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Dharau, el león blanco II.

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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por MeGustaElAnime el Vie Jun 19, 2015 5:42 pm

Buenos capítulos. Espero que sigas con la historia y que Mabatu comprenda que su hermano es el heredero. Saludos
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por KIRAN27 el Sáb Jun 20, 2015 4:00 am

buenos capitulos hermano espero que sigas pronto se pone interesante la historia saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermano
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Zyah el Mar Jul 07, 2015 10:18 am

Capítulo V.
Tiempo de lecciones.

Durante el resto del día, Mabatu se pasó junto a su madre ya que, según él, resultaba ser la única en la que podía confiar. Sus amigos habían ido a invitarlo para jugar varias veces, pero él solamente negaba con la cabeza y se acurrucaba más al lado de Amanada. Incluso Anthea le había propuesto ir a caminar, y estuvo por aceptar, aunque finalmente se negó como había hecho hasta ese momento. No tenía ganas de jugar, se sentía traicionado por su propio padre y hermano. Él siempre había creído que sería el siguiente en la línea de sucesión, pues era el más inteligente de los tres y quien más atención presentaba durante sus lecciones. Si bien Mabatu había escuchado gran parte de la charla que su padre había tenido con Yañez, él no podía comprender el motivo de que no fuese el futuro rey. ¿Tanto le costaba a su padre modificar la ley? Él era el rey, podía hacer lo que quisiera. ¿Por qué no era él su sucesor? ¿Acaso sería por la vez en la que él le hizo la broma Jumka? Solamente había sido una broma aunque, en su momento, el ave no lo había tomado de tal forma e incluso lo había amenazado con decirle a su padre. Sin embargo, él le suplicó tanto que Jumka finalmente había decidido no decirle. Pero, si ese pajarraco se había atrevido a decirle a su padre sin que él se diera cuenta, y ahora por su culpa ya no era más el heredero, él mismo se encargaría de charlar con él... Claro que también podía ser por otra causa, pero al cachorro no se le ocurría nada más.

Se encontraba pensando en eso cuando Yañez se acercó a él y a su madre. Mabatu movió la cabeza para mirar con seriedad a su hermano mayor, quien se encontraba bastante agitado y alegre, seguramente por todo lo que había corrido hasta llegar donde se encontraba él con su madre. Aunque ignoraba a qué se debía tanta alegría, y lo cierto es que a Mabatu no le importaba. Así que volvió la cabeza y trató de seguir durmiendo.

―Ven, Mabatu, tienes que ver esto.

―No molestes― gruñó su hermano menor ―. Y ya déjame.

―Vamos, nadie se pasa tanto tiempo durmiendo― volvió a insistir Yañez sin dejar de tirar de la cola de su hermano.

Mabatu ya se encontraba quisquilloso antes de que su hermano mayor apareciera por lo cual, que Yañez tirara de su cola, fue lo que hizo que explotara. Se dio media vuelta y le dio un zarpazo en la cara.

―¡Qué me sueltes!― exclamó.

El cachorro de pelaje dorado soltó a su hermano en cuanto sintió la pata del otro golpear su cara con semejante fuerza (si no tuviese pelo, de seguro le habría quedado rojo). Fue ahí cuando se dio cuenta que su hermano no bromeaba y que no quería saber nada. Así que se dio media vuelta y se fue corriendo por donde vino.

Mabatu vio a su hermano irse corriendo, pero pronto se dio cuenta de lo que había hecho. Como si fuese poco, en ese mismo instante Dharau se estaba acercando a ellos, por lo que vio a su hijo mayor pasar corriendo por su lado más todo lo que había sucedido antes.

Mab suspiró.

―Ven conmigo― dijo Dharau.

El cachorro bajó la cabeza y comenzó a caminar hacia donde se encontraba su padre, quien comenzó a caminar. Mabatu no sabía qué era lo que pretendía hacer su padre, pero solamente lo siguió, viendo cómo le pedía a sus otros dos hermanos que también los acompañaran.

Los cuatro caminaron en silencio, siguiendo a su padre. Mabatu y Yañez no se miraban ni hablaban; Mab debido a que se encontraba arrepentido y avergonzado de lo que había hecho hacía un rato, y Yañez porque tenía miedo de mirar a su hermano o decirle algo que provocara que él le diera otro zarpazo que le quitara unos dientes más. Mientras que Rhonvan simplemente se quedó callado ya que no sabía lo que sucedía.

Cada tanto, Dharau volteaba la cabeza para ver a sus hijos y sonreía; Mabatu parecía arrepentido, y eso era bueno.

Finalmente el león se detuvo y sus hijos, quienes venían unos pasos más atrás, hicieron lo mismo. Era curioso, pero hasta ese momento ninguno de los tres se había dado cuenta de adónde se dirigían, por lo cual al llegar lo único que pudieron ver fue una pequeña extensión de agua cristalina brillar a la luz del sol. Era el manantial, el lago más grande del reino donde la mayoría de los animales y leones de la manada se reunían.

Mabatu se preguntó por qué su padre los había llevado hasta allí, pero no dijo nada.

