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The story of Aba [Fan-fic]

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Re: The story of Aba [Fan-fic]

Mensaje por KIRAN27 el Dom Jun 12, 2016 10:15 am

buen capitulo incluuendo el estra amigo aba espero que sigas pronto y bueno es muy peligro ir a lugares sin alguien acompaño ejje saludos y rugidos y un fuerte abrazo nwn
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Re: The story of Aba [Fan-fic]

Mensaje por Aba el Mar Jul 05, 2016 8:16 pm

Hola manada. Ya está aquí el siguiente capítulo de mi Fan-Fic. A diferencia de los anteriores capítulos, este, tiene un narrador omnisciente. Solo es para probarlo, si no es de agrado, pues volverá Aba como narrador. Además, usaré "ꟷꬽꟷ" para indicar un cambio de escena muy drástico o un lapso de tiempo muy extenso. Sin más que añadir os dejo con el capítulo.


Capítulo 6 - El Consejo:

La luz restante que quedaba en el bosque se extinguía justo cuando la última gota de la tormenta se posaba en una de las muchas hojas. A pesar de que la tormenta abandonó  el bosque, hacia las montañas y había dejado de llover, se había quedado una pesada y húmeda niebla. Solo algunos árboles conseguían atravesar la capa de densa niebla y brillar bajo la luna llena. Era plenilunio, y aquella noche se podía ver con claridad algo inusual en una de las escasas copas que sobrepasaban la capa. Un león. En medio del bosque, sobre un árbol. Acostado en una rama, con el pelaje empapado debido a la tormenta que le había caído. Los dos días anteriores no había parado de llover, y le había impedido llegar a su destino, las montañas. Tenía la vista perdida en la dirección de estas, parecía como si estuviese en otro mundo. Estaba impaciente por llegar a las montañas, la única cosa que lo separaba de la sabana, el hábitat que llamó hogar durante su época de cachorro travieso. A pesar de que Aba estuviera relativamente cerca de la cordillera, no las había podido ver en los días que duró la tormenta por culpa de las nubes que rodeaban las altas montañas. Si todo salía bien, a la mañana siguiente partiría hacia allí, aunque le costara llegar, y encontrase al Consejo Congo. Aba, pensando en lo que haría una vez en la sabana, no se percató de que empezaba a dormirse en aquella rama, mirando hacía la luna, que brillaba sobre la sierra.
ꟷꬽꟷ

Las sombras de las montañas decaía. El cielo nocturno se llenó de colores entre amarillo y naranja. Aba se levantó lentamente, aún cansado, y sacudió el cuerpo, intentando quitarse la molesta agua del pelaje. Entrecerró los ojos debido al sueño que tenía, pero recordando lo cerca que estaba de las montañas le hizo dar un salto para despertarse por completo y no caer dormido. El sueño no había sido muy reparador para el joven león. A lo mejor sabía cómo escalar árboles y cazar en ellos, pero dormir sobre ellos era muy incómodo, más que nada porque la rama en la que había dormido durante esos dos días era muy fina. El dolor de espalda que había obtenido por dormir sobre aquel árbol se esfumó cuando el león se estiró un poco, arqueando la columna, liberando la tensión. Cuando acabó sus estiramientos y miró hacía la cordillera exhaló un suspiro.

<< Espero que haya un buen desayuno esperando allí >> pensó Aba dirigiendo la mirada a las montañas, que se alzaban en el este.

El cielo crepuscular transmitió sus colores a las montañas, y luego a los árboles, los cuales ya se habían liberado de la pesada niebla. El sol asomó su aro sobre las montañas y poco a poco fue elevándose sobre el cielo amarillento. Cuando las sombras de las montañas abandonaron el bosque las gotas de la tormenta que se habían depositado sobre las hojas del bosque comenzaron a brillar. Haciendo que el bosque destellara todo junto. Al mismo tiempo, un arco iris se formaba sobre la sierra, dejando ver al león su gama de colores. Aba había visto arcoíris antes en la sabana, pero aún así, dejó la impaciencia que tenía de llegar a las montañas y se quedó mirando el bosque luminoso un rato más.

