolor que luché por disimular.



    — ¡Hey! Tal vez tú podrías enseñar a este chico como se hace.



¿Enseñar? ¿Pero quién cree que soy?



    — Me gustaría — mentí —, pero no creo que yo sea la me…


    — Oh, aquí están — interrumpió una voz.



    Palmira y Robert se detuvieron. Yo hice lo mismo, y busqué con la mirada al propietario de aquella voz. A nuestras espaldas, y trotando alegremente por la sabana como un cervatillo, apareció Ralph.


     — He estado buscándolos durante quince minutos — comentó cuando estuvo la bastante cerca.



    Palmira se acercó a él y frotó su frente contra la del león por más tiempo del necesario. Luego tomó la oreja del chico entre sus dientes y tiró de ella suavemente. Ralph arrugó la frente en un gesto de dolor, pero no se quejó.



    — Estábamos hablando con Lian — explicó la leona al recién llegado.



    — ¿Y no fueron por mí? Yo también quería venir de paseo — se quejó el otro.



    — Es que no queríamos que la aburrieras — rio Palmira, antes de mostrarle la lengua al chico.


    — Gracias — masculló Ralph.



    — ¡Sabes que es un chiste! — la chica le saltó encima al león, abrazándose a su espesa melena negra.


    Al ser tan pequeña, Ralph podía cargarla sin hacer el menor esfuerzo. Era como si no pesara nada.
    Robert y yo intercambiamos una mirada, tal como solía hacer con Mheetu hasta hacía apenas unos días.



    — Acompáñame al manantial — pidió el recién llegado.



    Palmira liberó el cuello del león para quedarse quieta a un lado de él.



    — Iré con Ralph un momento — decidió. — Vendré a buscarlos más tarde.



    — De acuerdo — asintió mi acompañante.



    Ambos jóvenes dieron media vuelta y entre risas y cuchicheos se alejaron de nosotros. Clavé la mirada en sus nucas por un momento, observando como sus cuerpos se balanceaban al caminar entre la hierba.



    — ¿Son pareja? — me atreví por fin a preguntar.



    De ser así, ¿no era más lógico que se hubiesen ido ya a formar una manada propia en lugar de seguir con ese grupo de inadaptados?



    — No, pero lo serán pronto — explicó Robert, antes de girarse y empezar a alejarse del lugar.



    Salté en su dirección para alcanzarlo. Avancé a su ritmo, siguiéndolo a la par a cualquiera que fuese el sitio al que iba. Lucía serio, pero, de alguna forma, me parecía que solo estaba aburrido.


    — ¿A qué te refieres?


    — Ralph ha estado enamorado de Palmira desde que llegó a la manda — explicó. — Ella hace poco se dio cuenta que Ralph también le agrada. Es cuestión de tiempo para que se olvide de su amigo.



    Arrugó el rostro en una falsa y teatral expresión de dolor a la que respondí con un par de risas entre dientes.


    — No creo que se olvide de ti si son buenos amigos.


    Robert me miró de reojo con una ceja alzada.


    — Cuando tienes pareja, muchas veces te olvidas de otras cosas.



    — Ni idea — me encogí de hombros. — Nunca he tenido nada semejante.



    — ¿En serio? — se escuchaba claramente sorprendido.



    ¿Por qué nadie podía simplemente aceptar que yo no estaba hecha para eso? Incluso los extraños daban por sentado que debería tener experiencias en ese plano de vida sentimental. ¿Qué nadie conocía a alguien como yo? ¿Era acaso la primera leona en tomar esa decisión?



    — ¿Por qué? ¿Eso es malo? — lo reté.



    — No, claro que no — negó con la cabeza, antes de dedicarme una media sonrisa de pena. — De hecho, yo tampoco.



    Eso me hizo sentir extrañamente aliviada.



    Al fin alguien que compartía mi situación.



    — Aún no he encontrado a ese alguien especial.


    No. Falsa alarma. No era alguien que compartiera mi situación.