―Siéntense― les ordenó Dharau mientras se sentaba de espaldas al lago. Los tres cachorros obedecieron y se sentaron delante de él ―Voy a contarles una historia... ― Mabatu y sus hermanos estaban confundidos y a la vez sorprendidos, no esperaban que su padre los hubiese llevado hasta allí sólo para contarles una historia ―Hace mucho tiempo, en este reino, existió un rey anciano que tenía tres hijos varones y una chica; Moja, Zakati, Ndogo y Zaidi, se llamaban. Los tres varones tenían la misma edad y siempre vivían en una constante competición entre ellos para ver cuál de los tres se ganaba más el cariño de sus padres. Sin embargo, Ukuu y su esposa, amaban a sus tres hijos por igual y constantemente querían hacerles ver eso, pero sus hijos no comprendían y siempre competían entre ellos.

>> Un día, Ukuu cayó enfermo y las probabilidades de que viviera eran pocas, a no ser que se consiguieran una flor especial que podía curar al rey. En cuanto el chaman del reino les dijo eso, los tres hermanos estuvieron dispuestos a hacer lo que fuese para salvar a su padre, dado que si, encontraban esa flor y lo salvaban, se ganarían su cariño para siempre. El único problema era que esa flor crecía en uno de los lugares más recónditos del reino, donde muy pocos han llegado. Sin embargo, ese no era impedimento para los tres jóvenes leones que estaban dispuesto a hacer lo que sea por ganar el amor de su padre.

―Deberán dirigirse hacia el Monte Enzi, al norte del reino― les dijo el babuino chaman ―, pues la flor se encuentra en una cueva en el pie de esa montaña. Tienen que saber que...―

―Yo encontraré la flor, la traeré hasta aquí y papá vivirá. Ya verán ustedes dos cómo me gano su cariño― dijo Ndogo, el menor.

―No si soy yo el que la encuentra. Papá me quedará más a mí cuando se enteré de que soy yo el que le salvó la vida. Me quedará tanto que incluso me nombrara su heredero― apuntó Zakati, el mediano.

―Sigan soñando, hermanitos. Yo seré el que traiga esa flor y quien salve a papá de la muerte― alardeó Moja, el mayor.

>> El chamán meneo la cabeza antes las palabras sin sentido de los jóvenes leones. ―No lo entienden. Deben de ir preparados y, sobre todo, trabajar juntos, pues el camino no será fácil. Sin embargo, la verdadera prueba los espera allí, en la cueva. Se rumorea que la flor crece allí dentro y que es cuidada por una león brujo que asesina a todos los que tratan de llegar hasta ella. Muchos son los que han tratado de llegar hasta ella, pero nadie ha regresado con vida. Tengan cuidado. Mucho cuidado y, sobre todo, recuerden que la cueva está encantada por el mismo león para que nadie pueda pensar con claridad. Hasta que no hayan arrancado la flor y salido de esa cueva, el hechizo tendrá todas las de ganar y hará todo lo que pueda para tentarlos. Sean fuertes, no caigan en la tentación.

>> Tras las indicaciones del simio, los tres hermanos partieron hacia el Monte Enzi, la montaña más grande del Reino del Sur. Como el chaman había predicho, el camino no fue para nada fácil. Muchas pruebas difíciles se presentaron ante los tres hermanos, las cuales no habrían logrado pasar si no hubiesen trabajado juntos como el babuino les había dicho... Un par de semanas después, los tres leones se encontraban llegado al Monte Enzi. Habían escuchado muchas historias del tamaño de aquella montaña, pero nunca habían pensado que fuese tan gigantesca. Sin embargo, no estaban allí para contemplar la montaña, estaban allí para conseguir esa flor y salvar a su padre.

>> Los tres entraron con cautela en la cueva, esperando encontrarse con el león en cualquier momento. Sin embargo, cuando más caminaban más se adentraban en la cueva y daba la sensación de ser mucho más grande por dentro de lo que parecía ser por fuera. Estaba tan oscuro que no podían ver nada hasta que, de improviso, sintieron que resbalaban y caían por una especie de rampa varios metros abajo hasta que, finalmente, tocaron fondo. Sin embargo, allí abajado se encontraba todo iluminado por tragaluces, lo cual era extraño pero trataron de ignorarlo.

>> Moja, Zakati y Ndogo se levantaron y comenzaron a caminara hasta que lograron ver la flor, la cual era extraño, pero no le hicieron caso y comenzaron a empujarse y pelearse por llegar primero a la flor. Habían olvidado lo que el babuino había dicho y habían comenzado a pelear nuevamente entre ellos. La magia los estaba tentando. Cuando entonces oyeron un rugido y Zakati salió volado y se dio la espalda contra la pared. Luego todo se volvió silencioso. Moja y Ndogo miraron a todos lados cuando entonces se escuchó otro rugido y “algo” golpeó a Ndogo mandándolo contra una pared de la cueva.