Iba de rama en rama como un mono, cada vez más abajo, agarrado con las zarpas para no caer. Cuando estaba ya cerca del suelo, se empezó a detener poco a poco hasta colocarse en la rama más baja que tenía el árbol. Se le acabó la ilusión de ir velozmente a las montañas al ver la calidad del suelo. El lodo seguía allí. Había pensado en esa opción antes de que el sueño pudiese con él la noche anterior, pero intentó no preocuparse demasiado. Caminaba de un lado a otro de la rama, desesperado por bajar allí y seguir su camino. Entonces se paró, intentando tranquilizarse para pensar con más claridad. Se sentó y pensó, ahora con cabeza, su próximo movimiento. Lo mejor era esperar a que se secara el lodo para continuar tranquilamente. Pero el tiempo que Aba había pasado en la jungla le habían enseñado que el clima allí es traicionero. La tormenta podría volver, y pensar en dormir una noche más sobre una rama le resultaba agobiante, con el pelaje mojado y el viento frío de las montañas cercanas chocándole con fuerza, haciendo que tiritara. No quería estar otra vez en esa molesta situación. Por lo que, de un ágil salto, bajó del árbol y posó sus patas en el suelo. Empezó a caminar lentamente por el fango, siguiendo la dirección en la que había salido el sol minutos antes. Avanzó con dificultades por el bosque, se esforzó al máximo, y sabía que tenía que conseguirlo. Intentó concentrarse y olvidar el cansancio pensando en la imagen de él mismo corriendo por la sabana, con las gramíneas rozándole el pelaje y el viento ondeando su melena, (a pesar de que todavía no tenía melena). Perdió la noción del tiempo en su mente, repitiendo una y otra vez la imagen mental, disfrutando cada repetición. Pero como era de esperar cansancio pudo con él y tuvo que detenerse en una roca que sobresalía del lodo. Se acostó sobre ella, con las patas embarradas y con la lengua fuera intentando refrescarse un poco después del esfuerzo titánico que había hecho. Estaba agotado, y no fue hasta que sus sentidos, cansados, volvieran a funcionar, cuando se dio cuenta el lugar donde se encontraba. Una roca. Pero no una solitaria, si no un cúmulo de ellas. Se amontonaban delante de él, cada vez más alto y más unidas entre sí. Había llegado a las montañas. Exhaló otro suspiro de alivio. Se levantó y empezó a escalar poco a poco el cúmulo, pero las patas le fallaron y calló. Abatido, se quedó allí tirado y entonó una leve sonrisa. Le recordó la vez, hace un par de semanas, que se encontraba en la misma situación, en el río, abatido de cansancio. Pero no solo fue el cansancio lo que le recordaba a aquella situación; También sintió la misma sensación que tuvo cuando Thoko lo observaba en el río. Eso significaba que… lo observaban. Se puso en guardia de un salto y se colocó en la posición de defensa que le había enseñado Priscus. Lo sentía, pero no de donde venía, sabían esconderse. Entonces recordó lo que le había dicho Thoko: “Ellos te encontrarán”. Era arriesgado rendirse, pero si era el Consejo Congo no habría ningún peligro. Tranquilamente, dejó la postura de defensa.

- No soy peligroso, solo quiero hablar con el Consejo Congo -. Gritó Aba hacía todas partes.

Entonces unas risas se oyeron de entre las rocas que se encontraban unos metros más arriba. La silueta de un babuino salió del lugar de donde provenían las risas. El babuino se acercó a Aba lentamente. A Aba no le gustaban para nada los babuinos, ya que le habían molestado varias veces en el pasado. A pesar de querer adoptar otra vez la postura defensiva o retroceder algo en su interior le decía que era una mala idea, ya que, seguramente habrían más animales vigilándole. Finalmente el babuino se detuvo cerca de Aba. Los rayos de luz que se colaban por las hojas de los árboles dejaron al descubierto el cuerpo del babuino, lleno de cicatrices de peleas pasadas. Entonces el babuino abrió la boca y dijo en tono autoritario:

- El Consejo Congo ya no existe -. Dijo el babuino.