    Mi desilusión se hizo evidente, tanto que el chico debió haber pensado que había dicho algo incorrecto y se apresuró a agregar:


    — ¿Y tú qué tal?


    Para cuando llegamos a ese punto de la conversación, descubrí que Robert había estado guiándome hacia la cima de una colina cercana al área donde descansaba la manada. Habíamos dado la vuelta a la misma, y ahora teníamos una hermosa vista del grupo tendido bajo las sombras de los árboles que proyectaba sobre la sabana el sol crepuscular, como alargadas y esbeltas figuras negras que parecían simular la piel de un tigre en contraste con la luz anaranjada. Esta misma teñía bellamente las nubes, confiriéndoles un tono salmón.


    Aquello era, simplemente, majestuoso.


    — En realidad, yo tengo otra clase de planes — dije al fin, sin apartar la vista del paisaje. — Desde hace algún tiempo que mi sueño es viajar y conocer todo cuanto pueda de estas tierras. Explorar selvas, desiertos, cañones. Imagina todo lo que hay ahí afuera y nosotros ni siquiera estamos enterados.



    — Conozco una buena parte de eso — sentenció, y por inercia me volví para observarlo. — Muchas veces no es tan interesante como crees que es. Llega el día en que te cansas de esa clase de vida.



    — Dudo que yo lo haga — me defendí.


    Robert me miró de reojo y sonrió.


    — Uno nunca sabe.



    — ¿Y qué piensas hacer tú, señor Nomegustalaaventura?



    — Lo mismo que todos en el grupo. Formar una manada propia. Tal vez suene muy típico para alguien como tú, pero yo quisiera por fin tener una vida tranquila. Desde pequeño he tenido problemas que me han obligado a vivir constantemente huyendo de todo.



Ha vivido solo desde pequeño, nadie le enseñó. Las palabras de Yudhenic retumbaron en mi cabeza. Pero, ¿a qué se referían?



    — ¿Qué clase de problemas?


    — Muchos — sentenció, antes de ponerse serio.



    Tras pasar algunos segundos en completo silencio comprendí que no iba a hablarme al respecto. Decidí que lo mejor era respetar su privacidad. Solo él sabía que tan terrible podrían haber sido esos problemas como para no querer mencionarlos, y lo correcto era mantenerme al margen de su decisión por mucha curiosidad que esto pudiese causarme.


    — Yo viví en una selva durante una buena parte de mi vida — dije, en un intento por revivir la conversación. — Y aun así no me he cansado de buscar cosas nuevas que hacer.


    — ¿Por eso saliste de casa?


    — No, eso fue un accidente — lo miré con el ceño fruncido. — La vida en mi manada es agradable, pero no creo que sea ese mi destino.



    Robert me observó con una sonrisa en los labios. ¿Acaso era eso una burla?



    — ¿Qué es tan gracioso? — mascullé.


    — Nada. Nunca había escuchado a un chica con esas ideas.


    — ¿Eso significa que soy rara? — me ofendí, observándolo despectivamente. El chico me miró extrañado, y algo en ese mirar me hizo tranquilizarme, desapareciendo de repente mis ganas de golpearlo. — Por tu propio bien, lo tomaré en un buen sentido.



    El moreno rio entre dientes.


    — Si tú lo dices — dijo, clavando sus oscuros ojos marrones sobre los míos.


    Extrañamente, el gesto no me incomodó en absoluto. No causó en mi ningún sentimiento, pero tampoco estaba exento de estos. Fue solo calma. Una inmensa calma que me inundó. Sí. Su mirada proyectaba una tranquilidad que hacía mucho no sentía. Tal vez era eso lo que me hacía sentirme cómoda con él a pesar de ser un completo desconocido.



    — ¿Y qué piensas hacer ahí afuera?


    — No lo sé — me encogí de hombros. — Hay mucho por conocer aún. Ni siquiera estoy segura de que será una buena idea, pero la vida es una buena excusa para cometer errores que te harán sonreír cuando los recuerdes.