>> Moja se puso aún más cauteloso. ―¡Quién está ahí!― gritó y entonces apareció un león rugiendo y lo atacó. Moja se defendió como pudo pero también terminó como sus hermanos: contra la pared. Ndogo se puso de pie sacudiendo su cabeza e hizo el intento de atacar al león, peor pronto fue vencido. Luego, Zakati hizo el intento, pero también fue derrotado. Así se la pasaron los tres, peleando contra el león pero si trabajar en equipo. Y, en menos de media hora, Mojo, Ndogo y Zakati estaban muertos y sangrando en el suelo.

>> El babuino les había advertido que la cueva estaba encantada y que por nada del mundo debían dejar que el hechizo surtiera efecto en ellos. Sin embargo, fueron débiles y dejaron que la magia los controlara, no trabajaron en equipo... Y pagaron las consecuencias: fueron asesinados y no lograron llevar la flor para que su padre viviera y, por lo tanto, él también murió. Ukuu no tenía más herederos varones, por lo cual se vio obligado a nombrar a su hija Zaidi como su heredera antes de morir.

>> Moja, Zakati y Ndogo tenían una única debilidad: querían superarse entre ellos y conseguir el amor de su padre, cuando todo el tiempo Ukuu siempre quiso que ellos entendieran que los amaba a los cuatro por igual. Los tres varones pelearon entre ellos como idiotas para ganar algo que ya tenían pero que no querían ver. Y por pelear entre ellos fue que los tres murieron y provocaron la muerte de su padre...

Mabatu, Yañez y Rhonvan escucharon con atención toda la historia, sin interrumpir a su padre en ningún momento, preguntándose a por qué les contaba esa historia.

―A partir de ese día― finalizó Dharau ―, Zaidi le transmitió esta historia a sus hijos, y ellos a los suyos, y así hasta ser pasada de generación en generación, convirtiéndose en una fabula. Mi padre me lo contó hace tiempo y ahora yo se la cuento a ustedes. Ahora, ¿qué aprendieron con todo esto?

―¿Que no debemos pelear entre nosotros?― respondió Mabatu, dubitativo.

―¡Exacto!― Dharau se sentó al lado de ellos y los abrazó ―Quiero que esta historia les sirva de lección a los tres y que nunca peleen entre ustedes por nada― les habló en un tono cariñoso ―Los tres son mis hijos y los amo sin importar su fuerza, inteligencia o color... Ni si son reyes o no― con esto último, miró a Mabatu y luego se sentó donde estaba ―Yañez será el futuro rey porque es el mayor y la ley es la ley. No puedo hacer nada para cambiarlo. Espero que puedas entenderlo, Mabatu.

El cachorro miró con sorpresa a su padre, pero enseguida descubrió que él se había dado cuenta de su presencia pero no decía nada.

―Sí... papá.

―Por cierto, ¿tienes algo que decirle a tu hermano?

―Ah... lo siento, Yañez. No quise golpearte, pero estaba celoso de que tu fueras el futuro rey.

―No hay problema, hermano. Traté de negociar con papá para que dividamos el reino para los tres o que por lo menos fueras tú el sucesor, pero él dice que no se puede hacer nada. Lo siento, yo ni siquiera quiero ser rey― dijo Yañez.

―Lo sé. Los seguí y pude escuchar lo que hablaban. Te agradezco lo que hiciste.

Dharau observó a sus hijos con una sonrisa, feliz de que Yañez y Mabatu hubiesen hecho las pases.

―Bien, volvamos a casa― anunció el león rey.

―Oye, Yañez, ¿qué era lo que querías mostrarme?― preguntó Mabatu.

―Sólo era un forastero que se encontraba cazando, aunque ahora ya debe de haberse ido.

―¿Qué? ¿Y por qué no me lo dijiste a mí?― preguntó Dharau mientras se volteaba a ver a Yañez, quien se encorvó de hombros ―Muéstrame donde estaba.

―Cerca de la frontera― respondió Yañez, haciendo que Dharau se dirigiera corriendo hacia aquel lugar, mientras sus hijos lo seguían.
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por MeGustaElAnime el Sáb Jul 11, 2015 11:20 pm

BuEn capítulo y qe bueno que mabatu recapacitara. Espero la continuación. saludos
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Ashe el Dom Jul 12, 2015 3:50 pm

Llevaba tiempo sin leer tu historia, pero me ha encantado el volver a hacerlo.
Este último capítulo, en especial ha sido genial, sobretodo la parte de la historia.
Con razón este es uno de mis fanfics favoritos.

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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Zyah el Dom Jul 12, 2015 5:03 pm

Me alegro que les haya gustado... Este capítulo iba a publicarlo anoche, pero decidí guardarlo y dejarlo para hoy, así le modificaba algunas cosas y le agregaba algunas otras. Bueno, pues, aquí lo tienen finalmente. Espero que les guste...



Capítulo VI.
Un extraño forastero.

Los cuatro se dirigieron hacia la frontera norte. Dharau, al ser más grande, era más veloz e iba más adelante, mientras que sus hijos hacían el esfuerzo de correr lo más rápido que podían para no quedarse muy atrás.

Finalmente, luego de unos minutos, los cuatro lograron llegar a un colina. A sus pies se extendía un largo valle, en el cual, a lo lejos, se podía ver un nube de polvo. Detrás de ella se alcanzaba a distinguir la figura de un felino y, más atrás, las leonas apenas lograban verse entre la hierba.