A Aba se le heló la sangre al oír al babuino pronunciar esa frase, se quedó allí petrificado delante del babuino, que lo miraba con frialdad. No conocía las montañas, y sin la guía del Consejo del que había hablado Thoko no conseguiría atravesar las montañas. La herida de la pata era lo de menos, si no las montañas en sí mismo. Gélidas en su mayoría, vientos fuertes y valles sin salida, grutas y desfiladeros.

- No se ven muchos leones por aquí, por no decir ninguno -. Dijo el babuino intrigado. – Pareces cansado, creo que deberías descansar -. Dijo nuevamente llamando a los otros animales, que salieron del mismo lugar que él. El grupo de animales creó un círculo y empezaron a hablar en voz baja para que el nuevo individuo, que estaba a unos metros de distancia, no se enterara de que. Varias veces, alguno de los integrantes del círculo miró a Aba con curiosidad, o podía ser con temor. Cuando acabó la conversación secreta, el círculo se descompuso y los animales retrocedieron hacía las rocas nuevamente, a excepción del babuino, que miró a Aba nuevamente y añadió. – Nosotros mismos podríamos dejarte descansar aquí, a cambio de una pequeña cosa, pero por ahora no importa -. El babuino indicó a una serpiente que se acercara, y le dijo algo en voz baja, cosa que Aba no pudo descifrar. La serpiente se acerco a Aba, este retrocedió un poco asustado por la rápida reacción de la serpiente.

- No te asustess -. Pronunció la serpiente con el siseo descriptivo de su especie. Y luego añadió. – Ssolo te voy hacer una pequeña guía de la zzona. Luego podrás descansar. – La serpiente hizo una seña con la cola para que el león lo siguiera. Pero este se quedó un rato quieto mirando como la serpiente se alejaba, aunque luego acabó accediendo a la invitación de la serpiente.

ꟷꬽꟷ

La zona estaba llena de pastos, con algunas rocas. Cuando el terreno se elevaba las rocas empezaban a dominar y los pastos se extinguían. Un poco más arriba, las montañas se empinaban, y mucho más arriba, una extraña sustancia blanca cubría las montañas más altas. Como el león había pensado, el viento era frío, y con cada ráfaga que le tocaba se helaba por dentro, ya que, no estaba acostumbrado a aquel clima. Seguía a la serpiente por el  verde valle. Por el camino varias especies de animales distintos se asomaban de entre las rocas o de los desfiladeros que se abrían dividiendo el valle, para observar con curiosidad a Aba. Se sentía nervioso, nunca había sido el centro de atención de tantos animales a la vez. Se sentía como un extraterrestre, y con razón. Posiblemente aquellos animales jamás hubieran visto un león. Ya que, si lo que dijo Thoko era cierto, esos animales provenían del interior de la jungla, donde la población de leones era casi inexistente.

- Al igual que elloss, yo tampoco e vissto nunca un león -. Dijo la serpiente sacando a Aba de sus pensamientos. – A mí tampoco me caess muy bien.– El tono de la serpiente cambió, y ahora sonaba desafiante, lo que hizo darse cuenta a Aba que no era bienvenido allí. Luego recordó, que no fue él el que pidió cobijo para descansar, si no el babuino, por lo que no era su culpa. Aba frunció el seño, intrigado de la respuesta a la pregunta que se había formulado así mismo, ¿por qué el babuino lo había invitado tan a la ligera?

Después de una larga caminata por el valle la serpiente se paró.

- Hemos llegado .- Pronunció señalando con la cola a una cueva que se abría a través de montaña. Aba miró la cueva intrigado, haciéndose otra vez la pregunta. Además de dejarle quedarse, le habían dado una cueva propia. Algo no encajaba, pero Aba entonces se percató de que la serpiente empezaba a perder la paciencia y decidió aventurarse al interior de la cueva para no molestar más a la serpiente. El león se paró en la entrada, la observó minuciosamente. Había aprendido desde que había abandonado el lago que algunos animales eran traicioneros, y estos que acababa de conocer no eran menos sospechosos. La cueva no parecía nada extraña, no parecía tener ninguna trampa, nada. Una simple cueva. Aba se dispuso a entrar para separarse del viento, que le estaba helando. La entrada era pequeña, y el león tuvo que maniobrar para poder entrar sin hacerse ningún rasguño. Una vez dentro, se relajó y se sentó cerca del centro, desde donde comenzó a observar la cueva más minuciosamente. El viento no conseguía entrar por la pequeña entrada. Además, la cueva estaba bien iluminada para ser una cueva; La luz entraba por un gran boquete en la parte superior de la cueva. A pesar de que la entrada de la cueva fuera enana, la cueva en si era relativamente grande.