    — ¿Crees que esto sea uno de esos errores?


    Esa pregunta era algo que no esperaba. ¿Considerar esto como parte de mis aventuras? Técnicamente, estaba fuera de casa y realizando lo que había planeado. Pero no era como yo pensaba. Esto no contaba como tal, ¿o sí?


    — Ya lo veré — resolví.


    — ¿Sabes que es lo que yo veo? — giró la cabeza hacia el horizonte. — Que Louis está reuniendo a la manada y si nos retrasamos nos tocará dormir en los peores lugares.


    En efecto. No fue hasta que escuché su observación que noté el movimiento que estaba ocurriendo ahí abajo, en la pradera. La figura de Louis era fácil de reconocer aún en la distancia. El león empezaba a organizar al grupo bajo una frondosa acacia para resguardarlos de la noche. Reconocí a Yudhenic, Oswald y Karen buscando un sitio junto al árbol mientras el resto avanzaban hacia su posición. Incluso Palmira y Ralph estaban en camino.

    
    — Entonces será mejor que te des prisa.


    Y, antes de que Robert pudiese responde algo, salté cuesta abajo y comencé a correr. 



    Continúa...

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Vie Nov 25, 2016 3:21 am

buen capitulo hermana lily espro que sigas pronto y creo que deberia pensar ella en buscar el amor de su vida su media naranja veremos si lo consigue saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por león kopa el Miér Nov 30, 2016 10:03 am

Buen capitulo lilly talves lian encuentre a su verdadero amor algun dia solo hay que esperar a que llegue espero que sigas.

¡Saludos y rugidos!

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por LillyDiaz18 el Sáb Dic 03, 2016 11:48 pm

@KIRAN27 escribió:buen capitulo hermana lily espro que sigas pronto y creo que deberia pensar ella en buscar el amor de su vida su media naranja veremos si lo consigue saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

Gracias, amigo KIRAN x3
Creo que a veces reflejo un poco de mi propio pensamiento en Lian, pero ya verás como se van poniendo las cosas  Wink gracias por tu comentario!!

@león kopa escribió:Buen capitulo lilly talves lian encuentre a su verdadero amor algun dia solo hay que esperar a que llegue espero que sigas.

¡Saludos y rugidos!

Muchas gracias, amigo león kopa Very Happy
Como le decia a KIRAN arriba, ella ahora piensa así (todos pasamos por etapas como esa xD), pero aún tiene algunas cosas que aprender, ya verás a lo que me refiero jaja. Gracias por tomarte tu tiempo en dejarme un comentario I love you


Aquí la actualización:
________________________________

Spoiler:
 Para la "carrera" de Lian y Robert 
________________________________

    Capítulo 13: El león de la melena negra (2/2)


   El terreno escarpado e inclinado era toda una odisea, pero nada que no hubiese hecho antes. Hacía algunos años atrás Simba y yo pasábamos largas horas escalando y trepando todos los sitios que la selva donde Timón y Pumba nos llevaron podía ofrecernos. Esto era solo un juego de niños.



    — ¡Lian, espera! — reclamó el león, pero hice caso omiso de sus palabras.



    Las piedras y guijarros se incrustaban en la piel de mis patas sin llegar a lastimarla. Sin embargo, era suficiente para retrasarme. Cuando estaba a mitad de la cuesta, me percaté de que Robert había desaparecido de la cima. No me detuve a adivinar dónde se había metido, y continué saltando entre las hierbas y las piedras que se me presentaban en el camino.



    Apenas llegué al final de la cuesta, aceleré el paso. No había nada mejor que correr el terreno plano. Al menos, eso pensé hasta que descubrí que tenía compañía.



    Los jadeos de Robert y su estruendosa carrera delataron su posición. Giré la cabeza ligeramente para verlo por el rabillo del ojo. El chico corría con la boca entreabierta y con una graciosa expresión al realizar el esfuerzo. Sin embargo, me mantenía al paso de forma constante y sin flaquear.