―Es nuestra manada― dijo Yañez ―Están cazando.

―Sí, pero no se mueven. Además, ¿quién es ese?― preguntó Mabatu, refiriéndose al león que perseguía a la manada de cebras.

En efecto, un león de un pelaje marrón claro y melena negra se encontraba persiguiendo a la manada de cebras, la cual hacía levantar el polvo de la tierra. Las leonas se encontraba en sus posiciones, pero ninguna corría detrás de la manada.

―¿No es obvio? ¡Es el forastero que vimos!― indicó Yañez.

―¿Pero como se atreve a cazar en nuestros dominios? ¡Y frente a las leonas!― gruñó Mabatu.

―Ustedes regresen a casa. Seguro que Kombi y Hakoda están allí con el resto de los cachorros― ordenó Dharau.

―Pero queremos ir...― suplicó Yañez, emocionado.

―Es una orden― el rostro de Dharau se encontraba serio, señal de que no bromeaba.

Después de eso, su padre bajó raudo por la colina en dirección a las leonas y el forastero. Mabatu y sus hermanos se quedaron sentados en la colina, observando un poco más la escena. Las palabras de su padre habían sido claras, y su semblante serio indicaba que no se andaba con juegos. No era para más. Se trataba de un forastero, lo cual podía ser peligroso para ellos. Sin embargo, hubiese sido mejor que se asegurara que ellos regresaran a la Gran Caverna antes de marcharse, a pesar de que no había tiempo para juegos.

Por otro lado, los cachorros sabían muy bien que, cada vez que su padre hablaba de esa forma, más les valía hacerles caso. Entonces, Rhonvan se levantó y comenzó marcharse. Sin embargo, Yañez se había quedado con ganas de ver cómo su padre le daba su merecido a ese forastero-rompedor-de-reglas.

―¿Qué? ¿Te vas?

―¿No has oído a papá? Dijo que nos fuéramos― respondió el cachorro menor.

―¿Y piensas hacerle caso?― Yañez soltó un bufido y meneo la cabeza en señal de decepción ―Qué típico de ti, Rhon. No tienes remedio. Cada vez que un adulto dice: "Te prohíbo hacer esto" "No puedes hacer lo otro", es porque en realidad es peligroso― Rhonvan enarcó una ceja, sin comprender a su hermano. Sin embargo, debería de estar acostumbrado a ese tipo de reacciones ―Y todo lo peligroso, es divertido.

―Para ti es divertido― replicó el cachorro de pelaje blanco.

―¿Qué dices, Mab? ¿Te unes o no?― preguntó Yañez, con esa mirada y sonrisa traviesa, típica de él cada vez que iba a hacer una travesura, ignorando a su hermano más pequeño.

Mabatu hizo una mueca de esas que uno hace cuando cualquier cosa le da lo mismo. No obstante, le era tan difícil rechazar una oferta de hacer algo peligroso como a Yañez.

―Yo digo que estaría bien dar una mirada.

―¡Perfecto! Somos dos contra uno. Así que vamos― declaró Yañez.

Entonces los dos comenzaron a bajar de la colina rápidamente. Rhonvan meneó la cabeza. No le gustaba nada la idea, en realidad estaba seguro que se meterían en un buen problema por desobedecer a su padre. Sin embargo, sus dos hermanos ya se habían ido, y no podía evitar sentirse un poco curioso y tentado a ver lo que sucedía. Así que se bajó de la colina y comenzó a correr detrás de sus hermanos.


―Nos vamos a ganar una buena― murmuró Rhonvan mientras los tres se escondían en la hierva, tratando que no los vieran.

―¡Shhh!― lo cayó Yañez ―Cállate, que esta es la mejor parte.

Justo en ese momento, su padre salía de los arbustos y se plantaba frente al forastero mientras rugía. El león pareció sorprenderse bastante ante la aparición del rey, pero por lo menos se detuvo y dejó de perseguir a las cebras.

Yañez estaba prácticamente eufórico. No podía esperar a ver a su padre en "acción". Mientras que sus hermanos observaban atentamente. Obviamente, Rhonvan seguía creyendo que aquella era una mala idea. Para sorpresa de los cachorros, el forastero se preparó para atacar a Dharau, por lo cual las leonas salieron de su escondite en ese momento.

―Creí que mamá estaba en casa― murmuró Rhonvan.

―Lo estaba, pero creo que estuvimos mucho tiempo escuchando la historia de papá― respondió Mabatu.

―¡Cierren la boca!― gruñó Yañez.

El forastero, tras ver que se encontraba rodeado de leonas y que, en ese momento, aparecían tres leones más (Kash, Skkars y Kaleh), volvió a erguirse y mirar a Dharau, dejando la opción de atacarlo.

―¿Quién eres, forastero?― la voz de Dharau sonaba seria y profunda, queriendo parecer importante y dominante a la vez.