Ahora que había pasado el frío y el león empezaba a coger calor se volvió a hacerse preguntas. Una de ellas era la razón de la aceptación que había presentado el babuino. Además, ¿qué había ocurrido con el Consejo? Estaba cansado pero decidió ir a hablar con el babuino sobre el Consejo, habría más tiempo después para descansar. Salió de la cueva, y una nueva ráfaga de viento gélido de las montañas lo azotó con dureza. Deseaba volver a la cálida cueva, pero tenía que conseguir al menos alguna pista sobre el destino que tuvo el Consejo.

A su paso, como había pasado antes, algunos animales salieron de sus escondrijos del desfiladero para observarlo. Se sentía el ambiente cargado de tensión. Las miradas que le dedicaban al nuevo…

Varias veces Aba intentó acercarse a los habitantes de la montaña para preguntar la localización del babuino, pero siempre huían de él. Le temían, y el león lo sabía, pero lo que no sabía era como demostrar que no quería hacerles daño. Después de un rato caminando, Aba vio que el valle se iba estrechando, hasta convertirse en un estrecho camino. A ambos lados, enormes montañas se alzaban desafiantes. Miraba las cumbres de las montañas confuso. Un material que jamás había visto se posaba sobre ellas, cubriéndolas en su mayoría. Se sentó allí y las contempló. Siempre había visto el horizonte plano, interrumpido por algún árbol; Pero allí las montañas no dejaban que se vieran.

ꟷꬽꟷ

El cielo comenzaba a oscurecer. Si de día el viento de las montañas le había hecho tiritar, de noche sería insoportable, incluso mortal para un ser que estaba habituado a ambientes cálidos. El león dio media vuelta, dirigiéndose hacia la cueva que le habían asignado. Había aguantado el frío de la tarde en el valle, pero temía que no pudiera con el nocturno. Cuanto más oscureciese, más frió habría, y para entonces, era mejor estar en una cálida cueva. Aba aumentó el ritmo, ya que el sol ya se había ocultado tras la selva del oeste. La oscuridad comenzó a reinar por el valle. El león miró desconcertado los desfiladeros por los que le habían observado anteriormente sin ver a nadie. Parecía como si no hubiera vida en el valle. La luna salió de detrás de las montañas justo cuando Aba llegó a la entrada de la caverna. Pero se detuvo frente a la entrada a pesar del que el viento siguiera azotándole. Para su sorpresa, una luz rojiza salía del interior. Entró cuidadosamente, haciendo las mismas . Frente a luz se podía observar una silueta, que movía palos al lugar de origen de la luz. Entonces la silueta se movió bruscamente, había detectado la presencia de Aba en la entrada, mirándolo.

- Adelante… ¿Qué pasa?, ¿tienes miedo del fuego? -. Dijo la voz de la silueta. Aba frunció el seño, hasta que reconoció que era la voz del babuino. Aba accedió y el babuino le hizo una seña para que se sentase cerca del lugar que emitía luz. Luego, el babuino se sentó al otro lado del centro, donde se hallaba el fuego. Intentó parecer serio, pero no pudo resistirse soltar una carcajada al ver la expresión que tenía el león al mirar al “fuego”. – Me imagino que nunca has visto “fuego”. No me extraña, ningún animal que conozca sabe cómo crearlo, menos… Bah, da igual. Siento curiosidad león, ¿qué hace una animal como tú en las montañas?

- En realidad, no sé muy bien que hago ahora. Iba a intentar atravesar la cordillera. Tenía en mente encontrarme con el Consej…- El babuino no dejo terminar la frase a Aba. Parecía enfadado, como si le fuera insultado.