    No pude evitar soltar una carcajada. Y pronto el león me coreó.



    Nuestras risas formaron una sola y estridente melodía que terminó por ahuyentar a una parvada de garzas que descansaban entre los pastizales por donde corríamos. Las aves, asustadas, alzaron el vuelo como si el cielo las hubiese reclamado repentinamente, y sobrevolaron por encima de nuestras cabezas, batiendo fuertemente sus alas. Por un segundo, la único que podía distinguir frente a mi eran un montón de plumas y picos que se movían en todas direcciones. Esto solo acentuó más mi risa.



    — ¡Más rápido, florecita!


    — Es lo más rápido — se quejó Robert.



    — Deberías pedirle ayuda a los chicos de atrás.



    — ¡Basta! — rio.



    El paisaje crepuscular lentamente deba entrada a la noche. El cielo tenía una tenue línea rosada ahí donde el sol se había ocultado, misma que se degradaba lentamente a un tono lila que terminaría por tornarse azul. Lucía precioso. El aire fresco golpeaba mi rostro e inundaba mis pulmones. La tierra bajo mis patas se sentía aún tibia, y los grillos ocultos entre las piedras empezaban a tocar sus arrullos nocturnos.



    Y en medio de todo esto, Robert y yo no parábamos de reír.



    — ¡Tienes que hacer esto más seguido! — exclamé, bajando un poco la velocidad para ir a la par del león. — Eres terrible.



    — ¿En serio? — espetó con sarcasmo.



    — Iba a dejarte ganar, pero por tu sarcasmo te quedarás sin lugar.



    Retomé el impulso y dejé atrás al joven en cuestión de segundos. La acacia donde la manada se reunía estaba a solo unos metros frente a mi. Robert no tenía ninguna posibilidad de ganar.



    Pero sus pasos reaparecieron al poco tiempo. Y al girar un poco la cabeza, me topé de nuevo con él. Me dedicó una sonrisa traviesa y arqueó una ceja a modo de saludo.



     — No te dejaré — sentencié, y forcé a mis músculos a acelerar.



    Empezaban a arderme por el cansancio. Pero era un dolor agradable si con eso ganaba la carrera. Un par de saltos bastaron para recuperar la delantera. Sin embargo, olvidé que estaba corriendo hacia un punto específico como meta. Y que ese punto específico era un árbol. Y que ya no tenía tiempo para desacelerar.



    Para cuando recapacité eso, era demasiado tarde. Detuve mi carrera, clavando las garras en la tierra con la intención de frenar. Pero fue en vano: mi cuerpo no conseguiría deshacerse de toda aquella energía cinética solo porque sí. Y frente a todo el grupo terminé por golpearme contra la superficie áspera del tronco de la acacia.



    La colisión en sí no me dolió ni causó el menor daño. Había alcanzado a alzar los brazos frente a mí, y eso había evitado que mi cabeza golpeara contra el tronco. Sin embargo, la forma en que embestí al árbol fue tal que sacudió sus ramas vigorosamente, y cientos de hojas y ramas secas cayeron sobre los jóvenes que buscaban un sitio dónde dormir.



    Mönche, quien ya había empezado a dormitar, quedó cubierto por una montaña de hojas marchitas que desaparecieron su figura de nuestra vista. Tardó apenas unos segundos en reaccionar, sacudiéndose vigorosamente la basura que la había caído encima.



    — ¿Qué está pasando? — preguntó, sorprendido.



    Eso desató definitivamente las risas de la manada. Aunque no estaba segura si reían por mi o por Mönche, decidí que lo mejor era corear las risas. De cualquier forma, no debía tomarme enserio nada que no me hiciera reír.



    Robert se acercó a mí soltando algunas carcajadas. Eran desacompasadas y su voz sonaba ligeramente ronca, pero me resultaba divertido escucharlas.



    — ¿Estás bien? — preguntó una vez que recobró la calma.