―Soy Muajji― respondió el otro, secamente. Sin embargo, pareció comprender la desventaja en la que estaba al ser él un simple forastero y Dharau un rey, por lo cual añadió en un tono más afable y respetuoso que el anterior, e incluso hizo una especie de reverencia ―, señor―

―¿Qué haces en estas tierras? ¿Quién te ha dado el permiso de cazar aquí, espantando la comida de las narices de las leonas?― interrogó el rey.

La mirada de Muajji se paseó por todas las leonas que se encontraba detrás de Dharau, formando un circulo que encerraba al forastero y al rey. Todas se encontraban serias y en una postura defensiva, listas para defender a su rey si hacía falta. Sin embargo, una de ellas parecía más inquieta que las demás, y fue en ella en la que Muajji posó sus brillantes ojos verdes. Era Akase.

Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios. Una sonrisa que ninguno de los cachorros supo catalogar como de maldad o satisfacción. Dharau notó que la mirada del forastero se encontraba desviada hacia una de las leonas. Entonces carraspeó, impaciente. Muajji pareció recordar que Dharau le había hecho una pregunta, por lo cual volvió a mirar al león blanco.

―Solamente estaba de pasada― respondió, haciendo una pausa para mirar de reojo a Akase ―Tenía hambre y no podía esperar a llegar al Reino sin Dueño. Pensé que nadie estaría por aquí, por eso traté de cazar. Mil disculpas por haber estropeado su cacería― su voz sonaba sincera, aunque cualquiera de los cachorros sabía que estaba mintiendo.

―Como forastero supongo que debes de conocer la ley. Los leones como tú no tienen permitido cazar sin permiso en tierras que no sean las del Reino Sin Dueño― Dharau seguía serio ―¿Por qué te encontrabas pasando por aquí?

Muajji soltó una risa y rodó los ojos, como si la respuesta fuese bastante obvia.

―No tengo hogar, al igual que todos los forasteros, eso es obvio. Pero...― los labios del león comenzaron a temblar, como alguien que trata de contener el llanto ―... mi manada fue atacada por un grupo de leones al mando de un tal... Krag, hace unos meses― sollozó ―Asesinaron a toda la manada e incluso a mi familia... mi esposa, mis hijos, mis hermanos― Muajji cerró con fuerza los ojos, como si quisiera evitar que las lagrimas se le escaparan y a la vez retener esos espantosos recuerdos de su familia siendo asesinada brutalmente ―Soy el único que logró escapar... Sin embargo, unos leones me siguieron durante unos días... Por poco me zafé de que no me mataran también

Al principio, Dharau continuó sin inmutarse, serio como desde el principio. Sin embargo, es difícil seguir enfadado con alguien que está llorando. Además, había mencionado a Krag. Ese león había tratado de atacar a él y a su hermana cuando eran pequeños por sólo encontrarlos en su reino. Y, no sólo eso, sino que después trató de conquistar al Reino del Sur. Por suerte, él logró llegar con sus amigos y enfrentarse a su manada para impedir que lo conquistara. Podía comprender exactamente ―o casi― cómo era que se sentía Muajji

―Mira. Yo no puedo hacer nada― Dharau trataba de sonar serio, pero estaba demasiado compadecido con el forastero.

―Si... si tan sólo me dejara quedar aquí... Por favor, se lo suplico... Solamente serán unos días, luego me iré― Muajji suplicó ―Lo prometo.

Dharau lo miró durante un momento, pensativo. Muajji era un león extranjero, un forastero que se había atrevido a cazar en sus tierras, arruinando la cacería de las leonas. ¿Cómo confiar en su palabra?

―De acuerdo― accedió ―Puedes quedarte― la voz de Dharau sonaba amable, pero pronto se endureció ―pero sólo por un par de semanas. Luego te marchas y más te vale que no regreses.

Todos se sorprendieron, nadie esperaba que Dharau fuese a dejar que se quedara. Incluso Yañez y sus hermanos se habían sorprendido.

―Gracias. Muchas gracias― Muajji sonrió, pareciendo verdaderamente agradecido.

Después de eso, el forastero buscó nuevamente a Akase y le sonrió... de nuevo de la misma forma que antes. Entonces Yañez logró decidirse por cómo definirla: malvada y satisfecha, tenía un poco de las dos. Incluso hizo que a Rhonvan se le erizaran los pelos de la cola y el lomo, como un gato que ha visto a un perro. Muajji tenía un mal aspecto seguramente por no comer bien, lo cual eso ya le daba una apariencia de malvado cada vez que no sonreía. Seguramente, fuese ese el motivo por el que la sonrisa parecía malvada... Debía de ser eso.

Akase se acercó a Dharau al trote mientras la manada comenzaba a marcharse hacia su hogar.

―Su Majestad, ¿está seguro con la que acaba de hacer?

―¿Qué sucede, Akase? ¿Tienes algo en contra?― preguntó Dharau, en tono amable.

―No es eso. Sólo es que...― Akase miró a Muajji un momento.

―¿Sabes algo que yo no sé y que debería de saber?― inquirió el rey.

Akase parecía nerviosa ante la pregunta, pero finalmente negó con la cabeza.