- El Consejo Congo ya no existe, ya te lo he dicho-. Dijo el babuino enfadado y desviando la mirada hacia otro lado. Luego volvió a mirar a Aba a los ojos. Y este se estremeció por la mirada fría del babuino. - ¿Por qué quieres verte con el Consejo? , son mentirosos. Dicen que no es seguro volver a la “zona conflictiva”.

- La “zona conflictiva” no es segura -. Rectificó Aba. – Yo mismo vengo de allí, y te aseguro que es peligrosa

- Con que has estado allí… sabes la verdad… -. Dijo el babuino en voz baja, levantándose y acercándose a la entrada.- Mañana hablaremos, seguro que el lodo ha sido un adversario formidable.

El babuino abandonó la estancia rápidamente, sin dejar tiempo a Aba de preguntarle nada más. Dejó a Aba solo con aquel “fuego” en medio de la cueva. Le preocupaba ese extraño elemento, pero emitía un calor reconfortante. Después de haber dormido en una rama, la roca estaba comparativamente muy bien, y junto con el calor que obtenía del “fuego” la cueva estaba en perfecta condición para dormir. A pesar del confort que tenía el león, no paraba de repetir una y otra vez las palabras que había dicho el babuino antes de marcharse: <>. El babuino había intentado que Aba no lo oyese, pero no lo había conseguido, o, ¿a lo mejor sí?, y Aba estaba mal interpretando aquello. Aunque si había oído bien, algo no encajaba bien en aquel lugar. Algo estaba ocurriendo y Aba lo pasaba por alto. Además Aba no había conseguido las respuesta que había buscado. Seguía sin saber lo que le pasó al Consejo. Y tampoco sabía lo que había querido decir el babuino con lo de “sabe la verdad…” . Intentando unir hilos, Aba comenzó a gastar la reserva que le quedaba del cansino día, y poco a poco comenzó a quedarse dormido. El “fuego” seguía emitiendo luz y calor, y el león sonrió por la calidez que había en aquel lugar.

ꟷꬽꟷ

El humo se elevaba por el boquete de la cueva, hacia el cielo estrellado. Un poco más allá, un babuino observaba la columna como se elevaba. Así que ese león sabe la verdad’ pensó. Al rato una congregación de animales se acercaron al lugar donde se encontraba el babuino.

- No me gusta el nuevo “invitado” de Poszo -. Dijo uno de los animales que se habían reunido en un círculo entorno al babuino.

- En qué estabas pensando cuando lo invitaste a quedarse -. Añadió otro.

- Verdad Poszo, ¿dinoss tu nuevo plan en cuanto a esse león?-. Dijo la serpiente que había acompañado a Aba de mala gana a su cueva.

Entonces Poszo, el babuino, escaló una roca cercana. Y con su nueva posición elevada comentó a los animales que se habían reunido allí:

- Tranquilidad, tranquilidad gente. Es un animal muy fuerte, y creo que podríamos usarlo para recuperar lo que es nuestro. Nunca tendremos la oportunidad de tener de nuestro lado un ser tan… exótico. Prometo que mañana hablaré con él y le ofreceré la propuesta. Si la rechaza, lo echaremos y que corra su suerte.

La reunión empezó a decir cosas en voz baja pero al final aceptaron la idea de Poszo.

- Se acabo la reunión-. Dijo Poszo finalizando la reunión. Entonces, los animales fueron abandonando el lugar hasta que solo quedó Poszo y su fiel amigo, que era una serpiente.

- ¿Ess verdad qué sse lo ofreceráss? -. Dijo la serpiente mirando a los ojos de Poszo, quien le devolvió la mirada.

- ¿La propuesta? Claro que no, o al menos, no como la gente cree que lo haré. Creo… creo que conoce la realidad. Y si es así, es un peligro para mi plan. Ahora, déjame pensar cómo conseguir quitarlo del medio-. La serpiente asintió con la cabeza y abandonó también el lugar como los demás.
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Re: The story of Aba [Fan-fic]

Mensaje por KIRAN27 el Miér Jul 06, 2016 3:05 pm

buen capitulo  amigo aba espero que sigas pronto vaya increible un gran consejo que hubo pero se destruyo espero que sigas pronto sera emocionante saludos y rugidos y un fuerte abrazo amigo aba
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