    — ¡Te gané! — le dediqué una sonrisa de triunfo.



    Bajó las cejas hasta dejarlas totalmente rectas y puso los ojos en blanco. Reí ante su gesto.



    — Bien, entonces creo que iré a dormir — agregó, antes de dar media vuelta y empezar a alejarse del grupo.



¿A caso estuvo mal?, me preocupé.



    — ¡Oye, espera!



    Sin dudarlo, di la espalda al grupo de leones que había dejado en medio de un mar de ramas marchitas de acacia para ir tras el chico. La Luna ya empezaba a brillar en lo alto del cielo, y su nívea luz me ayudaba a ver en medio del campo para caminar sin tropezar. Un par de saltos fueron suficientes para alcanzarlo por el flanco izquierdo. Tenía una expresión seria y la mirada fija en el horizonte.



    — Solo estaba jugando. No tienes por qué irte, Robert.



    Me miró de reojo.



    — No es eso — suspiró, y sus facciones se relajaron. — Es solo que me gusta dormir apartado de la manada.



    — Oh — fue todo lo que se me ocurrió decir. — ¿Por qué?



    — A veces son algo groseros y… no quiero problemas.



    ¿Groseros? Yo había visto que Oswald disfrutaba molestando a Louis y a Yudhenic, pero no me parecía grosero. Tal vez porque yo misma solía comportarme así en ocasiones; tal vez porque aún no lo conocía bien.



    — Entonces, ¿dónde dormirás tú?



    — Con Palmira, como cada noche.



    — ¿A Palmira también le parecen groseros?



    — No — sonrió de forma tímida, bajando ligeramente la mirada. — A ella le aburre estar siempre con Ralph. Si se queda con la manada, él seguro estaría sobre Palmira todo el tiempo.



    — Creí que habías dicho que ella lo amaba — arqué una ceja.



    — Ellos solo se gustan — me corrigió. — Amar es diferente que gustar. Amar a alguien es algo más fuerte. Puede gustarte alguien sin que llegues a amarle. Amar es entregarlo todo, incluso la vida si es necesario.



    Al terminar la oración, el chico volvió a ponerse serio, como si hubiese pensado que lo que acababa de decir estaba mal. Estaba a punto de preguntar que le ocurría cuando noté que ya nos habíamos alejado bastante de la manada. Miré al frente y me topé con otra acacia, de menor estatura, donde Palmira ya había encontrado un sitio donde recostarse. La leona parecía llevar largo rato observándonos, y cuando mis ojos se toparon con los de ella, me dedicó una sonrisa con la lengua de fuera.



    — Hola, Robert. Hola, Lian — saludó, hablando con una voz ligeramente más aguda de lo normal.



    — ¿Qué tal te fue con Ralph? — preguntó Robert, deteniéndose frente a su amiga.



    Yo lo imité.



    — Nada interesante, solo fuimos por agua — resopló la leona, sin perder la sonrisa. — Es decir, ¿cuantas cosas interesantes pueden hacerse en un manantial?



    Robert entrecerró los ojos y enarcó una ceja.



    — Ya sé lo que estás pensando, pero no — la leona lo golpeó en el hombro.



    Me limité a observarlos sin entender la plática. Me picaba la curiosidad, pero decidí que era mejor mantenerse al margen. Una princesa no es entrometida, dictaban mis lecciones de la infancia, y por mucho que deseara desobedecerlas, imaginaba a mi madre observándome desde algún punto a mis espaldas, poniendo esa mirada suya de desaprobación ante alguna de mis acciones. Eso bastaba para limitarme a guardar silencio y observar.



    — Deberíamos hacer algo mañana para compensar lo de esta tarde — propuso la chica.



     — ¿Deberíamos, disculpa? — Robert fingió estar ofendido. — ¿Quién fue la que nos abandonó? Cámbialo por: debería hacer algo.