―No― respondió y trotó hacia donde se encontraban las leonas, uniéndose a ellas como si estuviera en peligro y buscara su protección, como si alguien la estuviese siguiendo pero sabía que, si se mantenía cerca de ellas, ese alguien no le haría daño.

Dharau observó el comportamiento de Akase. Era bastante extraño, aunque prefirió no hacerle caso. Entonces desvió la mirada hacia Muajji, quien se encontraba caminando hacia la cueva a la vez que era escoltado por Kaleh y Skkars, mientras que Kash caminaba delante. Algo hacía que Dharau se inquietara, pero no sabía lo que era. Por otro lado, ya le había permitido quedarse, no podía hacer nada por cambiarlo. Sin embargo, decidió que sería mejor mantenerlo vigilado.


Luego de que su padre y toda la manada se marcharan, los tres cachorros salieron de su escondite. Yañez tenía una expresión de decepción terrible en su rostro.

―¡Lo dejó quedarse!― exclamó ―Si hubiera sido yo no habría corrido con la misma suerte.

―Sí... No me cae nada bien― comentó Mabatu ―Dice que su manada fue atacada, yo no le creo.

―Me parece bastante sospechoso― argumentó Rhonvan, pero enseguida añadió ―Sin embargo, tenemos problemas más grandes que ese: ¿cómo vamos a llegar a casa antes que papá? Si llega a enterarse que estuvimos aquí...― no siguió la frase, pero todos ya se imaginaban lo que sucedería.

Yañez se quedó pensativo un momento. Estaban muy lejos de su hogar. Ellos no eran su padre, eran pequeños y sus patas eran cortas, no podrían regresar corriendo sin cansarse y detenerse mucho antes de llegar.

―¿Y bien, chico listo? ¿Cómo evitaremos el castigo por desobedecer a papá?― preguntó Rhonvan, refiriéndose a Yañez.

―Hum...― Yañez continuaba pensando intensamente ―No pensé en eso.

Rhonvan soltó un suspiro y se mordió la lengua para no soltar algún insulto.

―Vaya, ¡si que eres un genio!― gruñó Rhon ―¿Y papá dice que tú eres su heredero?... Pobre de nosotros cuando tú seas rey.

―Oye, cálmate― Yañez comenzaba a molestarse ―Supongo que solamente podemos volver e intentar que papá no nos vea.

Nadie dijo nada; Mabatu no tenía ninguna mejor idea y Rhonvan estaba demasiado molesto con su hermano como para decir nada. Así que todos comenzaron a caminar en dirección a su hogar sin decir nada.


Última edición por Zyah el Dom Jul 12, 2015 6:21 pm, editado 1 vez
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por MeGustaElAnime el Dom Jul 12, 2015 5:51 pm

Buen capítulo. A ver si los cachorros s libran de el posible castigo. espero la continuación. Saludos
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Anyyi el Mar Jul 14, 2015 2:43 pm

los capitulos se estan volviendo cada vez mas increibles!! Very Happy sigue pronto!
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Zyah el Lun Jul 27, 2015 1:01 pm

Capítulo VII.

El regreso a la Gran Caverna no fue para nada fácil, en especial porque a su querido padre se le dio la brillante idea de quedarse sentado cerca de la entrada mientras charlaba con los otros leones y el recién llegado.

No tenían forma de entrar a la cueva sigilosamente sin antes ser detectados por alguno de ellos. No era nada fácil y, aunque Rhonvan estaba más calmado, aún continuaba molesto. Su hermano mayor había decido romper las reglas y los había puesto en problemas, y ahora no sabía como sacarlos de ahí. No era que hubiesen roto una gran regla pues, si vamos al caso, Yañez ya se había ocupado de romper reglas aún más estrictas y que podían acarrearles grandes castigos. Esto, al lado de esas cosas que ya había hecho, no era nada. Habían desobedecido la palabras de su padre, él les había ordenado irse a casa y no ver la escena del forastero, pero ellos desobedecieron y decidieron ir. Ahora tenían que encontrar la forma de pasar sin que nadie se diera cuenta.

―Muy bien, ¿y ahora cómo vamos a entrar?― susurró Mabatu, mientras los tres observaban a los cinco leones charlando, escondidos detrás de varias rocas que eran perfectas para esconderlos a los tres.

―Bueno...― comenzó a decir Yañez cuando entonces vio a Anthea y el resto de los cachorros escondidos detrás de unas rocas, pero del lado opuesto al que ellos se encontraban

―¡Miren! Allí están los chicos. Rodeemos la cueva por detrás y vayamos con ellos.

Mabatu y Rhonvan aprobaron la idea de su hermano mayor asintiendo con la cabeza. Entonces los tres comenzaron a caminar lo más pegados al suelo que pudieron hasta lograr esconderse detrás de la cueva, por el lado izquierdo. Luego de eso, se pusieron de pie y trotaron hacia donde se encontraban sus amigos, saliendo al lado derecho y encontrándose con sus amigos en ese lugar, escondidos detrás de enormes rocas, seguramente observando al nuevo león (e incluso tratando de escuchar parte de la charla que los leones tenían).

―¿Dónde estaban?― preguntó Almasi ―Estuvimos buscándolos por todas partes y no los encontramos.

―Es larga la historia, pero terminamos yendo detrás de papá a ver cómo se enfrentaba al forastero― respondió Yañez.

Él cachorro de piel dorada fue el encargado de ponerse a contar a sus amigos todo lo que habían visto y escuchado desde su escondite. Sin embargo, según la versión de Yañez, su padre le había dado “una buena paliza de la que se acordaría toda la vida”.

―Eso no fue así, Yañez― replicó Rhonvan ―Papá simplemente interrogó al forastero y después lo dejó quedarse por un tiempo con la condición de irse y no volver― el más pequeño de los hijos de Dharau se quedó mirando durante un rato al forastero ―Muajji dice haber nacido en una manada normal, pero fue atacada por...

―Krag― lo ayudó Mabatu ―, el rey más temido, el que ha conquistado más reinos y asesinado a más leones.

―¿Cómo sabes eso?― preguntó Yañez.

Mabatu se encogió de hombros.

―Se lo escuché decir a papá en una de nuestras clases cuando nos estaba enseñando los reinos y reyes del Gan Reino― respondió.

―En fin― continuó Rhon ―La manada de ese león fue atacada por Krag, quien asesinó a todos menos a él, que logró escapar.

Los ocho voltearon la cabeza y se quedaron mirando al león; pelaje marrón oscuro, melena negra, ojos verdes. Se parecía una barbaridad a Togo, o mejor Togo se parecía una barbaridad a él. Era como la versión en miniatura de Muajji.

―Es extraño que sólo él haya logrado sobrevivir― dijo Anthea tras un largo silencio ―No lo sé... Yo no me fuío.

―Es raro...― balbuceó Togo en voz baja, sin quitar la vista de Muajji. Entonces pareció darse cuenta de que no estaba sólo y entonces volteó a ver a sus amigos, quienes lo miraban como pidiendo una explicación ―Es raro, me parece haber visto su rostro en alguna parte, pero no puedo recordar dónde fue, exactamente.

Anthea lo miró con una expresión de confusión en su rostro.

―¿Estás seguro?

―Sí. Sé que lo conozco, pero no sé de dónde.

Todos volvieron a sumirse en un silencio hasta que fue Amani quien propuso jugar a hacer algo, mientras ese “algo” significara marcharse de allí y dejar de ver a cinco leones que ni siquiera podía oír lo que decían, claramente aburrida de estar observando a Dharau y el resto de los leones sin hacer nada. El resto de los cachorros asintieron, así que todos se alejaron de la cueva, pensando qué hacer.


Luego de haber tenido uno de esos bloqueos, finalmente les traigo el siguiente capítulo, aunque algo más corto que los demás. Espero que les guste.
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por MeGustaElAnime el Lun Jul 27, 2015 1:07 pm

Buen capítulo. Veamos que pasa en el siguiente.
espero que continúes con la historia. saludos
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por lareinaleon el Sáb Nov 07, 2015 9:40 am

bellos capitulasos zyah espero qie sigas asi escribiendo y gracias por recomendarme esta historia (si lo hiciste tu)
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Zyah el Lun Nov 30, 2015 4:56 am

Capítulo VIII.
La verdad siempre es la opción correcta... pero a veces es mejor callarse y ocultar ciertas cosas.

Akase era una leona de los más amable y serena. No solo amaba a sus propios hijos, sino que también tenía una muy buena afinidad con el resto de los cachorros. Sin duda, ella era una de las leonas más maternales de la manada, y nadie se preocuparía en dejar a los cachorros a cargo de ella, pues Akase aceptaría gustosa y todos aseguraban que estarían mejor siendo cuidados por ella que por los gemelos Kombi y Hakoda. Obviamente, era contadas las veces que la leona de pelaje claro podía quedarse en casa a cuidar de los cachorros, ya que la mayoría del tiempo debía de acompañar a las leonas en la cacería.

Desde muy poco después de su llegada, Akase se había transformado prácticamente en una pieza fundamental del equipo de caza de la manada de Dharau. Ella era una cazadora excepcional y que sabía perfectamente cuándo y en qué parte atacar para tener éxito.

Por todas esas cosas buenas, en la manada cualquiera esperaría que ella fuese la última persona que escondiera un secreto como el que escondía...

La misma noche en que Muajji había sido acogido en la manada, Akase había decidido por salir afuera de la caverna mientras el resto descansaba. El cielo estaba totalmente despejado y se podía ver perfectamente todas las estrellas, y la luna brillaba en todo su esplendor, bañando todo el territorio con su luz de color plateado.

Entonces, tras dejar atrás la cueva, Akase comenzó a alejarse y dirigirse a un pequeño río que discurría cerca de donde se encontraba la cueva. Al llegar, se agachó y comenzó a beber agua y, al terminar, se volvió a incorporar pero, en lugar de marcharse, se quedó sentada en la orilla del río mientras observaba la luna.

De repente, la leona de pelaje crema pudo escuchar un sonido a su espalda. Enseguida se volteó sacando las garras y mostrando los dientes en dirección donde había escuchado el sonido.

—¿Quién está ahí? —espetó con sus sentidos agudizados al cien por cien.