    — Deja de corregirme — se quejó Palmira, sonriendo antes de volver a sacar la lengua. — Sabes a lo que me refiero. Podemos ir a pasear temprano, antes de la hora de comer.



    — Solo si no vuelves a irte — refunfuñó el león.



    — Le preguntaba a Lian, inútil.



    — A mí me agrada la idea — asentí.



    — Bien, entonces saldremos al alba — decidió la chica. — No hagas planes con nadie más, ya te apartamos nosotros.



    — De acuerdo — reí.



    Mire por encima del hombro en dirección al resto de la manada. Todos habían escogido ya un lugar para pasar la noche, y pude notar que Yudhenic, Oswald, Edward y Karen miraban en mi dirección.



    — Están esperándote — puntualizó Palmira.



    — Creo que ya es hora de irme — asentí, volviéndome hacia ellos. — Los veré mañana, entonces. Buenas noches.



    Empecé a caminar en dirección al grupo.



    — Buenas noches, Lian — respondieron a coro los jóvenes que dejaba a mis espaldas.



    Esto, por alguna razón, revivió los recuerdos de Kopa y Vitani que tenía almacenados en mi cabeza. ¿Cómo estaría esa pequeña en estos momentos? ¿Sabría ya lo que había ocurrido con su querido Kopa?



    Sentí una punzada de dolor al pensar en cómo reaccionaría cuando se enterase. Sus vivaces ojos se humedecerían, tornándose de un azul cielo a un azul acuoso en fracciones de segundo. Sus cejas se fruncirían en un gesto de dolor e incertidumbre. Las aletas de su nariz se moverían casi tan rápidamente como las de un conejo y, por último, una pequeña lágrima, brillante y transparente cual diamante, se perfilaría desde sus ojos hasta sus mejillas para dar inicio a la aparición de cientos de sus hermanas.



    Imaginar el llanto de Vitani provocó que las emociones que había mantenido ocultas durante el día se removieran dentro de mí e intentaran escapar al exterior. Cerré los ojos con fuerza y aceleré mi respiración en un intento desesperado por conseguir que la sensación desapareciera antes de que llegara con la manada.



    Es increíble la forma en la que un pensamiento puede alterarnos.



    — ¡Hey, Lian! — reconocí la voz de Oswald. — Solo los murciélagos pueden moverse en la noche sin ver, ¿sabes?



    Abrí los ojos.



    El león, al igual que una buena parte de la manada, tenía la mirada sobre mí. Por un segundo, me sentí avergonzada al haber sido descubierta, pero nuevamente la voz de antaño de mi madre vino en mi rescate.



Una princesa nunca debe sentirse intimidada, decía cada vez que yo retraía mis orejas y agachaba la cabeza cuando notaban alguna de mis travesuras.



Camina erguida y con la cara en alto, repetí sus palabras en mi cabeza, imaginando su rostro desaprobatorio si me viese comportarme así.



    Recorrí los últimos pasos que me separaban de ellos de esta forma, mientras ideaba una forma de excusarme. Algo lo suficientemente bueno para hacer que borrase de sus labios aquella sonrisa infantil y burlesca que, por alguna razón, conseguía hacer que me dieran ganas de golpearlo.



    Empezaba a entender a Yudhenic.



    — Intentaba concentrarme en los sonidos — expliqué, tumbándome algunos metros frente a él. — Afinar el oído es bueno. Si lo hicieras más a menudo podría ayudarte a que consiguieras cazar algo.



    — ¿Qué quieres decir? — arqueó una ceja. — ¿Insinúas que soy tan malo como Robert?



     — Cállate — lo reprendió Yudhenic, recostada contra el tronco del árbol, detrás de él. — Hablas tan alto que pareciera que quieres que te escuche.



    Inevitablemente, el grupo que me había encontrado el primer día se volvió en dirección la acacia donde descansaban los dos chicos con los que había pasado la tarde. Yo hice lo mismo. Aún en la oscuridad, logré distinguir los ojos de Robert clavados sobre nosotros. Sentí una punzada de culpa al pensar en la posibilidad de que hubiese podido escuchar las palabras del león de melena ondulada.



    — ¡Hola! — saludó Oswald, descaradamente.



    Robert respondió con un ademán de la mano, antes de recostarse cómodamente a un lado de Palmira.



    — Inútil — susurró el chico, con lo cual, se hizo ganador de un golpe por parte de Yudhenic.



    — ¿Por qué me pateas? — se quejó el león. — ¿A caso tu abuela era una mula?



    — No, pero la tuya sí — se defendió la chica, antes de propinar otro golpe a Oswald.



    — ¡Yudhenic!



    Era una estupidez, pero simplemente no podía evitar, por lo menos, esbozar una sonrisa ante un comportamiento tan absurdo.



    — ¿Van a dejarme dormir, o seguirán hablando toda la noche? — se quejó la voz de Louis.



    Me giré para escrutar la noche en su búsqueda. La silueta del chico apareció recostada de espaldas a nosotros, a varios metros de distancia. Tenía la cabeza ligeramente alzada, y parecía que nos observaba por encima del hombro.



    — Lo segundo no parece una mala opción — respondió Oswald.



    — ¿Alguna vez alguien te había dicho lo molesto que eres? — inquirió Louis.



    — ¿Alguna vez alguien te había dicho que actúas como una nena?



    — ¡Cierren el pico! — se quejó una voz femenina que no pude reconocer.



    Pero, extrañamente, eso bastó para hacer aparecer el silencio. Los integrantes del grupo que se habían quedado despiertos escuchando la conversación se acurrucaron en sus lugares, buscando un buen punto para descansar. Incluso Oswald y Yudhenic.



    Y así fue como me quedé sola, en medio de la noche, disfrutando del espectáculo nocturno.



    Las luciérnagas empezaron a aparecer, una a una, como pequeñas centellas que revivían a los pocos segundos. Al igual que las estrellas. Al levantar la mirada al cielo me topé, nuevamente, con la constelación del león. Lucía tan clara y nítida. ¿Cómo era posible que antes no la hubiera notado? Ahora parecía que no se apartaba de mí. Como si estuviese cuidándome.



    E inevitablemente pensé en papá.



    Él había dicho que todos los reyes estaban ahí, en las estrellas, en lo alto del cielo, observando nuestros movimientos para ayudarnos cuando fuese necesario. ¿Sería eso cierto? ¿La constelación y su repentina aparición en el firmamento (para mi) era prueba de ello?



    Por un momento, lo imaginé al lado de su nieto.



    ¿Kopa estaría con él? No había llegado a ser rey, ¿tendría derecho a estar junto a sus antepasados? ¿O el gran Ahieu, en su infinita sabiduría, tenía otro destino para el niño? ¿Llegaría a verlo cuando mi vida finalizara también?



   Derramé un par de lágrimas mientras razonaba aquello, confiada en que todos dormían y nadie podría verme. ¡Cuánto anhelaba volver a ver a Kopa! Si tan solo fuese posible escaparme un segundo para ir ahí arriba a buscarlo. Para contemplar de nuevo sus vivaces ojos, y perderme en la dulzura de su sonrisa. Para acariciar el mechón rojizo de su frente y volver a sentir su cálido aroma.



    Lloré sin reparos ni pesares. Esta vez, el único testigo era aquél león de estrellas y la soledad de la sabana durante la noche.




    Cuando sentí que no podía más, que la cabeza me daba vueltas y que mis párpados estaban tan hinchados que no podía mantenerlos abiertos, recosté la cabeza sobre la frescura de la hierba. Cerré los ojos y me entregué al tentador abrazo del sueño.

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Re: Lian's Story (Fan Fiction)

Mensaje por KIRAN27 el Mar Dic 06, 2016 1:01 pm

buen capitulo hermana lily vaya me parece que esta un poco regular ella veremos si puede mejorar las cosas saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermana lily nwn

KIRAN27
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