De entre los arbustos, apareció un león de pelaje idéntico al de Togo y melena de color negro. Sus ojos verdes, brillantes como dos esmeraldas a la luz de la luna, se clavaron como cuchillos en el cuerpo de la leona, haciendo que se estremeciera y escondiera las garras e, inevitablemente, bajara la guardia.

—¿Qué haces aquí? —preguntó tratando de que su voz sonara firme en lugar de asustada.

—La pregunta es ¿qué haces aquí? —replicó el león mientras se acercaba a ella con esa sonrisa tan característica de él y que, en un momento hace mucho tiempo, a ella le llegó a gustar, pero ahora solamente le provocaban escalofríos.

—So-solamente salí a... a beber un poco de agua... Na-nada más —respondió ella, tartamudeando.

Era inevitable no sentirse nerviosa y asustada teniéndolo a él cada vez más cerca y mirándola de manera penetrante... y ni hablar de esa sonrisa.

—No deberías de salir sola por la noche —dijo el comenzando a caminar a su alrededor y pasando la punta de su cola por debajo de la barbilla de ella— Es peligro, ¿lo sabes?

Akase volvió a estremecerse nuevamente al sentir su cola por debajo de su barbilla. Pero tragó saliva y trató de ponerse más firme.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó tratando de sonar firme— Dime, ¿por qué me sigues? ¿Qué te he hecho para que me atormentes de esta manera? ¡Dime!

—Solamente quería verte... Te extraño. Me haces falta —comenzó a decir el león de ojos verdes, sin dejar de caminar a su alrededor, frotando su cabeza con la de ella— Además, te llevaste a mis hijos. Me dejaste sin herederos.

No sabía cómo, pero ese león tenía una facilidad para hacerla ablandarse tan fácilmente y de hacer que se creyera cada palabra, que Akase no tenía idea de cómo podía hacerlo. Y, una vez más, como una tonta, ella abría caído en su juego si él no hubiese mencionado a sus hijos, haciendo que desde muy al fondo de la garganta de Akase brotara un gruñido sordo.

Sin saber cómo ni de dónde, Akase se sintió tan llena de energía y fuerzas que se separó de él haciendo que casi cayera al suelo, y se le plantó delante como si fuese una fiera mientras clavaba su mirada en él

—¡Así que es eso! —exclamó molesta. Aunque, de seguro estaba más molesta con ella porque había estado a punto de creer lo que él le decía— Como siempre, lo que han salido de tu boca solamente han sido palabras lanzadas al azar, ¿verdad? No estás aquí porque estás arrepentido y me extrañas como dices. A ti solamente te importa tener un heredero para que sea rey de tu estúpido reino. ¡Ni siquiera te importa saber cómo están ellos! Solamente quieres llevártelos para que sean tus herederos.

—¡Tienes razón, es verdad! Estoy aquí por Togo. Es el único hijo varón que tengo y sabes que necesito un varón para que sea mi heredero.

—¡Pues déjame decirte una cosa, Muajji! Tú no te los vas a llevar. Ni se te ocurra tocarlos ni acercarte a ellos.

—¿O qué vas a hacer? —la desafió Muajji mientras se acercaba a ella, obligándola a retroceder— ¿Qué me vas a hacer si decido contarles toda la verdad?

—Yo... Yo le... —comenzó a vacilar y entonces el león sonrió de forma victoriosa, pero ella no estaba dispuesta a dejarle ganar— Yo le diré a Dharau la verdad. La verdad de dónde vienes y quién eres.

Muajji estalló en una carcajada.

—Te conviene no hacerlo —dijo y comenzó a acercarse más a ella— Porque si tu le dices la verdad acerca de mí, yo le diré la verdad acerca de ti. Piénsalo bien, no quieres que nadie ni tus hijos te vean como una villana, ¿verdad?

Después de decir eso, Muajji comenzó a marcharse hasta que desapareció de la vista de Akase. En ese momento, la leona dio un largo suspiró mientras se dejaba caer en el suelo. Había sido un día agotado y la charla agitada con Muajji la había dejado todavía más cansada. Pensó que cerrar un momento los ojos y luego levantarse y volver a la cueva, pero estaba tan cansada que, mal cerró los ojos, se quedó dormida.
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por Ashe el Lun Nov 30, 2015 7:08 am

Puede que no comente mucho, pero sigo siguiendo fielmente esta historia.
Ese Muajji no trama nada bueno, eso es seguro.
Me apuesto unas papas a que hará algo que ponga en peligro a la manada.

Espero con ansias el próximo capítulo de tu fanfic.

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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por MeGustaElAnime el Lun Nov 30, 2015 7:54 am

¡Excelente capítulo! Veamos que pasa con Akase y Muajji. Y cuáles serán esos secretos que esconden... 

Espero que continúes la historia. Saludos
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Re: Dharau, el león blanco II.

Mensaje por KIRAN27 el Lun Nov 30, 2015 12:02 pm

buenos capitulos hermano zyah me alegro mucho que hayas continuado esta increible historia lo echaba de menos saludos y rugidos y un fuerte abrazo hermano
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